sábado, 26 de diciembre de 2015

Un cuento navideño que no es ni lo uno ni lo otro, solo invención

Mucho camino habían tenido que recorrer hasta llegar al destino que marcaba aquella estrella fugaz. De ese camino y de su destino y función todo el mundo conoce la historia. Lo que nunca se ha contado es qué sucedió más tarde. Por primera vez en mucho tiempo, Baltasar regresaba a casa con más energía de la que disponía habitualmente. Tal vez haber sido partícipe de aquel evento ultraplanetario le había otorgado una fugaz juventud que ya hacía tiempo había escapado de su tiempo.

Pasaron los días y las noches, alternándose el calor de los días y el frío gélido de las noches, surcando mares de blanca arena y dunas que nunca eran las mismas. Ay, pero el cielo, este permanecía ordenado y cual mapa para quien conoce sus caminos, Baltasar vio con alegría la cercanía de su reino. Murallas de barro, casas de frágil adobe, palmeras cargadas de dátiles y canales repletos de agua encauzada. Allí al fondo de la ciudad sobresalía la impetuosa mole refinada del palacio de Baltasar. Porque si algo era cierto era el hecho de que Baltasar tenía un gusto supremo por la buena arquitectura y, por consiguiente, su palacio era sustuoso como un pastel de merengue.

-Abran las puertas, pues aquí llega de un largo periplo su majestad el rey -anunció a modo de orden uno de los pajes que acompañaban a Baltasar y acto seguido las inmensas puertas de la ciudad fueron abiertas con esmero.

Entre ovaciones y alegrías Baltasar cruzó la calle real y llegó a su palacio.

- Ya estoy en casa, querida.

Al no recibir respuesta de su esposa, Baltasar accedió a la alcoba de su mujer y, en un ambiente de anodina tristeza, se encontró el lecho de su mujer rodeado de sirvientas. En la cama su esposa   sujetaba sobre su pecho un bebé ensangrentado que no dejaba de llorar y gritar.

-Lo siento, majestad -presentó disculpas una señora ya entrada en años, por no decir que era ya muy vieja-, el bebe ha nacido sano...

- ¿Entonces a qué viene tanto espectáculo y tristeza? Ante este espéctaculo de lloros y de sangre, había pensado ya algo peor, como cuando llegó a la ciudad aquella tenaz sequía y los campos no daban ya cosechas. Ay, aquellos tiempos... Pensaba que había fallecido de nuevo otro hijo mío...

Fátima, su mujer, era de una belleza inusitada para aquellas regiones: cabellos dorados cual rayo de sol y labios rojos cual carmín, un cuerpo dotado de curvas cual joroba de dromedario y carnes fofas cual elefante. Sí, amigos, Fátima estaba gorda como una foca y eso allí era extraño, porque el alimento escaseaba y la población sufría hambrunas continuas. Por ello y otros asuntos, Fátima era envidiada. A pesar de saberse ella objeto de deseo y celos populares, lo que nadie sabía (en realidad nadie se atrevía a pronunciarlo) era que Fátima era una mujer triste y ojerosa, una persona incapaz de conseguir un bebé que continuara la saga de rey mago. Y cuando parecía que el embarazo se acercaba al punto de la eclosión algo hacía prever la tragedia tantas veces acontecida: varios abortos espontáneos, otros tantos habían muerto al nacer... Todo parecía impedir la llegada del hijo esperado. Ante este acontecimiento, Baltasar había decidido marcharse y ofrendar la valiosísima mirra al niño del que hablaban los antiguos textos. Era actuar ya por desesperación, creyendo hasta en lo increíble, dejando a su mujer a pocas semanas del parto, abandonando su reino a pesar de las tensiones surgidas últimamente con los vecinos reinos por el control de los desiertos. Había actuado por desesperación y creía que conseguiría su objetivo. Llegar al lugar indicado por la estrella había sido toda una proeza, todo un espectáculo. Jamás había pensado que un nacimiento habría provocado tanto revuelo. Lo que allí vio queda recluido en su memoria. Él había actuado con buenas intenciones pero en su corazón sabía que aquello había sido puro teatro. Nacer de una gestación divina y virginal, menuda bobada. Todos lo comentaban, pero nadie se había atrevido a hacer oídos sordos del absurdo y había interpretado como era de esperar su papel en la función. 

Y ahora estaba ahí en la alcoba, delante de aquel espectáculo, deseoso de saber qué causaba tremenda tristeza.

- Los astros se han equivocado y le han dado hembra en lugar de varón como nunca antes había sucedido... Majestad, es su excelencia padre de una bella niña. 

Una niña, una niña, una criatura nacida para no continuar la saga de reyes magos de oriente. Baltasar no mostró desazón alguna, simplemente se dio media vuelta y se dirigió a sus aposentos. Allí pasó días y más días sin salir, hasta que tomó una decisión.

Baltasar abandonó sus aposentos. Fue a conocer a su hija y nada más tomarla en sus brazos y mirarla supo que no erraba. Aquel mismo día anunció que la ley de la regia maga iba a ser modificada. Desde ese día una sucesora podría gobernar y ser reina maga, porque ellas tenían el mismo derecho que cualquier varón mago del mundo. 

Si una mujer había podido engendrar ella sola a un niño por designio divino, ¿qué razón impedía que su hija fuera la primera reina maga?

Dicen que después no fue tan fácil cambiar la ley pero Baltasar finalmente consiguió su propósito y desde entonces no hubo mujer que no disfrutara de los mismos derechos y deberes que los hombres de su reino. Lo que nadie ha olvidado es que la desigualdad continuó existiendo con respecto a los privilegios de unos pocos sobre la mayoría, al igual que la gordura de aquella reina que nunca dejó de comer por encima de sus posibilidades.

viernes, 25 de diciembre de 2015

Feliz Navidad

Feliz Navidad es lo que decimos en esta época. 

Feliz, esa cualidad inventada que parece solo realizable o al menos obligatoria para estas fechas. No creo que la felicidad sea algo que debamos basar en lo pecuniario, en lo capitalista, en lo cursi de una época que pintamos de blanco, de pureza, de magia, de sueños cumplidos... Esto puede parecer un mero y quisquilloso detalle, pero cuando vemos los efectos colaterales no parezco tan loco. La felicidad ha de ser algo perpetuo, a la par que transitorio, algo que parece encontrarse en cualquier minucia pero cuyo efecto debería ser una tela de fondo que no desaparece. Digamos que yo propongo educarnos en la búsqueda de la felicidad íntima y colectiva de cada uno en cada segundo, en cada detalle, viendo mejor el vaso medio lleno y por vacío que este pudiera estar no sentir la pena de la vacuidad, del vacío y de la nada que ocupa todo por naturaleza. 

Vivir es tan efímero que es mejor vivir en la suerte que este hecho casual es en sí mismo, antes que perderse en problemas ínfimos. Vivir es la felicidad. Morir será el triunfo de la nada absoluta, pero en eso sí que no hay nada que hacer.
 
En fin... Me he perdido en mi intención primera, celebrar la Navidad no es algo malo en sí. Celebrar algo por muy ficticio que sea el origen de la celebración no es razón de despropósito. Yo soy ateo. No creo que ningún dios ni en el nacimiento. Si celebro la Navidad puedo llegar a hacerlo como un homenaje a la vida, al nacimiento de cada ser vivo que tiene la fortuita suerte de ser materia viva. No sé, lo mismo desvarío un poco. Solo quiero decir que hay que vivir en lo nímio y ver la realidad como mejor beneficio nos produzca. Perder el tiempo es una acción que no quiero que forme parte de mis días, porque para mí perder el tiempo es discurrir en el tiempo en contra de uno mismo. Vivir bien es vivir acorde a uno mismo. Y precisamente eso es lo que yo deseo. Vivir conmigo y con los demás. 

Viví. Vivimos. Vencimos, aunque solo dure la victoria una vida y hasta que llegue la guadaña que todo lo aniquila. Vivid.

domingo, 6 de diciembre de 2015

Sin Internet

Lo que hace uno hoy en día sin internet. Para muchos será beneficioso no tener conexión wifi, básicamente porque equivale a no tener distracciones; yo en cambio soy de los que necesita internet. Un ejemplo de ello es que casi no escribo porque no tengo internet en casa. Esto de escribir tiene mucha relación con la disponibilidad: llegan las ideas y las ganas y quieres escribir enseguida, porque si lo dejas pasar se apagará el fuego y ya no habrá ni motivación ni ideas. 
¡Cuántas veces he escrito mentalmente al volante!¡Tantas como veces no he escrito al llegar a casa! 
Y los pocos que me leéis, si acaso me lee ya alguien, sabéis que estoy desaparecido.
En fin...


martes, 10 de noviembre de 2015

Running, porque correr es vivir

Unas veces hay que forzar la acción, pulsar las ganas de escribir, hacer que se haga; otras, en cambio, las ganas salen de repente, de la nada, de la inspiración, de la necesidad... qué sé yo de dónde viene el instinto de escribir. Solo sé que cuando aparece es tan placentero y tan vivo, un querer queriendo, un fulgor en una noche oscura, sin luna, sin estrellas, un flechazo quizás.

Al fin vuelvo a sentir eso realmente. Y eso ha llegado enseguida nada más escuchar canciones francesas, la sonoridad casi de blues del francés abrazado por las notas de un piano cuyas teclas tocan con dulzura unas manos de las que no sabemos el dueño. 

Yo sé que mi escritura nace de la melancolía, del reconocimiento del paso del tiempo, de la muerte, del pasado, de saberme vivo y delicado. Para mí, el núcleo de todo está en la sensibilidad, en la fragilidad de las alas de una mariposa, de todas. 

Nace así mi escritura, pero también mi forma de actuar, el ambiente de mis clases, la manera en que trato de ser con la gente, con el resto del mundo, con el entorno donde vivo, con delicadeza, con sentimientos ante todo. Eso no quita que a veces deba ser duro como el acero y desate en mi interior revoluciones industriales cargadas de maquinarias de vapor, pero eso rara vez ocurre. Vivir es la cuestión; pero vivir bien. 

Vivir bien es vivir como cada cual crea oportuno. Vivir bien no es vivir al límite, para mí, ni vivir en el desenfreno de fiestas infinitas y alcohol a raudales. Vivir bien es derretirse en la luz explosiva de un atardecer de otoño, como el que veo desde Martos, entre el horizonte bombeado de Jaén y las copas bajas de los olivos. Vivir bien es fundirme con las palabras y pactar con el reloj para que mis alumnos fluyan en mis clases. Vivir bien es vivir simplemente.

Escuchar esta canción, por ejemplo, es para mí vivir, sentirme vivo, viajar al pasado, a un tiempo y una Francia que ya no existe y puede que jamás existiera, porque es un recuerdo y como tal es fluctuante, inventado, cargado del poder que produce el pasado, lo que una vez se vivió de una u otra forma y ahora no puede volver a vivirse, salvo en el recuerdo. 


Una canción que jamás escuché en Francia y que curiosamente me traslada a mi Francia, a un lugar mezclado por imágenes de diferentes lugares, pero sobre todo de sentimientos que por muy abstractos que sean parecen realidades tangibles, figuras que se observan y describen a la perfección, ríos que pasean dulcemente por la montaña entre arboledas frondosas y viejos puentes de otro tiempo. 

Hasta que no llega cierto momento no somos conscientes de lo importante de vivir. Algo así como dice la canción de Vanessa Paradis:


Tant qu'on n'a pas vu brûler son nid 

en quelques minutes à peine fini 
tant qu'on croit en toutes ces conneries 
qui finissent toutes par "Pour la vie"



Pero como la vida es en parte música, uno descubre que en la bajada luego está la subida. Yo llevo tiempo en esa subida, en realidad, no porque todo me vaya fenomenal, sino porque hace tiempo cambié la manera de ver la vida. Por eso cierro este post con una canción llena de energía que invita no a caminar, sino a correr, a sentir las notas como se siente el viento en la cara, en el cuerpo, como esa brisa que nos abraza al correr por la playa con las olas como testigo y la arena como juramento, como soporte sobre el que escribimos con nuestros pasos veloces el devenir de poder vivir. 




Running, running, running...


domingo, 1 de noviembre de 2015

El chico Apple

Os dejo una historia que escribí justo hace un año. Si mañana me apetece escribiré la historia para este Halloween. Todo dependerá de la inspiración, que últimamente me tiene abandonado. La enseñanza tiene encadenada a mi inspiración. En cualquiera caso, espero que os guste este relato.

     El chico Apple

     



          Cuando cae la noche despiertan los muertos o eso dicen. Nunca presté atención a semejantes bobadas, hasta que ocurrió lo que no debía haber ocurrido jamás. Hace poco tiempo se me rompió el ordenador y decidí por razones obvias comprarme uno nuevo. Lo cierto es que adquirir cualquier objeto nuevo, que suponga un gasto importante de dinero, merece su cierta reflexión. Estuve barajando muchas opciones y al final no pude resistirme al encanto de los ordenadores de la manzanita. Marc me dijo: "Compra un mac y habrás triunfado." Y así fue, triunfé. Lo que no esperaba en absoluto era que aquello me iba a deparar extrañas situaciones. Las manzanas desde siempre han sido relacionadas con lo malo. 


Todo iba bien hasta que llegó la noche de Halloween. Entonces sucedió algo raro. Aquella noche estaba un poco estresado porque tenía que entregar un importante trabajo para la universidad y, por alguna razón, no conseguía concentrarme del todo, así que decidí salir a dar un paseo. Antes de salir, me metí en el bolsillo caramelos, necesarios para no sufrir un alud de huevos podridos, ya sabéis, el famoso ¿truco o trato? Siempre me han sentado muy bien las largas caminatas solitarias. No sé si es el aire fresco que da alas a las ideas muertas o si es el simple hecho de que dejo de pensar en todo, lo que me permite luego avanzar a una velocidad de trueno. La cuestión es que esa noche el paseo no fue todo lo sensacional que esperaba. Las calles estaban llenas de huevos podridos, caramelos, gente disfrazada... Había todo lo que uno puede imaginar una noche de halloween. Absorto en mis pensamientos, iba yo por la ribera cuando algo me sorprendió.
¿Un niño con una manzana iluminada?
Os preguntaréis qué tiene de especial eso. Me resultó raro. El niño llevaba una máscara de muerto y una gabardina como las que llevan los detectives en las películas antiguas. Y con ese atuendo sucio y repleto de telarañas lo suyo y lo normal habría sido que en la mano llevara un cuchillo falso, excelente imitación de uno de carnicero, y una calabaza con su respectiva vela. 
Pero no. No tenía ni falso cuchillo ni calabaza. Llevaba un móvil en una mano y en la otra, una manzana brillante, que tenía ojos triangulares diminutos y una pequeña sonrisa un tanto terrorífica. 
Aquella imagen inusual me sacó de mis ensimismamientos y me vi arrastrado a acercarme al muchacho. 
- Hola, chaval. ¿Quieres unos caramelos? 
El niño enmascarado se detuvo, me miró directo a los ojos y un escalofrío me recorrió por completo. Aquella mirada me pareció extraña. No había brillo, solo una negrura profunda. Sentí miedo, pero me forcé a tranquilizarme. Aquello debía ser una tontería mía; seguro que era el efecto del trabajo, mezclado con aquella noche fantasmal. Dicen que no hay nada más poderoso que la mente. No sabría concluir si eso es verdad o no, lo que sí puedo dictaminar es que cuando la cabeza se pone en funcionamiento uno se vuelve esclavo de sus designios. Sin duda los dioses habitan el cerebro. Mi cabeza podría haber sido el Olimpo, pero terminó siendo el Hades, porque, después de ver aquellos ojos carentes de luz, solo veía muertos por todas partes. No esperé a escuchar la respuesta del muchacho de la manzana, me di media vuelta y me dirigí en dirección hacia mi casa. Ya no quería seguir mi paseo nocturno. Quería solo escapar de las garras de las sombras, escapar de lo que estaba estimulando mi imaginación. Halloween es la noche de la imaginación. Por el camino me crucé con todo tipo de criaturas. ¡Eran tan reales! El maquillaje hace milagros; es la magia que desapareció. Hace cosas que nada más puede hacer. Metamorfosea a quien conoce la ejecución de sus polvos mágicos y el conjuro de su correcta aplicación. 
Aquella noche vi muertos. Eran muertos de verdad, recién salidos de la tumba, tenían barro en las articulaciones y los huesos chirriaban como las bisagras de una puerta de castillo que no ha sido engrasada durante siglos. 
Al llegar a casa me tomé una tila doble. Necesitaba relajarme. Tenía que terminar aquel dichoso trabajo y dormir, descansar lo antes posible, marcharme al mundo de los sueños, donde podrían desaparecer todas aquellas imágenes de muertos que ahora me perseguían por todas partes. Necesitaba dejar de pensar en aquel niño de la manzana iluminada y el móvil. 
Tras varios intentos logré concentrarme. Tenía el ordenador encendido y justo cuando seleccioné la opción de guardar el documento apareció la manzana. 
La manzana iluminada.
La pantalla se puso negra por completo. Volvió a aparecer la manzana con los ojos triangulares diminutos y la sonrisa etrusca. Noté una presencia detrás de mí. Me giré y ahí estaba. El niño del parque estaba ahí. Se abrió la gabardina y un mar de gusanos se desprendió de su torso. Quise huir. Aquello no podía estar pasando. Y sin embargo pasaba. En un arranque de desesperación, grité, fui a la cocina y, cuchillo en mano, regresé al salón, donde no encontré a nadie más. No había rastro de gusanos ni niño con manzana. Lo único que había allí era mi mac con la pantalla destrozada. 
Los días han discurrido, después de aquella noche, en total normalidad. No sé si aquello fue producto de mi imaginación ni si fui yo mismo quien rompió la pantalla del ordenador. No pude entregar el trabajo. Me he quedado sin ordenador. Y tengo terror a las manzanas. Ahora a veces tengo la sensación de verlas por todos lados. 
Esta mañana sin más en la mesita de noche había una manzana roja podrida. Lo peor de todo es que tenía un gusano. Me estoy obsesionando o no. "Tengo algo aquí."
¿Qué es esto?, grito. 
No sirve de nada gritar cuando tu propia mano se deshace en gusanos, cuando la pesadilla se vuelve realidad.

lunes, 5 de octubre de 2015

Un sonido casi extinto

Hoy he oído un sonido de esos que parecen ya extinguidos o en vías de extinción. He ido a pagar la mensualidad correspondiente al alquiler y el hombre, de una cincuentena de años, ha sacado una vieja máquina de escribir, de esas que se ven en las series policiacas antiguas, y se ha puesto a teclear el recibí y entonces ese sonido me ha traído a la cabeza fugaces recuerdos de infancia. Creo que a escribir se puede decir que aprendí antes de coger un lápiz y realizar movimientos amaestrados en el parvulario. Creo que mi amor por las letras nació en el tecleo caótico y azaroso de aquella máquina de escribir que teníamos en casa y que yo usaba sin saber ni lo que escribía. Solo me gustaba comprobar que al golpear una tecla una palanca se desplazaba hasta el folio y dejaba enseguida una letra igual a la tecleada. Aquello era algo mágico.

La magia existe. La magia está en la cabeza. La magia es un niño o una niña que sueña despierto. La magia es ver una metáfora en cada trozo de la realidad. 

Y la máquina de escribir era para mí un objeto lleno de magia. Poseía un haz de sonidos e imágenes que parecían inamovibles, inalterables. En cambio el tiempo ha demostrado que me equivocaba. La tecnología ha avanzado y ha relegado al olvido aquellas máquinas melódicas. Pero curiosamente hoy he visto un resto viviente de esas máquinas casi extinguidas. Y ¡Qué placer! ¡Qué maravilla!

Ojalá hubiera eternidades. Ojalá no desaparecieran las realidad que gustan, porque en ellas se halla el misterio de la vida.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Tempus fugit

Qué rápido pasa el tiempo y como dice María yo sigo sin volver y escribir algo, liberando esa presa de las palabras líquidas que contengo a menudo.

Hallándome actualmente en la cuna del aceite de oliva, solo puedo decir que esta noche si tengo tiempo regreso al blog. Entre tanto, os dejo esta fotito.

jueves, 13 de agosto de 2015

Sigo vivo pero de descanso

Ciberespacio de las palabras líquidas, Sigo vivo pero de descanso. Por eso no me veis por aquí ni escribo nada. No me apetece. Llevo más de un mes de vacaciones y sigo sin tener ganas de escribir, pero esto seguirá abierto aunque temporalmente voy a seguir sin escribir un tiempo. Espero que estéis teniendo un verano fantástico y que lo que queda siga siendo maravilloso. Seguramente ya volveré en septiembre, salvo que las musas tomen posesión de mi mente y de mis manos y no me quede más remedio que entrar para dejarme llevar por ellas. 

En cualquier caso, buen fin de verano.

Saludos,

un servidor.

domingo, 14 de junio de 2015

Locuras librescas

Mi mesita de noche parece un inicio de construcción de un rascacielos. Se me acumulan las lecturas y los libros alcanzan ya una altura que amenaza con asesinarme mientras duerma plácidamente. O no tengo tiempo o no sé organizarme el tiempo de una manera efectiva. Lo peor de todo es que yo sigo iniciando nuevas lecturas sin terminar las ya empezadas y esto parece ya un nuevo pecado capital: la bibliofagia, una especie de gula atragantada, que no sé detener. Algo negativo de esto es que además ya me cuesta discernir entre historias y tengo un popurrí mental de personajes, hazañas, tramas, ritmos... que no consigo diferenciar. Entonces ocurre que me pongo con uno de esos libros y creo mentalmente expectativas que imposiblemente van a cumplirse, porque las ideas e indicios que me llevaban a tal desenlace no son de ese libro, sino de muchos otros, con lo cual más perdido aún. 

Una locura transitoria.

Me temo que a este paso voy a desarrollar una locura transitoria, una manía librera cósmica y que voy a padecer el mal del Quijote, que de tanto leer enloqueció y se creyó dentro de esos libros que leía, ¿No? ¿Empezaré a ver a mis alumnos convertidos en sirenas de Ulises o en hadas madrinas? ¿Los pondré a todos en una torre de locuras en la que cada planta es una historia en sí misma? Casi que seguro van a ser protagonistas de una historia en la que los profesores hablan de ellos sin control, tratándolos de encefalograma plano, como ocurre en "Pires que les élèves", ese diario de un profesor francés que tanto me está gustando y sorprendiendo, porque se da el caso de que es la realidad... la sucia realidad.

jueves, 11 de junio de 2015

Ideas

No sé. Tengo ganas de escribir, pero no sé sobre qué. Es solo esa sensación de querer escribir, de volcar la voz interior en palabras líquidas. Pero qué os puedo yo contar.

Y me cuesta escribir. Uno consigue fluidez para la escritura cuando escribe mucho y parece que las ideas y las palabras van en una misma dirección, todas hacia una misma meta, la punta de los dedos. Al igual ocurre cuando se deja de escribir. Uno olvida, por falta de tiempo, que hay un espacio como este en el que descarga el torrente de palabras y cuando decide regresar ya sus dedos, sus ideas y sus palabras han perdido todo control y parecen salvajes de nuevo. ¿Acaso las palabras no son también entes que un día uno domestica y al día siguiente deja libres para que vuelvan al estado primigenio? 

Durante muchos años he soñado con ser escritor, con crear mis mundos o plasmar los que ya estaban creados en mi mente; he lanzado ensoñaciones que pensaba que podrían realizarse, imitando a un personaje que una vez ideé y que pasó toda su vida lanzando piedras luminosas al cielo para crear nuevas estrellas y que siempre fracasaba en su intento; he creído que lo conseguiría. Ahora soy cada vez más consciente de que todo es una fantasía manipulada por mi mente infantil. Tampoco pasa nada... uno no muere por sus ideas, en principio; salvo que la vida discurra en un espacio gobernado por la tiranía y la censura, donde las ideas son horcas para el que decide ser libre de pensar y expresar lo que opina. En cualquier caso, yo vivo de mis fantasías. Es más, no concibo un mundo sin fantasías, sin ideas. ¿Soy platónico por ello? ¿Practico el platonismo? 

Hablar de platonismo me trae a la mente una idea que tiene que ver con las interpretaciones que se han hecho y se siguen haciendo de los hechos históricos, de los escritos de la gente que una vez vivió y que por casualidad y azar han perdurado cual fósil mental. ¿Realmente las interpretaciones que hacemos son correctas? Hablemos, pues de Platón, al que le atribuimos una teoría de las Ideas, así con mayúscula, según la cual existiría un mundo de las Ideas y del que depende nuestro mundo: un mundo de modelos originales y otro de productos basados en esos modelos, por decirlo de alguna manera. ¿Quería él decir eso? Yo podría hablar de la importancia que tienen las ideas, pues las ideas son la raíz de un inmenso árbol que es la mente y sin la mente no entenderíamos el mundo o viceversa. No sé ya bien lo que digo. ¿Se me va la lengua?¿Se me escapan las palabras? La cuestión es ¿Platón no querría decir eso que acabo de expresar yo? ¿O hablaba literalmente de un mundo de las Ideas? No sabría contestar. Todo es interpretación, sobre todo las palabras. Solo él podría contestarnos, si viviera. 

Sea como fuere, yo quería ser algo que no será, pero soy alguien que trata de ser tal cual.




jueves, 21 de mayo de 2015

Momento tierno

Hoy venía en el autobús de vuelta del instituto y ha habido un detalle que me ha gustado mucho. A mi lado estaba sentado un muchacho con algún tipo de deficiencia mental, que al parecer va a Almería y vuelve todos los días él solo. Pues resulta que por esa razón los conductores del autobús ya lo conocen. Si vierais el trato que le dan y el cariño con el que se dirigen a él es digno de admiración. Un conductor le ha regalado una galleta y ha cambiado la sintonía de la radio a otra que le gustaba al muchacho, de nombre Paco. El otro conductor le ha hablado muy bien y le ha regalado un bizcochito de chocolate. Ha sido muy tierno.

A veces hay gente que da esperanzas por la humanidad.

viernes, 15 de mayo de 2015

Sinsentidos en una papelería

Estar en la papelería y ver una situación un poco surrealista. 

Voy a la papelería para comprar unos rotuladores de pizarra y me encuentro con la típica pesada de turno que ha llegado un poco antes que yo. La susodicha señora quiere comprar un cuaderno personalizable o al menos eso es lo que parece. Cuando ve la libreta que tienen en el establecimiento, ella dice que es un poco fea y demasiado grande y que ella la compraría si se la cortan con "el cacharro ese que utilizáis vosotros para hacerme mis libros encuadernados". Quiere que reduzcan las libreta mediante un proceso chapucero. Y todo esto sin dejar ella de hablar y de hacer comentarios desafortunados. El intenso calor entra por el cristal del escaparate y la gente se acumula detrás de mí, porque no terminan nunca la señora. Visto que es imposible arreglarle esa libreta, la dependienta (por un momento he pensado si referirme a ella como la papelera... una persona que trabaja en una papelería, ¿cómo se llama pues?) ofrece que compre alguno de los cuadernos diseñados ya por papernoséqué, que son muy bonitos (cosa que es cierta) y que tienen colores y dibujos interesantes. La señora parece convencida, pero ella sigue con su idea de poner la foto de su hijo en la cubierta, arruinando entonces los bellos dibujos.

- Mejor poner la foto por la parte interna. -sugiere la dependienta, agitando ya casi desesperada su melena pomposa.

- No, mejor me pegas la foto aquí delante y así tapamos esos dibujos yihadistas y moros, -contesta la señora y acto seguido, consciente de lo que acaba de decir en voz alta, nos mira a todos con una sonrisa en la cara y comenta- ¡Ay! Es que yo soy así, soy de Motrí (Motril, pueblo costero de Granada).



Escuchar eso después de lo que ya me parecía un despropósito por parte de la susodicha casi me lleva a decirle:

- Pues yo soy del pueblo de al lado y me parece asqueroso su comentario, pero claro ¡Ay! si es que soy de Zalobreña (Salobreña).

En cambio me callo y me voy de la papelería asqueado por la tipa esa. Ya volveré en otro momento. Perdido mundo, mundo a la deriva. 

martes, 12 de mayo de 2015

Troya

"Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles."
Canto I. Ilíada

Miles de veces he leído este inicio de la no tan celebrada Ilíada, de Homero (aunque muchos dicen que lo mismo ni él existió). Digo no tan celebrada porque cada vez hay menos gente que conoce esta obra magna. En cambio, a mí me parece tan necesaria, tan llena de sabiduría, de valores, de expedición a las entrañas de la Humanidad, al tuétano de los huesos que vertebran la Historia, en la que prima antes la voz de los vencedores que la de los vencidos, la tergiversación a la realidad (acaso la realidad no exista en verdad y sea más bien una interpretación humana, que como tal es subjetiva y ampliamente volátil y dúctil). Y releo ese comienzo y no soy yo quien pronuncia esas palabras, sino ya es una especie de voz rotunda, casi femenina, que me susurra mentalmente y como el murmullo de la brisa, palabras cargadas de emociones, de héroes, de unión por una absurda causa, de guerras infinitas (en este caso de ¿10 años?), por una mujer, no se sabe bien si porque esta se fue con Paris al enamorarse de este o si acaso fue raptada por aquel. La cuestión es la de siempre: buscar una excusa. Una excusa para eliminar al mayor enemigo cercano y hacerse con la absoluta potestad, para demostrar que se es mejor, que los dioses están de nuestra parte y no de la del otro, así como que somos nosotros más fuertes, más inteligentes haciéndonos pasar por vencidos y colándonos en la inexpugnable ciudad por vía de un enorme caballo de madera. Todo son excusas para combatir.

Visionando en clase la película de Troya, les iba narrando historias griegas a mis alumnos y a veces se interesaban por cosas ajenas a la lucha (que es en general lo que atrae). Maestro, decían, ¿Por qué a unos muertos los dejan tirados en la calle y a otros los queman y les ponen monedas en los ojos? ¿Por qué el punto débil de Aquiles es el talón? Si a mí me lanzan una flecha en el talón no me muero. ¿Por qué Paris no sale a defender a su hermano Héctor, como hizo él cuando Paris perdía?

Cuando tus alumnos empiezan a preguntar es porque has conseguido de algún modo que se reavive el instinto infantil de las preguntas. La pena es que eso dura poco y, en cuanto termina, debes levantar el estado de alerta e iniciar la marcha. 

Ay mis gitanillos, que han visto en los griegos una unión parecida a la suya: quien se mete con los griegos se encuentra con toda su furia plasmada en la unión por un mismo motivo; quien le busca las cosquillas a un gitano, se topa con toda una comunidad. En otras palabras, ellos me han querido decir eso que acabo de escribir al principio de este párrafo. Al fin y al cabo, somos muy griegos todavía, aunque en algunos aspectos menos de lo que me gustaría.


viernes, 17 de abril de 2015

La falta de coherencia y lo revolucionario

Se nota que apenas tengo tiempo libre. Pero me gusta esto de encadenar proyectos y pasar las horas haciendo cosas. No hay peor maldición que la quietud, porque la vida está para el movimiento; ya habrá tiempo infinito para estar parado, no siendo nada, dejando de ser.

Hace ya un tiempo, puede que sea una decena de años, empecé a observar la falta de coherencia que gobierna las vidas de las personas. He podido comprobar que la gente dice una cosa y hace otra. Lo he visto en casos tan extremos como puede ser basar sus vidas en la defensa a ultranza de algo y, en realidad, actuar conforme a lo que tanto defiende y pretende promover. ¿Esto por qué ocurre? He pensado a veces que se deba al hecho de que actuar según el pensamiento equivale la mayoría de las veces a una evolución activa, de un cambio ajeno a lo imperante, y eso, me temo, conlleva un uso de energía que casi nadie está dispuesto a utilizar. ¿Tanto cuesta ser coherente con uno mismo? ¿Es realmente tan complicado actuar como deberíamos actuar? ¿Tan difícil es evidenciar los propios errores y modificarlos para ser cada vez más consecuentes con nosotros mismos? 

Solo planteo preguntas. Las respuestas las puede ir buscando cada uno en sí mismo, ¿no creéis? Es cierto que todos queremos que nos den la patata ya en puré o casi todos. También es verdad que hay muchos que prefieren cocinar la patata a su gusto e incluso descubriendo nuevos métodos de cocción. Todo es posible. Todo. 



El otro día les decía a mis alumnos algo que algunos profesores compañeros lo vieron como algo amenazador. Les dije que a mí me gustan las ovejas negras, en el mejor sentido del término, porque son ellas las que cambian el mundo, las que dan color al rebaño blanco y amansado. Y les dije esto porque les estaba hablando de que hoy en día lo guay no era usar el móvil y las redes sociales, porque eso es lo que hace todo el mundo. Les argüí que lo realmente revolucionario es oponerse al control que ejerce el móvil de nosotros mismos. Les hablé de lo peligroso que es contar todo lo que hace uno en internet, de subir fotos de todo lo que hacemos, de lo que comemos y nos gusta, de los lugares adonde nos dirigimos. ¿Quién sabe si estamos siendo vigilados?¿Y si alguien planea robar en nuestras casas? "Si queréis ser revolucionarios e ir en contra de lo establecido, como corresponde a los adolescentes, dejad de utilizar el móvil todo el tiempo, porque yo mismo estoy en esa lucha, a pesar de lo que me cuesta dejar de utilizarlo al salir de las aulas."

Sé lo que quiero ser y trato de serlo, porque esa es mi lucha contra la falta de coherencia que impera el mundo.

martes, 3 de marzo de 2015

Lecturas

Estos días que he estado de puente los he pasado prácticamente en casa, casi sin salir, salvo para pasear a mi perrita. Lo primero que he hecho, después de desayunar, ha sido entrar en la red, navegar entre curiosos artículos, noticias asombrosas (para mí hay muchas noticias que son asombrosas y esto es algo que me gusta de mi forma de ser, ese despertar que mantiene la mente despierta y que espero no se me vaya nunca) y he escrito algo en este blog que a veces tengo tan abandonado, cosa que no me gusta tanto, pero qué vamos a hacer. 

Después de terminar la densa lectura de Como la sombra que se va, he empezado otra lectura mucho más ligera, tanto que he necesitado adaptarme de nuevo a las lecturas livianas. Me sorprende lo errático de la mente, la plasticidad de esta y comprobar, cada vez que hago este ejercicio, que cuando la cabeza se moldea a los textos complicados esta se pierde en los textos simples y viceversa. No sé si es algo que me ocurre solo a mí, que soy un ser extraño, tan extraño como el Meursault de Camus. En el fondo la mente no entiende de dificultades y facilidades, creo, sino que se adapta como el agua a su recipiente y nada más.



La novela que ocupa ahora mis tiempos de lectura es Las crónicas de Fortuna. El secreto del trapecista, de Javier Ruescas, un joven que me causa al mismo tiempo envidia e idolatría. Primero porque es más joven que yo y ya tiene ocho o nueve novelas en el mercado; segundo porque es un ejemplo de que el esfuerzo, el trabajo, saber buscarse el camino... llevan, a menudo, al éxito. La susodicha novela que leo pinta bien. Javier ha mejorado mucho en su escritura, desde que escribiera su primer libro, la historia ya me ha enganchado desde el principio. Ya veremos cómo sucede todo y si cumple con las expectativas que ya he depositado en esta novela.

En cualquier caso...

Yo venía al blog a comentaros esta tierna imagen.


Se corresponde con una foto de la madre del escritor Fernando Marías, que sujeta la última novela de este, ganador del Seix Barral Premio Biblioteca Breve 2015, "La isla del padre" cuya temática es autobiográfica y que, por alguna razón desconocida, como todas las que tienen que ver con la atracción, en este caso atracción de un lector por un libro, me ha llamado mucho la atención. No sé casi nada de la novela, no conocía al escritor. Puede que esa atracción lector-novela me haga comprarla y comprobar que esa atracción es realmente efectiva. Ni idea. Lo que sí puedo hacer es aceptar que esta imagen es deliciosa: una mujer anciana, que podría ser mi abuela, con su bata rosa, sentada en su sofá, el cual será con toda probabilidad el lugar donde pasa más tiempo, ella feliz y alegre por ver el triunfo de su hijo y, sobre todo, saber que en esa historia ganadora está su propia historia, la de su marido fallecido y la de su hijo, el escritor mismo. Feliz seguramente por el hilo que se teje alrededor de la memoria, que reavivará los recuerdos, en los que ella era joven, sin dolores, sin achaques, llena de energía. No lo sé. Intuyo, invento, narro hechos que desconozco, solo por el hecho de entretejer ficciones, esas mismas que mantienen viva mi memoria. Al fin y al cabo, la memoria no es más que un cúmulo de recuerdos que se entremezclan con las ficciones. Esta imagen me ha alegrado ya el día. Espero que a vosotros también.


domingo, 1 de marzo de 2015

Como la sombra que permanece

Ahora que termino la lectura de Como la sombra que se va, de Antonio Muñoz Molina, y me deja una sensación de desazón, no porque sea una mala novela, más bien al contrario es una novela rica, compleja, llena de profundidad e hilos entrelazados con maestría, la de un tejedor de historias que siempre me deja asombrado y que siempre hunde las agujas y los hilos de sus tramas en los más hondo de mi ser. La desazón de la que hablo es producto de haber estado en la conciencia de un asesino, de una víctima y de un escritor en sus primeros años. 



Dice A. M.M que la novela llegó a ser una verdadera obsesión. Lo creo a pies juntillas, porque yo mismo como lector me he envenenado con esa historia. Está tan bien narrado, tan bien enfocado todo. Dicen muchos lectores que no ven la relación de las historias entrelazadas entre Earl Ray, Martin Luther King y el propio Antonio Muñoz Molina. En cambio yo veo mucha relación: una obsesión. Los tres protagonistas de esta historia viven con una obsesión. Y es esa obsesión la que guía a cada uno. De hecho es esa obsesión primaria la que se convertirá en un camino, en un destino. Uno, el destino de un asesino; el otro, el destino de una víctima que terminará siendo el cambio de una sociedad, de una forma de pensar, expandida como la onda de una bomba atómica y que significará la igualdad de negros y blancos, imposible sin ese heroísmo que produce la muerte del que parece un héroe y que no habría sido posible sin el asesino, curiosamente; y el último que sin un viaje, dejando todo atrás durante unos días, no habría logrado terminar lo que después abriría las puertas del escritor famoso. 

No sé si mi interpretación no es la adecuada. No sé si es demasiado libre mi pensamiento. Lo que sí sé es que esta novela ha dejado un poso en mí que produce cierta ansiedad y cierta angustia. Es una novela a la que volveré en el futuro, pero ya con lápiz y cuaderno de notas, porque tiene entre sus líneas tesoros más allá de los literarios. 

Entretanto solo me queda iniciar otras historias que me saquen el veneno de las grandes obras, el veneno de las reflexiones, de las introspecciones propias y ajenas. Necesito leer ahora algo ligero. Esta novela me ha ocupado muchas horas y se ha alargado su lectura mucho en el tiempo y eso hace que pesen más sus palabras y su historia. Esto es algo que siempre he sentido. Cuando leo un gran libro, de esos que necesitas deglutir cada página con trabajo y paciencia, me siento muy extraño al terminar la lectura. Quizás porque he estado tanto tiempo en un mundo ajeno, que de tanto tiempo se ha vuelto un mundo casi tangible y, por ello, salir de ese mundo produce cierta desazón y estrés y pena y agotamiento.  Esa es la razón por la que suelo leer los libros con rapidez. Quiero terminarlos con la mayor celeridad posible. Necesito vivir historias pero vivirlas con intensidad y en breves espacios de tiempo, para no sufrir. ¡Qué doloroso debe ser cuando una embarazada da a luz y de repente ya no tiene en su vientre feto alguno! Doloroso porque debe sentirse un vacío extraño, aunque es cierto que tener a su bebé en brazos debe suplir mucho ese vacío. Pero, ¿Cómo se llena el vacío que produce una lectura larga? Yo solo puedo hacerlo olvidando el tema durante un tiempo y metiéndome de lleno en otra lectura que no requiera demasiado esfuerzo mental.

Como la sombra que se va, que en el fondo permanece.

sábado, 28 de febrero de 2015

El reino del terror

Ver cómo destruyen la memoria de la humanidad permanente en la piedra trabajada hace miles de años es un crimen atroz. 

Lo que la apisonadora del tiempo no ha conseguido eliminar; manos guiadas por ideologías han dinamitado y reducido a polvo la piedra como los castillos de arena derribados por la tempestad. Ayer, creo que fue, vi cómo en Irán destruían a martillazos obras de arte conservadas y preservadas a lo largo de tantos años. ¿La razón? Porque eran anteriores al islam. No hay razón que justifique la destrucción. No puedo entender semejante salvajismo, soy incapaz de digerir tal cantidad de terrorismo. No entiendo nada. ¿Por qué destruir la memoria? No sé explicarme, estoy traumatizado. Tal magnitud de caos me desborda. ¡Cómo puede haber seres tan necios y nefastos! En nombre de una religión, como excusa para todo, hacen lo que les sale de las narices, destruyen lo que les apetece, cortan cabezas literalmente, queman vivas personas con ideas distintas, caminan a su antojo por donde les place y lanzan granadas a ton ni son literal y figurativamente.

No. No. No.

Primero dañan una religión que en ningún momento establece lo que ellos hacen.
Segundo dañan a los creyentes de esa religión o los llevan a imitarlos en sus terribles "hazañas".
Tercero dañan a la humanidad.
Dañan al arte.
Se dañan a sí mismos.
Nos dañan a todos.
Dolor, daño, tristeza, falta de moralidad, impudicia, malicia... todo en una vorágine sin cesar.

Todo por producir terror.

Eso es lo que percibo desde hace años. Nos quieren seres temerosos, asustados por cualquier razón. Es la forma de un "ellos" impersonal de tenernos ocupados en algo o en nada. Porque el que teme se queda paralizado. Los gobiernos y los medios son expertos en jugar en el tablero del miedo, de la psicología a través de la cual encadenarnos. Prometeos en un mundo lleno de águilas y buitres: enfermedades sin cura a escala mundial, cambios climáticos apocalípticos, crisis monetarias etc. Y ahora los últimos en jugar al juego del pavor son los yihadistas. Se plantan en París y asesinan salvajemente a unos dibujantes satíricos atrayendo toda la atención mundial hacia ellos. Publican por los medios ejecuciones terroríficas. Una vez cometí el error de ver una de esas ejecuciones y sentí miedo y tristeza. Es horroroso. Ahora han pasado del terror para crear en nosotros impotencia. Ahora destruyen patrimonio y muestran la dureza con la que actúan, sin dudar un segundo. Nos quieren aterrados e indignados. Son listos; una persona asustada e indignada no razona y actúa mal. Nos quieren derrotados. Yo estoy un poco derrotado ya. 

¿Cómo nos mantenemos firmes ante tantas oleadas de miedo? ¿Hemos avanzado algo?¿Seguimos en la Edad Media?¿Qué podemos hacer?¿Cómo lo hacemos?¿Seguimos mirando el espectáculo del miedo? 

Carezco de soluciones. No dispongo de los medios para cambiar el mundo. Simplemente me resguardo ahora en alguna dulce canción que embellece el mundo. La música es uno de esos patrimonios de la humanidad que ninguna bomba podrá destruir. Tal vez fuera la música la que nos salvara. No sé. No creo. Utopías miles, como miles las distopías, millones las vidas perdidas en una lucha eterna.






miércoles, 25 de febrero de 2015

César o Gerión

Ahora me gustaría escribir sobre un hecho ocurrido hoy con unas compañeras de oficio, pero no voy a comentarlo, sino que simplemente voy a escribir sobre la importancia de ser coherente con uno mismo. Yo soy sensible y comprensivo. Dicen que debería aprender a ser rígido y menos comprensivo. Podría serlo, con toda seguridad, si me metiera en la piel de un César gobernando sus tropas romanas para combatir a los Galos y hacerme con todo su territorio. ¿Pero debo convertirme en un romano cuando soy un tartésico? Me equivoque o no yo soy Gerión más que César. Por lo tanto prefiero la benevolencia y la simpatía, acorde conmigo mismo y con mi forma de ser, antes que la dureza del acero. Una torre de acero tiene la ventaja de que permanece firme y no se inclina ante ningún ráfaga de viento; una espiga de trigo se doble con el viento y hasta puede volar. Yo prefiero doblarme con los vientos y volar, si es necesario, fundirme entre las personalidades de mis alumnos y no ser otra tragedia en sus grandes tragedias, no ser un obstáculo en su desarrollo. Me niego a ser un loro de la información que se desborda del vaso ya lleno. Es mejor, a mi modo de ver, convertirme junto a ellos en un sinfín de vasos que dan agua a sus motivaciones e intereses y hacer de la parte acuosa de sus vidas un río torrencial o calmado que fluyen para siempre hasta que llegue a cada uno el mar al que todos estamos abocados.


jueves, 12 de febrero de 2015

Más listo que el hambre

La estabilidad mata el ingenio, así como el hambre alimenta el intelecto y hace al más tonto el más astuto. Cuanta de ello es el hecho de que mi blog ha perdido en frecuencia de publicación de posts. Siempre me ocurre, como supongo que a todos, que cuando la paz está en mí no encuentro tanta necesidad para escribir y, aunque me acuerdo cada día de este espacio que tanto aire fresco me ha dado siempre, vuelvo cada vez menos a este rincón acuático y léxico-ideológico-experimental-liberador-gratificante. De hecho, como me estoy demostrando ahora, he llegado a un punto en el que si entro en el blog y me lo propongo no tengo dificultad para la escritura. Es cierto que no fluye con la celeridad y la facilidad que lo hace cuando la tormenta acude a mis poros y los obstruye con rayos, truenos e inundaciones. Pero como veis también, o más bien vais a ver, ya no tengo nada más que decir, por lo tanto tengo razón con mi primera frase de este post: la estabilidad mata el ingenio.

Estoy en un momento del que no me puedo quejar: con cierta salud en todos los sentidos, personas queridas, trabajando de profesor, agradecido por el cariño que me profieren mis alumnos y los alumnos que no son míos, así como por mis compañeros, aprendiendo mucho, viajando, sin problemas importantes. La cresta de la ola se suele decir. Y como no quiero perder mucho el tiempo, quiero seguir surfeando la espuma de la ondulación y disfrutar de las vistas y la emoción, puesto que ya llegará la dura bajada, porque esa es la vida misma y lo que da sentido a lo bueno.

Surfeemos todos. 

La historia propia es la más universal de todas

El otro día me preguntaba qué historia debía contar yo como partícipe de mi generación y como obligación que todos tenemos con la humanidad. No sabía la respuesta y ahora sí la sé. No hay más historia universal que debamos contar que la nuestra propia, de la que somos protagonistas y que posee tantos matices y tantas riquezas que difícilmente una historia puede exponer con tanto detalle como la vida misma segundo a segundo.

¿Os imagináis la cantidad de tinta y de papel que necesitaríamos para poner por escrito todo lo que nos ocurre, cómo nos ocurre, qué no vemos en el momento, cuáles son las sensaciones, cuáles las opiniones de los demás personajes de la trama, etc.? 

Quizás deba conformarme con vivir esa gran historia que es la propia, si soy incapaz de escribir y vivir una ajena y ficticia, a pesar de que son muchas las que permanecen latentes en mi mente y cuyos personajes han adquirido una entidad que podrían tomar tinta y papel y ponerse a escribir ellos mismos su propia historia. 

No hay nada más.

jueves, 5 de febrero de 2015

Historias universales

"Hay historias que cada generación debe contar." Virginia Woolf

Recuerdo que decía Bernard Werber en Les Thanatonautes que existen dos tipos de personas: por un lado están aquellas que leen libros y luego cuentan historias; por otro lado están aquellas que no leen y escuchan las historias que cuentan los primeros. Yo añadiría que ahora además están aquellas que ni leen ni escuchan esas historias. Simplemente escuchan historias vacías y carentes de profundidad, meras anécdotas planas. Y si estiro un poco más hasta podemos ver otro tipo de personas que ni escuchan esas historias superficiales, sino que más bien permanecen lejos de la realidad, sin pensar, en un universo paralelo detenido, girando en torno a la propia historia personal. 

A pesar de lo que acabo de decir, debería puntualizar que incluso la última clase de persona no puede vivir sin historias, aunque estas no sean más que contarse la historia de uno mismo, en ese estado de ombliguismo tan post moderno que nos inunda a todos.

A mí me gusta escuchar buenas historias y malas historias, quizás porque cualquier historia me estimula, me da placer y me hace sentirme vivo y partícipe de la vida de los demás, de aquellos personajes que aparecen en esas narraciones y del locutor que las narra; pero además me apasiona contar historias. Por eso, cuando he leído la cita de Virgina Woolf que da comienzo a este post me han surgido grandes dudas, al menos grandes dudas para mí, tal vez para ti, que me lees, son dudas liliputienses: 

¿Qué historia debo contar como miembro de mi generación? ¿Cualquiera puede contar una de esas grandes historias?¿Podría yo contar esa historia? ¿Por qué debemos contar esas historias infinitas que se reavivan con los aires de cada generación?

Las preguntas, puedo decir con certeza, son el motor de la humanidad; sin ellas no habríamos avanzado en la escala evolutiva, en el desarrollo tecnológico y exponencial. Yo siempre me planteo preguntas y, cuando escribo o hablo, trato de dar una respuesta acorde con mi sentido común. Me equivoco, pues no soy una personificación de la omnisciencia, pero creo que las respuestas que doy me ayudan a mí a avanzar en mi devenir personal y, por consiguiente, puedo sentirme hasta orgulloso de ello. En cualquier caso, a esas preguntas que he planteado al final del párrafo anterior solo puedo responder que hay historias que cada generación debe contar, al igual que dijo Virginia Woolf y añadir que de ello se derivará el hecho de que esa generación sea mejor o peor que las anteriores. Saber narrar las grandes historias desde la realidad de cada generación supone e implica ser capaz de moldear el núcleo de lo universalmente humano a un contexto determinado y, por ende, ver la vida que late en el interior de un trozo de mármol y hacerla salir insuflándole el aire fresco de cada tiempo.

Todos damos vida, en el fondo, a las historias que deben ser narradas, a veces en conjunto, a veces de modo individual. O eso quiero creer.

lunes, 19 de enero de 2015

Feliz año con retraso

Feliz año nuevo y todas esas cosas que se dicen al inicio del año. 

Quería haber escrito algunos propósitos de nuevo año, entiéndase el típico haré más deporte (porque no hago ninguno), cuidaré más mis comidas (porque como demasiado y poco sano, dígase la verdad o la verdad sea dicha, como bien gustéis más), seré mejor en mi trabajo (este es siempre uno de mis objetivos y del que nunca me quedo satisfecho por completo; soy demasiado exigente o me comparo con gente que es infinitamente mejor, ambas cosas mal planteadas y en exceso) y un largo etcétera que parece no tener fin, o sea que es infinito, ¡Ostras! ¡Tengo un sinfín de propósitos! Eso significa que posee un universo dentro de mí mismo. Como todos, al fin y al cabo. Es más, si no tuviéramos ese infinito la vida sería tediosa. 

Estas vacaciones estuve en Marruecos una semana. Hablo de esto porque es casi lo más destacable. Habitualmente mis vacaciones no pasan de la puerta de casa, así que salir al extranjero agrada a cualquiera. He estado pensando si al referirme a Marruecos debía escribir "extranjero". Es un lugar tan familiar para un andaluz que me cuesta denominarlo así. Quizás deberíamos establecer otro tipo de clasificación más compleja que el actual binomio extranjero (internacional) - paisano (nacional). Se me hace muy escueto y poco práctico. Es cierto que en realidad usamos otra palabra más para designar al extranjero que no es del pueblo de uno mismo (Forastero), pero incluso añadiendo este término sigue siendo poco práctico e insatisfactorio. ¿Cómo deberíamos denominar a los países que son más cercanos a nosotros? A bote pronto no se me ocurre ninguna palabra. En la Unión europea tenemos el término "comunitario", país comunitario, que trata de aportar un matiz más familiar. Es cierto. En cambio me sigue pareciendo absurdo que no hayamos inventado una palabra para definir aquellos países que casi son hermanos, aunque los manipuladores de la Historia, los vencedores, han querido deshermanar. A mí que me digan que Marruecos es el extranjero me choca mucho. Las tradiciones son parecidas, los colores del cielo, las temperaturas, las calles repletas de gente, de vida, el tono de voz de la gente, los olores, los paisajes, etc. 

Dos veces que he visitado este país he regresado habiendo tocado un trozo de mi pasado. Tal vez podría equipararse a una charla con alguien del pasado que te trae recuerdos y anécdotas que habías olvidado, o incluso podríamos hablar de un encuentro fortuito con algo o alguien que te descubren características propias que tú desconocías. Marruecos es Andalucía o viceversa. Lo único realmente diferente es la religión y la lengua. 

Me gustaría contaros aquí mi viaje a Marrakech, los largos trayectos en microbús a Ouarzazate y Zagora, los platos de cúscus semejantes a la arena del desierto y sobre todo del desierto y la magia de montar en camello por aquellas arenas tan finas, tan doradas, tan frías por la noche. Yo os narraría historias infinitas con sus innumerables sensaciones, pero no merece la pena. Si hay algo que es difícil trasladar es el sentimiento que uno nota en su cuerpo al contacto con un olor, un sabor. Yo carezco de esa habilidad y no quiero faltar en algo que es tan bello. Simplemente os aconsejo que vayáis. Es un lugar maravilloso, con su pobreza y su riqueza, con su pasado y su presente. Aunque no queramos admitirlo tenemos mucho que aprender de ellos todavía, como ellos de nosotros claro está.