domingo, 12 de agosto de 2012

Gusanos

Viendo mi blog podría decirse que este va muriendo poco a poco. Ya no tengo nada de lo que hablar ni ganas de escribir aquí. No hay prácticamente nada que me mantenga con ganas de hacer, de hecho, cualquier actividad. Desde junio en situación de desempleo y, sin cambios en el horizonte, se instala poco a poco en mi interior desazón, desesperanza, desgana, incluso tedio. Y el tedio es como un cáncer que se propaga por todo el cuerpo hasta que te acerca más a la muerte que a la vida. 

Estoy desaparecido.

Me dicen que estoy desaparecido y tienen toda la razón. Estoy escondido en el fondo de una vasija de cristal con el miedo en el cuerpo y la certeza de que esto cada día tiene menos sentido. No lo digo yo; es mi cuerpo el que habla. La energía se ha ido. Solo puedo sujetar una balanza con dificultad y ver cómo las penurias se codean con Tánatos, al tiempo que el lado de la luz se ve invadido por las tinieblas y lo que debería permanecer horizontal está cada vez más inclinado por el lado equivocado.

Esto es una mierda; así de claro hablo. 

Nacemos llorando y el resto de la vida vamos caminando a ciegas. Chocamos con las ramas de los contorneados árboles o tropezamos con la maleza. El tiempo sigue avanzando, recordamos el pasado, porque parece siempre mejor; al menos es más certero. Crecemos, conocemos a gente interesante, a otra menos. Vamos trazando nuestro camino con lo que parece una tiza. Queremos vivir bien. No nos gustan los problemas por naturaleza. Aparece la tranquilidad a veces; la calma que gobierna la infancia. Digo infancia como concepto, no como los primeros años de vida; porque no todos han podido conocer esa idea primigenia. Se da el caso de que en ocasiones las personas nacen pequeñas pero, por razones externas, deben ser grandes y casi pasan por alto lo que debería ser punto de partida para el futuro: la tierna infancia.

Infancia.

Y a este le sigue el sufrimiento. Nadie quiere sufrir y, sin embargo, la mayoría sufre. Como las gotas de la lluvia, por más que se quiera permanecer en las frías alturas, desde donde se divisan paisajes más o menos atractivos, una gota está destinada a precipitarse a tierra. La misma tierra que tarde o temprano se nos meterá por todos los orificios y será nido de los gusanos en que nos convertiremos. 

Somos gusanos. Gusanos desnudos, tiernos, escurridizos, destinados a la oscuridad y a vivir aplastados.

Gusanos.

Un gusano que se esconde en esta tumba soy. Aunque intento ser una mariposa o una libélula, creo que los tiempos del vuelo ya han terminado.

Mi blog está muerto. Tan muerto como mi alma. Igual de fallecida que la vida, que siempre perece. 

A pesar de los escasos puntos de felicidad y esperanza, no sé si podré seguir.

P.S.: Gracias a los que están ahí. 

4 comentarios:

  1. Muy negro te siento,y me entristece. Siempre hay momentos bajos o muy bajos, pero como el avis inmortalis siempre hay que resurgir de las cenizas...y tú eres un avis inmortalis.
    Este blog aún tiene algo de verde en sus letras sobre el fondo negro-gris, y sé que cuando vuelva de mi ausencia por internet, volveré a encontrarte. Te mando toda mi energía.

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    1. Gracias, ya noto tu energía. Espero ser esa avis immortalis y que me halles por aquí a tu vuelta de las vacaciones. Disfruta mucho, que lo mereces. Un saludo, Helmanticae Maria.

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  2. Profundo desasosiego produce leerte. Quiero pensar que es un mal día, que todos los tenemos. La indolencia sólo lleva a la nada, y en la nada todo es oscuro y frío. Eso no te pega a ti. Volverás a escribir y a encontrar un camino. A veces la senda se pierde por entre los árboles del bosque o se hace impracticable por la maleza, pero con paciencia al final el camino siempre aparece.

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    1. No te preocupes; solo fue aquel día como un cúmulo de desesperanzas y cierto tedio que a veces se instala en mis venas. Por fortuna, la desnudez del gusano no es eterna y las inclemencias tampoco. Estoy vivo y los gusanos todavía no serán la carne de mi cadáver.

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