jueves, 31 de enero de 2013

Contra la holgazanería

Visto lo visto ya no sé qué pensar de nuestro país. Por ello no pensaré y solo diré que van a suceder muchos cambios, porque la situación es ya insostenible.

No quiero hablar de política, así que dejo el tema por ahora. Pero volveré dentro de poco con alguna entrada cargada de rabia. Lo sé, porque lo de hoy no ha hecho más que empezar. 

Cambiando de tema, tengo que reconocer que, en las últimas semanas, la holgazanería forma parte de mi cuerpo y, a pesar de tener mil ganas de hacer muchas cosas, no hago nada en absoluto: salvo jugar y leer. Me estoy, pues, planteando un plan de choque. No puedo exponerlo aquí porque aún no lo tengo definido, pero da la casualidad de que Camus en sus Cahiers ya fijó un plan excelente y que tal vez sea ese el que deba poner en marcha.

Dice en sus anotaciones: "Solo un tema-constante-de meditación-rehuir del resto. Un trabajo con hora fija, continuo, sin excusas, etc. Si decaes todo se hunde: práctica y teoría."  

¿En qué consiste el plan? En fijar un horario, concentrarme en su cumplimiento y no permitir que la holgazanería tome el control. Fácil de decir; complicado de ejecutar. Pero confío en que lo voy a lograr. 

Tengo cada vez mejor pensada la obra que quiero escribir (no será una obra maestra, porque carezco del intelecto y del talento necesarios) y sé que el tiempo apremia, como siempre. Tengo que fijarme unas horas para esta actividad y no ceder a la falta de ganas que antecede a todo esfuerzo. Sí, he dicho bien: esfuerzo. Escribir, por más que se piense que es placentero, también es muy laborioso. Requiere un trabajo descomunal, de aislamiento temporal de la realidad, para recrearla a nuestra manera. Y no solo eso: es necesaria mucha energía para poseer el cuerpo y la mente de nuestros personajes, ya que, lo creamos o no, estos en ocasiones son impermeables. Os lo explico a mi modo: ¿Recordáis a la vidente de la película Ghost cuando era poseída por espíritus? Seguro que sí. Siempre que la poseían, el fantasma hacía un gran esfuerzo para permanecer en ella y sentirse vivo, pero al mismo tiempo la pitonisa trataba de rechazarlos de su cuerpo. Digamos que es una relación semejante a la que sucede entre el escritor y sus personajes. Estos tienen una biografía y una personalidad que toman vida a través del escritor, quien a su vez trata de zafarse de ellos mediante la escritura. A la vez, la relación entre ambos es muy estrecha y los personajes absorben características y recuerdos de su creador. Es una sensación extraña. Pues, como iba diciendo, esa relación exige un gasto de energía que no todos están dispuestos a realizar. Yo necesito dar ese paso o la protagonista de mi historia me va a volver un poco loco, como en su día trataba de hacerlo mi querida Cantilda. Esta era uno de los personajes principales de una historia fantástica que no llegué a terminar, porque la novela empezó a desparramarse de una manera incontrolable. Recuerdo que ella se me imponía muchas veces y me costaba escribir lo que yo tenía pensado para ella. No sé si me estoy explicando bien ni a cuento de qué os estoy contando este episodio. La cuestión es que cada vez que entraba en juego el personaje de Cantilda, esta (en mi cabeza claro está) trataba de cambiarme los diálogos. Puede parecer una tontería, porque diréis que eso no tiene sentido, puesto que soy yo el que escribe su historia y quien la creó a ella. En cambio, no ocurría así. Ella imponía sus palabras y yo las escribía sin más. Y digo todo esto porque Sinae (el personaje principal de esta historia) me está pidiendo a gritos, desde hace tres años (cuando yo la imaginaba muy distinta a como es hoy en día), que escriba su historia. Desde que estoy en situación de desempleo, ese era mi objetivo y, a día de hoy, todavía no lo he hecho. 

¿Qué he hecho con respecto a esta historia por el momento?

Tengo un resumen de la historia, partes de las biografías de algunos personajes, anotaciones de cosas interesantes, un mapa del lugar (dibujado con mala mano), varias hojas con aspectos de la sociedad de Sinae, varios posibles títulos, tramas y muchas posibilidades, preguntas... Tengo muchas cosas hechas, incluso los dos intentos anteriores de narración de hace un par de años. Sin embargo, todavía no me he puesto manos a la obra. Llegué a pensar que lo mejor sería abandonar este blog (los que me leéis recordaréis que me lo estuve planteando) y dedicarle ese tiempo a la novela. A día de hoy no lo he hecho. Este blog es muy importante para mí. 

Aplicando el plan de Camus a este objetivo, quedaría así:

"Solo un tema (la novela) -constante (todos los días)-de meditación (seguir buscando tramas y planteamientos)-rehuir del resto (no prestar atención a actividades que prolonguen mi holgazanería). Un trabajo con hora fija (todas las mañanas dedicar 4 horas), continuo, sin excusas, etc. Si decaes todo se hunde: práctica y teoría."

Sé que será imposible y que no lo cumpliré como quiero ni como expongo aquí, pero lo voy a intentar. Ya os iré contando.

martes, 29 de enero de 2013

Un perro no es basura que se tira en la calle.

Delante de la pantalla de este ordenador, donde el brillo intenso del papel del blog me está cegando, me transporto con emoción a un pasado que solo se salva por la memoria (como cualquier pasado) y, acompañado por la melodía dulce de Pasión Vega, giro la cabeza hacia el perrito blanco de peluche sobre una balda de la estantería. Tiene un collar rojo roto, que llevó mi Benji toda su vida, y es algo así como una prolongación de su existencia tras su muerte. Lo he cogido y me lo he acercado a la nariz. 

¡Todavía huele a él!

Entonces me pongo un poco triste, pero también esbozo sonrisas. 

Pensar en su brutal muerte me hunde en un mar de lágrimas. Puedo oír todavía sus ladridos temerosos y sus chillidos en la oscura noche. Sonidos que nunca escuché, porque, cuando aquella noche un perro salvaje y enloquecido entró en el campo de mis abuelos, yo no estaba allí. Pero a veces he oído el sufrimiento desgarrador de mi pequeño Benji. Lo veo tan pequeño, ya envejecido, lento y con aliento alterado, sin respiración, tratando de huir de esa bestia monstruosa. Lo imagino corriendo entre lechugas, hierbas de patata, debajo de chirimoyos, aguacates y una parra... donde finalmente aquellas fauces babosas mordieron el pelaje canela de mi pequeñín...

Al día siguiente, cuando me dieron la noticia, por mi cabeza se paseo la locura y me di carabonazos contra la pared del cuarto de baño. El mundo se derrumbaba a cada golpe y, desde ese momento, un asesino nacía en mí. Quise decapitar a ese maldito perro baboso y loco. Lo quise destruir con todas mis fuerzas. Pero nunca lo hice. No debía dejar que ese animal salvaje que todos tenemos se apoderara de mi cuerpo. Que no lo hiciera yo no significa que no lo hiciera otra persona. Alguien acabó vengándose; seguramente alguno de los muchos dueños que perdieron aquel verano a su perro. Porque ese maldito asesino acabó con muchos perros de la zona, todos lo detestaban hasta la saciedad. Y murió.

Murió envenenado. 

Aquel perranco sucio, de pelo blanco y mirada desorbitada, pereció ahogado en el veneno. Aún hoy en día no le he perdonado lo que me hizo: me quitó a alguien muy importante en mi vida. 

Digo todo esto porque ayer vi otro perro abandonado en mi barrio. Tenía el mismo color canela de mi Benji y una cara de buenazo increíble. No puedo entender cómo hay gente que es capaz de abandonar a un animal que ha formado parte de su familia. Soy incapaz de comprender ese comportamiento tan asqueroso; igual de asesino que las muertes que aquel monstruo dejó aquel verano. 

Me fastidia mucho también el hecho de que mi país sea el lugar donde más mascotas se abandonan. ¡Qué horror! Me saca de quicio pensar en el tráfico de mascotas, en el negocio que se mueve en ese sentido... ¡Es una pena! 

A mí me dieron a mi Benji pequeñito, con sus patitas blancas (parecía que llevaba calcetines) y fue acogido y tratado como uno más, con todos los cuidados que necesitara. Era alguien amado y que daba amor. Alguien que siempre formará parte de mis mejores recuerdos. Estoy feliz de poder oler, después de todos estos años, su olor. ¡Qué maravilla!¡Qué regalo me hace la vida manteniendo en su collar su presencia!

No quiero extenderme más en este asunto. Os recomiendo que leáis este artículo publicado por Lucía Etxebarría en su página (es muy interesante): http://allegramag.es/wp/no-compres-un-perro/ 

No tiréis a vuestras mascotas a la calle como a la basura. Por favor.

sábado, 26 de enero de 2013

Pensar mucho, pero mejor.

Hay algo que me sorprende especialmente y es el hecho de que justo aquellas personas que más tiempo dedican a pensar suelen ser las que caen con mayor facilidad en depresiones. Entonces se pregunta por qué demonios piensan tanto y que su solución sería dejar de hacerlo, distraer la mente en otros menesteres. Yo soy en muchas ocasiones una de esas personas que piensa demasiado. Ahora bien, hay algo que desde siempre he procurado hacer: tratar de buscar soluciones. Así he llegado a la conclusión de que el problema no es pensar demasiado, sino pensar mal y mucho apoyándose en un único pensamiento de reiteraciones pesimistas. Ese es el verdadero problema. Hay que aprender a pensar más y mucho, pero también mejor. Ya que estamos gastando un exceso de energía y, lo que es más importante, de tiempo (que es oro y escaso) debemos procurar extraer un beneficio. 

¿Qué beneficio se puede obtener de un pensamiento eficiente?

Es sencillo. Estás pensando en algo negativo, analizas el estado que te provoca, las causas que lo han producido, las opciones de modificarlo en positivo y una infinidad de posibilidades favorables y, sobre todo, tratas de hacer avanzar el pensamiento y evitar que se estanque en algo reiterativo. Tampoco es tan complicado; es metamorfosear las ideas que edifican nuestro propio intelecto, lo que está en nuestro interior. Es fácil, porque depende de nosotros exclusivamente. Si el infierno está en nosotros, es cierto que también el paraíso. Me diréis que eso es muy simple decirlo y complicado llevarlo a la práctica. No ocurre así. Hay que tomar conciencia de que nosotros somos dueños de nuestros pensamientos; somos los únicos capaces de frenar lo que nos perjudica y de tomar los acontecimientos de una manera sosegada. Sé de lo que estoy hablando porque he sufrido muchísimas depresiones reprimidas a causa de mi propia mirada introspectiva de la realidad. He superado todas y cada una. Y si algo he aprendido es que escribir me permite alejar muchos fantasmas y que hay pequeños placeres que nos alimentan la ilusión. Pero no solo eso, sino que también he aprendido algo muy importante para mí: en la vida hasta las depresiones son necesarias. Es lo que ya comenté alguna vez: mi noción de carpe diem. Para mí carpe diem no es aprovechar cada segundo como si fuera el último; es saber que todo lo que nos ocurre en cada momento es razón de aprendizaje y desarrollo, tanto lo bueno como lo malo, y no olvidar nunca que hay que adaptarse a cada situación. Vivir cada momento como si fuera el último puede llegar a ser terrible, porque tienta al desfase. Y precisamente el desfase es un vicio dañino, si se prolonga eternamente. Literalmente significa "coge el día", como se recoge una flor, sin pensar en el invierno, en el futuro incierto. Durante mucho tiempo no fui capaz de "recolectar mis días", porque me anclaba en el pasado y en ideas negativas, destructivas, fuertemente afianzadas en mí. Ahora sé que, aunque vuelvan los malos pensamientos y sufra depresiones, poco a poco soy mejor agricultor metafórico y selecciono de mis días y pensamientos las flores que mejor aroma me proporcionan.

Así pues, es el momento de que aprovechéis ese infinito pensar demasiado (peor) para convertirlo en un pensar demasiado mejor.

viernes, 25 de enero de 2013

Incomprensiones de este país 1: desahucios.

No hay día que no nos encontremos con noticias relacionadas con los desahucios: que cada día hay no sé cuántos desahucios en nuestro país, que si se ha suicidado alguien porque le desahuciaban, que si personas desahuciadas están ocupando viviendas vacías, etc. Es incontable lo absolutamente catastrófico de la situación. Es lógico que si tienes hipoteca y no la pagas (porque no trabajas y no ganas dinero para pagarla, como está siendo el caso) el banco, llegado un extremo, solicite la vivienda como pago de la deuda. Hasta ahí creo que todos estamos de acuerdo. Ahora bien, lo que se sale de toda lógica es el hecho de que al perder la vivienda tengas que seguir pagando la hipoteca. 

¡Rayos y centellas! Eso echaba yo por la boca ahora mismo si no me contuviera, porque me parece de un absurdo impresentable. A quién le va a entrar en la cabeza que después de perder tu vivienda tengas que seguir pagando por ella. No tiene lógica. ¿Acaso se trata de un pacto de eterna juventud o inmortalidad con el diablo por el que pagas con tu alma? Visto lo visto no sé lo que sería peor. En nuestro caso (y siendo el único posible, ya que de la existencia del diablo no tenemos noticia) la situación es sinónima de hundir más al que se ahoga, apretar la soga del que cuelga del árbol o plantar sobre el que se ha tropezado un rascacielos. 

¡Para llorar y enfadarse hasta límites insospechados! 

Pero esto no queda ahí. Para colmo, los sucios bancos han sido rescatados y somos todos los que pagamos sus deudas. ¿Quién nos ha preguntado si queremos asumir sus números rojos? Nadie ¿Quién nos ha contado las consecuencias del rescate? Nadie ¿Qué beneficios sacamos del mismo?¿Más desahucios?¿Más gente en la calle?¿Más pobreza para la sociedad? Estoy cansado, como la inmensa mayoría, de esos banqueros y políticos que tratan de burlarse de nosotros, que se lucran con el mal común, que están corrompidos. Estoy hasta las narices de ellos. ¿Qué esperanza nos queda en este país? Si ni la lógica impera... 

¿Sabéis lo que contrataba yo para ellos en lugar de consejeros? Una persona que estuviera pegada a ellos y les susurrara al oído el nombre de todos los que están padeciendo la crisis, de todos los que sufren los desahucios y las injusticias. Recuerdo haber leído una vez que en la antigua Roma, cuando un emperador regresaba de una victoria llevaba a su lado un hombre que le iba recordando que algún día moriría (no sé si es certera la información, porque no la he podido contrastar). Exactamente es eso lo que les hace falta a nuestros "emperadores" de traje y corbata, de sobres con dinero negro, de firmas surrealistas y privilegios (en un país donde comer un mendrugo de pan comienza a ser un privilegio para la sociedad).

Si te quitan la casa, que finalice la hipoteca; eso debería ser lo que ocurriera. Si hay miles de viviendas vacías, que se permita que las habiten familias que viven en la calle y se busquen soluciones. Más aún si esas viviendas pertenecen a bancos que hayan sido rescatados, porque somos todos los que estamos pagando las consecuencias. La crisis se la debemos a ellos. O eso dicen.

jueves, 24 de enero de 2013

Placer 6

Anoche me desvelé a las 4 de la madrugada. La noche no era silenciosa ni los muebles crujían. Fuera el viento soplaba con el ímpetu de una sucesión de huracanes. Entonces imaginé que hacía tormenta en el mar y que muchas mangas de aire fundían las nubes electrificadas y el oleaje salado. Esto me es placentero porque visualmente me parecía digno de lo sobrenatural. Solo fue imaginado, no ha ocurrido nada así. Yo seguía en la cama, calentito, con los ojos cerrados pero despierto. Los oídos me unían al mundo. El viento susurraba una nana que me durmió de nuevo.


Por la mañana y todavía ahora el viento sigue rugiendo. Estar dentro de casa oyendo su rugido me permite valorar el abrigo de estas paredes y lo placentero de sentirme protegido por ellas. Pero no solo eso: al mismo tiempo estoy deseando sacar a mi perrita para fusionarme con las caricias del aire, porque me recordará de nuevo que estoy vivo; sentiré que a veces soy una simple marioneta que su fuerza maneja y casi hace caer y en otras ocasiones me demostrará que por mucho que sople yo tengo la capacidad de resistir sus ráfagas. 

El viento será hoy mi placer cotidiano.

lunes, 21 de enero de 2013

Una niña comerciante.

En mi calle hay muchos puestos de verduras de temporada. Hoy había en uno una niña con mucho arte, como se dice por estas tierras. La chica en cuestión no creo que superara los 12 años. Me ha llamado la atención, no el hecho de que estuviera allí con la caja de tomates a sus pies y trabajara con su madre, sino la facilidad de verbo y el desparpajo que mostraba. ´Tengo tomates y pimientos fresquitos y con ellos te haces unos potajes de vicio.´ Así, al pasar por delante de ella un señor mayor, la chica lo ha invitado a comprarle algo. El hombre rechaza la petición porque "una bolsa pesa demasiado para mis huesos. ¿No ves, chiquilla, que no puedo ni con mi cuerpo y que me apoyo gracias a este bastón?" y el señor sigue su lento paso. Pero la chica, como buena comerciante, no puede darse por vencida. Ha captado la atención del hombre y tiene que seguir intentándolo. "Ay, por eso no se preocupe, se lo llevo yo misma hasta su casa, si quiere."

Esa niña probablemente no ha conseguido venderle un kilo de tomate hoy, pero le ha sacado una risa al señor y puede que con el tiempo este se anime a comprarle algo. Además, ella saldrá cada día más fuerte y sabía de esas horas en la calle, junto a su madre, ya que habrá fracasado en incontables ocasiones y habrá salido victoriosa de otras tantas. 

viernes, 18 de enero de 2013

Saber natural



                                                  A Fernando Pessoa




De la naturaleza que es agua,              
fuego, viento, vida,
una multitud de partes,
porque el todo no existe.
Así en Castilla y Andalucía
hallamos una filosofía,
que extiende en oro
mantos llanos descomunales.
Brota en espiga,
se alza en terciopelo de rama
y con el viento se dobla,
mas nunca se rompe,
y con la calma se yergue,
mas su flexibilidad no pierde.
Aprendamos del trigo,
adaptarse, pues, debemos,
no voltear las venas en huesos,
no mezclar fortaleza con rigidez.
A Pessoa agradezco, digo,
esta parte nueva,
este nuevo camino.

jueves, 17 de enero de 2013

Tríptico del tiempo

El tiempo no siempre huye,
a veces se alarga con lentitud,
a veces se paraliza por completo.

Cuando escapa de mis dedos
tus brazos están a mi alcance
y tus manos y tu cuerpo.

Cuando se vuelve bala de fusilamiento
es lento, lento y doloroso
a la espera de tu encuentro.

Cuando se detiene no hay nada
más que mirar, un espejismo
que muere de sed en el desierto.

Porque tiempo no es tiempo,
es el reloj que mueven los pensamientos.

El cuarto de baño, lugar de reposo.

En todas las casas hay un lugar donde se puede encontrar la calma: el cuarto de baño. Me ha ocurrido alguna vez que, estando bloqueado o estresado, me sentaba en el retrete y me relajaba, solo mirando los azulejos, las figuras de la cortina de la ducha, el metal de la grifería, los remates de una puerta envejecida con el tiempo o simplemente observando las juntas del suelo siempre imperfectas. También allí el silencio tiene una fuerza descomunal y los sonidos del barrio retumban con sutileza.

En el baño uno puede encontrar el paraíso. 

Recuerdo que un profesor nos dijo, cuando yo tenía unos doce años, que si necesitábamos concentrarnos para estudiar no había mejor lugar que el retrete. Nos incitaba a alternar el escritorio con el váter y poner los apuntes en las rodillas flexionadas en lugar de la superficie del pupitre. Allí se puede memorizar en silencio o aprovechar el eco de los azulejos para escuchar los conocimientos que debemos adquirir. Y tenía razón. Reconozco que practiqué ese saber en varias ocasiones, cuando parecía que cualquier cosa era más interesante que lo que debía aprender, y es cierto que en el váter se aceleraba el aprendizaje.

También dijo una vez mi querida profesora Marisa, de filosofía, que las grandes ideas habían ocurrido en la bañera. Eso tiene una razón: la calma. El cerebro está más despierto cuando estamos relajados, además de que las ideas se van construyendo con dulzura y, en la mayoría de los casos, sin que nosotros seamos conscientes de que se están gestando en nosotros. En la tranquilidad de la ducha explotan esas ideas. Si no encuentras soluciones a problemas, prueba tu búsqueda bajo el chorro caliente de la ducha.



Hacia la sanidad privada
Hace un par de días me llamó mi amiga Eva (Evanca) para pedirme si podía hacerle un favor: adquirir la revista El Jueves con el suplemento especial. Evidentemente no me costaba ningún esfuerzo y yo mismo me hice ayer con una revista. Al ser una revista crítica de humor, asociada a Eva, me hizo acordarme de una tradición muy francesa: tener revistas en el cuarto de baño para pasar el rato leyendo mientras se libera el estómago (tiraré de eufemismo). Cuando nosotros vivíamos en Pau, nuestros compañeros de piso siempre ponían allí revistas de humor (Fluide Glacial) semejantes a nuestro El Jueves y, en honor a ese año tan maravilloso que vivimos, he colocado en el cuarto de baño la revista y su suplemento junto al váter. 

Imitemos esta fabulosa costumbre, amigos, y usad el váter como un medio de relajación, una lucha silenciosa contra los efectos de la crisis. El retrete es una gran metáfora de nuestra realidad. Tiremos de la cisterna y que se ahoguen todas las heces que nos gobiernan.

domingo, 13 de enero de 2013

Antes cenizas, ahora vida.

Clic, clic, clic:
ese sonido de la cámara
paraliza la pertinaz fugacidad
de un tiempo que pasa.
Salta la luz cegadora de la mañana,
cuando tus grandes manos me abrazan,
tu boca de gruesos labios me calma
una sed torrencial antaño ajada.

Solo estuve, solo muchos años,
pero llegó a mí, por ti, el agrado
y el aliento caldeaba mi frío corazón.
Tus dedos son de artista,
lo mismo pintan o fotografían,
escriben poemas o críticas,
y sujetan el humo de mi vida.
Igual con ellos cartografías 
lo que era cuerpo inerte,
lo que ahora es flora y silva.
Apolo, ya no se vengaba,
y en ti puso el poder contra la caída,
mis cabellos fueron laurel,
mis brazos ramas retorcidas,
y hubo incendios abrasadores,
quedé siendo rama seca y cenizas.
Brotó el agua y la savia,
el tronco se hizo robusto,
las raíces retomaron su vigor
y del suelo emergieron
para correr hacia tu risa.

Así, canto el "gracias a la vida"
porque, después de mucho, "me ha dado tanto",
y sueño cada día con tenerte a mi lado.



jueves, 10 de enero de 2013

Un esquema de Camus en Baleares.

En el primer cuaderno de Camus, veo que en su visita a Baleares y tras haber escrito una reflexión sobre el viaje, visto no como un placer sino como una especie de ascesis, de aprendizaje, el autor anotó el siguiente esquema que reproduzco tal cual:

Baléares -- Baleares

La baie. -- Bahía
San Francisco-Cloître.  --San Francisco-Claustro
Bellver.
Quartier riche (l'ombre et les vieilles femmes).--Barrio rico (la sombra y las ancianas)
Quartier pauvre (la fenêtre). -- Barrio pobre (la ventana)
Cathédrale (mauvais goût et chef-d'oeuvre). -- Catedral (mal gusto y obra maestra)
Café chantant. -- (una cafetería ¿donde cantan?)
Côte de Miramar. -- Costa de Miramar
Valldemosa et les terrasses. -- Valldemosa y las terrazas (supongo que de bares)
Soller et le midi. -- Soller y el mediodía
San Antonio (couvent). Felanitx. -- San Antonio (convento)
Pollensa: ville. Couvent. Pension. -- Pollensa: ciudad. Convento. Pensión
Ibiza: baie. -- Ibiza: bahía
La Peña: fortifications. -- La Peña: fortificaciones.
San Eulalia: La plage. La fête. -- Santa Eulalia: La playa. La fiesta.
Les cafés sur le port. -- Las cafeterías en el puerto.
Les mûrs de pierre et les moulins dans la campagne. -- Las paredes de piedra y los molinos en el campo.

¿Qué me llama la atención de este esquema? En primer lugar que estuvo en Mallorca e Ibiza. Después está el hecho de sus anotaciones. ¿Qué le atrae de ese viaje? Las bahías, el sol, los monumentos, las cafeterías, la fiesta y la diferencia de un barrio rico y pobre. Y es curioso lo que anota como distintivo: en el barrio rico destaca la sombra y las ancianas. ¿Y eso por qué? No sé si interpretar esas sombras como la vida, como la muerte o cómo qué. ¿Y las ancianas? ¿Le sorprende ver a ancianas?¿Tenían algo de peculiar?¿Qué vio en ellas para escribirlo en su cuaderno? No lo sé; en el barrio pobre destaca una ventana ¿la ventana como tal? Es completamente enigmático. Tirando de imaginación, puedo pensar que destaca las ventanas como escondrijo, lugar desde donde los pobres ven pasar la vida, ocultos tras su pobreza de la vista del resto. Las ricas ancianas, en contraposición, no necesitan ocultarse, pues son superiores, poseen riquezas y las arrugas no son motivo para no lucir sus fortunas, su bienestar. (He de reconocer que a menudo, como acabo de hacer, se me va la cabeza y realizo suposiciones tan absurdas e hipotéticas que yo mismo me soprendo.) Otra anotación interesante es la sensación que le produce ver la catedral de Mallorca: "de mal gusto, pero es una obra de arte". Me encantaría saber por qué esta opinión, pero solo nos ofrece información esquemática. Y algo que me esboza una ligera sonrisa es comprobar que los premios nóbel, como Camus, también se equivocan escribiendo. Observad ese "San Eulalia"... ¿Pensó que Eulalia era un nombre masculino o fue una errata fruto de las prisas?

Por cierto, yo de pequeño viví en Mallorca y me produce alegría leer que Camus estuvo en lugares que yo visité: Felanitx.

Hoy no aporto demasiado, salvo hipótesis o curiosidades consecuentes de mi espíritu imaginativo.

Un dato que desconocía, aunque sabía que tenía orígenes españoles, el autor era de ascendencia menorquina. Y estuvo solo una vez en Baleares (el único sitio de España que visitó). En este enlace encontraréis un poco más de información:

En este pequeño documental podréis conocer algo más. Está en catalán, pero se entiende perfectamente. Solo dura 5 minutos y merece la pena. https://www.youtube.com/watch?v=COUl-IVO2-U

Hay lugares inalterados de cierta manera que nos unen directamente a genios del pasado. Este esquema me ha unido aún más al autor de La peste. ¿No os sucede a vosotros también a menudo con otros artistas?

miércoles, 9 de enero de 2013

De Camus y un lío mental.



 Ayer empecé a leerme, a ratos, los cuadernos de notas de Camus (Carnets)  en francés y me resulta muy interesante todo lo que en ellos fue escribiendo el autor de L'étranger; obra que jamás me atrevería a traducir como el extranjero, porque en español pierde muchos matices y carece de la fuerza de la palabra francesa que implica también lo que es extraño. El protagonista es extraño y extranjero, un ser que, como dice el propio Camus, es "le point zéro", la personalidad de lo que encarna un ser que actúa sin prejuicios, desprovisto de toda hipocresía, así como de las ganas absurdas (término aquí inconexo con la idea que Camus le imprimió) de interpretar el papel de todo individuo en una sociedad: cumplir las normas comportamentales establecidas. Si muera una madre, lo esperado es que el hijo se deshaga en lágrimas en su entierro. Meursault no cumple esa "norma" y se lo toma con indiferencia. Es alguien libre de preadquiridos sociales. ¿Podríamos decir que es libre? Puede ser. Su libertad es, en cambio, nefasta para la sociedad. Si todos fuéramos como él, estaría en peligro la humanidad. Sin empatía no somos nada.
Pero no vengo hoy a hablaros de Camus ni de su vida y obra, sino más bien a contaros un hecho que me sorprende de mí mismo: el francés. Esta mañana, cuando he retomado la lectura del primer cuaderno, al cabo de una hora una confusión ha aparecido en mi cabeza. Ha sido como una explosión repentina que me ha extraído de la lectura. ¿En qué idioma estaba leyendo el libro? Parece una cuestión burda, sin  ningún tipo de interés, y diréis que de rápida solución. Pues he de aclararos que para mí ha supuesto un caos, porque en mi cabeza no había respuesta evidente. De hecho he tenido que cerrar el libro y plantearme muy seriamente no abrirlo hasta que hubiera llegado a una conclusión. Ya sin caos y relajado, he visto que era en francés. ¡Qué chorrada!, diréis. En absoluto. Se ve que he tenido algún tipo de mezcla lingüística. No sabría explicarlo ni si existe nombre para este fenómeno. El pensamiento fluía en francés, como me suele ocurrir de tantos libros que he leído en ese idioma, y las palabras se confundían a veces. Eso me sucede siempre. Creo que ambos idiomas comparten espacio en mi cerebro, amontonados sus compendios lingüísticos y normativos en puro caos. Me pregunto cómo me sigue ocurriendo esto todavía, cuando llevo años sin verme bombardeado por el idioma y algunos meses sin prestarle atención. 

Con esto he de concluir que  es posible interiorizar un idioma extranjero, por muy extraño que parezca. No me considero bilingüe porque a nivel oral he perdido fluidez y riqueza léxica. Sin embargo, a nivel lector el nivel sigue siendo el mismo. El oral vuela y puede desaparecer; el escrito tiene anclas mucho más resistentes. ¿Qué podemos extraer de esto? No lo sabría decir. Lo que sí sé es que no creo que pueda alcanzar otro idioma más a ese punto.

Y volviendo a los apuntes de Camus os recomiendo su lectura. Están llenos de citas de autores comentadas por él, de planteamientos para sus obras, de descripciones de su realidad (la francesa de la época), de reflexiones, etc. No sé si vosotros sois tan cotillas (o curiosos) como yo. Leer correspondencias y cuadernos de notas de grandes autores se me está haciendo realmente satisfactorio, porque sacia mi gula cotilla al mismo tiempo que me aporta un enorme saber. 

A leer se ha dicho.

martes, 8 de enero de 2013

Crearé mi rutina como sea.

Hoy ha empezado el segundo trimestre y los alumnos han tenido que madrugar de nuevo , con pocas ganas, retomar la rutina que tanto odian: madrugar, llevar la mochila cargada de libros, atender las enseñanzas del profesor (ese rollo que tanto detestan, además de las curiosidades de su vida, la del profe, digo, que también les es ingrata), volver a casa, hacer los deberes (eso sí, después de dormir la siesta, tragarse mil programas basura, jugar a las videoconsolas o de horas infinitas de remoloneo) y eso para quien los haga, porque, no nos vamos a engañar a estas alturas de la vida, son pocos los que se toman la molestia de abrir la agenda (la mayoría no tiene y apunta la tarea donde le pilla más rápido o simplemente confía en su memoria; que de por sí es una herramienta poco utilizada y traicionera) y comprobar qué deben hacer para el día siguiente. Vamos, la típica rutina de un estudiante en todos los rincones del mundo y desde que se inventó la enseñanza académica.

Asimismo muchos trabajadores, sobre todo funcionarios relacionados con el sistema escolar, han regresado de sus vacaciones navideñas y deben retomar la rutina. De nuevo a soportar a esas fieras infantiles y juveniles (dirán unos y pensarán con rigidez) o al fin retomar la vida laboral y quitarse de encima los agobios propios de las fiestas que se alargan demasiado (como sucede con la navidad).

Todos habrán tenido esta mañana a primera hora el primer conflicto del ser humano: "¿Me levanto o no me levanto?" Como es evidente, salvo en el caso de algún espabilado, decidirá, no sin mucho esfuerzo, que es hora de levantarse de la cama, salir del abrigo cálido del nórdico e iniciar esa rutina de la que hablo en esta entrada de hoy.

Desgraciadamente, no todos retomarán una rutina, ya sea propiamente de trabajo o de formación estudiantil, y se verán abocados al martirio de permanecer prostados en la cama o enclaustrados en el hogar (en absoluto dulce hogar) sin la alarma del despertador sonando ni razones para retomar una rutina, excepto la rutina sanguinaria del que se sabe un estorbo para la humanidad, un organismo donde habita un parásito, el de la crisis, que ataca desde las entrañas con malos pensamientos y desgaste vital.

Así puedo decir que esta mañana, mientras todos se quejaban de su mala suerte por tener que madrugar para volver a lo cotidiano, en mi interior crecía la envidia del que ha de madrugar porque tiene obligaciones; porque es útil.

Es verdad que yo siempre madrugo, porque mi reloj vital está programado para sonar con el canto del gallo. Es cierto que, aunque hasta ahora no haya encontrado nada, no significa que no vaya a encontrarlo algún día. Tenéis razón los que pensáis que soy tan útil como los demás y que siempre hay cosas que hacer y una rutina que plantearse. Pero no puedo.  

Para mostraros cómo me siento yo y, supongo, millones de españoles y el porqué de esa rutina inventada de alguien que no tiene esperanzas en casi nada. No me podéis negar que nuestro sistema nos está matando. Cada vez hay menos ofertas de trabajo, sueldos más reducidos, mayor pobreza, más impuestos, mayores injusticias y casos de apestosa corrupción. Este país, al que tanto he amado y (creo que) amaré, se está convirtiendo en un lodazal, donde cuatro puercos y medio disfrutan de las propiedades de los baños de barro y el resto se ahoga. El pesimismo ya no es un sentimiento combatible, porque está en todas partes, y nada hace pensar que la realidad vaya a cambiar y que vendrán buenos tiempos, aunque por naturaleza deben llegar imperativamente. La educación está mermada. Dicen que solo se está equiparando el sector público al privado y que los profesores no trabajan lo suficiente y, por consiguiente, les subieron la jornada laboral. ¡Esa maldita subida horaria! ¡Esa que me ha dejado sin trabajo, porque nos ha mandado a la mayoría de los interinos a la calle y sin esperanzas para los próximos cursos! Querido Wert, no sabes cuánto maldigo tus reformas nefastas. Pero algún día sufrirás por alguna parte, porque todos tarde o temprano sufrimos algún tipo de penuría. Y no, no me alegro por ello. Es una ley de vida. La sanidad directamente está ya siendo transportada y aprisonada en furgones blindados que manejan dos grandes compradores en potencia. Lo peor de todo y lo que más daño nos está causando a todos es la expansión de la desesperación, de ver cómo nos recortan sin explicaciones, sin pedirnos opinión, y que los dirigentes, entre tanto, siguen disfrutando de sus privilegios y fortunas. Europa nos gobierna; Merkel manda sobre nosotros. La democracia está siendo aniquilada y el sistema capitalista es más guadaña que nunca. ¿Cómo no verse objeto de parásitos sanguinarios?

Y ahora, después de todo este rollo de ciudadano sin rutina ni esperanza, me despido de vosotros, con la tranquilidad de saber que algún día nos cansaremos de los remilgos políticos y eclesiásticos y de que, con valor democrático, recuperaremos el bienestar que tanta falta nos hace. El bienestar es posible para todos. De eso no me cabe duda. Yo, mientras tanto, seguiré buscando los placeres cotidianos, un posible trabajo (aunque mal pagado y abusador); disfrutaré de mi familia (la parte que me queda), de mis amigos (espero que se recupere la que está regular), de ti (mis ojos del Amazonas) y de lo que la vida me pueda ofrecer bueno. Sé que cada día soy más fuerte y, al mismo tiempo, más débil. Hoy estoy débil y, sin embargo, después de escribir todo esto, me he fortalecido. Crearé mi rutina como sea.

domingo, 6 de enero de 2013

Cuento de reyes

En la oscuridad imperante de la noche todo niño tiene miedo de abrir los ojos y ver alguna sombra que se mueve o el crujido del mueble del salón. Teme que sea un ladrón o un hombre malo que venga a raptarlo, así que si ocurre que la noche lo desvela se esconderá debajo de las sábanas de terciopelo y el nórdico que lo abrigan. Siempre es así. Cree que allí está más seguro que si mostrara su cabeza al descubierto. Sin embargo, no todas las noches son igual de terroríficas. Hay noches en que despertar significa poder ver a un grupo de seres mágicos pululando por la casa disfrutando de una copa de anís depositada bajo el árbol de navidad, como agasajo, a cambio de sus regalos.

Anoche fue una de esas noches. Marta es una chica cualquiera, que se ha despertado de repente cuando todavía no ha salido el sol. Como tiene sed, se levanta de la cama con torpeza, va a la cocina y bebe agua directamente de la botella. Tiene los pies fríos y está alerta porque tiene miedo. Mira el móvil, que le sirve de linterna y ve que son las 4 de la madrugada y que en la esquina superior la fecha marca la cifra de 6 de enero de 2012. Esos números la tranquilizan un poco. Es noche de reyes. Duda entre volver a la cama y dejar que pasen las horas o echar un vistazo por el salón y comprobar si hay regalos ya en el árbol. 

Se decide por mirar si están los regalos.

Se dirige directamente al salón, que está al final de un pasillo en forma de L, pero se detiene al notar la brisa que llega por la habitación de su hermano. Se asoma por la ranura de la puerta y ¡¿qué hace su hermano allí sentado en el bordillo de la ventana?! 

Pedrito es un niño de ocho años. Marta sale corriendo hacia él; debe quitarlo de ahí, no vaya a ser que se caiga desde esa altura de cinco pisos. Pero se detiene. 

¡Un momento! 

Su hermano está hablando con alguien. Un brillo dorado refulge apenas medio metro debajo. 

- Quiero muchas cosas. Quería escribir una carta de los reyes magos, pero no tengo lápiz ni papel. Quiero muchas cositas. Esto y esto y esto -dice el niño, mientras va enseñando los pedazos de papel que recortó con las manos de un folleto de juguetes que cogió del suelo hace apenas unos días cuando venía con Marta de jugar en la calle. Se había tirado por un columpio muy alto y había imaginado que unas piedras eran spiderman y varios gormitis-. Quiero todo esto. Y esto también.

Marta lo escucha desde detrás del armario, mientras se le caen dos lágrimas por las mejillas y se tapa la boca con la palma de la mano, compungida, triste. Mira a su hermano y, al mismo tiempo, desea que lo que parece estar sucediendo sea real. Hace tiempo que la magia desapareció de su vida. Años atrás, cuando todavía jugaba con la comba, todavía se levantaba con la ilusión de mirar los regalos que encontraría debajo del árbol e imaginaba una tropa de reyes magos y pajes, con los camellos mágicos, paseando por las calles de la ciudad y llevando agasajos para todos los niños que habían sido buenos, e incluso para los más malos. Pero esa época ya quedó atrás. Un día, así sin más, perdió esa ilusión. Ahora veía a su hermano en la ventana, hablando con alguien a aquellas alturas e inevitablemente la realidad se le zarandea por completo y no comprende nada. 

-Y quiero esto y esto y esto -sigue diciendo el niño con ilusión y, de repente, se queda sin juguetes de papel y, con la cabeza gacha, le muestra a ese ser una fotografía que extrae de dentro de su pijama-. ¿Puedes traerme a mi mami?

Marta, al escuchar esto último, lloriquea, sale de su escóndite y va a abrazar a su hermano. El niño la mira, asustado y con lágrimas aguando su mirada. Los ojos de Marta se topan con el ser de barba pelirroja. Este afirma con la cabeza y desaparece. ¿Qué ocurre? ¡No entiende nada! 

Nerviosa, quita a su hermano de la ventana, lo abraza y se tumba en la cama con él, se tapan por completo con el nórdico y, mientras tratan de dormir, alguien entra en la habitación. Su padre, en pijama, los observa. 

A la mañana siguiente, llaman al teléfono. Debajo del árbol no hay regalos, como viene sucediendo desde 2008 en esa casa. Pero esta mañana del 6 de enero de 2012 hay algo distinto. El teléfono está sonando. 

-Es para ti -dice su padre a Marta.

Marta se acerca el auricular del teléfono al oído.

- Duerme de nuevo. Que el sueño te traiga de vuelta lo que los designios de la crisis te quitaron -dijo la voz ajada de un señor mayor al otro lado del teléfono.

Marta cuelga el teléfono temblorosa y le da un beso a su hermano. Siente sueño y cae dormida. 

Aquel día habían recibido un regalo inusitado.

 ¿Entonces lo de la noche anterior no había sido un sueño? El brillo llegó a su mirada de nuevo. Los muebles de la casa estaban viejos, el árbol era una maceta que había tomado prestada del parque central, la nevera estaba vacía y tenían el agua corriente cortada. Si disponían de agua, era gracias a la bondad de los vecinos que le llevaban botellas de agua de su casa. Comían lo que Cáritas y algunos familiares les daban. Su padre estaba en paro. su madre, una extraordinaria empresaria, se había visto inundada de facturas que pagar y mucho dinero que no cobraba porque sus clientes estaban también en bancarrota. Una mañana, cuando había conseguido que le pagaran un par de trabajos, de vuelta a casa, la asaltaron y le robaron todo lo que tenía y ella, enloquecida, se lanzó a la persecución de sus asaltantes y, en su carrera desesperada, un peatón se le cruzó y lo embistió con su mercedes. El hombre murió; los asaltantes huyeron y ella fue encarcelada. Había matado a un hombre y a otro y a otro más, sin percatarse. En su cabeza solo estaban las deudas, el robo, el miedo a que sus hijos estuvieran sin nada que comer y sin hogar, desahuciados, muertos en vida. Y con aquellos actos se trocó la vida normal de ella y de su familia.

Pero algo había cambiado ese día.

Marta se durmió de nuevo en el salón, sin comprender nada. Horas más tarde, despertó de nuevo en su cama. En la mesita de noche su hermano estaba jugueteando con la figurilla del rey Gaspar. ¿Qué hacía ella en la cama de nuevo? 

Su hermano estaba más pequeño. El calendario marcaba el año 2008. Marta, atónita, le quitó de las manos la figurilla a su hermano, quien salió llorando por la puerta gritando y diciendo: 

-Mami, maaadta tiene rey mío. 

sábado, 5 de enero de 2013

El cuerpo, la película y yo.



La butaca está mullida y es cómoda. Todavía tengo el estómago lleno y podría dormir la siesta, pero no lo haré. La gran pantalla me atrae y me captura en sus redes audiovisuales. En la sala solo hay una pareja más, dos o tres butacas detrás de mí. Pasa la publicidad inicial y se apagan las luces. Sumidos en la oscuridad, la banda sonora de la película se inmiscuye en mi sistema nervioso y la procesión de imágenes va narrándome una historia de una desaparición.

Ha desaparecido un cadáver. 

Y desde ese momento la tensión por descubrir qué ha pasado, cómo ha pasado, quiénes son los causantes y las razones que los han llevado a acometer semejante acción me amordazan al asiento. Estoy hechizado por la voz del narrador, que no se percibe y, sin embargo, está presente en las voces de los protagonistas, y por esa capacidad para ocultarse, para llevarme a los lugares que ha planeado, para engañarme y hacerme creer que lo que estoy pensando es lo que realmente ha ocurrido y, al mismo tiempo, me incita a dudar de la veracidad de los hechos. Así me va mostrando las piezas de un puzzle enorme que se va formando poco a poco. Todo va cuadrando, pero hay algo que me lleva a dudar del cuadro que ese puzzle está construyendo. Hay una historia paralela. ¿Qué relación hay con todo lo que se está fraguando en mi mente? Me lo cuestiono mientras el filme me sigue empujando hacia una dirección que no me parece del todo correcta y, al final, justo antes de que se desvele todo, veo el todo que pone punto final a la trama y a la película. Bravo.

El cuerpo
El cuerpo es ese tipo de películas que deja sin aliento y juega con nosotros hasta el final. Pero no solo eso es la película. En mi caso es también la equiparación de argumentos ficticios con reales; es un poco parte de mi propia vida, de la sonrisa amarga del destino que siempre se burla de nosotros, a pesar de que yo mismo pretenda burlarme de su existencia. Los hados son producto del azar y, como tal, no marcan la vida de nadie, son meras casualidades y, en cambio, parecen tremendamente bien perpretadas, pensadas para que creamos que ocurren porque así estaba prefijado desde nuestro nacimiento. En realidad no existe el destino. Estoy convencido de ello y, por ende, creo que sucede que nuestra mente lógica, necesitada de apoyos, va entretejiendo un hecho azaroso con otro hasta que elabora la red que la salva del vacío y la lleva a creer que lo sucedido es fruto de una fuerza superior, de un tapiz en el que unas Parcas plasmaron nuestro futuro. Nada de eso es real. 

Pero ahí está. Ese destino miserable, en que yo no creo en absoluto, se adueña de mi mente y ve relaciones entre la película, mi vida y la situación de ese momento en que yo miro las imágenes sentado en esa butaca junto a mi padre y mi hermano y relaciono hechos. Siento la burla socarrona en todo mi cuerpo y un golpe de sonido me remueve en el asiento y yo con cierto temor percibo la realidad desde múltiples ángulos y estoy dentro de la película, con la lluvia precipitándose sobre mí y viendo situaciones que deben ser semejantes a las que en mi vida tuvieron lugar. Pero solo yo los puedo ver; en mi vida no hay asesinatos, ni cadáveres, ni policías, ni tramas dignas de una película como esta; no obstante, hay matices que son idénticos, caracteres parecidos y un ambiente que envuelve mi epidermis en algunas ocasiones. 

Así, la película finaliza, las piezas han encajado perfectamente, casi con maestría, la música cesa y la sala se iluminan. Miro a mi padre y a mi hermano y sé que ha merecido la pena ver esa peli. 

El pasado siempre acarrea unas consecuencias. En esta producción filmográfica las repercusiones son impresionantes y escalofriantes. Procurad actuar bien siempre, puede que os libréis de ellas.

jueves, 3 de enero de 2013

2012 a 2013, toda una nueva cumbre.

Ya ha acabado 2012, esa cifra tan redonda, y estamos en 2013 y yo aún no me he dado cuenta. He estado desaparecido estas semanas porque me fui de vacaciones al pueblo y allí la única conexión a internet que tenía era la del móvil y, además, con escasa cobertura. Reproduzco lo que ya escribí en facebook sobre mis sensaciones del año que ya ha terminado:

"Este año ha sido extraño. Empezó fatal, pero pronto mejoró hasta que en verano decayó y se detuvo en un limbo de desempleado. A pesar de todo, de los recortes, de las burradas de los políticos, del aura desesperanzadora, de la inestabilidad laboral, puedo decir que he conocido a grandes personas, he aprendido mucho, he afianzado la idea de que mi vocación es la docencia y de que vale más decir las cosas con la mayor claridad posible. A día de hoy soy feliz, aunque no todo lo que quisiera. Sé que los pequeños placeres de la vida se encuentran en los más mínimos detalles: una llamada de teléfono, la luminosidad del sol tras la lluvia caída, un abrazo, abrir la puerta de tu aula, sonreír, disfrutar del calor de un té, etc. Me gustaría que en 2013 mejore el trabajo, que la salud se mantenga estable, que las personas que quiero no me abandonen y poder contar con ellos, que la vida sea mejor para todos. No tengo propósitos, como cada año, porque mi propósito principal es ser mejor cada día y resistir todo lo que venga. Un beso para todos y muchos deseos felices."

Siempre recordaré este 2012 por ser un periodo intenso en mi vida, sobre todo, el primer semestre. El segundo semestre se vio manchado por la inestabilidad laboral y mi lucha constante por no caer tras las embestidas de conciencia que me llevaban a verme como alguien inútil y sin presente ni futuro. Por suerte siempre ha habido una razón que me llevaba a desaparecer unos días, donde el oxígeno hinchaba mis pulmones y mi corazón latía con el ímpetu de un caballo libre. Solo por eso, mi 2012 ha sido único. 

Leyendo mis deseos para 2012 me sorprendió ver que muchos los había ido cumpliendo sin darme cuenta. A día de hoy, como dije en mi texto de facebook, soy feliz, no en el sentido pleno de la palabra porque eso es imposible, pero sí al menos en las aproximaciones de la misma. 

A pesar de formar parte de una generación perdida, como nos han venido llamando en los últimos tiempos, sé que no soy una persona perdida, soy consciente de que mi vida es un mar bravío que se ondula constantemente y que estoy bien formado. No se puede decir de mí que sea un necio, un incrédulo o un inepto. Tengo presente y futuro. Mi presente está lleno de amor y buenos sentimientos y de fraudes, de pequeños placeres, de luchas internas por solidificar la memoria y los recuerdos, de fortalecer mi personalidad; mi futuro no es más que un camino lleno de nieblas y sombras, de senderos estrechos, de bosques frondosos y desiertos yermos, de un porvenir que evidentemente es algo insospechado, de algo que está por venir y que espero o no, y tengo la capacidad de evaporar los jirones nebulosos que me ciernen el paso, porque no temo nada, salvo a mí mismo. Y yo no soy un jirón nebuloso; soy fuerte como el metal y frágil como la mantequilla. 

Mi futuro es una ascensión a las altas cumbres.

Todas las altas cumbres son dignas de aventuras. Hace unos días me encontraba subiendo, con tres personas que quiero, una cumbre de 3000 metros, si no me equivoco. Parecía difícil e imposible llegar a la cúspide. Al principio no dimos importancia a las alturas, creímos ver el pico más cerca de lo que en verdad estaba. Había bosques de pinos y matorrales aromáticos; la tierra se hundía y había barro en distintas zonas. Conforme avanzábamos los bosques quedaban a nuestras espaldas y divisábamos las llanuras marrones cubiertas de eólicas y de placas termosolares, y la pendiente se iba haciendo más extrema. Ahora todo estaba poblado por mantos de cojines de monjas puntiagudos, por rocas de pizarra y silencios. El mundo se había silenciado por completo y a mi alrededor solo se oía el jadeo de mis acompañantes y el viento frío surcando nuestros tímpanos. La cuesta se empina más y vemos la cumbre cada vez más cerca, pero ¡qué engaño de los sentidos! La montaña se alarga infinitamente, el aire se corta y la presión atenaza el pensamiento y, entretanto, descubrimos que las paradas son contraproducentes y que con la colaboración y el apoyo mutuo podemos conseguirlo, pero la cumbre sigue lejos. Es como el futuro. Esa cumbre es el futuro y la pendiente el presente. Estamos asfixiados y la sangre no circula como una hora antes. A la derecha una montaña nevada nos recuerda que somos afortunados. Si la nieve estuviera en nuestra cuesta, el ascenso sería imposible. Y entonces llegamos a un refugio. Es pequeño, entero construido con pizarra y, en su interior, hay material para sobrevivir una noche fría. Nos queda poco y, esforzándonos muchísimo, llegamos a la cumbre. Allí somos conscientes de que todo es posible, de que la vida está llena de cumbres y que desde cada altura se perciben mares y montañas nuevas que alcanzar.

He cerrado el año de la mejor manera posible. Mi 2012 ha finalizado con personas que adoro, mi familia, mis amigos y tú.

A mis amigos del blog os tengo también muy presentes, pues me ayudáis a avanzar y a no decaer en la labor cotidiana del aprendiz de escritor. Os agradezco vuestros comentarios. Recibo pocos, pero los que recibo me animan mucho y me demuestran que en este mundo virtual tampoco estoy solo. 

En 2013 todo será diferente o igual, todo es posible. Ascendamos juntos esta nueva montaña y si sentís sed, recordad que en la montaña siempre hay agua para calmarla. Un abrazo a todos.

Foto de mí realizada por Sebastián Grinspún.