viernes, 29 de julio de 2011

Asco

Sentir asco es tener enfrente algo repleto de costras, porque eso es lo que significa etimológicamente.

Yo siento ahora mismo asco de la vida. ¿Acaso veo la vida como una entidad costrosa? Parece que sí. Una herida que en su proceso de sanación, no habiendo llegado a su curación total, se ha rasgado de nuevo para sangrar y aumentar así las costras.

Temor

- ¿Qué temes? -me preguntó mientras terminaba de sellar la masa de la empanada.

Me fui directamente al horno sin prestar atención a aquella pregunta tan inesperada. Lo abrí y comprobé que estaba lo suficientemente caliente. Sí, estaba a la temperatura ideal, así que puse la empanada en una bandeja y la metí en el horno. Solo había que esperar ahora. Todo consiste en realidad en eso, en esperar a que el tiempo gire las piezas en la posición correcta para luego colocarlas con un ligero toquecito. 

- Temer, ¿dices? -lo miré y supe que se refería a mi mayor miedo- No temo nada. Bueno, algo sí que temo. Me aterroriza que después de dedicar tanto tiempo a esta empanada ahora se me queme o le falte sabor o que no valga para nada y deba tirarla a la basura sin más, como si no sirviese para nada más que para desecharla. ¡Con el trabajo que me ha costado! ¡Con las ganas que le he puesto! ¡Con el antojo que ahora mismo tengo! 

Aparté la mirada de sus ojos y miré con atención la pantalla del horno. La empanada apenas estaba dorada.

- Y tú, ¿qué temes? -le reboté la pregunta.

Parece que estaba esperando esa pregunta. Creo que es lo que había provocado, lo que quería escuchar, porque se le iluminaron los ojos repentinamente. No sé si por miedo o por alegría.

- Yo temo todo. Me asusta tu mirada, tu tacto, el resurgimiento de los recuerdos, la gente, el brillo del sol, la comida, los actos y sus consecuencias, el sofá, la televisión, los políticos, las ideas, los radicales, los controlados, los insurrectos, los bancos, los animales, la contaminación, internet, las enfermedades, los charlatanes, los silenciosos -enunció tantas cosas que no podría recordarlas aquí. Lo que sí que no debo olvidar es lo que añadió al final de esa cascada de temores-, pero lo que me da más miedo, sin duda, es la soledad.

La soledad. Aquella palabra se me hincó tan profundamente como debía haberle sucedido a él cuando la pronunció. Lo abracé y nada más. Juntos, agarrados del brazo, miramos el horneado de la empanada y cuando esta estuvo lista, la saqué del horno y la situé en una hermosa bandeja de porcelana.

-¿Ves? Ya no tienes nada que temer. Tu empanada ha salido perfecta -me comentó mientras masticaba con placer un trozo de empanada.

Él no lo sabía entonces, pero yo también tenía tantos temores como él; cuando me lo preguntó no quise decirle nada, porque no servía para nada. Pero a mí también me asustaba todo. La única diferencia es que yo cocinaba mis miedos para tragármelos. Y ese simple hecho me permitía resistir. 

Aunque yo también estuviera sola y tuviera secretos que me estuvieran atormentando o mi situación personal no fuera la mejor siempre podría resistir.

Él, en cambio, no encontró la vía adecuada. No supo afrontar su realidad y acabó accidentado en el arcén del camino. Dejó de andar y perdió ese camino que se hace al andar.

Dos años después de aquella empanada, de aquella conversación, de aquella declaración de temores, sé que su camino debía detenerse en ese punto exacto, porque su empanada se había chamuscado mucho antes de lo que él creía, antes de que me declarara todo.

A la mañana siguiente de aquella conversación, encontré su cadáver ensangrentado en la cocina.

miércoles, 27 de julio de 2011

Una propina

Pensando un poco en la palabra "propina" me da la risa y me sorprende su significado original: para beber. No consigo imaginar a un grupo de romanos ricachones, patricios, dando propina a sus sirvientes. No consigo imaginarlo porque tal vez nunca sucediera nada parecido o porque sea una imagen algo extraña; unos ricachones dando para beber a alguien que no significaría nada para ellos mismos.

Ahora con la crisis ya no se recibe nada de propina y si no, que les pregunten a los chicos de animación del hotel donde trabajo, que llevan una semana mirando día tras día la pequeña huchita que han colocado en la recepción sin ningún sonido pecunario; ya que las monedas no rivalizan en el interior de la hucha con el aire. Ni para beber tienen.

Una curiosidad: en francés la palabra se tradujo literalmente y sí se ve para qué sirve la propina, "pourboire=parabeber".

lunes, 25 de julio de 2011

Mi Benji

Hoy hace siete años.

Acababa de terminar el servicio de desayunos en el hotel donde trabajaba. Subí a la habitación y me encontré con dos pares de ojos lagrimosos y un "¿Se lo decimos?". Aquel día fue duro, muy difícil para mí. Cuando te dicen que un perro rabioso ha accedido al campo de tus abuelos y que ha asesinado a tu perro, solo notas la misma rabia que poseía a ese puto asesino salvaje. 

"¿Se lo decimos?" 

Aquella pregunta de mi hermano, todavía me eriza el vello y me acelera el corazón. La rabia ya ha desaparecido; es para lo único que sirve el tiempo, para atenuar las penas.

"El Benji ha muerto."

Que me anunciaran que mi perro había muerto, en aquella época, resultó todo un golpe, un cuchillazo; el mismo mordisco que debió darle el asqueroso ese. Ese que bien habría querido envenenar yo mismo, con mis manos, por todos los perros que ese mismo perranco asesinaría más tarde. 
Pero no lo hice. Dejé que el tiempo lo pusiera en su lugar. Y lo que yo no hice, lo acabó haciendo otro. Ese día supe que el terror de Piedra Blanca había terminado. 

"Han asesinado al Benji."

Al Benji lo habían asesinado. El pobre ya algo gordito apenas pudo correr para zafarse de los colmillos de un perro habituado a matar. Mis abuelos oyeron los quejidos del perro, de mi perro. Salieron rápidamente, pero ya era tarde. Cuando mi abuelo llegó al lugar de los hechos, Benji ya había pasado a otra vida, si la hay.Mi abuelo lo enterró bajo una parra. Mi abuela lloró durante días; ella que siempre había odiado a todos los animales. Yo me encerré en el baño y me dediqué a golpear la pared con la cabeza en un ataque de desesperación; ahogado en un tsunami de imágenes y recuerdos.

Aquel día trabajé por la noche en el servicio de cenas. No lo pasé en absoluto bien.

Hoy hace siete años de ello y no lo olvido. ¿Por qué olvidar al ser que me acompañó tanto en malos momentos? ¿Su mirada, su pelo canela y sus graciosos pies blancos en forma de calcetines? Sus recuerdos son de los mejores que conservo. Y por muy triste que parezca, cuando vivía lo envidié muchas veces; quise ser un perro en muchas ocasiones. Veía en su vida la felicidad absoluta. A lo mejor él quiso ser humano. Nunca se sabe...

sábado, 23 de julio de 2011

Todos somos una Ítaca

Oye, tú, sí, la de la rosa en la mano;
la ladrona de aceitunas,
que las rellenó en sus propias cuencas; 
la de mi otra mitad. 
Sí, tú, sabes que me dirijo a ti. 

"Cuando emprendas tu viaje a Itaca...", 
no ruegues que sea largo, si quieres llegar a mí. 
Tan solo corre, acelera y revoluciona el coche, 
porque en este momento Ítaca
no es otra cosa más que yo. 
Porque una de las miles de Ítacas se encuentra en mí 
y te reclama; 
exije que te presentes ante ella 
y escuches atentamente lo que tiene que decir, 
porque en su interior hay un secreto aguardándote.

Ven a mí, aunque sea por internet,
aunque los mares de agua se transformen en esa enorme telaraña.
Acércate y pregúntame por ese tesoro que te pertenece.
Dime que no lo romperás, que lo respetas;
Tranquilízame y conviértete por un segundo en el pedestal que lo sostenga.
En ese caso, te habrás llevado una parte más de mí, 
la que te entregaré con más gusto,
la que pretendo ofrecerte desde hace tiempo,
la que descubrí yo mismo no hace tanto,
la que ya no te puedo ocultar.

Tú, que mataste a la Gorgona para apoderarte de sus serpientes,
y que las transformaste en una cabellera de rizos y tirabuzones,
prométeme que cuando llegues a mi Ítaca,
no saldrás corriendo ni a nado.

Y si al llegar a mí, como bien explica Kavafis,
me encuentras pobre, no pienses que te he engañado;
piensa que solo el viaje hacia mí 
ya te ha llenado de riquezas,
que ha valido la pena.

viernes, 22 de julio de 2011

Quiero ser quien escupa los silencios

¿Qué he hecho yo para merecer tantos silencios?
De un hola sale un silencio,
De un te quiero nace un silencio,
De un adiós estalla otro silencio,
De un ¿qué tal? explota el silencio,
De un deseo, otro silencio.

Todo es silencio.

¿Acaso lo merezco? 
¿Acaso debo ser silencios?
Enmudéceme las cuerdas, entonces.
Seca la saliva de mi boca
Acalla mi garganta.
Porque ya no quiero ser yo,
No quiero ser quien reciba los silencios.
Porque ahora quiero ser yo,
Quiero ser quien escupa los silencios.

jueves, 21 de julio de 2011

Fin de un ritual

Esta tarde he puesto fin a un ritual que llevaba tiempo asentado en mi vida: ir al cine con mi prima para ver las sucesivas películas de Harry Potter. Debo reconocer que la última película me ha fascinado y a mi primita también.

De Harry Potter lo que más me gusta es el personaje de Hermione, esa chica inteligente, astuta, guapa, atlética, encantadora, trabajadora; una chica repleta de buenos valores. Sin embargo, lo que menos me gusta es, curiosamente, Harry Potter; de él solo puedo decir que me parece aburrido, vacío y con un sentido de personaje principal desagradable, un protagonista que sale de todas por arte de magia (nunca mejor dicho). Es un personaje del que solo cabe destacarse el amor que prodiga por sus padres y sus mejores amigos. 

Así que, finalizada la última entrega, acaba también esta tradición. Me da un poco de pena, como suele ocurrir cuando termina cualquier tradición.

Polvo lo que debió ser pólvora

Polvo lo que debió ser pólvora,
se apagó lo que aún no se había encendido.

Polvo lo que debió ser pólvora,
la pasión no fue más que una ilusión.

Polvo lo que debió ser pólvora,
un todo que se quedó en parte.

Polvo, polvo nada más,
polvo porque no fue pólvora, nada más.

Quizás no fuera ni polvo ni pólvora,
nada, salvo un visión.

lunes, 18 de julio de 2011

Un cartel especial

Desde hace tres o cuatro años, no lo recuerdo bien, en mi escritorio siempre me ha acompañado un cartel que alguien hizo para mí, cuando estaba de bajón en Pau. El cartel es de cartón y en él Eva dibujó un Jose enorme, sin tilde, enredado en una rosa roja con espinas, bajo un sol andaluz de largos rayos, una gaviota y un enorme ojo, cuya leyenda reza lo siguiente: "El sur, una mirada diferente". Además, al fondo a la izquierda se aprecia un castillo rodeado de casas, que yo imagino blancas, porque sé qué pueblo es, Salobreña. El Dibujo no acaba ahí, la O de mi nombre reposa sobre una bandera andaluza con una estrella roja; de la S caen lágrimas (Bágoas de liberdade); y del rabito de la E surge el arco del Indalo almeriense, quizás como símbolo de energía y suerte.

Lo miro y me da fuerzas. Es un cartel especial.

viernes, 15 de julio de 2011

Desdoblamientos

 La playa, viento del sur moderado, cuatro jóvenes practicando skysurf, la arena fría, el agua helada, mi madre leyendo en la toalla contigua y yo inmerso en un párrafo del libro de Fred Vargas, que me tiene perplejo.

" Impossible, le parrain veut être partout, dit Marc. Exister partout. D'ailleurs, c'est à peu près ce qu'il a fait dans sa vie. Toute place où il n'existe pas lui semble un espace désolé lui tendant les bras. À force de se démultiplier pendant quarante ans, il ne sait plus trop où il se trouve, personne ne sait plus. Le parrain, en fait, c'est un conglomérat de milliers de parrains tassés dans le même type" (Debout les morts, Fred Vargas, 1995)

Traduzco para quien no lo entienda:
"Imposible, el padrino quiere estar en todas partes, dijo Marc. Existir en todas partes. Es más, eso es lo que ha hecho toda su vida. Cada lugar donde él no existe le parece un espacio desolado que le tiende los brazos. De tanto multiplicarse durante cuarenta años, ya no sabe demasiado dónde se encuentra, ya nadie lo sabe. De hecho, el padrino es un conglomerado de miles de millones de padrinos amontonados en un mismo hombre".

Este párrafo resume lo que para mí significa existir, vivir. Cuando uno se va desdoblando y va dejando su presencia en cada ciudad en la que ha vivido, en cada persona con la que se ha encontrado, en cada canción compartida. Está en todas partes, sus recuerdos afloran de repente y se apoderan de él y, llegado un momento, ya no sabe ni siquiera dónde está. Es un poco como el agua antes contenida en un vaso y que ahora el calor la ha evaporado esparciéndola por el aire en un millón de pequeñas partículas separadas, lejanas. El agua sigue siendo la misma presencia, lo que ocurre es que en vez de ocupar un único espacio bien visible, pasa a encontrarse dueña de un espacio infinito bien invisible, oculto.

Luego está la última frase que define a la perfección lo que somos: un conglomerado de miles de millones de personalidades en una misma entidad, nosotros mismos. Es algo de lo que siempre he hablado, de las máscaras que todos nos ponemos, de la persona que mostramos, de quien somos, de quien ven los demás, de quien se filtra tras la máscara, de quien creen que somos... porque ser somos muchos, aunque a veces solo resalte uno de nosotros. 

Ayer, hablando con María, le mostré quién era el Jose sin tilde, ese que ella ya había intuido, pero que nunca había oído de mi boca. El Jose que dijo en palabras altas lo que ella ya sabía. A veces cuesta soplar con la suficiente fuerza como para deshacerse de esa tilde que tanto me desquicia. 

Por ello, aprovecho esta entrada para agradecerte los ratos de conversación filosófica, reflexiva, amical, cariñosa... que me ofreces de vez en cuando. Me sirve de inspiración.

domingo, 10 de julio de 2011

Un semana maravillosa

Estoy cansado. Fabulosamente cansado, feliz, triste... en esa mezcla de sentimientos que nos hace darnos cuenta de nuestra vida, de que estamos vivos.

Hace apenas una hora he llegado de Granada y en el trayecto he reído, he llorado, he cantado, he recordado y debo reconocer que esta semana ha sido hasta ahora, y creo que lo será en todo el verano, mi semana más feliz: visitas, voces casi olvidadas, miradas multicolor, familiares, una boda, escaso tiempo para calentarme la cabeza, momentos de reflexiones amicales, puestas de sol estupendas, helados, tapas, risas, sobre todo, muchas risa.

Ayer fue uno de esos momentos cumbre, en que rodeado de amigos contemplas la felicidad desbordada en el brillo de los ojos de una gran amiga que está a punto de decir el "sí quiero" para fundirse acto seguido con la persona que le ha enseñado a amar, a sobreponerse a las dificultades, a vivir la vida acompañada. Ayer fue la boda de la Cinti y, como últimamente me ocurre, lloré de felicidad, quizás de envidia, de no verme en esa situación, en ese estado de ensoñación. La veías allí, agarrada de Roberto, su ahora marido, bellísima, entallada en un fresco y elegante vestido blanco, con una diadema de plata sujetándole un maravilloso moño, y no podía pensar otra cosa que no fuera la magia del instante. Familiares leyeron palabras propias, su hermana nos emocionó contándonos la historia de su hermana y la tristeza que le producía tener que separarse de ella, verla partir al otro lado del mediterráneo. Finalmente, fueron las palabras de la cinti las que nos enredaron las cuerdas vocales a Ro y a mí, además de su " Papá, no llores, que yo también lloro"y nos hicieron tornar en fuentes de sal.

¡Emocionante!

Después llegaron los aperitivos. ¿He dicho "llegaron"? Pues no. Llegar, llegar, no llegaban, hasta que descubrimos que estábamos demasiado lejos. ¡Si es que ser el último mono...! Suerte, que al final nos pusimos al lado de la entrada y ya se sabe que todo cuanto salía pasaba primero por nosotros...

Durante la comida no pudimos parar de reír. Esta Ro tiene un sentido del humor envidiable: "Je bois l'eau des fleurs". La escucho y no puedo retener la risa y las lágrimas.

Sin duda, ayer fue el broche a una semana que me ha llenado de energía y de dudas. Ayer se levantaron velos desconocidos... pero eso es otra historia que aquí poco importa.

jueves, 7 de julio de 2011

Los amores se compensan

Cada vez estoy más convencido de que si tuviera a todos mis mejores amigos cerca y a mi familia al alcance de la mano, no necesitaría ningún amor más, porque ocurre que los diferentes tipos de necesidades sentimentales se compensan.

lunes, 4 de julio de 2011

Tanto adelgazamiento involuntario

Mirarse en el espejo a diario y apreciar los cambios físicos que se van sucediendo significa que los cambios son drásticos. En caso contrario no nos daríamos cuenta. 

Desde una crisis depresiva que comencé a sufrir en mayo, mi cuerpo ha ido mutando hacia el pasado, como desgastado por la rutina, por los malos pensamientos, por el cansancio vital; como si a cada paso que daba fuera perdiendo un gramo de carne. 

Me estoy quedando en los huesos.

Esta mañana he hecho lo que no debería haber intentado nunca. Me he pesado. ¡Qué desgracia la mía cuando he visto la brutalidad del adelgazamiento! Pensar que ahora mismo peso lo que pesaba con 16 años me produce pavor. Pensar que ha sido en vano todo el esfuerzo que he realizado durante tantos años para engordar; para no ser el huesitos que un día fui; para rellenar mi cara, mi cuerpo de carne y músculo; para evitar recordar los apodos dañinos, el desprecio del delgado tan similar al del gordo. Y resulta que vuelvo a ser ese hombre demacrado y ojeroso, de triste mirada.

Un regreso al pasado repugnante.

Hay gente que padece bulimia, otra que padece anorexia; gente que es incapaz de adelgazar y gente que adelgaza con la mirada. Yo sufro por no poder engordar, por darme atracones con el deseo de ganar peso, incluso arriesgando mi propia salud, mis niveles de colesterol. Y nada.

No sirve de nada.

Peso 66 kg, mido 1,80 cm... Desde mayo son 5 kilos menos. 

Mejor será no pensarlo, si no quiero quebrar mi frágil estabilidad.

Nunca se tiene lo que se quiere ni se quiere lo que se tiene.

domingo, 3 de julio de 2011

Metástasis amorosa

Un cáncer de Apolo
mal estirpado
me nace de dentro
un corazón destrozado.

Metástasis suicida
causa del amor
mal apagado
mal encendido,
equivocado.

Muerte segura
de su inseguridad
me provoca naúseas
de lágrimas retenidas.

Ahora que siento
el inicio del aparente final
descubro que nada era real,
salvo la oscuridad.

sábado, 2 de julio de 2011

Y yo aquí

Hoy se casa mi amiga Mochi y yo aquí. En su cortijo estarán reunidas muchas personas que conozco, que quiero, que llevo mucho tiempo sin ver, sin intercambiar risas ni palabras. Allí se mezclarán los abrazos y las narraciones de aventuras ocurridas, de anécdotas y de recuerdos de un pasado común. No podré formar parte de ese momento especial en su vida, pero me transportaré mentalmente. 

 Día de boda
con mucho calor
todos como sopas
sudan sin cesar
y en el campo
 corre un sentimiento
claro e intenso,
el de amar.