domingo, 14 de junio de 2015

Locuras librescas

Mi mesita de noche parece un inicio de construcción de un rascacielos. Se me acumulan las lecturas y los libros alcanzan ya una altura que amenaza con asesinarme mientras duerma plácidamente. O no tengo tiempo o no sé organizarme el tiempo de una manera efectiva. Lo peor de todo es que yo sigo iniciando nuevas lecturas sin terminar las ya empezadas y esto parece ya un nuevo pecado capital: la bibliofagia, una especie de gula atragantada, que no sé detener. Algo negativo de esto es que además ya me cuesta discernir entre historias y tengo un popurrí mental de personajes, hazañas, tramas, ritmos... que no consigo diferenciar. Entonces ocurre que me pongo con uno de esos libros y creo mentalmente expectativas que imposiblemente van a cumplirse, porque las ideas e indicios que me llevaban a tal desenlace no son de ese libro, sino de muchos otros, con lo cual más perdido aún. 

Una locura transitoria.

Me temo que a este paso voy a desarrollar una locura transitoria, una manía librera cósmica y que voy a padecer el mal del Quijote, que de tanto leer enloqueció y se creyó dentro de esos libros que leía, ¿No? ¿Empezaré a ver a mis alumnos convertidos en sirenas de Ulises o en hadas madrinas? ¿Los pondré a todos en una torre de locuras en la que cada planta es una historia en sí misma? Casi que seguro van a ser protagonistas de una historia en la que los profesores hablan de ellos sin control, tratándolos de encefalograma plano, como ocurre en "Pires que les élèves", ese diario de un profesor francés que tanto me está gustando y sorprendiendo, porque se da el caso de que es la realidad... la sucia realidad.

jueves, 11 de junio de 2015

Ideas

No sé. Tengo ganas de escribir, pero no sé sobre qué. Es solo esa sensación de querer escribir, de volcar la voz interior en palabras líquidas. Pero qué os puedo yo contar.

Y me cuesta escribir. Uno consigue fluidez para la escritura cuando escribe mucho y parece que las ideas y las palabras van en una misma dirección, todas hacia una misma meta, la punta de los dedos. Al igual ocurre cuando se deja de escribir. Uno olvida, por falta de tiempo, que hay un espacio como este en el que descarga el torrente de palabras y cuando decide regresar ya sus dedos, sus ideas y sus palabras han perdido todo control y parecen salvajes de nuevo. ¿Acaso las palabras no son también entes que un día uno domestica y al día siguiente deja libres para que vuelvan al estado primigenio? 

Durante muchos años he soñado con ser escritor, con crear mis mundos o plasmar los que ya estaban creados en mi mente; he lanzado ensoñaciones que pensaba que podrían realizarse, imitando a un personaje que una vez ideé y que pasó toda su vida lanzando piedras luminosas al cielo para crear nuevas estrellas y que siempre fracasaba en su intento; he creído que lo conseguiría. Ahora soy cada vez más consciente de que todo es una fantasía manipulada por mi mente infantil. Tampoco pasa nada... uno no muere por sus ideas, en principio; salvo que la vida discurra en un espacio gobernado por la tiranía y la censura, donde las ideas son horcas para el que decide ser libre de pensar y expresar lo que opina. En cualquier caso, yo vivo de mis fantasías. Es más, no concibo un mundo sin fantasías, sin ideas. ¿Soy platónico por ello? ¿Practico el platonismo? 

Hablar de platonismo me trae a la mente una idea que tiene que ver con las interpretaciones que se han hecho y se siguen haciendo de los hechos históricos, de los escritos de la gente que una vez vivió y que por casualidad y azar han perdurado cual fósil mental. ¿Realmente las interpretaciones que hacemos son correctas? Hablemos, pues de Platón, al que le atribuimos una teoría de las Ideas, así con mayúscula, según la cual existiría un mundo de las Ideas y del que depende nuestro mundo: un mundo de modelos originales y otro de productos basados en esos modelos, por decirlo de alguna manera. ¿Quería él decir eso? Yo podría hablar de la importancia que tienen las ideas, pues las ideas son la raíz de un inmenso árbol que es la mente y sin la mente no entenderíamos el mundo o viceversa. No sé ya bien lo que digo. ¿Se me va la lengua?¿Se me escapan las palabras? La cuestión es ¿Platón no querría decir eso que acabo de expresar yo? ¿O hablaba literalmente de un mundo de las Ideas? No sabría contestar. Todo es interpretación, sobre todo las palabras. Solo él podría contestarnos, si viviera. 

Sea como fuere, yo quería ser algo que no será, pero soy alguien que trata de ser tal cual.