jueves, 26 de abril de 2012

Tu presencia

Pensar en el mañana,
en una caricia, en un futuro,
cruzar la calle transitada,
cruzar el fuego, la llama,
para saborear cerca tu mirada,
el aroma de tus ojos,
el amanecer de tu pupila,
la caricia sensible,
el despertar, un flujo
exhausto, que no acabado,
el inicio de lo que será,
el inicio de lo que era,
cruzar el puente quebradizo
del tiempo, la distancia,
encontrar al otro lado
lo que ya sabías
lo que habías degustado.
Platos suculentos,
                           tus carnes,
Jugos excelsos,
                        tu boca,
saliva, sudor, lágrimas,
                         emoción.
Cruza el umbral,
la puerta de ese coche,
no sin antes bajar el cristal,
cruzar miradas, labios,
                       luces,
esnifar tus poros,
                        tu presencia,
y no olvidar nunca
que cuando te tengo cerca
todo mi mundo volátil
solidifica con dulzura sus aires,
la soledad se enmienda.

domingo, 22 de abril de 2012

Incomprensible

Pienso en el pasado,
en el preciso instante
en que hace un año
mi vida vistió la ropa de otra función.
Y ahora un espejismo
que se rompió de repente,
cayó la piedra de la nada,
golpeó el cristal de la ilusión.
El corazón tornó fuego,
la familia de paraíso a infierno
y sucedió el desconsuelo.
Leyó un mensaje incomprensible,
resbaló el pie en un charco inesperado,
el telón se quemó, la farsa ardió.

El público ya no aplaude
solo dispara podredumbre.

Los focos ya no brillan
alguien los ha quebrado.

El diálogo escrito en un papel
no es tinta, solo una mancha negra.

El escenario se desploma
sin la solidez de antaño.

Pienso en el pasado,
en apenas hace un año,
y descubro que en la vida
todo, todo, es cambio.

Día de campo

Encender el coche, deslizarse por la vieja carretera que bordea la vega para acto seguido realizar la incorporación oportuna a la autovía dirección Motril; camino simple hacia Salobreña.

Ayer fui a Salobreña, al cortijo con mis abuelos y entre jugos de naranja, golpes de azada virulentos contra la tierra seca y dura, risas cercanas abuela-nieto discurrió el paraíso delante de mis ojos. 

-Luisillo, mira cómo están los tomates. Mira las mandarinas, los pimientos, las uvas -dijo mi abuela con ilusión por tenerme allí-. Este año no ha llovido nada: cuatro gotas en octubre y cuatro gotas en Semana Santa. Y ¡mira qué bonitas están las azucenas! Mira esas qué hermosas. Córtalas, están preciosas.

Mi abuela me enseña cada vez que estoy con ella que, a pesar de todo, hay cosas que merecen la pena. La explosión de la naturaleza o el hecho de poder observar cómo crecen y maduran los frutos de un constante trabajo deben ser motivo de alegrías. 

-Luisillo, tráete una bolsa grande de esas que están entre esas cañaveras. Te vas a llevar habas, que aunque ya no es el tiempo y están más grandes y durillas están riquísimas; y te vas a llevar cebolletas frescas, limones ¡Qué limones más exagerados tenemos este año!, naranjas de sangre... ¿Qué más te puedo echar?  -mi abuelo, esta vez, está feliz de que esté con él y de enseñarme lo que me va a dar, porque sabe que para mí su fruta y verdura es única y que valoro lo que hace. Saberse apreciado le hace estar más contento. 

Las bolsas cargadas quedan depositadas en la mesa de la terraza. Comemos un potaje de habas. Está delicioso. Sonrío después de comer. Adoro a mis abuelos.  

El día pasa volando, transportado por la emoción de haberlo pasado tan bien en familia, y regreso de nuevo a Vélez-Málaga, algo desorientado. Creo que los cambios constantes me hacen estar vivo pero al mismo tiempo me desorientan. Suerte que las naranjas de mi abuelo sigan inmutables como una fijación directa a la realidad.

jueves, 19 de abril de 2012

Visión

Me asomo a la ventana desde mi nuevo emplazamiento y descubro un paisaje extraordinario. Desde el mugriento balcón vislumbro a la derecha el ondulado de las montañas, moteadas de verdes irregulares; al frente se aprecia detrás de un edificio lo que parece la línea del horizonte que se desliza sobre el mar azul; y a la izquierda escalan la ladera pequeñas casas blancas que dibujan un entramado memorable, muy parecido al del Albaicín de Granada o al casco antiguo de Salobreña. En la cúspide emerge como un brazo de piedra trabajada una ilustre torre rodeada de muralla, la fortaleza, creo que la llaman. Esta edificación será con toda probabilidad de origen árabe, incluso de épocas anteriores. Ya entre el manto de blancas casas y la coronación de piedra del castillo destaca el verdor de un cinturón de árboles, tal vez pinos o abetos, no puedo determinarlo desde esta distancia, menos aún sabiendo que soy un ciego en potencia, salvado por los avances de la ciencia, por unas gafas que me proporcionan una visión fracasada; una visión sin embargo suficiente.

Esto es Vélez-Málaga, un lugar familiar, un instituto que me da vida de nuevo, una etapa más en este discurrir.

Oigo voces solitarias,
silencios rebosantes de saber,
un teléfono que suena,
suena siempre al revés,
al revés parece la realidad,
real pero ajena,
unos labios lejanos,
una boca, una pena.
Sueño que eres sueño,
despierto despertando tu recuerdo,
y el aire juega con los sonidos,
tu voz, un fuego interno.


Soledad que no está sola,
soledad del que ve el jardín
del desconsuelo, un vergel
caído desde el cielo
asoma por mi balcón nuevo,
y la soledad triste implora
que llegue pronto un beso,
una caricia y el rozo de tu cuerpo
y que dure, dure, nuestro encuentro.


Sin internet

Ahora estoy trabajando en Vélez-Málaga... No tengo internet de ahí mi ausencia. Cuando tenga volveré por estos lares. Escribir es mi placer 3.

Un saludo

martes, 17 de abril de 2012

Placer del día: 2

El día que no haya agua y las duchas sean vestigios de tiempos mejores recordaremos el inmenso placer producido por el agua caliente que se derrama sobre nuestro cuerpo.

El placer de hoy ha sido esa ducha ardiendo que he tomado esta mañana. Caía el agua, me cubría el cuerpo de una fina capa de calor, un abrazo de la naturaleza y luego el vapor nublaba la realidad, la desvirtuaba, mostrando su cara verdadera, el cosmos vestido de caos. Entretanto la energía me entraba por los poros, me activaba tras horas de sueño, de largas pesadillas e inquietudes.

Una ducha de agua caliente, cuando hace frío, es un placer de dioses. Pena que acabarán siendo un placer de ricos, como ya lo va siendo dependiendo del destino cruel que nos hace nacer en un sitio u otro, marcando nuestra existencia de por vida.

Calor derramado en líquido,
vida que surge del abismo,
ojalá nunca desaparezcas,
porque tu ausencia será terrible.
Calor, calor aguado,
abrázame la piel 
y elimina el desagrado.
Placer cotidiano,
varias veces te he añorado.

domingo, 15 de abril de 2012

Placer del día: 1

Todos los días hay cientos, incluso miles de placeres diarios que pasan casi inadvertidos, de tan ausentes que estamos pensando en proyectos futuros, problemas, soluciones a esos problemas, amores, cuestiones filosóficas, comidas, amistades, etc. 

Hace apenas unas horas, mientras regresaba a Lucena he reconocido uno de esos placeres. A la altura de la Peña de los enamorados, cerca de Antequera, en el ocaso del sol y bajo un manto de nubes agujereadas, he visto, al mirar por el retrovisor, un enorme arcoiris. 

Esa luz de colores, enmarcada en el espejo retrovisor y ensombrecida por las oscuras nubes que le hacían de sombrero, ha sido uno de los placeres de mi día de hoy.

jueves, 12 de abril de 2012

Solo lo prohibido ofrece evolución

Estudiando el teatro francés del siglo XVII he llegado a una conclusión: lo prohibido a la larga ofrece posibilidades de evolución.

La mayoría de las obras más revolucionarias de Molière fueron constantemente prohibidas y todo porque hacía críticas de la sociedad, sobre todo de los burgueses, de los médicos y de las mujeres que buscaban una literatura "preciosa" y femenina. No voy a entrar en juicios del tipo esto me parece muy bien o opino que criticar a las mujeres de los salones es machista o tal. Cada cual que se forme su propia opinión que para eso tenemos juicio personal. 

La cuestión es que esto me hizo reflexionar y constatar que el ser humano ha evolucionado en el momento en que ha normalizado ciertas críticas, en el momento en que lo prohibido ha dejado de serlo por cambios ideológicos, por libertad, por avance.  

Lo prohibido deja de serlo cuando cambia algo, cuando se da un paso hacia adelante.

Y esto me llevó a pensar que el ser humano ha aprendido esta lección de una manera indirecta y eso explica que siempre tendamos a llevar la contraria a lo impuesto o que prefiramos hacer lo contrario a lo que nos dicen. Lo peligroso es sinónimo de aventura y, a la vez, una forma de mantener vivo ese espíritu, un modo de alcanzar el siguiente paso de la evolución, o quizás esté equivocado (cosa más que probable) y sea más bien un deslizamiento hacia abajo y una marcha hacia atrás.

En lo que no me equivoco es en el hecho de que somos opositores de las normas fijas. Solo las seguimos si somos tontos, como lo soy yo.

Una ruta clara

El placer tiene una ruta
determinada, novedosa,
primero cruza la puerta,
sube las escaleras,
accede a la vivienda,
al entrar gira a la derecha,
el pasillo es largo, espejo al final,
el fondo gira a la izquierda,
verás una hamaca, una estantería,
está la cama grande, otro espejo,
un armario y el blanco pintado con acierto.
Allí aparece la mirada,
un pelo negro amazónico,
labios gruesos, grueso todo,
manos fuertes, acaso delicadas.
El placer tiene una ruta,
una ruta hacia tu cama.

miércoles, 11 de abril de 2012

El certero testimonio

Como bien acabo de leer en la última entrada del blog de Antonio Muñoz Molina, el verdadero testigo de una guerra, por ejemplo, no es aquel que sobrevive para contarlo, sino el que por desgracia ha muerto al penetrar el tuétano mismo del enredo. Normalmente el que ha sobrevivido, no murió o bien porque tuvo un golpe de suerte o bien porque fue lo suficientemente astuto e inteligente como para no sobrepasar los límites de la prudencia.

En el fondo todos somos testigos de algún infierno, el nuestro propio, ese del que no podemos escapar y al que todos acabamos entrando sin reparo, porque nos habita y forma parte de nuestro ser. Así que aquí podríamos decir que somos certeros testigos de un infierno personal, tal vez el que sea más real de todos; los otros muy sufridos y ajenos son muy duros, pero ¿no podrían ser una terrible pesadilla?

Porque como la misma palabra dice el infierno, palabra procedente de infernus, es lo que está dentro, en el interior. Dentro de nosotros está el calor, las pasiones, las emociones, la ansiedad, prácticamente todo lo vivo, salvo la piel... y curiosamente la piel es la que ofrece todos los testimonios: una cicatriz de lucha, una arruga del paso del tiempo, una mancha producida por el sol, el enrojecimiento consecuente del rozo con tu piel áspera, etc. 

Releo y entiendo que me contradigo en muchos aspectos; quizás porque en el fondo todo es una mezcla de caos y cosmos, una eterna contradicción. En cualquier caso, sostengo todo lo arriba expuesto.

Infierno interno
resume la vida,
nos deja sin aliento,
narrado por aquel,
aquel que solo sintió
su cálido viento.

¿Qué nos habrían contado todos aquellos que perecieron en un campo de concentración? Pensarlo me eriza el vello del cuerpo y me produce un pavor descomunal, tan terrible como el infierno que se enciende en mi pecho cuando menos lo espero.

martes, 10 de abril de 2012

La luz

La luz es una idea insospechada,
una ráfaga de viento, un chispazo,
un se-acaba, una intermitencia,
palabras surgidas de la nada.

La bombilla siempre presente,
antes no vista, o vista como si nada,
de repente convierte la brisa
en edificios de aires condensada.

Entré en el baño del cortijo,
miré el espejo destartalado,
oí el brinco de un conejo,
giré la cabeza y vi el reflejo,
la idea que ilustraba el desconcierto,
cayeron luces desde el techo,
una bombilla, un acierto,
y como en un dibujo animado,
brilló en mí la imagen congelada,
encendí el móvil, activé la cámara,
capté el momento lento,
la idea construyó la foto esperada,
entonces callé, observé, sonreí
y este poema pobre quedó cegado ante mí.

La luz es un impulso neuronal,
una bombilla, ¿acaso no es verdad?

Empieza de nuevo la cuenta atrás

Hoy he vuelto a la bolsa de secundaria y como sospechaba he empezado cerca del puesto 20: el 18. A lo largo de la mañana he bajado hasta el 14 en la general. Curiosamente, por provincias estoy el 8 en casi todas, excepto en Sevilla que estoy el 12. Algo que no entiendo.

No entiendo cómo puedo estar por provincias más abajo que en la general y esto es algo que no he entendido nunca ni llegaré a entender.

Así que hoy empieza la cuenta atrás y entretanto me dedicaré a estudiar, creo. Digo creo porque la tónica actual que están tomando mis días no discurre en esa dirección y todo parece más una temporada bajo un sol cálido de septiembre, sentado en una amplia balaustrada enfrente del inmenso mar. 

Estoy vago, flojo, vacío, perdido en el azul de esta mañana...como dice la canción de Rosa lópez. Perdido porque me balanceo en las ondas de un mar lleno de corrientes, dormido, sin saber hacia dónde me dirijo exactamente.

Seré de nuevo profe, ¿verdad?

lunes, 9 de abril de 2012

Culminación de la pérdida

Ayer parece que fue la culminación de la pérdida.

Regresé a Lucena por la carretera nacional, en lugar de mi habitual trayecto por autovía, y de repente me vi en mitad de un laberinto de olivos y pueblos blancos enclaustrados entre montañas. En un momento dado, debo confesar, me sentí angustiado y mi imaginación comenzó a trabajar. 

Por el camino imaginé batallas entre moros y cristianos, fui testigo de ríos que se elevaban en forma de serpiente y me engullían, vi montañas que expulsaban nieve y un sol enorme que se diluía sobre el mar de olivos como agua derramada de un vaso roto. Me sentí como un Quijote cuyo Sancho Panza no podía ser otra cosa más que mi coche.

Al mismo tiempo iba pensando en mi incierto futuro y, por consiguiente, iba leyendo los letreros de los pueblos e imaginando cómo sería mi vida en uno de ellos o que me llamaban para trabajar en Alcalá la Real. Esto último me pareció una idea fabulosa, viendo ese castillo amurallado tan hermoso y el entorno me sentí atraído por esa vacua idea.

Entonces llegué a Espejo, pueblo de Virgilio, me detuve a la vera de la carretera y entré en un bar, después de haber hablado con mi madre. Pregunté el camino hacia Lucena y me dijeron que debía desviarme hacia Montilla (más recuerdos de Virgilio y de Pau) y así hice. Entre olivos y pequeñas extensiones de viñedos, bebí las secas lágrimas de mi cuerpo, hasta que al fin alcancé la autovía y llegué a Lucena.

Ahora estoy aquí, perdido desde ayer, un lunes sin trabajo, de nuevo desempleado, sin haber sido añadido de nuevo a la bolsa de trabajo, sin saber cuándo me llamarán ni nada. 

Sol que ayer me cegabas,
muéstrame el camino,
dame alas.

domingo, 8 de abril de 2012

Semana pasada por recuerdos e incertezas

Hoy es domingo y se pone fin a una semana extraña, muy cargada de cosas y repleta de sentimientos contradictorios. Pienso que hace una semana estaba pensando en Salobreña, en todo lo que estudiaría, en que vería a amigos después de un tiempo sin coincidir con ellos, en que estaría con mis abuelos, con mi madre y mi hermano, etc., una semana completa esperaba y lo ha sido. 

Ha sido una semana buena, pero no magnífica.

Desde el lunes hasta el miércoles fui a la biblioteca todo lo que pude por la mañana y por la tarde. Estudié tres temas y leí uno más. Es menos de lo que hubiera esperado, pero mi capacidad intelectual y mi memoria son escasas y debo conformarme con lo que tengo. Hablaré un poco de la biblioteca de Salobreña. Es un lugar viejo, vacío, con ruidos extraños, luces parpadeantes, un hombre barbudo sentado junto a los aseos y conectado con su ordenador, un anciano que llegaba dando voces y hablando solo y una bibliotecaria rubia de pelo rizado que nunca está donde debería.

La biblioteca de Salobreña es un recuerdo del pasado que sobrevive en el vacío.

El jueves estuve en Granada, pasé el día con amigos, comí en un restaurante chino, reí, reflexioné, me inmiscuí en el alma de la ciudad, bajo su ligero manto de lluvia y luz grisácea. Con Agu y David, di un paseo muy mágico a la vera del Darro y hasta una fuente donde se leía algo borroso y apenas salía un chorro de agua fría. En este paseo he aprendido que no hay tres dimensiones, sino once, y que un paraguas o un banco no son realmente rígidos, sino que en cualquier momento pueden doblarse o desplazarse por los elementos que componen todo: neutrones y demás. No sé nada de estas partículas. De ellas recuerdo solo a un profe de 3º E.S.O. jugando con una tiza y a la vez mostrándonos una maqueta de plástico con bolas rojas, azules y blancas. 

El viernes comí trompitos y buñuelos de bacalao de mi abuela. Me pasé la mañana leyendo "Mago por casualidad", un gracioso libro infantil de Laura Gallego. El libro, por cierto, lo había comprado el miércoles en una librería de Salobreña que lleva años abierta y a la que nunca había accedido por indiferencia tal vez. La librería es fabulosa, desde mi punto de vista, es evidente. Fabulosa porque vende libros en francés y, sobre todo, porque tiene libros franceses de segunda mano, cuyo precio lo marca el mismo comprador. Así que me hice con "l'arrache-coeur", "Gargantua", "Poésie ininterrompue" por el módico precio de 8 euros. 

El Sábado, ayer, estuve en el cortijo de mis abuelos, respirando recuerdos, pureza, sol, gotas de rocío, cacareos, movimientos rápidos de conejos, carne al ajillo, despedidas, visiones encantadas de Salobreña y mar. 

Ayer conduje hasta Roquetas y por la noche me despedí de un amigo que ahora se marcha porque le ha salido trabajo en una empresa importante de informática. Comí un escalopín italiano con salsa de balsámico de Módena, guarnición de verduras cortadas en juliana, y de beber tomé agua mineral. 

La semana ha sido corta; eso es buena señal porque lo bueno se hace breve. Toda la semana no he dejado de pensar en mi futuro, si me llamarán pronto, si trabajaré lejos, si será algo largo o corto, si el destino quiere no alejarme del aliento que inhalo día a día en cierta voz y ciertos ojos. 

La semana acaba hoy y lo hace montada en un coche azul abombado con destino Lucena provisionalmente, sin destino fijado aún.

P.D.: Esta semana ha llovido algo, espero que siga haciéndolo, porque lo necesitamos. La naturaleza y el agua en particular son más importantes que una fe humana; le moleste a quien le moleste.

lunes, 2 de abril de 2012

Memoria, mal del siglo

La memoria es una puerta, que se abre al mínimo estímulo. Con esto no estoy descubriendo el mundo ni algo que no se sepa ya. Se abre la puerta y acaban recreándose momentos pasados, algunos reales y otros inventados o deformados por el tiempo y la imaginación. 

La memoria es el enlace más cercano que tenemos con el paraíso y el infierno, esos dos lugares extremos imaginados por el ser humano; lugares falsos, inexistentes. Ahora que nosotros somos los que debemos procurar recordar y resaltar más los paraísos pasados sin dejarlos convertir el presente en un infierno. Y por supuesto olvidar los recuerdos infernales, porque ellos mismos de por sí se hace notar con el terrible calor que desprenden.

Creo que el mal del siglo es la memoria. Tengo mis razones para pensarlo, pero no me apetece exponerlo aquí. Por una vez me guardo para mí mis razonamientos.

La memoria es una ría donde pasan demasiado tiempo los memos como yo.