jueves, 21 de mayo de 2015

Momento tierno

Hoy venía en el autobús de vuelta del instituto y ha habido un detalle que me ha gustado mucho. A mi lado estaba sentado un muchacho con algún tipo de deficiencia mental, que al parecer va a Almería y vuelve todos los días él solo. Pues resulta que por esa razón los conductores del autobús ya lo conocen. Si vierais el trato que le dan y el cariño con el que se dirigen a él es digno de admiración. Un conductor le ha regalado una galleta y ha cambiado la sintonía de la radio a otra que le gustaba al muchacho, de nombre Paco. El otro conductor le ha hablado muy bien y le ha regalado un bizcochito de chocolate. Ha sido muy tierno.

A veces hay gente que da esperanzas por la humanidad.

viernes, 15 de mayo de 2015

Sinsentidos en una papelería

Estar en la papelería y ver una situación un poco surrealista. 

Voy a la papelería para comprar unos rotuladores de pizarra y me encuentro con la típica pesada de turno que ha llegado un poco antes que yo. La susodicha señora quiere comprar un cuaderno personalizable o al menos eso es lo que parece. Cuando ve la libreta que tienen en el establecimiento, ella dice que es un poco fea y demasiado grande y que ella la compraría si se la cortan con "el cacharro ese que utilizáis vosotros para hacerme mis libros encuadernados". Quiere que reduzcan las libreta mediante un proceso chapucero. Y todo esto sin dejar ella de hablar y de hacer comentarios desafortunados. El intenso calor entra por el cristal del escaparate y la gente se acumula detrás de mí, porque no terminan nunca la señora. Visto que es imposible arreglarle esa libreta, la dependienta (por un momento he pensado si referirme a ella como la papelera... una persona que trabaja en una papelería, ¿cómo se llama pues?) ofrece que compre alguno de los cuadernos diseñados ya por papernoséqué, que son muy bonitos (cosa que es cierta) y que tienen colores y dibujos interesantes. La señora parece convencida, pero ella sigue con su idea de poner la foto de su hijo en la cubierta, arruinando entonces los bellos dibujos.

- Mejor poner la foto por la parte interna. -sugiere la dependienta, agitando ya casi desesperada su melena pomposa.

- No, mejor me pegas la foto aquí delante y así tapamos esos dibujos yihadistas y moros, -contesta la señora y acto seguido, consciente de lo que acaba de decir en voz alta, nos mira a todos con una sonrisa en la cara y comenta- ¡Ay! Es que yo soy así, soy de Motrí (Motril, pueblo costero de Granada).



Escuchar eso después de lo que ya me parecía un despropósito por parte de la susodicha casi me lleva a decirle:

- Pues yo soy del pueblo de al lado y me parece asqueroso su comentario, pero claro ¡Ay! si es que soy de Zalobreña (Salobreña).

En cambio me callo y me voy de la papelería asqueado por la tipa esa. Ya volveré en otro momento. Perdido mundo, mundo a la deriva. 

martes, 12 de mayo de 2015

Troya

"Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles."
Canto I. Ilíada

Miles de veces he leído este inicio de la no tan celebrada Ilíada, de Homero (aunque muchos dicen que lo mismo ni él existió). Digo no tan celebrada porque cada vez hay menos gente que conoce esta obra magna. En cambio, a mí me parece tan necesaria, tan llena de sabiduría, de valores, de expedición a las entrañas de la Humanidad, al tuétano de los huesos que vertebran la Historia, en la que prima antes la voz de los vencedores que la de los vencidos, la tergiversación a la realidad (acaso la realidad no exista en verdad y sea más bien una interpretación humana, que como tal es subjetiva y ampliamente volátil y dúctil). Y releo ese comienzo y no soy yo quien pronuncia esas palabras, sino ya es una especie de voz rotunda, casi femenina, que me susurra mentalmente y como el murmullo de la brisa, palabras cargadas de emociones, de héroes, de unión por una absurda causa, de guerras infinitas (en este caso de ¿10 años?), por una mujer, no se sabe bien si porque esta se fue con Paris al enamorarse de este o si acaso fue raptada por aquel. La cuestión es la de siempre: buscar una excusa. Una excusa para eliminar al mayor enemigo cercano y hacerse con la absoluta potestad, para demostrar que se es mejor, que los dioses están de nuestra parte y no de la del otro, así como que somos nosotros más fuertes, más inteligentes haciéndonos pasar por vencidos y colándonos en la inexpugnable ciudad por vía de un enorme caballo de madera. Todo son excusas para combatir.

Visionando en clase la película de Troya, les iba narrando historias griegas a mis alumnos y a veces se interesaban por cosas ajenas a la lucha (que es en general lo que atrae). Maestro, decían, ¿Por qué a unos muertos los dejan tirados en la calle y a otros los queman y les ponen monedas en los ojos? ¿Por qué el punto débil de Aquiles es el talón? Si a mí me lanzan una flecha en el talón no me muero. ¿Por qué Paris no sale a defender a su hermano Héctor, como hizo él cuando Paris perdía?

Cuando tus alumnos empiezan a preguntar es porque has conseguido de algún modo que se reavive el instinto infantil de las preguntas. La pena es que eso dura poco y, en cuanto termina, debes levantar el estado de alerta e iniciar la marcha. 

Ay mis gitanillos, que han visto en los griegos una unión parecida a la suya: quien se mete con los griegos se encuentra con toda su furia plasmada en la unión por un mismo motivo; quien le busca las cosquillas a un gitano, se topa con toda una comunidad. En otras palabras, ellos me han querido decir eso que acabo de escribir al principio de este párrafo. Al fin y al cabo, somos muy griegos todavía, aunque en algunos aspectos menos de lo que me gustaría.