domingo, 27 de abril de 2014

Mosquitos

Este año hay una plaga de mosquitos. Están en todas partes, son enormes y producen reacción alérgica. ¿De dónde han salido? ¿Será este el inicio del final? Nunca antes había visto tantos, da igual si hace frío o calor, si llueve o el sol achicharra, incluso si hace viento fuerte, ellos siempre están ahí.
 
Son una plaga tan detestable como la de los políticos corruptos, los banqueros aprovechados, los desgraciados que viven a costa de aplastar a otros. Es una terrible plaga.
 
Terrible.
 
Pero si pierdo la lógica y dejo fluir la mente surgen preguntas absurdas y el desvarío.
 
Desvaríos.
 
Me pregunto si estos mosquitos no serán algún tipo de experimento del gobierno para distraernos y que pensemos menos o si acaso no los han llenado de algún tipo de "estulticiante" (generador de tontos), porque veo que la gente cada vez piensa menos, cada vez son menos juiciosos, menos críticos, o tal vez me lo parezca a mí simplemente, una mera percepción sin razón de causa. Me pregunto si me pregunto demasiadas cosas. ¿Desvarío mucho? ¿Mosquitos programados para arrancarnos el juicio, la lucidez? ¡Qué chorrada! Pican, te sale una roncha rosa y abultada, y listo. Eso es todo. Ni tramas políticas ni nada más. El cambio climático se muestra en pequeños detalles como esta proliferación de mosquitos. Ha llovido poco. Las temperaturas son altas para la época. El principio del final o el final que empieza simplemente.
 
Ya está cambiando todo. Somos tontos y no hace falta buscar la causa a este mal humano. Viene de fábrica, por decirlo de alguna manera.
 
¿Se avecinan tiempos de mosquitos? Eso parece. Cambio climático. Cambios de hábitos que nadie realiza. Consecuencias terribles. Por el momento nos entretendremos, porque estamos forzados, en matar mosquitos; ya del cambio climático nos ocuparemos cuando no haya solución, si es que la hay.
 
Aplastar mosquitos que siempre pican. Aplastar a otros mosquitos peores deberíamos. Pero nada. No habrá nada.

Pompeya

Pompeya es un nombre que me produce sensaciones indescriptibles; es pasado prolongado en presente; es silencio de voces en grito; es naturaleza imparable, indestructible, atroz; es milagro pero no divino, no religioso, ni mucho menos humano, simplemente milagro a secas, de los que conservan algo detenido en el tiempo y nos permiten regresar a ese momento como no es posible en ningún otro lugar.
 
La nueva película de Pompeya es una superproducción, con lo cual priman sobre todas las cosas el heroicismo, el amor, la acción, la aventura, la necesidad de enganchar al telespectador. Y lo consigue. Los efectos son maravillosos. Los personajes llenos de valor, de orgullo. El argumento previsible, pero atrayente. La escenificación portentosa, así como la ambientación. Uno tiene la sensación de estar en Pompeya tal cual era, con su puerto, sus calles repletas de vida, sus grandes villas, sus templos y la expectación de sus habitantes ante los espectáculos de gladiadores. Pompeya es una película que deja buen sabor de boca a todo aquel que ama lo pasado, así como a todo aquel que busca la acción. En esta película, como viene siendo cada vez más común, se pinta a los romanos como seres deleznables, orgullosos, con un cierto aire de superioridad; a los celtas como amantes de los animales y la naturaleza; los gobernadores solo buscan el bien propio, la necesidad, por encima de todo, de quedar presentes en la historia, incluso entregando una hija a cambio de inversiones en su ciudad. 
 
Me pregunto si para un historiador esta película cumplirá su cometido. ¿Es fiel a la historia? Lo dudo, aunque parece que gran parte está apoyada en la descripción de Plinio el Joven, testimonio de la catástrofe. El Vesubio estalla como nos han contado, con una gran virulencia. El mar se retira y regresa en tsunami. Las cenizas se desploman sobre todos. ¿Y los espectáculos de gladiadores eran como los pintan aquí? Lo que sí sé que no aparece en la película es el efecto que produjo el fuerte terremoto del 62 ni hay edificios que estén siendo restaurados. En ese sentido no es histórica.
 
En cualquier caso, me ha gustado. He sentido que estaba allí; el 3D ha ayudado mucho. Tras ver la película, como suele suceder, he tenido ganas de leer más sobre el tema. Me parece todo tan excepcional, tan embriagador.
 
La trama de amor principal parece inspirada en la mujer hallada bajo las cenizas con los gladiadores. ¿Qué hacía ella allí?
 
Cuando uno lee un poco al respecto tiene unas ganas infinitas de visitar la ciudad, los restos que quedan de ella y perderse por sus calles, ver la vida congelada allí. Imaginar cómo era todo, cómo fue el último suspiro de sus habitantes. Saber, al fin y al cabo, que no somos nada y que para un humano lo más importante en la vida o es el amor o es el dinero, como se ve en la mayoría de los cadáveres hallados, unos abrazados a otros o abrazados a sus joyas y fortunas.
 
Pompeya, un nombre que posee tantos matices como la misma existencia.   

miércoles, 23 de abril de 2014

Libros que son los universos de uno mismo.

Hoy es el día del libro. Se supone que se eligió el día de hoy porque coincide con los autores relevantes de la literatura en español y de la literatura en inglés, Cervantes y Shakespeare. Menuda tontería. No lo digo porque no sea una buena idea ni porque sean autores sin relevancia, mas al contrario; solo opino que se trata de otra manipulación de la historia, no sorprendente, por cierto. ¿A qué me refiero? Al hecho de que ambos no murieron el mismo día, por la simple razón de que el calendario gregoriano no es el mismo que el calendario utilizado en aquella época en Inglaterra.
 
Pero esto poco importa, me parece.
 
La cuestión es que hoy se celebra la lectura, que, obviando el detalle de que es pura campaña de ventas, se trata de un hecho importante para mí, porque la gente acaba víéndose influida y al menos cae en sus manos un libro al año, que como bien se dice no hace daño; con suerte y amable fortuna hasta acaban enganchándose a algún nuevo autor que descubren por casualidad y ya no tienen escapatoria. Sí. Eso puede ser así.
 
Siempre he dicho que los libros son tan sumamente importantes en mi vida, que podría deberles la poca cordura que tengo muchas veces. Ellos me han salvado infinitas veces del tedio, mal este de terribles consecuencias. Si hay algo penoso es que el tedio y el aburrimiento se instalen en las arterias y nos colmen de desgano, de desmotivación.
 
¿Sabéis lo que realmente me gusta de los libros? No solo el hecho de que cuentan historias, sino que por extraño que pueda parecer los libros cuentan nuestra propia historia, le dan voz, volumen y nos ayudan a proyectar películas mentales que nos atañen. Nos llenan, por decirlo de algún modo.
 
En definitiva, solo quería dedicar un poco de mi tiempo a hablar de ellos, de los libros. No comprendo cómo puede haber tanta gente que no los adore. Son tan reveladores. De hecho, quiero mantener la esperanza de que toda persona que no lee acabará encontrando el libro que le cambie la vida, porque cuando eso sucede uno ya no es el mismo, uno ha sido tocado por la lucidez del otro, el otro que es uno mismo y, por consiguiente, desarrollar una empatía con el mundo apropiada a esta corta existencia, a esta absurda vida, carente de por sí de todo lo lógico.
 
Pon un libro en tu vida. Yo he puesto tantos ya que he perdido la cuenta, pero sin duda ninguno iguala a libros como "L'étranger" o "Le petit prince", libros que ya forman parte de un universo que es el mío interno, un territorio propio que no dudo en visitar cada vez que me apetece, cada vez que necesito que el principito no muera, porque es abrir sus páginas y resucita con su sabiduría infantil.
 
Feliz día del libro, espero que hayan tenido. Os dejo mientras yo leo "Dietario voluble" de Vila-Matas.

Tonterías varias

Me hace gracia, porque se ve que cuando hablo lo hago en exceso, como un papagayo que es incapaz de controlarse, y, claro, la gente trata de escapar de mis palabras a veces. Me hace gracia porque siempre me doy cuenta y no sé detener el fluir de los verbos y me vuelvo hasta pesado.

Yo, que tengo mente de niño en muchos aspectos, cuando pienso en esto me imagino todo como en los dibujitos animados y me veo lanzando un torrente de palabras, como un río donde flotan verbos de colores, adjetivos con multitud de formas distintas, preposiciones chiquititas y grandilocuentes adverbios y me imagino al interlocutor con cara de espanto, con ganas de huir pero sin poder hacerlo porque una cadena gramatical lo retiene y el suelo bajo sus pies se llena de puntiagudos puntos, puntos y coma, comas y tildes afiladas. Me descojono yo solo de la risa, al imaginar a muchos de los clientes del hotel presos por mi verbo ilimitado.
 
Ay, qué cosas más absurdas crea mi mente. Tonterías varias.

jueves, 17 de abril de 2014

El tiempo y los demás.

El tiempo pasa y no somos conscientes realmente hasta que lo vemos en los demás, sus efectos, la obra maestra de sus manos en el paisaje, en la piel de otras personas, en la mirada envejecida de un animal que conociste desde pequeño, pero sobre todo a través de la muerte de otros, de alguien que pasó por tu vida, que formó parte de tu cotidianidad.

Hoy es uno de esos días en que veo los años a través de los demás. Mientras el fisio me está combatiendo las contracturas que Cronos ha ido enredando en el trapecio, este me habla de los años de instituto, de las personas que tenemos en común, de su padre que era secretario allí justo el año que yo llegué a Roquetas y hablando de los profesores que impartían docencia llegamos a Don Alberto y a su mujer, Nati. Y regresando al pasado a través de esa conversación noto los años pasar veloces y sin pausa. Veo el miedo y el respeto que infunde Don Alberto. Recuerdo su piel sin luz, apagado por el exceso de tabaco, por el humo adherido a sus poros. Aún oigo con nitidez su voz ronca y segura. Todavía hoy soy capaz de recordarlo en el patio del recreo con el cigarrillo en la boca. Es en ese pasado tan vívido donde me descubro intentando escribir aquel periódico que nos obligaba a hacer o mirando aquella biblioteca pequeña que formamos entre todos, donde descubrí por primera vez realmente el placer de la lectura, gracias a Las aventuras de Huckleberry Finn. Por ello también recuerdo con alegría aquel complicado curso, con tantos profesores de la vieja escuela, con tanta severidad, con la sensación de que el tiempo solo ha permanecido parado en el recuerdo, donde es todavía presente. Sin embargo, la realidad es otra.
 
Don Alberto falleció hace años de cáncer de pulmón.
 
Cuando Paco, el fisio, me dijo que había muerto, supe enseguida que había sido por culpa del tabaco.
 
El tiempo pasa. Arresa todo. No había sabido nada más de aquel profesor severo sin ser severo. Nunca supe nada más de él. Jamás me lo crucé por la calle. Sin embargo siempre ha estado presente en mi memoria. Quizás porque aprendí mucho con él. Tal vez porque fue mi primer gran profesor o porque a partir de él mi vida estudiantil fue mejorando considerablemente. En cualquier caso, no creo que lo olvide nunca y me duele que muriera en semejantes circunstancias. Si es que fumar no trae nada bueno... pero a él se ve que le daba vida y aquella voz tan ronca y dura.
 
El tiempo arrasa todo, pero el recuerdo no me lo quita, salvo la enfermedad o la muerte.

Manipulados

Ya apenas escribo. He ido perdiendo poco a poco las ganas de hacerlo, algo así como dejar de dar prioridad a esto y preferir pasar el tiempo mirando las musarañas, dejar que este se vaya más rápido que nunca, porque de todas formas seguirá marchándose lo quiera o no, porque el tiempo es libre y nadie puede constreñirlo, aprehenderlo.
 
Ya apenas escribo. Prefiero no hacer nada, simplemente. Es lo que pretenden de nosotros. Lo que consiguen.
 
Antes notaba que alguien me leía. Ahora solo noto que nadie lo hace, aunque siempre haya alguien. Siempre hay alguien vigilando, como en el libro que he empezado hace unos días: 1984, de George Orwell. ¿Quién nos observa? ¿quién vigila nuestros pasos? ¿Quién nos manipula y nos hace creer lo contrario de lo que es en realidad? ¿Quién es el maldito pastor y quién su perro? ¿Quién es ese Hermano mayor, ese big brother que no nos quita ojo de encima?
 
Puede que no escriba para no ser transparente, para que el que vigila no sepa de mí más que yo mismo. Quizás sea esa una de las razones por las que ya parece no interesarme en absoluto esto. Inconscientemente empecé a dejar de escribir cuando leí un post de César Mallorquí en su blog, donde comentaba precisamente esto, que aunque no seamos conscientes estamos siendo vigilados y manipulados sin cesar, como la montaña que se moldea con la más ligera brisa o con la suavidad del relente.
 
Pero aquí me veis. Vuelvo tarde o temprano a escribir y me compadezco de mí mismo por hacerlo. Soy Winston Smith escribiendo su diario, aun sabiendo que eso podría usarse en su contra, porque la policía del pensamiento siempre está al acecho.
 
Apenas he leído 40 páginas y puedo decir que lo que leo en sus páginas es actual. Me siento en ese mundo que no es tan diferente del nuestro. Y me recorre una tristeza indescriptible, una sensación extraña de pesadumbre, de incertidumbre ante la vida, de menosprecio (a veces) hacia todo, porque la lógica no consigue modificar el asentado pensamiento de lo absurdo que es todo. Y es que la crisis que no quiere abandonarnos no es otra cosa que la desvelación de lo oculto, los hilos de un grupo de hermanos mayores que juegan con nosotros como jugaban los reyes en la Edad Media con las piezas del ajedrez. Ellos exponen las reglas, siempre en su beneficio, siempre en voz baja, sin que sepamos lo que ocurre en realidad ni cómo son esas reglas; sin posibilidad alguna de cambiarlas, engañados porque queremos seguir engañados o quizás porque aun sabiéndonos engañados no podemos dejar de estarlo. Nos hacen creer que somos libres, libres de pensar como queramos, de hacer de nuestras vidas lo que deseemos, porque tenemos posibilidades que antes nunca se tuvieron; libres para dedicar la vida a lo que consideremos más oportuno; libres de amar a quien queramos, de odiar a quien prefiramos, de marcar los pasos a seguir, de mover nuestra propia ficha por el tablero de la vida, como si las casillas ni existieran. Pero no. No somos libres. Ni siquiera al escribir esto estoy siendo libre. Solo soy la consecuencia de una lenta manipulación oculta. Solo digo lo que se espera que diga. Me muestro como una oveja, ya ni siquiera negra, mas roja si es preciso. En cambio sigo siendo una oveja. Poco importa el color. Las ovejas van todas donde guía el pastor a través de sus perros. Nos creemos distintos y somos productos del sistema.
 
Tal vez yo ya no escriba tanto porque estoy programado para dejar de hacerlo.