viernes, 23 de diciembre de 2011

Maupassant, un Bel-Ami

Ahora que he conseguido sobrepasar la barrera que separa una obra clásica del disfrute, estoy gozando con la novela "Bel-Ami" de Maupassant. Soy Duroy, el protagonista, sin llegar a identificarme completamente con él, y descubro reflexiones excelentes, como ese tramo de cuatro o cinco páginas en que Maupassant habla sobre el amor, la gloria, la vida y la muerte de un modo tan magistral, una larga reflexión que no puedo copiar aquí, pero que merece la pena leer. La realiza a través de la voz de Norbert de Varenne, poeta del periódico donde Duroy trabaja. 

 "La muerte ha llevado a cabo dulce y lentamente la larga destrucción de mi ser, segundo a segundo. Y ahora me siento morir en todo lo que hago" (lo acabo de traducir).

Ya enfrascado en ese París de la novela, quiero saber qué ocurre con los personajes realistas, cómo se desenvuelven en cada situación, ante los obstáculos que van surgiendo o ante esos cambios de humor tan propios del ser humano y tan bien demostrados en la pluma de Maupassant. 

Y hablando de plumas, me pregunto por qué el nombre de Bel-Ami ha sido tomado por el mundo gay. Puedo ver alguna razón pero no alcanzo a componer un razón completa. Cuando termine de leer esta obra maestra daré mis razones y opiniones. 

Veremos qué me depara esta lectura.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Voz silenciosa

Llevo una semana sin escribir nada y realmente no sé por qué. No tengo nada que decir, puede que sea eso. Estoy planteándome eliminar este espacio, a no ser que vuelva esa voz silenciosa que me guía. Y por ahora esa voz se ha callado por completo y es de repente un silencio total. Tal vez porque he pasado de una inestabilidad emocional a otra de un tipo desconocido en mí, que soy incapaz de materializar en palabras. Y ya se sabe que sin palabras no hay pensamiento y sin pensamiento no hay razonamiento y por consiguiente debo decir adiós a esto. Pero me entristece acabar con esta presa de palabras líquidas. Y mientras me entristezca intentaré extrae palabras líquidas del subsuelo, hasta que aparezca un yacimiento nuevo o que la nieve de palabras se derrita de nuevo y la presa vuelva a ser como era.

Entretanto, quien me lea, que disculpe los intentos de escritura vacía.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Carga perdida en los raíles

El tren del amor
llega con retraso.
Su interior aclamo,
pero es escaso
el momento, un espasmo.
¡Vaya asco!
No llegó.


Amor que no viene
mi cuerpo desgasta
y el destino siempre
pone el horror en mi cama.

La bomba cayó sobre Hiroshima
y de ahí pasó a mi interior
solidificada en un corazón,
un corazón que patina
en esa caja de huesos
que todos fulminan.

Por fortuna aún sigo,
sigo vivo, aunque cansado,
cansado de este sino.
Si no lo encontrara pronto,
pronto caigo por el precipicio.
Precipicio alto y maldito.
¡Maldito bastardo!
Bastardo eros, ciego,
ciego de una vida bebida,
bebida de aire y sueño.
Sueño despierto.

Sueño vivo,
aunque viva casi muerto.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Preguntas infernales caóticas

Baja al infierno y verás que allí ni se baja ni se sube, porque el infierno no está arriba o abajo, está en ti, puede que en los demás, pero ni abajo ni arriba. 

Quiero pensar de dónde viene el Hades, la reencarnación como castigo y el infierno, el temor a ese fuego eterno que abrasa las almas o la laguna estigia que se cruza gracias al barquero. Quiero pensar cómo nace esa idea de tránsito, de castigo, de precio por una nueva vida. Me pregunto cuándo nació el infierno, quién lo creó o si tendrán los animales idea de infierno. Intento imaginar a esos primeros homos que ven morir a alguno de su clan y sienten pena o miedo a que sufran allá donde estén. O a esos que matan a sus presas y las cocinan con ayuda del fuego. Entonces este comienza a adquirir la importancia dentro de la lógica del infierno. Ven con miedo el rayo que incendia la rama y, alimentándose del bosque, reduce su inmensidad a cenizas y negrura. Esos primeros seres humanos que conocen la furia del fuego, saben que en él uno acaba quemándose y es entonces cuando alguien más listo se aprovecha de ese miedo, que crece sin pausa, para crear une terror mucho más terrible, el de un lugar de fuego abrasador tras la muerte. Ahí debió surgir el infierno; diré el infierno estructurado. Pero se trata solo de uno de los muchos infierno.  Porque infiernos hay muchos. Lo que es realmente único es su característica común: un origen a raíz de la conciencia del terror, del miedo. 

El infierno es el miedo.

Por lo tanto, cada especie conoce un infierno, uno propio y particular. Mi perrita verá el infierno al quedarse sola, abandonada, triste... cuando no hay nadie en casa; temerá que nadie vuelva y será entonces cuando el infierno abandone su conciencia canina y tome forma, expandiéndose por las paredes, inundando el suelo con su particular olor, con colores tétricos, distintos, colores que somos incapaces de imaginar porque para nuestro ojo no existen. Ella se sentirá ajena a la realidad y, en cambio, percibirá la realidad con mayor nitidez, como aumentada: oirá pasos donde no los hay, se adelantará a la tragedia, tocará fantasmas que no existen, hablará consigo misma sin saberlo, verá en los espejos y cristales un reflejo poco nítido y creerá que está rodeada por perros con mirada asustadiza. Creerá estar sola en un mar de perros multiplicados, que son ella misma. Sin mí. Sin mi madre. Ella sola en la muchedumbre canina. Su propio infierno.

Ahora bien, ¿cuándo termina el infierno? ¿Dónde toca fin su reinado? 

El infierno no es eterno; de hecho muere cuando la conciencia muere, cuando el temor desaparece, cuando la vida se toma con tranquilidad, cuando la muerte ha perdido todo su poder y ha quedado relegada a un mero mecanismo de regulación vital. 

El infierno, la muerte, 
esas caras ausentes.
Fueron muchas, muchos sus colores
y cuando uno se lo propone
las diluye para siempre,
aunque sigan presentes.

domingo, 11 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Re-sistir, per-sistir...

Una pequeña curiosidad: en resistir, persistir... se conserva algo de su etimología; "sistir", estar de pie. Hasta aquí nada curioso. Al menos no lo que yo quiero destacar. 

¿Cómo se dice en inglés estar de pie? To stand = sistir. Creo que es la misma raíz.

Ahora en alemán, que es donde me he dado cuenta, mientras sacaba a mi perrita hace unos minutos. "Stehen", que se pronuncia como shteeeen.  Aquí me parece aún más evidente. sisssste, ssssstehen.

¿No son adorables las palabras?

Resistir es permanecer de pie, por si alguien no lo sabía.

Dos minirreflexiones

O aprende más el ser humano por las acciones que por las palabras, cuando el aprendizaje viene de fuentes externas,

(¿Qué importa que pidas perdón si has matado a tu mujer?
¿Cómo pretendes exigir a tu hija que lea si tú no lees?
¿Qué te lleva a pensar que porque me digas que haga deporte lo haré, si nunca he visto esos hábitos en ti?, etc.)

O aprende porque el propio ser humano se lo propone; entonces las acciones y las palabras se combinan en proceso de aprendizaje.

jueves, 8 de diciembre de 2011

La mirada de mora

Escribo y no me puedo concentrar, porque tengo a mi perrita mirándome fijamente con sus dos ojos de mora. Está quieta, como si ya nada estuviera a su alrededor; nada más que yo. Conozco esa mirada. En el momento en que ceda a su atracción, ella meneará el rabo y sacará la lengua y se me lanzará con sus patas delanteras sobre mi pierna apoyada en el sofá. Entonces tendré que dejarlo todo y dedicar unos minutos a ella, que se pasa todo el día junto a mí, sin molestar, sin ladrar, sin moverse. Es una presencia que me acompaña. Por ello se merece que ahora mismo deje de escribir y dedique el tiempo en lo que ella necesita.

Le enseño la correa, gira sobre sí misma y mi Xena por los nervios de salir sufre un ataque de estornudos. Le sonrío. Ya ha llegado su hora. Le engancho la correa en la hebilla del collar, meto una bolsita en el bolsillo y salgo. 

Libertad. Libertad compartida. 
Por mi Xena, una rápida escapada.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Lágrima perdida

Has neutralizado mis lágrimas
y agotado mis energías.
Lo que no he logrado comprender
es desde cuándo mis venas se lían,
enredadas en la incomprensión.

Futuro incierto, incomprensible futuro.
Caes sobre mí, sobre ti resbala.
Esquilmas mi visión, tu visión me asusta.
Blanda desesperación, vete a tomar por culo.

Las palabras malsonantes se apoderan de mí
y sé ya que debo ponerles fin.

No soy de palabrotas, 
porque no me gusta dañar mi boca
con los filamentos que en sus extremos dejan
cuando al romperse chocan.

Las bellas palabras volverán a mi garganta
con su dulce aroma, su sabor intenso
que espero que me vuelvan 
y reclamen a mi paladar su sexo.

Y con ellas nacerá de nuevo la lágrima,
la sal propia de mi fuero.
Seré entonces feliz, vida mía,
feliz con sentimientos limpios de nuevo.

martes, 6 de diciembre de 2011

Convertirse en vacío

Convierte el daño en un vacío ilimitado, pero con cuidado. El vacío no solo consume al enemigo, sino al propio que lo produce. Es como un viento seco que deshidrata la piel, la endurece y la va rasgando con lentitud pero sin pausa. 

Me estoy convirtiendo en ese vacío que puede que me mate. Aún conociendo los peligros, no pienso dar marcha atrás. Que el tornado arrase lo que debe arrasar. Que la lluvia limpie el ambiente arrastrando en su caída las partículas del aire. Que el terremoto sacuda todo lo que se sostiene con dificultad sobre el terreno. Que luego llegue el vacío que produzco. Ese es mi propósito: lanzar un chorro de vacío hacia ti, que no me lees. Así podré darte lo que más duele, el olvido. Tu cuerpo sentirá mis garras invisibles. Tu corazón verá bloqueadas las compuertas sanguíneas. El oxígeno ya no saqueará tus pulmones. Y no solo eso. Te regalaré recuerdos desgarrados, como tú me agasajaste con un recuerdo asqueroso justo en mi cumpleaños. Porque no miraste el alcance de tus hechos, yo tampoco voy a mirar el alcance de los míos. Un vacío insondable te cubrirá. Y algún día comprobarás que valía más un pasado aterrador que un presente maravilloso. Sabrás que tu imagen se quebró de repente. Tú mismo la quebraste. Y aunque al quebrarte me has quebrado mi propia existencia, no cesaré en el empeño de voltear los cristales restantes y machacarlos con mis propios pies. Serás vacío.

Eres vacío. Estas son mis últimas palabras hacia ti, que no me lees, porque ni eso sabes. Afánate en tus comidas y ten cuidado con lo que la mano que ahora besas sostiene. Te auguro que nada bueno esconde el frasquito que sujeta. He podido oler la podredumbre que guarda en su interior y he de reconocer que es un olor mezquino y nauseabundo. No te fíes demasiado. Puede que tu delicioso guiso acumule entre los garbanzos sustancias peligrosas. Te informo y no debería, pero a pesar de todo me preocupa tu futuro. Y a pesar de todo también te odio. Por eso eres y serás un eterno vacío, oscuro, sin noches ni días, sin frío ni calor, nada, una suspensión. Una nada colosal que sale de mí desde hace mucho y que ahora proyecto contra ti. 

Vacío. 
Das pena. Haber sido tanto y no llegar ya ni a caspa. Ser tan solo un gran vacío. Una gran nada.

Por cierto, gracias por ese último regalo. Me hiciste el peor de los pasteles. ¿Querías matarme de indigestión? No lo lograste. Siento tener que decírtelo. Hasta rompiste tu palabra... eso sí que me duele, porque afecta a memorias sin voz.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Cenizas

Dice Amaral: Si pudiera congelar el tiempo y volverme cenizas...

Esa es la necesidad que ahora mismo tengo. Volverme cenizas y detener el paso del tiempo para siempre. Apretar el freno de la vida que cada día tiene menos sentido y aparcar el auto vital en un andén perdido. Observar desde allí cómo los coches pasan, aceleran, se saltan semáforos en rojo, se desvían, chocan. Vislumbrar el brillo reflejado en el límite del horizonte marino. Escuchar los ladridos de mi perra. Saber que ese mundo ya no es mío; que no he de regresar hasta que todo haya cambiado. 

Detener el tiempo. Si pudiera lo haría. Pero solo soy un humano, menos que una mota de polvo del universo. Una mota de polvo que arde desde ayer más que el sol. Me derrito y ardo aún más. Ignífugo. Mi cuerpo es helio, una llama encendida, el bosque que se incendia para matar al lobo.

Porque el lobo es un ser perverso en este cuento. Una alimaña capaz de internarse en el bosque y asesinar a cada uno de sus habitantes con sigilo. Penetra las entrañas frondosas, se esconde entre la maleza y ataca. Hunde sus garras en la carne tierna. Hinca sus colmillos en los cuellos tensos por el terror y el sobresalto. Al poco tiempo, el bosque ha quedado vacío. Solo un pobre corderito sigue con vida. Temeroso, sale del bosque y reflexiona sobre las opciones que le quedan. Solo, miedoso, desnortado. Sin saber muy bien qué hacer, cómo actuar. Por ello se deja llevar y, prendido en fuego, incendia todo. Cuando el lobo ha destruido toda vida sin raíces, el cordero no ve mejor opción que quemarlo todo y dar un nuevo inicio a la vida. Quema el bosque para matar al asesino.

Y lo vuelve todo cenizas. Las cenizas en que se transforma mi cuerpo y mi mente poco a poco.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Entierros más dolorosos

Hay entierros que duelen tanto o más que los tradicionales, los de los muertos; esos entierros son los de los vivos.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Orangensaft

Cae la gota del rocío
suavemente acumulada
al contacto de mi piel.

Cae la gota
cae
cae
cae

y cuando llega a la húmeda tierra ya es sangre.


Cae la gota
cae
cae
cae

y en mi mano la naranja se deshace.

Cae la gota
cae
cae
cae

y mis labios en sol se ahogan.

Es el campo de mi abuelo
una mina de emoción
con solo tocar su suelo
siento la vida y su canción.

Es recuerdo o es rocío,
es alberca o saltamontes,
o una rata que entre cañaveras
                                se pasea con su trote.

Cae la gota
cae
cae
cae

y yo hasta con sangre allí me rindo,
porque para mí mi abuelo es to'.