viernes, 31 de agosto de 2012

Verano que muere en luz

Punta Entinas desde Cerrillos. Roquetas de Mar
Ay, Verano, que te vas, 
como un julio incendiario,
como un agosto mágico.

Ay, Verano, que te vas,
dejando un rastro de cenizas,
lloviendo solo sudor.

Ay, Verano, que te vas,
como una estrella fugaz,
como la ola del mar.

Ay, otoño, que vienes,
con tu tela de castaña,
con tu triste soledad.

Ay, Verano infinito, 
no corras tanto,
que el tiempo ha sido inventado
no para fugarse de la realidad,
sino para dilatarse hasta explotar.

Verano, mi verano telefónico,
mi estío variable, flor, sequía,
incluso angustia y desazón.

Que caiga la aurora, 
que estalle su color,
que el verano que pronto muere
me traiga el ámbar de tu calor.

Y que antes de verter su zumo
el sol nos regale cromatismo e ilusión.

lunes, 27 de agosto de 2012

Calma

Los Genoveses, P. N. Cabo de Gata
Un velero surca el transparente mar,
debajo parece acariciar las arenas,
profundas, aunque su claridad confunda.

Hay chumberas y pitas, flores endémicas,
camina el escarabajo que ya no tiene alas,
se deja llevar por la marea la medusa,
en su morado vive el veneno de la vida,
como la temperatura alterna de las olas,
o el movimiento incesante del pececillo.
Hay un sol de limón rodando por el cielo,
un azul relajante, arena fina arrastrada por el viento.
Cae la ropa, el bañador y te bañas por completo,
no solo hay agua, también luz, aire y besos.

Calma.

Hay remansos de paz en el fondo de esa mirada,
en la frialdad de la sombrilla o en la gorra blanca.
Se pierde la mirada, que cae por el precipicio
con suavidad, en el horizonte una gaviota,
una mosca en tu espalda, una avispa que viaja.

Calma.

Camina la noche poco a poco,
la luz del pueblo rebota en su oscuro manto
y una estrella fugaz de cola sonrojada se desliza,
corta la noche y me muda el alma, se eriza el vello,
estoy vivo y veo la magia.

Calma entre risas pasajeras o en la fresca orilla,
es todo ello una caricia del cuerpo al mundo,
del mundo al cuerpo.

Un velero palpa la superficie turquesa, el agua.

sábado, 18 de agosto de 2012

Un televisor visto hace muchos años

Subir la ligera pendiente pedregosa y cruzar el madero putrefacto, seco y astillado es algo que he hecho muchas veces, pasando por la antigua caseta de piedra encalada de un perro pasado a mejor vida, campos de aguacate, huerta de rosales, gladiolos y azucenas o la higuera que delimita la esquina de las alturas. Es lo que fue el cortijo de mis bisabuelos, ahora perteneciente a mi tía abuela.

Con una brisa que asciende desde el mar y cruza la ladera de la montaña, antaño cubierta de almendros, hogaño mar de plantaciones tropicales, ahuyenta el calor del ambiente y acaricia las palabras de una voz vieja pero segura, cuando habla de recuerdos o de cómo los niños de hoy no son como los de ayer ni la vida la misma, aunque parezca que la realidad ha dejado de caminar hacia adelante y haya empezado a deshacer los pasos dados. 

Mi tía está sentada en una silla descolorida pero cómoda gracias a su posadera de cuero enrojecido y todavía mullido. Tiene las piernas en alto, apoyadas en el bien llamado poyete, y con la mirada ausente y lejana me cuenta lo que decía su suegra, cuando se la llevó una temporada a su casa de Granada. "Niño, cómo cambian los tiempos y qué lento te hacen los años", dice. "Ahora hay cinco televisiones en la casa de mi hijo y antes, si acaso, había uno en una casa del barrio y solo había emisión a partir de las dos. Mi hijo venía a casa y encendía el televisor y, al marcharse, a veces olvidaba apagarlo." Lo dice con cierta nostalgia, con la sensación de que antes eran más inocentes, menos "listos". Estando ella con su novio (su posterior marido y el único hombre de su vida), aún creía que los niños venían de París. A veces se para porque necesita respirar. 

"Los años, que no pasan en balde". 

No pasan en balde para nadie ni nada, pero se convierten en toda una visión amplia de la vida. 

Recuerda las palabras de su suegra y sabe que todos acabamos siendo igual de torpes a los ojos de los jóvenes. No "torpes", inadaptados a los cambios en cierta medida. 

"¿Cuándo viene el niño para que me abra la ventana? Sale un hombre que me saluda y yo le saludo, es muy simpático y habla mucho.", preguntaba con una sonrisa en la boca. Preguntaba su suegra.

Aquella ventana era la televisión.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Modificaciones en el blog

Como me niego a matar esta bitácora y ahora mismo parece como muerta, he decidido modificar su aspecto, como el que se reencarna y al volver a la vida está en otro cuerpo y en otro lugar con nuevas posibilidades, este blog renace con un nuevo aspecto que se irá modificando conforme pasen los días, hasta que el susodicho que escribe se haga más experto en la materia y consiga darle a su bitácora el aspecto deseado. Por ello volverán las imágenes y los enlaces a otras páginas de la red e intentaré dinamizar más mi actividad en este lugar. 
foto extraída de  http://www.taringa.net/posts/imagenes/13953347/la-mejores-olas.html
Dejé de poner imágenes porque quería basarme únicamente en el objeto de la escritura, como tema principal del blog. Esto nació como una forma de dejar constancia de mi presencia en la vida, como terapia para vivir día a día, como una forma de transmitir mis pensamientos, de dar rienda suelta a lo que a veces aplasta mis ideas y a veces las llena de color, de música, de aromas; mi blog a lo largo de este tiempo ha quedado reflejado como una marabunta de entradas poéticas, ensayísticas, de autobiografía, de dardos reflexivos, de reseñas, etc. Diremos que se trata de un blog donde lo que prima es lo que sale de mi cabeza, inspirada por el mundo y las circunstancias del momento. Además de una forma que utilizo de practicar para mejorar mi escritura, ver mis errores, comprobar si produce en el lector lo que pretendo, entre muchas otras intenciones. 

Hay algo que muchos habréis apreciado: hay erratas. Escribo en ordenador con más fluidez mental que sobre papel, pero al mismo tiempo aparecen letras o erratas que dejo intactas. ¿Por qué lo hago? Como reflejo de la vida. Es sinónimo de todo aquello que no se ve en el momento, a pesar de haber estado delante todo el tiempo. Por eso no las corregiré, aunque sepa exactamente dónde están. Esta idea me la dio mi querida Eva y estoy completamente de acuerdo.

Comentarios recibo pocos, pero sé que tengo más lectores que leen y no comentan, lo cual ya es mucho. Especialmente tengo que agradecer las palabras que siempre me brinda Helmanticae Maria y a Agu, que hacen que sigan renaciendo mis ganas de no dejar caer este pequeño universo repleto de palabras líquidas. 

Así pues, vuelvo a la vida de las profundidades del océano que es esta red monumental para rescatar la parte líquida de las palabras.

Muchas gracias, lectores y amigos.

domingo, 12 de agosto de 2012

Un estado de facebook

Il était une fois un garçon sans passé, sans futur, car il n'avait même pas de présent. Était-il vivant? On ne saura jamais la réponse; car cela était une fois, une fois lointaine ou prochaine, vas savoir.


Este ha sido mi último estado en facebook. Lo traduzco para quien no lo entienda.

Érase una vez un muchacho sin pasado, sin futuro, ya que no tenía ni siquiera un presente. ¿Estaba vivo? Nunca tendremos la respuesta, porque esto érase una vez, una vez lejana o cercana, vete a saber.

Gusanos

Viendo mi blog podría decirse que este va muriendo poco a poco. Ya no tengo nada de lo que hablar ni ganas de escribir aquí. No hay prácticamente nada que me mantenga con ganas de hacer, de hecho, cualquier actividad. Desde junio en situación de desempleo y, sin cambios en el horizonte, se instala poco a poco en mi interior desazón, desesperanza, desgana, incluso tedio. Y el tedio es como un cáncer que se propaga por todo el cuerpo hasta que te acerca más a la muerte que a la vida. 

Estoy desaparecido.

Me dicen que estoy desaparecido y tienen toda la razón. Estoy escondido en el fondo de una vasija de cristal con el miedo en el cuerpo y la certeza de que esto cada día tiene menos sentido. No lo digo yo; es mi cuerpo el que habla. La energía se ha ido. Solo puedo sujetar una balanza con dificultad y ver cómo las penurias se codean con Tánatos, al tiempo que el lado de la luz se ve invadido por las tinieblas y lo que debería permanecer horizontal está cada vez más inclinado por el lado equivocado.

Esto es una mierda; así de claro hablo. 

Nacemos llorando y el resto de la vida vamos caminando a ciegas. Chocamos con las ramas de los contorneados árboles o tropezamos con la maleza. El tiempo sigue avanzando, recordamos el pasado, porque parece siempre mejor; al menos es más certero. Crecemos, conocemos a gente interesante, a otra menos. Vamos trazando nuestro camino con lo que parece una tiza. Queremos vivir bien. No nos gustan los problemas por naturaleza. Aparece la tranquilidad a veces; la calma que gobierna la infancia. Digo infancia como concepto, no como los primeros años de vida; porque no todos han podido conocer esa idea primigenia. Se da el caso de que en ocasiones las personas nacen pequeñas pero, por razones externas, deben ser grandes y casi pasan por alto lo que debería ser punto de partida para el futuro: la tierna infancia.

Infancia.

Y a este le sigue el sufrimiento. Nadie quiere sufrir y, sin embargo, la mayoría sufre. Como las gotas de la lluvia, por más que se quiera permanecer en las frías alturas, desde donde se divisan paisajes más o menos atractivos, una gota está destinada a precipitarse a tierra. La misma tierra que tarde o temprano se nos meterá por todos los orificios y será nido de los gusanos en que nos convertiremos. 

Somos gusanos. Gusanos desnudos, tiernos, escurridizos, destinados a la oscuridad y a vivir aplastados.

Gusanos.

Un gusano que se esconde en esta tumba soy. Aunque intento ser una mariposa o una libélula, creo que los tiempos del vuelo ya han terminado.

Mi blog está muerto. Tan muerto como mi alma. Igual de fallecida que la vida, que siempre perece. 

A pesar de los escasos puntos de felicidad y esperanza, no sé si podré seguir.

P.S.: Gracias a los que están ahí.