viernes, 23 de diciembre de 2011

Maupassant, un Bel-Ami

Ahora que he conseguido sobrepasar la barrera que separa una obra clásica del disfrute, estoy gozando con la novela "Bel-Ami" de Maupassant. Soy Duroy, el protagonista, sin llegar a identificarme completamente con él, y descubro reflexiones excelentes, como ese tramo de cuatro o cinco páginas en que Maupassant habla sobre el amor, la gloria, la vida y la muerte de un modo tan magistral, una larga reflexión que no puedo copiar aquí, pero que merece la pena leer. La realiza a través de la voz de Norbert de Varenne, poeta del periódico donde Duroy trabaja. 

 "La muerte ha llevado a cabo dulce y lentamente la larga destrucción de mi ser, segundo a segundo. Y ahora me siento morir en todo lo que hago" (lo acabo de traducir).

Ya enfrascado en ese París de la novela, quiero saber qué ocurre con los personajes realistas, cómo se desenvuelven en cada situación, ante los obstáculos que van surgiendo o ante esos cambios de humor tan propios del ser humano y tan bien demostrados en la pluma de Maupassant. 

Y hablando de plumas, me pregunto por qué el nombre de Bel-Ami ha sido tomado por el mundo gay. Puedo ver alguna razón pero no alcanzo a componer un razón completa. Cuando termine de leer esta obra maestra daré mis razones y opiniones. 

Veremos qué me depara esta lectura.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Voz silenciosa

Llevo una semana sin escribir nada y realmente no sé por qué. No tengo nada que decir, puede que sea eso. Estoy planteándome eliminar este espacio, a no ser que vuelva esa voz silenciosa que me guía. Y por ahora esa voz se ha callado por completo y es de repente un silencio total. Tal vez porque he pasado de una inestabilidad emocional a otra de un tipo desconocido en mí, que soy incapaz de materializar en palabras. Y ya se sabe que sin palabras no hay pensamiento y sin pensamiento no hay razonamiento y por consiguiente debo decir adiós a esto. Pero me entristece acabar con esta presa de palabras líquidas. Y mientras me entristezca intentaré extrae palabras líquidas del subsuelo, hasta que aparezca un yacimiento nuevo o que la nieve de palabras se derrita de nuevo y la presa vuelva a ser como era.

Entretanto, quien me lea, que disculpe los intentos de escritura vacía.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Carga perdida en los raíles

El tren del amor
llega con retraso.
Su interior aclamo,
pero es escaso
el momento, un espasmo.
¡Vaya asco!
No llegó.


Amor que no viene
mi cuerpo desgasta
y el destino siempre
pone el horror en mi cama.

La bomba cayó sobre Hiroshima
y de ahí pasó a mi interior
solidificada en un corazón,
un corazón que patina
en esa caja de huesos
que todos fulminan.

Por fortuna aún sigo,
sigo vivo, aunque cansado,
cansado de este sino.
Si no lo encontrara pronto,
pronto caigo por el precipicio.
Precipicio alto y maldito.
¡Maldito bastardo!
Bastardo eros, ciego,
ciego de una vida bebida,
bebida de aire y sueño.
Sueño despierto.

Sueño vivo,
aunque viva casi muerto.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Preguntas infernales caóticas

Baja al infierno y verás que allí ni se baja ni se sube, porque el infierno no está arriba o abajo, está en ti, puede que en los demás, pero ni abajo ni arriba. 

Quiero pensar de dónde viene el Hades, la reencarnación como castigo y el infierno, el temor a ese fuego eterno que abrasa las almas o la laguna estigia que se cruza gracias al barquero. Quiero pensar cómo nace esa idea de tránsito, de castigo, de precio por una nueva vida. Me pregunto cuándo nació el infierno, quién lo creó o si tendrán los animales idea de infierno. Intento imaginar a esos primeros homos que ven morir a alguno de su clan y sienten pena o miedo a que sufran allá donde estén. O a esos que matan a sus presas y las cocinan con ayuda del fuego. Entonces este comienza a adquirir la importancia dentro de la lógica del infierno. Ven con miedo el rayo que incendia la rama y, alimentándose del bosque, reduce su inmensidad a cenizas y negrura. Esos primeros seres humanos que conocen la furia del fuego, saben que en él uno acaba quemándose y es entonces cuando alguien más listo se aprovecha de ese miedo, que crece sin pausa, para crear une terror mucho más terrible, el de un lugar de fuego abrasador tras la muerte. Ahí debió surgir el infierno; diré el infierno estructurado. Pero se trata solo de uno de los muchos infierno.  Porque infiernos hay muchos. Lo que es realmente único es su característica común: un origen a raíz de la conciencia del terror, del miedo. 

El infierno es el miedo.

Por lo tanto, cada especie conoce un infierno, uno propio y particular. Mi perrita verá el infierno al quedarse sola, abandonada, triste... cuando no hay nadie en casa; temerá que nadie vuelva y será entonces cuando el infierno abandone su conciencia canina y tome forma, expandiéndose por las paredes, inundando el suelo con su particular olor, con colores tétricos, distintos, colores que somos incapaces de imaginar porque para nuestro ojo no existen. Ella se sentirá ajena a la realidad y, en cambio, percibirá la realidad con mayor nitidez, como aumentada: oirá pasos donde no los hay, se adelantará a la tragedia, tocará fantasmas que no existen, hablará consigo misma sin saberlo, verá en los espejos y cristales un reflejo poco nítido y creerá que está rodeada por perros con mirada asustadiza. Creerá estar sola en un mar de perros multiplicados, que son ella misma. Sin mí. Sin mi madre. Ella sola en la muchedumbre canina. Su propio infierno.

Ahora bien, ¿cuándo termina el infierno? ¿Dónde toca fin su reinado? 

El infierno no es eterno; de hecho muere cuando la conciencia muere, cuando el temor desaparece, cuando la vida se toma con tranquilidad, cuando la muerte ha perdido todo su poder y ha quedado relegada a un mero mecanismo de regulación vital. 

El infierno, la muerte, 
esas caras ausentes.
Fueron muchas, muchos sus colores
y cuando uno se lo propone
las diluye para siempre,
aunque sigan presentes.

domingo, 11 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Re-sistir, per-sistir...

Una pequeña curiosidad: en resistir, persistir... se conserva algo de su etimología; "sistir", estar de pie. Hasta aquí nada curioso. Al menos no lo que yo quiero destacar. 

¿Cómo se dice en inglés estar de pie? To stand = sistir. Creo que es la misma raíz.

Ahora en alemán, que es donde me he dado cuenta, mientras sacaba a mi perrita hace unos minutos. "Stehen", que se pronuncia como shteeeen.  Aquí me parece aún más evidente. sisssste, ssssstehen.

¿No son adorables las palabras?

Resistir es permanecer de pie, por si alguien no lo sabía.

Dos minirreflexiones

O aprende más el ser humano por las acciones que por las palabras, cuando el aprendizaje viene de fuentes externas,

(¿Qué importa que pidas perdón si has matado a tu mujer?
¿Cómo pretendes exigir a tu hija que lea si tú no lees?
¿Qué te lleva a pensar que porque me digas que haga deporte lo haré, si nunca he visto esos hábitos en ti?, etc.)

O aprende porque el propio ser humano se lo propone; entonces las acciones y las palabras se combinan en proceso de aprendizaje.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La mirada de mora

Escribo y no me puedo concentrar, porque tengo a mi perrita mirándome fijamente con sus dos ojos de mora. Está quieta, como si ya nada estuviera a su alrededor; nada más que yo. Conozco esa mirada. En el momento en que ceda a su atracción, ella meneará el rabo y sacará la lengua y se me lanzará con sus patas delanteras sobre mi pierna apoyada en el sofá. Entonces tendré que dejarlo todo y dedicar unos minutos a ella, que se pasa todo el día junto a mí, sin molestar, sin ladrar, sin moverse. Es una presencia que me acompaña. Por ello se merece que ahora mismo deje de escribir y dedique el tiempo en lo que ella necesita.

Le enseño la correa, gira sobre sí misma y mi Xena por los nervios de salir sufre un ataque de estornudos. Le sonrío. Ya ha llegado su hora. Le engancho la correa en la hebilla del collar, meto una bolsita en el bolsillo y salgo. 

Libertad. Libertad compartida. 
Por mi Xena, una rápida escapada.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Lágrima perdida

Has neutralizado mis lágrimas
y agotado mis energías.
Lo que no he logrado comprender
es desde cuándo mis venas se lían,
enredadas en la incomprensión.

Futuro incierto, incomprensible futuro.
Caes sobre mí, sobre ti resbala.
Esquilmas mi visión, tu visión me asusta.
Blanda desesperación, vete a tomar por culo.

Las palabras malsonantes se apoderan de mí
y sé ya que debo ponerles fin.

No soy de palabrotas, 
porque no me gusta dañar mi boca
con los filamentos que en sus extremos dejan
cuando al romperse chocan.

Las bellas palabras volverán a mi garganta
con su dulce aroma, su sabor intenso
que espero que me vuelvan 
y reclamen a mi paladar su sexo.

Y con ellas nacerá de nuevo la lágrima,
la sal propia de mi fuero.
Seré entonces feliz, vida mía,
feliz con sentimientos limpios de nuevo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Convertirse en vacío

Convierte el daño en un vacío ilimitado, pero con cuidado. El vacío no solo consume al enemigo, sino al propio que lo produce. Es como un viento seco que deshidrata la piel, la endurece y la va rasgando con lentitud pero sin pausa. 

Me estoy convirtiendo en ese vacío que puede que me mate. Aún conociendo los peligros, no pienso dar marcha atrás. Que el tornado arrase lo que debe arrasar. Que la lluvia limpie el ambiente arrastrando en su caída las partículas del aire. Que el terremoto sacuda todo lo que se sostiene con dificultad sobre el terreno. Que luego llegue el vacío que produzco. Ese es mi propósito: lanzar un chorro de vacío hacia ti, que no me lees. Así podré darte lo que más duele, el olvido. Tu cuerpo sentirá mis garras invisibles. Tu corazón verá bloqueadas las compuertas sanguíneas. El oxígeno ya no saqueará tus pulmones. Y no solo eso. Te regalaré recuerdos desgarrados, como tú me agasajaste con un recuerdo asqueroso justo en mi cumpleaños. Porque no miraste el alcance de tus hechos, yo tampoco voy a mirar el alcance de los míos. Un vacío insondable te cubrirá. Y algún día comprobarás que valía más un pasado aterrador que un presente maravilloso. Sabrás que tu imagen se quebró de repente. Tú mismo la quebraste. Y aunque al quebrarte me has quebrado mi propia existencia, no cesaré en el empeño de voltear los cristales restantes y machacarlos con mis propios pies. Serás vacío.

Eres vacío. Estas son mis últimas palabras hacia ti, que no me lees, porque ni eso sabes. Afánate en tus comidas y ten cuidado con lo que la mano que ahora besas sostiene. Te auguro que nada bueno esconde el frasquito que sujeta. He podido oler la podredumbre que guarda en su interior y he de reconocer que es un olor mezquino y nauseabundo. No te fíes demasiado. Puede que tu delicioso guiso acumule entre los garbanzos sustancias peligrosas. Te informo y no debería, pero a pesar de todo me preocupa tu futuro. Y a pesar de todo también te odio. Por eso eres y serás un eterno vacío, oscuro, sin noches ni días, sin frío ni calor, nada, una suspensión. Una nada colosal que sale de mí desde hace mucho y que ahora proyecto contra ti. 

Vacío. 
Das pena. Haber sido tanto y no llegar ya ni a caspa. Ser tan solo un gran vacío. Una gran nada.

Por cierto, gracias por ese último regalo. Me hiciste el peor de los pasteles. ¿Querías matarme de indigestión? No lo lograste. Siento tener que decírtelo. Hasta rompiste tu palabra... eso sí que me duele, porque afecta a memorias sin voz.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cenizas

Dice Amaral: Si pudiera congelar el tiempo y volverme cenizas...

Esa es la necesidad que ahora mismo tengo. Volverme cenizas y detener el paso del tiempo para siempre. Apretar el freno de la vida que cada día tiene menos sentido y aparcar el auto vital en un andén perdido. Observar desde allí cómo los coches pasan, aceleran, se saltan semáforos en rojo, se desvían, chocan. Vislumbrar el brillo reflejado en el límite del horizonte marino. Escuchar los ladridos de mi perra. Saber que ese mundo ya no es mío; que no he de regresar hasta que todo haya cambiado. 

Detener el tiempo. Si pudiera lo haría. Pero solo soy un humano, menos que una mota de polvo del universo. Una mota de polvo que arde desde ayer más que el sol. Me derrito y ardo aún más. Ignífugo. Mi cuerpo es helio, una llama encendida, el bosque que se incendia para matar al lobo.

Porque el lobo es un ser perverso en este cuento. Una alimaña capaz de internarse en el bosque y asesinar a cada uno de sus habitantes con sigilo. Penetra las entrañas frondosas, se esconde entre la maleza y ataca. Hunde sus garras en la carne tierna. Hinca sus colmillos en los cuellos tensos por el terror y el sobresalto. Al poco tiempo, el bosque ha quedado vacío. Solo un pobre corderito sigue con vida. Temeroso, sale del bosque y reflexiona sobre las opciones que le quedan. Solo, miedoso, desnortado. Sin saber muy bien qué hacer, cómo actuar. Por ello se deja llevar y, prendido en fuego, incendia todo. Cuando el lobo ha destruido toda vida sin raíces, el cordero no ve mejor opción que quemarlo todo y dar un nuevo inicio a la vida. Quema el bosque para matar al asesino.

Y lo vuelve todo cenizas. Las cenizas en que se transforma mi cuerpo y mi mente poco a poco.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Entierros más dolorosos

Hay entierros que duelen tanto o más que los tradicionales, los de los muertos; esos entierros son los de los vivos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Orangensaft

Cae la gota del rocío
suavemente acumulada
al contacto de mi piel.

Cae la gota
cae
cae
cae

y cuando llega a la húmeda tierra ya es sangre.


Cae la gota
cae
cae
cae

y en mi mano la naranja se deshace.

Cae la gota
cae
cae
cae

y mis labios en sol se ahogan.

Es el campo de mi abuelo
una mina de emoción
con solo tocar su suelo
siento la vida y su canción.

Es recuerdo o es rocío,
es alberca o saltamontes,
o una rata que entre cañaveras
                                se pasea con su trote.

Cae la gota
cae
cae
cae

y yo hasta con sangre allí me rindo,
porque para mí mi abuelo es to'.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

La autoenvidia

Todos tenemos envidia, pero ya puestos por qué no envidiar nuestras propias vidas. 

Envidiar nuestro aliento, la luz que nos daña el párpado, el frío que nos eriza la piel, ese abrazo cálido de la realidad. Si nos envidiáramos a nosotros mismos el camino se haría más fácil, porque ahí puede estar una de las claves de la felicidad, la brisa que deshilacha nieblas o que vuelve el fango más ligero, el impulso detenido y la pausa acelerada a un mismo tiempo.

La autoenvidia es estar "en vida", aunque solo sea por juego sonoro. 

Así me he levantado, autoenvidiado, aunque parezca que no tengo motivos para ello.

Y voy a envidiarme; he escrito un poema sobre este tema que me ha quedado maravilloso. Me envidio. Envidio mis movimientos, el teclear en este ordenador, la música triste que suena a mi alrededor, los recuerdos de un pequeño viaje ya terminado, hasta envidio esa lista de interinos que no avanza. ¡Qué más da! Es motivo de envidia. 

Envidio la voz rota, las lágrimas propias, el deseo poco fructífero, las gafas adheridas a mi piel, la nueva arruga que me surca ahora la piel, los años aumentados próximamente, la uña mal cortada, el lunar de mi boca, el ojo algo enrojecido, la mente poco despierta, el sueño y la pesadilla. Me envidio en todo, lo bueno y lo malo. Soy esa envidia reconducida. ¿De qué sirve envidiar a los demás? Es doloroso. Envidiarse uno mismo es fabuloso. Que tengo una tos seca que me acompaña desde hace mucho, poco me importa. Envidio esa tos que me mantiene vivo. 

Vivo. 


Envidiaré hasta mi propia agonía, el día que llegue. Porque nada temo de la muerte. Porque sé que es inevitable. Mejor entonces adorar lo que llegará en algún momento. Envidiarse.

¿Esto es vanidad? Poco me importa. Envidiarme, esa va a ser una de mis prioridades. Envidiar todo de mí mismo, tanto mis defectos como mis virtudes. Envidiar mis pulmones encharcados o el corazón rebosante de sentimientos. 

Envídiate. Tienes tantos motivos; tantos como todo lo que sintomatiza la vida. Eres pura envidia. Vida, sin más.  

Eso ya es una razón de peso. 

martes, 29 de noviembre de 2011

Un retazo del viaje (I)

Un coche llegado de Narnia,
con música de Amaral
se asoma tras la curva
de una carretera usual.

Eva viene con su primo
y me sonríen al pasar
se detienen junto a mí
y con fuerza me abrazan ya.

Comemos papas guisadas,
¡qué buenas que están!
Y entre pasodobles y chirigotas
subimos al autobus con su compás.

Charlamos de mil cosas
 y percibimos que nada cambiará.

a a a a a a aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah

El tiempo pasa y nada cambia,
aunque todo se modifique.
Sevilla en su llanura nos acoge con bravura,

Cree que somos unos hambrientos,
y pretende que nos alimentemos de puro aliento,
por eso prefiero Granada,
porque allí la carne siempre viene aliñada.

Llegan las gallegas en el avión
y con María viajamos hasta la pensión,
un apartamento en pleno centro
y, entre callejuelas, descubrimos a un ser tremendo:
de pelo voluminoso y aire distraído
 nos acerca con su acento a un bar perfecto.

Qué gracioso es el destino,
pinta con sus dedos caminos con mucho tino
y con el francés vemos los retazos del sino,
salimos todos de fiesta y acabamos divertidos.

Una torre custodiada
por carros de caballos y turistas armados de flashes
nos enseñan que en Sevilla
no todo es escaparate.

Allí el pasado está presente
y el futuro se respira en el ambiente
de un moderno metro deslumbrante,
aunque allí la gente no lo aparente.

El viaje continuó
mucho más de lo que cuento
pero eso lo dejo
para otro momento.


miércoles, 23 de noviembre de 2011

Incomprensibles amores

"Comme c'est bizarre! Que c'est curieux!"

Leo de nuevo esta obra de Ionesco (La cantante calva) y, por alguna razón desconocida, siento el efecto del amor por un objeto literario. Es como el amor que se siente por alguna persona, aparece de repente o poco a poco, muy sigiloso, y para cuando eres consciente de ello ya no hay marcha atrás, el sentimiento ha echado raíces en algún punto del propio cuerpo y no hay modo de acabar con él. Nacen por alguna razón, pero no se sabe bien cuál y ya se ha instalado para siempre, aunque esas raíces se vayan debilitando por falta de riego.

Es raro y curioso que algo así suceda con un libro, con una canción, una casa, un lugar, con  un objeto o una entidad, en definitiva; pero se ve que las hormonas o el mecanismo que actúa a ciegas en el amor hacia las personas no difiere ni un ápice en el caso de los objetos, las ideas o cualquier cosa que en principio no debería ser tratada con tanto amor; como una persona. 

Lo curioso de esta obra es que es un absoluto absurdo, la incomprensión de las personas, de la realidad, una crítica a la sociedad, al tiempo, a la lógica... una obra maestra de la que no puedo pasar. Y el caso es que me gusta este movimiento del absurdo, será que yo mismo veo todo un poco sin sentido; será por eso que me identifico tanto con este tipo de obras.

Es raro y curioso. Muy curioso. Tan curioso como ilógico. 

domingo, 20 de noviembre de 2011

20-Nooooo

20-N

El cielo está encapotado. Hace frío. Calahonda se ha inundado tras las trombas de agua de ayer por la tarde-noche. Tormentas y rayos. La luz se fue varias veces. Y hoy, el cielo sigue cubierto de una masa gris intangible y yo camino con la seguridad del que alza la cabeza firme porque sabe que está cumpliendo con su deber, aunque sea consciente de que por mucho deber que cumpla su acción apenas tendrá relevancia. 

Camino directo a mi mesa electoral. La busco al entrar en el recinto. ¡Qué casualidad! Es justo la que tengo enfrente. Abro los dos sobres para comprobar que no me he equivocado. "Sí, son las mismas papeletas que había metido esta mañana", me confirmo. 

Un minuto después, los sobres se mezclan en la caja con muchos otros y yo sé que entre ellos la mayoría es de un color que no me gusta; me asusta. No el color en sí, sino las ideas que lo componen, porque descubro entre sus trazos un mecanismo retrógrado; el mecanismo de la máquina del tiempo que retrocede la realidad al pasado, a un momento poco afortunado. Además de eso, veo una "s" que me repugna y que babea ya la victoria del cromañismo, que no ve otra cosa más lejana que unos valores tradicionales que hay que reimplantar. 

Tiemblo.

Me alejo de las urnas con el temor de un hombre ojeroso y apesadumbrado, que escucha música francesa antigua pero que abre cada día más su mente hacia la libertad, hacia los derechos de todos. Soy ese hombre que gusta del pasado, pero solo de lo bueno del pasado, y que mira el presente con una perspectiva de futuro abierta, a veces relativista, donde todo vale, siempre y cuando no se dañe a nadie. Ese hombre que enraiza en el mayor de los pesimismos y que, sin embargo, no deja de creer en las utopías, en su propia utopía. El hombre que lee en el 20-N un "vete nadando", porque es lo que tendrá que hacer para encontrar un sistema que le deje las alas intactas y que no le corte el aire que respira y que impulsa esas alas hacia cumbres elevadas. 

Un 20-N, como un "vete nadando", por no vivir ahogado.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Etimología semi-inventada de "Nostalgia"

Se ve que soy un neurótico de las etimologías; si no es así, entonces quién me puede explicar por qué me he despertado esta mañana al son de esta etimología semi-inventada.

Nostalgia.


Algia significa dolor.

Hasta ahí todo normal. Ahora empieza la parte líquida de la palabra "nost(a)". Si lo leemos en voz alta tenemos algo así como "no está". En otras palabras, que la nostalgia debe ser el "dolor de lo que ya no está", de lo que se fue.

Mi neurosis etimológica no se puede explicar. Lo que sí se puede explicar es la razón de que sea esta palabra y no otra: ayer sufrí una inundación de nostalgia cuando en facebook mi querida Eva subió fotos de hace años y estuvimos comentándolas entre muchos; amigos del pasado, algunos todavía del presente. Y se ve que mi cerebro ha funcionado toda la noche ahogado en esa marea que es el pasado, en el abismo del tiempo, y al sonar el despertador ha erupcionado esta etimología semi-inventada, pero lógica.

Un saludo para todos aquellos que viven su nostalgia con placer, como yo hice ayer.

martes, 15 de noviembre de 2011

Un frío distinto

El frío que viene de dentro,
no el de fuera, 
ateridos cuerpos sin vida
concentrados en el hoyo de la muerte.

El frío que viene de dentro,
no el de fuera,
lluvia que emerge del ojo
porque se ha perdido un amado fuerte.


El frío que viene de dentro,
no el de fuera,
quejidos y lloros tras la caída
al valle de los que ya no caminan.

El frío que viene de dentro,
no el de fuera,
un cristal entre un lado y otro,
donde los abrazos sujetan la tristeza.

El frío,
Cae la lágrima del Ártico,
congela la realidad.

El frío que ya no viene de fuera
y te recuerda la vida;
más bien el frío que viene de dentro
y te recuerda el tiempo.

Muerte, frío, infierno,
eso puede ser el Tiempo.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Un gato-tigre de esfuerzo y respiración

Entre palabras volcadas a través del micrófono del móvil, cuando la noche ya ha tomado su reino, aparece bajo las sombras de los coches un gato. Su tamaño es descomunal. Su color gris, triste. Bien podría ser un tigre callejero. 

Pero no. 

El gato sube guareciéndose entre las cortas sombras que las farolas proyectan bajo los coches aparcados en fila en una cuesta muy empinada. yo sigo hablando y comentando. Las risas rebotan en la solitaria calle. La luna fantasea en el cielo. Eva, al otro lado del auricular, habla conmigo de muchas cosas. Parece que la tranquilidad ha llegado. 

Pero no.

Era solo una terrible ilusión. 

De repente, la tranquilidad se quiebra. El motor de una moto de cross estremece el ambiente. Su ruido se intensifica rebotado por la estrechez de la callejuela. Su impacto se desparrama por la cuesta. Un susto. El gato quiere cruzar. Salta. El susto se intensifica. La moto aparece a la vista. Surge como un demonio con guadaña de sierra. Moto(rizada). El ruido tropieza. Gato y moto se encuentran en una misma coordenada de tiempo-espacio. El granuja que la manipula hace zig-zag con la rueda delantera. El Gato se queda momentáneamente paralizado. La moto, que no ha llegado a caer, continúa su despavorido recorrido. Su avalancha mortal.

El gato.

El tigre.

La moto.

Yo.

Eva al otro lado del auricular.

La luna en el cielo.

Las paredes blancas.

Las sombras.

Todos hemos sido testigos de un atropello. Cada uno desde su propia perspectiva.

Me acerco al gato-tigre. Tiene sangre en la boca. Se revuelve frenéticamente. La vida lo impulsa a levantarse. 

Pero no.

Hay algo que se lo impide. Se esfuerza por ponerse de pie, por vivir, por continuar su sigiloso camino. Se retuerce. Jadea. Su respiración se vuelve ruidosa, cansada, estremecedora. En ella escapa la vida, aunque no lo haga tan rápido como pareciera. En sus violentas sacudidas se esconde un espíritu salvaje. Me aterra la idea de no poder hacer nada. Si lo toco sé que me arriesgo a un mordisco, ¿rabioso? Nunca se sabe.

La noche se extiende. En otro lugar no muy cercano la vida ya ha escapado de un cuerpo, mientras el gato se retuerce. Unas horas después, el gato ya está junto a mi puerta; repta como una serpiente; no ha conseguido ponerse de pie. Parece que el centro de su columna hubiera sido anclado al suelo. 

Horas y horas más tarde, el gato ya está casi al final de la calle, entre sus respiraciones fugaces y sus esfuerzos interminables y, para cuando quiero volver a mirar, la magia ha hecho que desaparezca. 

Ya no estaba. 

Se había esfumado.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un viaje inesperado

Llego a la biblioteca y me detengo en las vitrinas vacías, huecas, carentes de viejos huesos, de libros de otros tiempos. Entonces por un momento veo renacer el recuerdo de una exposición habida por lo menos hace un año, donde esas viejas cajas de cristal contenían la belleza misma plasmada en hojas amarillentas, antiguas, hasta salvajes, me atrevería a decir.

Libros medievales.

Los había de todos los tamaños y contenidos, pero sin duda el más destacable de todos era el que representaba un colorido mapamundi medieval, con sus correspondientes "Terra incognita" y sus ilustraciones de bestias mitológicas. En aquellos momentos de exposición pude transladarme en nave por aquellos parajes antes salvajes, ahora destruidos por el velo levantado, por la mano de un ser avasallador, ambicioso, destructor, humano, descubridor. Navegué por aquellos mares y realicé un periplo, cual Ulises, por aquellas costas andaluzas deformes, mal dibujadas, distintas. Incluso creí percibir el brillo de unas manzanas doradas que seguramente Hércules supo enseguida que no eran tal cosa, sino jugosas naranjas del Jardín de las Hespérides y que el traductor confundió al no saber que las manzanas doradas son ricas naranjas.

Entre sus brillantes colores, desplegados sobre el papel acartonado por una mano desconocida, me senté junto al mástil de una calavera y escuché no solo el aullido del mar al cruce del barco, sino que también oí un "tierra a la vista" exultante, sorprendente por imprevisto; mi estómago gritó en ese momento después de meses en la mar, al imaginar el festín de carne que aquellas tierras de frondosos bosques le ofrecería con su exuberancia. Y justo cuando la nave arribaba a tierra firme, la belleza de un mundo nuevo se tornó en mar de vídrio o cristal.

De nuevo los expositores vacíos. Los libros ya no estaban porque el recuerdo se acababa de esfumar, lejos entre conexiones neuronales estrámboticas.

Me doy media vuelta. Subo las escaleras y abro mis apuntes de tinta negra, monocolor... y tras un suspiro, surge cierta morriña por aquella visión antigua, medieval, lejana.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Político bien sentado derecho

El diálogo del miserable,
que lame y lame
las palabras del barbudo,
de un ruín pedazo de capullo.

La despótica demagogia
del chulo chulo,
que amasa una fortuna
sin tener un duro.

El bastardo sibilante,
un político pusilánime
que regresa hacia el pasado
en su bien preciado yate.

Sus falacias son de ácido,
de una podredumbre sin igual,
se cree el rey del partido
porque no sabe que va a acabar muy mal.

El papel les da la victoria,
confiados sonríen al pasar,
y los pueblerinos, con su derrota,
no saben dónde mirar.

Hambrientos de nuevo,
observan al barbudo con su disfraz
sentado bien derecho en su pedestal,
mientras come el pastel, el pelotudo .

Ingredientes de primera
que todos habíamos podido disfrutar,
que el pepero sibilante se carga
en un pispás.

Pobres y mal parados,
libres hasta hace poco, 
                                 cagados,
la derecha irrumpe solo

con el arma destructiva.
Caemos despavoridos
de las alturas de la libertad,
Adiós, políticas sociales.

Adiós, estado del bienestar.






domingo, 6 de noviembre de 2011

Lloros

Escucho los lloros de alguien que quiero y se me cae el alma a los pies, diluida en una melodía deprimente. No me cabe la menor duda de que si hay algo que puede lastimar más que el sufrimiento propio eso es el sufrimiento ajeno de alguien que quieres. Ves su mirada dirigida hacia el interior, ajena a la realidad, ausente. Oyes los quejidos dolorosos, el crujido de su corazón quebrado, agrietado. Es terrible presenciar tal dolor. Pero tienes que presenciarlo para ayudar si acaso es posible. 

¿Pudo alguien detener la espada que la propia Dido insertó en su cuerpo desde la atalaya desde donde vio alejarse la nave de Eneas? 

No.

Solo ella misma habría sido capaz de sobreponerse al filo del metal y lanzar la espada lejos de su alcance. Ella era la única con la capacidad suficiente para cerrar aquella puerta y abrir una nueva, hacia un mundo mejor, donde otro hombre la podría haber hecho feliz. Pero si Virgilio hubiera cambiado la trama, ¿quién sería Dido? ¿Una simple reina, un personaje tan humano como secundario? Porque si algo nos hace convertirnos en personajes principales de la trama de la Historia eso solo puede ser nuestro distintivo, algo que nos eleve por encima de la misma Historia. 

Pero no es fácil. 

Lo que tengo muy claro es que el tiempo pondrá en su sitio al personaje que ahora llora oculto tras el manto de una melodía triste y atormentadora. Del mismo modo que comprendo que algún día yo mismo seré ese personaje dubitativo y dolido y que otros oirán mis lágrimas con notas musicales y que sufrirán lo mismo que ahora puedo llegar a sufrir yo mismo. 

Tenemos que aprender a vivir libremente. Cuando la libertad ocupa todos los poros de la vida, los palos se frenan en su densidad liberatoria y todo se hace más simple. Vive y deja vivir. Vive sin juicios propios ni ajenos. Y deja de llorar. Espera, pero no demasiado. Actúa, olvida las lágrimas, muévete, pues es el movimiento el que te salvará. Así habla este humilde artífice de palabras líquidas. Así trata de conducir su vida. Así lo intenta, aunque no lo logra. Pero llegará el momento. Y cuando llegue no quiero estar preparado. Ocupar mi lugar y explotar mi distintivo, porque solo así seré Alguien con mayúsculas. Si no una Dido, sí un Eneas o un Áyax o un Ulises o su puta madre. 

Pero querida alma envuelta en lágrimas, sécate esas gotas saladas que brotan de tus ojos, ponte de pie, en pie, y no te detengas, porque no estás sola. Tan solo estás sola si tú olvidas que estás acompañada.

Palabras líquidas en un recipiente virtual, inútiles, porque no han servido de nada, salvo para salarse.

Y sus lágrimas siguieron rodando por sus mejillas. Para mi desgracia.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

En el cementerio de los vivos

Es mañana temprana, soleada y hasta calurosa. Los coches transportan a la gente a través de un camino de eucaliptos hasta que ya inmersos en plena naturaleza, allí donde empieza la montaña, llegan a un lugar destacado: aparece con un blanco reluciente el cementerio de Salobreña. Canalizaciones de agua fresca circundan el recinto, al igual que los abetos dan sombra en el portón de entrada o los cipreses dan vida a los pasillos de lo que parece más un dédalo que un cementerio, con callejas, pasajes sin salida, escaleras, altas y bajas. 

Ayer el bullicio de la vida llenó el cementerio de energía, sobrepasando en cantidad a los eternos durmientes. Los vivos acudieron con flores, al menos la mayoría. Las abispas sobrevolaron los nichos de mis bisabuelos maternos, como siempre. Miré los ojos paralizados de mis antepasados. Me planté largo y tendido delante del nicho de mis abuelos paternos, esos que tan pronto me abandonaron; los que casi no vi porque la ventisca apagó con rapidez sus vidas. Quise mantener una conversación imposible con los muertos, con ellos. Un diálogo conmigo mismo, en una voz enclaustrada en mi propio cerebro. No fue nada del otro mundo. No más que una serie de deseos, de recuerdos y esperanzas pasadas. 
Dialéctica de vivos para muertos, pero sin ellos.

Mientras esto ocurría, me vino a la cabeza una imagen terrible. Demasiado terrible para plasmarla aquí. 

Por la tarde volvimos al cementerio y no pude parar de pensar, mientras visitábamos a los familiares fallecidos, en la magia de aquel lugar, donde la blancura ilumina el ingenio; el silencio llama a la tranquilidad, la calma del que desea encontrarse consigo mismo. Uno, al internarse en el alma del cementerio, descubre que si pudiera dar rienda suelta a los sentimientos-pensamientos que nacen en aquel lugar, podría plasmar sobre el blanco del papel la esencia misma de la vida.

Ayer el cementerio dejó de ser el lugar donde descansan los muertos y fue por momentos el reposo de los vivos: un cementerio de vivos, de flores, luces, limpieza, reencuentros, historias comunes, sentidos... un territorio bello.

En el cementerio de los vivos...

lunes, 31 de octubre de 2011

La magia de unos versos de Ángel González

"Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho." (Á. González)


Con estas fabulosas palabras de Ángel González me he despertado. 

No despertarse en el sentido de levantarse de la cama, de salir del sueño profundo. No. Del sueño me ha desgajado una voz, con sus murmuraciones, su tono cansado y destrozado. Estas palabras me han despertado en el sentido de que me han traído de vuelta a la realidad.

Me ha puesto los pies en la realidad, en la vida. 
Porque vivir cada día es morir mucho. Solo muriendo tantas veces, uno puede ser consciente de lo que es vivir. Y yo muero a diario. Muero de sentimientos, de soledad, de preguntas, de frío. Muero en las palabras. Muero asestado por "ese viejo hierro: la memoria". La memoria afilada del pasado, de saberse vivo sin quererlo estar, del recuerdo de un árbol de tronco ancho en un patio mallorquín, de aquellos colores del pasado, del gris del presente. 

He despertado. El problema es que volveré a dormir. Y en el trance entre la vigilia y el sueño moriré una y otra vez, pero no la definitiva. Tropezaré con mis cenizas, sin saber que son mías. Observaré la luz y la sombra, sin ser capaz de descubrir lo que hay en medio. 

Releo los versos de Ángel y sufro la vorágine del universo; la sensación de ser incapaz de reflexionar: "Morir muchas veces mucho". 

Morir, efecto de vivir o no vivir.

Muchas veces, cantidad.

Mucho, intensidad.

Y todo "para vivir un año". Aquí se equivoca el poeta. Su error radica en el número. No es necesario morir muchas veces mucho para vivir un año. Es necesario para vivir un solo día morir muchas veces mucho. Un día contiene en sí mismo la duración del mundo, de la existencia, del destino, de lo que queramos.  Incluso, una hora, un minuto, un segundo, una milésima de segundo, etc.

Un día requiere de muchas intensas muertes focalizadas en una sola persona: Tú, como un yo. Un yo que perece. Perecer, fallecer, morir, pasar a otra vida, criar malvas, ir al Más Allá. 

Ir a un Más Allá para descubrir el Más Acá. 

El Más Acá: la riqueza de su existencia.

Solo cuando se visita el Hades, se puede conocer el fuego eterno, las brasas de la vida. Solo cuando uno se quema, nota que está vivo. Vivir un día, un único día, precisa infinitas muertes. La propia muerte. No una muerte penosa. La muerte del aroma del jazmín en el propio olfato. La muerte del chocolate derretido en el paladar. La muerte del mullido colchón bajo el cuerpo. El frío. La luz. La mirada de un ser puro, el infatigable perro que te observa a diario con un brillo en la mirada de completa comprensión.

La muerte para la vida. La vida para la muerte.

El despertar en su eterno sopor.

domingo, 30 de octubre de 2011

Esperanza, vete a tu puta casa

Esperanza, vete a tu puta casa,
de donde no debieras salir.
Respira las lágrimas que cada
noche me nacen aquí.

Esperanza, bruja bastarda,
anoche te escribí,
y en mis poemas te cansa
ver que no termino de sufrir.

Naciste de una garganta
de barro o no llegaste
a salir.

Dijeron que eras un mal,
que del fondo nadie
te vio partir.

Pero a mí ya no me engañas,
te siento demasiado feliz,
donde nace la vida y el latir.

Y si no te quieres marchar,
pronto llamo a la grúa del tiempo,
que sabe de mi malestar
y de mi descontento.

Regresa por el camino
marino y a tu tierra acude,
¿Acaso no escuchas los gritos de tus hijos?

Puerca, traidora, Esperanza,
la cruel y despiada,
juegas con todos y olvidas,
que el día que bajes la cabeza
allí morirás bajo el martillo,
                                        en mi venganza.

miércoles, 26 de octubre de 2011

Un trozo de pan y un vaso de Montilla

Me he levantado con el extraordinario sabor del pan casero de mi amiga Victoire de Pau y el inconfundible sabor de un Montilla seco y áspero.

Recuerdo su casa rústica, justo debajo del castillo de la citada ciudad francesa, con su maravillosa cocina, tan llena de recuerdos, de elementos españoles, muebles recios, tarros de mermelada casera, pucheros; tenía todo lo que el acogimiento pueda desear, pero yo recuerdo especialmente, aquellos momentos en que llovía en el exterior y nos sentábamos alrededor de una mesa, con tapete amarillo, y conversábamos de todo un poco, como una pequeña familia, donde los rasgos sanguíneos son ciegos, por no tener nada que ver. Allí, una Karina de dulce mirada, una Anja de mejillas sonrojadas o una Eva de fabuloso cabello ondulado nos alegraban la conversación con su alegría. Estado de ánimo bañado por un buen Montilla y un plato lleno de rodajas de pan con pipas o aceitunas o incluso con ajo; un pan exquisito, que la propia Victoire hacía a diario, gracias a esa pequeña panificadora blanca situada bajo una silla. 

Victoire es la victoria misma de la vida encarnada en mujer. La emoción de un recuerdo emergido por momentos del mar del olvido. Nieve, método Bled, punaise, fil del ordenador, abrazos, "franluz" (esa mezcla de andaluz afrancesado), tarta de manzanas, Virgilio, escuela, juventud, Pierre, sopa de cebolla, confit de pato, etc. Una mujer entrañable.

Un vaso de Montilla.

Una rodaja de pan.

Me alegran tantos recuerdos.

Aunque ya no los pueda tocar.

Ajo, ajo, ajito,

entre aquellos ojos tan bonitos.

Dame la candidez de aquel sitio.

lunes, 24 de octubre de 2011

Entre Amélie Nothomb y un tema de oposiciones

Poner dos fuentes semejantes en una misma línea interrumpe todo funcionamiento. correcto del cerebro. 

Mientras leía y subrayaba un tema en francés sobre la comunicación, se me ha ocurrido la fabulosa idea de conectarme a la radio france y escuchar una entrevista que le hicieron hace unos días a Amélie Nothomb (he aprendido que la "b" final en este caso si se pronuncia). Ambas fuentes, escrita y auditiva, en francés me han bloqueado por completo y han  mandado mi concentración a la repisa del descanso. Así que no he visto mejor solución que priorizar mis intereses y aparcar el tema escrito para escuchar con atención las palabras de esta escritora excepcional.

Amélie Nothomb cuenta que sigue una rutina de trabajo muy estricta. Se levanta muy temprano y se expone a la escritura durante cuatro horas diarias. Tras lo cual se ducha; dice que en su proceso de escritura hay más trabajo físico que intelectual. Escribe casi de un tirón, así que en cuestión de semanas ya ha dado a luz a un bebé más (así habla ella de sus libros) y, por consiguiente, al año pare un total de 4 o 5 bebés, de entre los cuales expondrá tan solo uno al público; el resto quedarán relegados al olvido en una caja de zapatos. Ya nos gustaría a más de uno ser capaces de escribir un libro en cuestión de semanas. Esta mujer es una máquina.


Cuando el periodista le pregunta sobre su evolución como escritora, esta responde que no se plantea ese tipo de preguntas, pero que sí se ha percatado de que su obra tiende cada vez más hacia lo simple, lo tajante, dejando de lado el lirismo que podía aparecer en sus primeras obras. Así, compara su primer trabajo "Higiene del asesino" con el útimo, "Tuer le père" (Matar al padre), donde dice se ven dos novelas parecidas escritas de diferente forma: su evolución como autora.

En la entrevista ha hablado de muchos otros asuntos, pero sin duda estos son los que más me han llamado la atención.

También me sorprende, como siempre que la escucho, su voz, la aspereza de las eses o la rapidez de su discurso, donde las palabras pasan de atropellarse a inflarse de silencios; lo que me recuerda al ruido que producían los taquígrafos, tic-tic-tic-tic ... tic-tic-tic-tic ... tic-tic-tic-tic... 

Mientras Amélie hablaba, el tiempo ha seguido su imparable compás, la lluvía se ha tornado más ruidosa y la luz del día ha mermado a simple oscuridad y yo he visto la hora de ir a comer; tras lo cual, he decidido retomar la fuente escrita que había tenido que cortar anteriormente.

Si es que en la vida todo es agua, "los ríos que van a dar a la mar", y si no aprendemos a surtirnos del agua adecuada en cada momento nuestro propio río puede verse enturbiado.



martes, 18 de octubre de 2011

Un Ulises en Federico

"Que nadie renuncie a utilizar sus buenas cualidades", pone Ovidio en boca de Ulises en sus conocidísimas Metamorfosis.

Todos tenemos cualidades, malas y buenas.

¿Pueden ser las cualidades malas? Porque si habla de buenas cualidades, damos por hecho que hay malas cualidades. O quizás ocurra aquí lo que ocurre en todo, que las cualidades sean como las monedas, donde hay una cara A aparece enseguida una cara B, una cara y su cruz.

Cuando he leído esto me he planteado una cuestión sencilla, pero de difícil respuesta.

¿Cuáles son mis cualidades?

Podría enumerarlas. Al menos, las que los años me han ido demostrando. Primero, las que yo veo de mí mismo. Después, las que intuyo que los demás pueden ver en mí. Pero, ¿son realmente mis cualidades unas y otras? No. Mis cualidades, como las de los demás, dependen en gran medida del entorno, de los valores predefinidos y asignados en nuestra realidad, en nuestro ámbito, en nuestra cultura. Las cualidades entran en el plano de los valores y, en consecuencia, forman parte de la invención, del mundo subjetivo (Ya sé que no hay nada objetivo, que todo pasa por un sujeto y, como tal, es subjetivo; al menos desde el mismo momento en que atraviesa el cerebro). Y, por lo tanto, ¿podemos hablar de cualidades reales? Si Ulises esgrime las palabras con maestría e ingenio, ¿podemos hablar de que él posee esa cualidad? ¿O tal vez no pueda ser considerada como una cualidad? ¿Preguntad, si no, a los troyanos? Es evidente que para él era la mayor de las cualidades, pues su vida dependió en mucho de su dialéctica. Pero, para los troyanos no creo que las palabritas del Laertiada ni sus ingenios sean recordados en el Hades como una cualidad, sino más bien como la peor de sus pesadillas; y una pesadilla no es una cualidad. Al menos, no una buena cualidad. En cualquier caso, una "mala" cualidad, si esto es posible.

Imaginemos el viaje instantáneo en la línea espacio-temporal y plantemos nuestros ojos en la mano que escribe con celeridad las palabras que salen de la boca de una muchacha incapaz de tener hijos y que, acto seguido, esa misma mano cambia de papel para dar música a la naturaleza con palabras bien rimadas. ¿Me seguís? Sin duda. Este hombre de inusual maestría, también dominaba las palabras. Digamos que era una especie de Ulises contemporáneo. El marco es bien diferente. Ulises se encontraba con un obstáculo de murallas; García Lorca, aparece dentro de las murallas sin escapatoria y, al instante, cae sobre él la guadaña salida de un fusil. Su dialéctica, antes cualidad en Ulises, se vuelve contra él y lo lleva al precipicio oscuro de una fosa desaparecida; en este caso, sus palabras dejan de ser una cualidad, para convertirse en un infierno. 

Dos caras de una misma moneda.

Así que mejor no hablaré de mis cualidades ni de las de nadie; tan solo recordaré que no debo renunciar a usarlas, siempre que lo haga en mi beneficio, ¿no?

miércoles, 12 de octubre de 2011

Un poema estropeado por errores informáticos

Se ve que los avatares de la red no han querido que se publique un poema que he preparado desde el odio y cuando he cliqueado en publicar el mensaje se ha producido un error informático y he perdido el poema. Si ya se sabe que las palabras se las lleva el viento y más aún si estas son líquidas. Visto lo visto tendré que empezar a acostumbrarme a escribir primero en papel y luego pasarlo a ordenador.

"Odio tener que odiarte,
te odio por traición..."

"todos, todos, todos,
odiamos o ¿acaso no?"


Odio, odias, odia,
odian, odiáis, odiamos.
¿Qué importa el orden?
Si todos odiamos, todos
o ¿acaso no?

Algo así había escrito
con esfuerzo y suspiros
de una musa singular,
la que me ha hincado espinas
y me ha hecho gritar.
                                "¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!"

Un pedazo de zorra
que se quiere aprovechar
del tonto que se "enamora"
sin saber qué es eso de enamorar.

Odio tener que odiarte,
pero solo tú te puedes culpar.

Y ahora me callo,
porque no quiero reventar,
que el odio no trae nada bueno,
solo odio te puede brindar.

Rimas malas, más que rimas,
al fin y al cabo, ¿qué más da?
Si el mensaje quedó claro,
que todos, todos, llegamos a odiar.


Y como existen contrahechizos informáticos, no me he dejado amedrentar por la tecnología y he dado rienda suelta a las palabras, aunque esta vez me ha quedado peor, por ser escritura automática y no prefabricada como antes. Si ya sabemos que del amor y del odio nació el ser humano, como de él nació la poesía y de esta la música, para terminar hablando de lo mismo, de amor y de odio.