lunes, 30 de julio de 2012

Pensamientos

16 de julio fue el último día que escribí en esta presa de palabras líquidas. Parece increíble que hayan pasado casi dos semanas sin escribir absolutamente nada aquí. Lo que más me sorprende es que he entrado a diario en él para releerme, como si escribiera acaso obras de arte o algo digno de ser releído, y no he tenido las ganas de ponerme a teclear y dejar salir un poquito de agua caligráfica para depositarla en este pequeño cuenco cibernético. 

Que no haya escrito aquí no significa que haya dejado de hacerlo mentalmente. De hecho, mi cabecita loca no ha cesado en ese pesado empeño y ha acabado saliendo en forma de libros inacabados y preguntas para nuevas historias. Anoche mismo tuve un sueño completo, extraño y lleno de matices y aventuras, donde curiosamente yo no era uno de los personajes, sino más bien un mero espectador o el cámara que señala los planos y puntos de acción precisos; de resultas de ello nada más despertar he trazado un simple esquema de lo que en el mismo acontecía.

Asimismo, a falta de acción que no sean subidas de la prima de riesgo, desplomes de la bolsa, recortes y atentados contra el estado del bienestar, etc. yo mismo he buscado vías de escape, acción; no solo la que proporcionan los libros, sino también la lúdica, la que ofrece un juego en el ordenador, donde eliges a una hechicera y vas completando niveles y liberando adrenalina a cambio de una extracción de la realidad: enciendes el ordenador, introduces el cd y a jugar. Parece una estulticia por mi parte, una pérdida de tiempo, que vista la situación debería dedicar a la búsqueda frustrante y ansiosa de trabajo en un país donde se valora más a los ricos que a los pobres y donde el trabajo no importa a nadie más que a los pobres que lo sufren; que en nuestro caso preocupa a muchos españoles, casi todos, salvo los cuatro ricos que poseen la mayoría del dinero en paraísos fiscales. ¿Qué nos queda a la destruída clase media, otrora clase dinamizadora del país, ahora simples hormiguitas aterradas y caminando por un ligero hilo que lleva a un futuro más incierto que el propio presente?

Yo, como la mayoría de los jóvenes, estoy destinado al desempleo, tras las reformas y recortes en educación y, en consecuencia, puede que me vea obligado a buscar vacas más gordas que las que se encuentran aquí ahora; estas delgadas ahora, sin pastos verdes ni dueños que se ocupen de ellas. 

A pesar de todo tengo mis proyectos:

- literarios: Proyecto Lux. Proyecto Sinae. Proyecto Polis y proyecto Cajonera. Son cuatro historias largas que tengo desarrolladas en mayor o menor profundidad. 

-laborales: Si al término de mi subsidio por desempleo no he encontrado un simple trabajo, me veré obligado a abandonar este país con una mísera maleta y un mundo salvaje como destino. Me dieron las buenas mieles y ahora me las roban sin consideración, dejándome cual hormiga trabajadora que ve arder su reserva para resistir el tenaz invierno.

Hay planes, muchos planes; tantos como trampas y oscuridades se ocultan en el duro camino. Pero no estoy solo. No.

Para mi fortuna.

Y el sol volverá a deshacer las temibles nubes secas en jirones de esperanza y el mal será vencido como ha de ser. Somos dueños de nuestro destino y nos comeremos a las aves carroñeras, incluso si somos simples hormigas.

lunes, 16 de julio de 2012

Marot y el tiempo

Para el gran poeta francés Marot.

Marot pronto aprende
que no hay pasado glorioso
que se deteriore en el presente
ni fantasia que no se invente.

Tres años vieron sus ojos
las ruinas de la gran Roma
y con pena pronto quería
retomar la tierra de su patria.

Debió marcharse al glorioso pasado
para tornar la visión más realista
y reconocer que donde vivía
el presente era una delicia.

Francia, de decadente pasó a deseada
y el desdichado poeta prisionero
de una tierra antes ansiada 
no pudo retornar para su desgracia.

Es ahora él, aquel ilustre poeta francés,
un pasado glorioso, que vive en sus palabras,
donde no ha envejecido su espíritu,
ni su voz ha quedado ajada como tantas otras,
y él demuestra de esa manera 
que hay personas que sobreviven mejor,
mucho mejor que ancianos imperios.


domingo, 15 de julio de 2012

Parte contigo


Parte el autobús preñado de ti,
pero yo me marcho antes para no sufrir.

Hay un nudo de alambre en mi garganta,
la saliva no fluye por no poder pasar
y rebota hacia los ojos,
es la lava del volcán,
la pena de no saber el tiempo,
la hora en que tus pupilas absorban de nuevo
esas gotas, la saliva,
que ahora es lágrima de cristal.

Ayer caminaba con tu mano sujeta,
hoy solo llevo aire entre mis dedos.
No existe aquel soporte,
no existe ni un madero flotante,
que me saque de nuevo
de este mar salvaje que es la vida,
las corrientes que vienen y van,
ni siquiera el mítico delfín.

Se instala otra vez el presente,
pobre sensación repetitiva,
de recortes de aire,
de disminución del alimento,
de la vianda que nutre el alma,
una hambruna que reaparece,
una fuga que vacía el embalse,
que apenas hidrata los tejidos de mi cuerpo.

Es presente que vuelve a ser pasado,
un presente que se mantiene en el recuerdo,
en esa línea que discurre al paso de los cangrejos.

Es presente, el eterno pasado,
unas sábanas caóticas
por la danza del ritmo perfecto,
una caricia, una ilusión,
la utopía que todos ansían.

¿Dónde está aquello pasado?
¿Dónde queda la ficción?
¿Ocurrieron esas situaciones?
¿Fueron realidad?

El pasado engulle el futuro
por no poder el presente
revolcarse con el porvenir,
porque este ya no tiene sentido.

Abandona la estación ese bus,
es un lobo rojo, maldito,
o un dragón que roba
lo que era mío.

Se marcha volando, desaparece,
cruza las puertas azules,
y me ahorca con la cuerda
que me une a la presa que devoró.


Eso es pasado o solo un mito,
tu mirada en el fondo del precipicio.
Yo me lanzo al abismo si es preciso.
¿Pero acaso existo?

Te marchaste y desde entonces no sé nada,
no soy nadie, un muñeco de granizo.

lunes, 9 de julio de 2012

Abuela

Y es mirar esa mirada triste y ponerme sensible. 

Es temprano, incluso corre esa brisa fresca y húmeda de la mañana en la costa granadina. Salgo de la casa de mi abuela, a la sombra de aquel viejo eucalipto que protege del sol toda la calle. Hay un nudo, una tristeza, al saber que montándome en el coche tardaré tiempo en volver a mirar esos tiernos ojos, que me comen con solo mirarme. Observo su cuerpo delgado y acartonado, cada vez más viejo, más débil y siento pena, miedo; acaso el temor de que algún día, cada vez más cercano, llegue la guadaña invisible que corta el hilo de la vida y la aparte de mí para siempre.

Subo al coche. La perra dentro de su canasto gime, grita, chilla, tiene miedo o se ve desprotegida, quién sabe; pero ella se agita como cada vez que entra en aquel recinto diminuto que le sirve de transporte. Mi hermano se sube, tras besarla y abrazarla con energía, pero sin apretar demasiado el cuerpo de esa señora que es mi abuela y que tanto amamos. Mi madre le da dos besos suaves, casi intangibles en cada una de sus mejillas; no están acostumbradas, ni les gusta demasiado, ese tipo de afectos. 

Yo.

¿Yo qué hago?

Yo hago lo de siempre. La abrazo sin querer soltarla, mientras siento cómo la tristeza se nos enreda entre las gargantas (eso sí, sin demostrarlo, porque no hay que ponerse triste; al menos no parecerlo) y nos damos sendos besos de despedida.

Estamos tristes; ella más. 

Es verano y sabe que con el calor las visitas se distancian no solo en el espacio, sino también en el tiempo. Arranco el coche; no me queda otra opción. Es entonces cuando la veo más alicaída, ya tan débil que es incapaz de contener la pena de vernos marchar; pero aun así resiste apoyada contra la pared que queda de la fachada, en ese espacio entre la puerta y la ventana. Cruzamos las miradas y pienso cuántas historias habrán visto aquellos dulces ojos melosos, cuánta penuria, pobreza, enfermedades, alegrías, crisis, rebeliones habrán visto aquellos deslumbrantes ojitos de chocolate; cuántos horizontes otearon esos ojos; horizontes que parecían llanos y luego resultaron ser accidentados, inclinados, precipatados, peligrosos y decadentes; tal vez vieron rosas de italianos en una finca catalana o las profundidades de un enorme mar que acaso no hubiera nunca visto desde esa perspectiva. 

Vieron mucho y espero que vean más. 

Esta mañana he vuelto a verla triste y eso no me gusta nada. Las miradas que ya van siendo ancianas no merecen más que la alegría y la ilusión, para eso ya se cegaron por las sombras malnacidas del pasado tenebroso.

Qué haría yo sin esa persona, sin mi abuela.


domingo, 8 de julio de 2012

El de las manos de poeta

                                                       Para Agu.
Naciste con manos tejedoras
de palabras inusuales,
simples combinaciones
de ideas que mucho dicen.

Los libros te dieron la tela
que tu espíritu necesitaba
y con el tiempo supiste
cómo tenías que hilarlas.

Ahora te llegan los huecos,
los espacios en blanco,
crees que no puedes llenarlos
con dibujos de letras negras.

Miras, tras el viaje de la vida,
si aún queda cabida
para un presente repleto
de los frutos para el invierno.

Ves las pulgas que se reproducen
en tu aterciopelado y viejo pelo,
y ya no eres capaz de saber
si todo esto es cierto o incierto.

Te ocurre toda clase de malicias,
parece que el tesoro luchado,
merecido, nunca arriba,
tal vez la marea no lo comparte.

Llegan monedas de goma,
parece que con ellas no comerás,
pero no olvides, gran amigo,
que en ti hay mucho más.

Estudiaste y ahora luchas
por formar la construcción
y ves al pobre edificio
que crece con dificultad.

No olvides, camarada,
que el tejado y las yeserías
llegarán a tu vivienda,
las mereces y las tendrás.

Y ahora que cae la noche,
debes recordar, amigo Agu,
que si miras hacia el cielo,
te vas a deslumbrar.

No hay secreto en esta vida
que pueda yo contarte,
tú ya sabes de más.

Lucha, como siempre,
resiste, aprende, valiente,
y siempre sonríe.

jueves, 5 de julio de 2012

Poco aire

El verano incombustible andaluz
camina lento, lento,
arrastra los pies, llenos de heridas,
mientras deja a su paso hilos
de la sangre que ya es sudor.

Ignífuga desesperación me quema,
un incendio abrasador, que arde
en el bosque que era aire,
donde ya no queda ni ilusión.

Vuelve el suspiro que asfixia,
ese sentimiento tan destructor,
que como rayo refulgente
eclipsa a la par que fulmina.

Suda la esperanza,
aunque queda el amor,
solo eso dibuja estrellas
como perfuma el sol.

Luces o sombras,
grises que colman
y a veces vacían
la triste solanía.

Ya no queda bosque
verde, florido,
tan solo son brasas,
cenizas oscuras.

Desiertos sonríen sequedad,
carcomen la escasa felicidad
que fue el espejismo acostumbrado
del malparido hado.

Que acabe ya, por favor,
que acabe ya el verano,
que vuelvan los tiempos,
dulces tiempos de primavera.