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jueves, 2 de junio de 2011

Como si me conociesen

Ayer acabé con mucha pena "La Tregua" de Benedetti. La novela es corta y hermosísima. Porque me llegaba profundamente, he intentado postergar el final todo lo que mi voluntad me ha permitido.



Ayer la terminé.

Serían las 12 de la noche, cuando estando yo recostado sobre la cama leí ese punto final y me quedé tan absorto, que lo único que pude hacer fue tratar de dormir; en ese estado de "iluminación" que ciertas novelas provoca. No sabía si estaba aquí o en Montevideo, ni si era de noche o de día. Una bonita sensación.

Después de pensarlo mucho, creo que Benedetti me conoció alguna vez, porque me describía a mí mismo, me hablaba de mí; era yo quien se desplazaba por los pensamientos y las actitudes de sus personajes.

No me conoció ni pensaba en alguien como yo. Era un clásico que como tal llega a los corazones de la gente y hace que estos se identifiquen con determinados párrafos o sentencias. Posee la magia que ilumina las zonas comunes al lector, como la linterna desgarra jirones de la realidad nocturna.

Un maestro.

" Tal vez el secreto resida en que mi cerebro tiene algunas necesidades propias del corazón, y mi corazón tenga algunas exquisiteces propias del cerebro."

viernes, 25 de marzo de 2011

Lisístrata, una mujer de armas no tomar

Estando en bachillerato, mi querida Rosa Sanmartín, me puso en las manos dos obras de teatro griego, de un autor de comedias del que jamás he podido despojarme: Aristófanes. El libro en cuestión era la "Asamblea de mujeres", en tapa roja, donde las mujeres se reunen para hacerse con el poder. Fue tal el impacto que me ocasionó, que sigó todavía sorprendido. Su lenguaje vulgar, su tono humorístico y esa revolucionaria idea me dejaron anonadado. ¡Un hombre de la Grecia del 400 a.C. imaginando una situación tan moderna, que aún en la actualidad no se ha superado! Es para sorprenderse. ¿Os imagináis una presidenta en España? ¡Cuánto nos queda por avanzar! La mujer ha accedido a la política y a muchos otros campos, si no todos, pero ¿podría en este nuestro país alzarse con el poder presidencial  una mujer? Este país sigue siendo demasiado machista.


Esta es la edición que yo leí.
Al día siguiente, me prestó otra obra del mismo autor: Lisístrata. En ella, Lisístrata, la protagonista, organiza a todas las mujeres atenienses para frenar el conflicto bélico que mantienen sus maridos contra los espartanos desde hacía veinte años. ¿De qué manera? Hacen un pacto de abstinencia sexual y se encierran en la Acrópolis, así pues no mantendrán relaciones sexuales con sus maridos hasta que la guerra finalice. ¡Sorprendente! Lisístrata es ese personaje que se sale de las pautas establecidas y de los límites temporales para alcanzar un carácter tan universal como único. Una mujer que sabe salirse del papel servicial preasignado y que se atreve a organizar una huelga original e imparable. Ese espíritu revolucionario que los franceses creían haber inventado. Una matrona griega capaz de mover masas y defender métodos pacíficos. Con toda razón, un ser humano digno de alabanzas, cantos y poesías, que, muy a mi pesar, apenas es recordada como personaje literario, me refiero; porque recordado debe ser su creador y quien le pone palabras y actos. ¿Acaso se le ocurrió tan original idea cuando su señora le prohibió, en un hipotético caso, tocar el fruto de la pasión por no tomar en cuenta sus decisiones? Quizás eso explicaría su idea sobre la mujer, como vemos en la cita de abajo.

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces y ahora, gracias a esa distancia, puedo confirmar que fueron Rosa y ese autor, junto con esas dos obras, quienes me engancharon por completo a la cultura griega. Descubrir que lo pasado no está muerte y que el progreso no equivale a mayor inteligencia me ha marcado mucho.  

Y como se deduce de lo dicho, es importante, sin duda, destacar la originalidad de Aristófanes. ¿Debemos llamarlo clásico? Creo que no. Estoy un poco cansado de llamar clásico a autores que no se merecen ese apodo tan despéctivo. Fueron innovadores y consiguieron iluminar zonas oscuras del pensamiento. Sin embargo, he de decir que el susodicho autor también tenía su cruz, como toda moneda:

                                   "Lo único en el mundo peor que una mujer es otra"

Todo ser humano es una compleja figura asimétrica, donde las contradicciones surgen en alguno de sus lados.

Como conclusión, mirándolo desde la actualidad, hay algo que sí ha mejorado mucho: ahora una huelga de este tipo no tendría ya sentido, porque las mujeres también forman parte de los ejércitos. Falta solo un paso más: que no haya ejércitos. 

Otro día hablaré de otros seres excepcionales que pudieron y supieron esquivar la guadaña de la Muerte.