viernes, 13 de mayo de 2016

RECREOS LITERARIOS IPEP CÓRDOBA ABRIL 2016

       La semana del libro en Córdoba, se celebró en mi centro una actividad de esas que al terminar sabes que ha sido bella y única: los recreos literarios. Durante una semana alumnos y profesores se mezclaron en la sala de descanso del instituto con el fin de compartir lecturas al abrigo de unos dulces y de buenos sentimientos. Yo he participado y me podéis ver en el vídeo. Me puse nervioso, como pocas veces. Es impensable saber la reacción del cuerpo ante ciertas situaciones. En este caso, estaba tranquilo hasta que vi la cámara y el micrófono. En ese preciso momento, empezaron los temblores y el miedo, pero ¿miedo a qué? Ni idea. La cuestión es que, a pesar de que me veáis retorcido por el nerviosismo y hasta con la cara como torcida o contraída, lo disfruté mucho. Espero que os gusten las recomendaciones literarias que se hacen y que os anime a leer alguna de ellas.

                                                                              

Porque, como digo al final del libro, los libros forman de alguna manera parte de mí, como si fueran una segunda piel protectora.

    

miércoles, 4 de mayo de 2016

La tortura según Semprun

En Ejercicios de supervivencia, Jorge Semprun habla del horror de la tortura.
Corrían los tiempos de la Résistance en Francia, durante la ocupación nazi, y en París los miembros de este movimiento tenían que hacer frente a menudo a la terrible tortura ejercida por la Gestapo francesa y, aún más horrorosa, alemana. Jorge comenta en su libro los tipos de tortura y las sensaciones que él padeció a manos de aquellos que se hacían llamar el orden. Matracas, permanecer colgados de un hilo fino, arrancar las uñas de los pies... y cosas mucho peores, como la asfixia por ahogo: Jorge narra la fatídica experiencia de sufrir las primeras torturas y de perder casi el conocimiento cada vez que sumergían su cabeza en una bañera llena de basura, excrementos y agua sucia. Todo con el fin de que delatara, testificara, dijera lo que jamás diría. Porque si algo le quedó claro de aquello es que en el momento de una tortura, la persona torturada, que calla y guarda localizaciones, secretos, nombres, es la más sublime forma de fidelidad humana. 

¿Quién es capaz de soportar la separación de la conciencia y el cuerpo? ¿Quién además sufre por otros lo insufrible?

Sin duda debe ser algo tan lamentable, tan humillante debe ser verse golpeado, reducido a saco de boxeo, a nada... mientras a tu alrededor las caras sonríen y disfrutan del dolor ajeno. Semprun lo cuenta guardando tan bien los silencios y despertando las imágenes que he sentido el dolor de lo que no he vivido. 

En una conversación que mantiene en el libro con un camarada, este último le confiesa que no se puede ser humano por completo si no has sufrido tortura, porque no sabes lo que es el dolor real, ni cuáles son los límites hasta los que un humano es capaz de llegar. Semprun no comparte esta opinión, al igual que no comparte otra idea que surge en una de sus lecturas sobre las secuelas de la tortura. Él no creo que el torturado ya no se siente cómodo en el mundo y que padecerá eternamente el sufrimiento y el odio por la humanidad salvaje. No. Él cree que el que se sale de la humanidad y deja de estar cómodo en el mundo es, sin duda, el torturador que sobrevive, todos aquellos que han visto la cara de la muerte en los ojos ajenos.

Y leyendo esto solo me invade constantemente una pregunta: ¿Cómo podemos llegar a ser así de crueles?