martes, 30 de agosto de 2011

Dos cartas espontáneas

"ya sos mayor de edad
     chau pesimismo " 
(Benedetti)

Estimado Mario Benedetti:

¡Qué inteligencia la tuya! Mandar a la mierda al mismísimo Pesimismo fue una gran idea. Todos lo intentamos, pero nadie como tú. Asestarle una bala de palabras versificadas, con música, debería haber bastado para acabar con él. Pero no. Las palabras se ve que no agotaron la fuente inagotable que lo alimenta. ¿Se fue por un tiempo de tu lado? Eso no lo sé. No puedo saberlo. Pero mis sospechas me llevan a creer que no fue el caso. Eso sí. Fue un ejercicio inteligente, astuto, tanto que ahora que te leo, tengo ganas de intentar insuflarle un somnifero mortal. Y entretanto, no puedo evitar preguntarme cómo demonios elaboro tal bebedizo criminal y en qué momento surgió ese sentimiento. 

Un saludo atrasado.
Jose


Puerco Pesimismo:

Háblame, cuéntame en qué momento naciste, cómo, cuándo y por qué. Te cuestiono y callas como todos los cobardes. Cierras ese piquito de mierda que nunca calla para no responderme. Te busco en la Antigüedad, cuando todo se originó y no encuentro el Dios griego que te representa, lo que me impulsa a creer que los griegos que inventaron la tragedia no vieron en ti el alcance suficiente para ser divinizado. Pues muérete ya, entonces. Perece ahogado en tu propia mierda, en el tufo amargo de tu garganta y calla definitivamente. 

Ya no eres mayor de edad, como te dijo Benedetti, ya eres un vejestorio no divinizado, mortal, por tanto. Ya pasaste la tercera edad y entraste en la edad del Hades, así que fúndete en sus vapores caldeados y olvídame. Olvida a todos. Ya nadie te necesita. 

Una patada en la boca.

Jose 

lunes, 29 de agosto de 2011

Poder

Todo lo que nos ocurre, solo nos sucede porque desde dentro se recibe la ocurrencia como tal. Si somos capaces de hacernos daño hasta los límites de la depresión extrema o el suicidio, somos igual de capaces de localizar la mayor de las felicidades de un solo vistazo. Todo está dentro, en esa especie de química que unas veces arde con llama negra y otras con llama blanca. Es esa química la que nos mueve, la que hace que las cosas ocurran. 

Que alguien se muere, esa química nos hará sentir pena y una amargura profunda. Ahora bien, si la química convierte el estímulo de la muerte en energía positiva, solo será un hecho más.

Que vivimos el desamor, esa química arderá con fuego negro y de la espesa humareda nos ahogaremos. Solo si la química ve oportunidades en ese desamor, quemará con humo pulcro y sano.

Y así siempre. La pena sobreviene por el hecho de que esa química no se controla y de que si queremos llegar a dominarla, hará falta una energía capaz de lanzar el humo negro lejos de nuestro ser.

Yo me lo he propuesto. No quiero que las curvas de la carretera me tienten a precipitarme. Se acabó. Es hora de que el humo sea blanco. ¡Ya se caiga el cielo! El Céfiro me acompaña.

jueves, 25 de agosto de 2011

Ensayo sobre la ceguera

Leer "Ensayo sobre la ceguera" me está recordando la angustia que se puede llegar a sentir cuando se pierda la vista. 



Me sucedió una vez algo curioso y agobiante. Me acostumbré a dormir con antifaz porque la luz me molestaba demasiado y ocurrió que un día me desperté y me puse las gafas, como ya es habitual en la rutina. Para quien no conozca la sensación del miope, cuando te despiertas el mundo está borroso y al ponerte las gafas la realidad se aclara de repente, como un cristal sucio que acaba de ser limpiado. Pues me ocurrió que aquel día la realidad siguió igual de turbia. Me froté los ojos y me coloqué las gafas de nuevo, pero nada cambió. Asustado, fui directo al cuarto de baño y me lavé la cara con cascadas de agua. Pero nada. La visión siguió sucia. Pasé toda la mañana y parte de la tarde medio ciego. Sentí angustia; si hubiera perdido la visión por completo y la oscuridad formara parte de mi vida, no sé el estado en el que podría encontrarme. Por suerte aquello se pasó. Reflexioné al respecto y saqué la conclusión de que el antifaz había estado oprimiendo el ojo duranta tanto tiempo que este se había deformado y de ahí que la visión se deformara, hasta que este volvió a su estado original. 

De todos modos, la ceguera de la que habla la novela es más profunda que la propiamente dicha: la ceguera, diré física, puede o no tratarse y aceptarse porque es un problema orgánico. La ceguera de la que habla Saramago es más triste, la de quien es incapaz de ver la realidad que tiene enfrente. La que yo he padecido durante mucho tiempo... Por eso me está gustando tanto el libro y sus reflexiones.

Por cierto, el cuadro de Pieter Brueghel, "La parábola de los ciegos", que forma parte de toda la cubierta es simplemente sorprendente y tan real...

Veneno

Vuelve el veneno diluido en jugos gástricos, el odio y la desgana. Si nadie puede hacer nada por mí y yo mismo no puedo, solo veo una solución. Y ya se sabe que todas las soluciones no son buenas. 

Veneno que viene
Veneno que va
remueve entrañas
me hace llorar.
Desesperado, no puedo
continuar en velo.
Levante bochornoso
que me llevas al mar
ahoga mis problemas
o hazme respirar
y expulsa desgracias
males, pesadillas.

Veneno que viene 
veneno que va.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Placeres

Hay placeres que solo ofrece la rutina. ¿O acaso no es un enorme placer oír la melodía y la letra de una canción antes de que la pista haya cambiado?

Es lo que sucede cuando uno ha escuchado muchas veces un mismo cd.

martes, 23 de agosto de 2011

Un paseo por la "romanilla"

Paseando por la romanilla percibo tres olores: algas, salitre y antigüedad.

El paseo se acaba, comienzan las salinas y los sentidos se disparan. Caminando la nariz se llena del olor de la muerte; las algas acumuladas junto a las salinas, que se pudren. Sabes entonces que estás muy vivo, porque tu cuerpo no desprende ese aroma pestilente. 

Cuando el viento sopla, que hoy lo hace a ligeras rachas, acosa el cuerpo con el salitre e inunda las fosas nasales con su exquisito aroma, a fresco. 

Y no solo eso, en el camino aparece un olor más potente, de esos que atraviesan hasta el cerebro, el cuerpo y cualquier poro que pudiera estar obstruido. Paseando se descubre que en las piedras de la cañada hay trocitos de cerámica, mampostería, etc. Lo que no se ve, se percibe y lo que las plantas, arbustos, cañaverales, palmerales ocultan no es otra cosa que lo que una vez fue vida. Lo que parece a simple vista una montaña de escombros es mucho más, el pie de una torre derruida. Lo que parece un cambio en la orografía de la orilla es el resto de un antiguo puerto romano. Porque la "romanilla" es un cementerio de edificios romanos sepultados misteriosamente hace mucho; es lo que queda tras el paso de una probable riada.

Paseando por esta playa, uno puede pensar y sentir esto que yo he sentido o sentir muchas otras sensaciones. Porque el paseo no siempre es el mismo, donde yo percibe olor a salitre otro podría haberse fijado en la belleza de la bahía de Almería y habría prestado más atención a los acantilados de aguadulce-enix, a un mar de montañas que cualquier desconocedor de la zona podría confundir con las costas africanas y que, sin embargo, es un tesoro de la provincia, un cabo de gata asombroso. 

Paseando por esta playa, otro podría no haber siquiera reparado en el entorno y haberse fijado más en la orografía de la piel de su acompañante o en el dulce aroma de su cuello. Porque el camino depende del momento, de si se hace en solitario, en pareja o en grupo. 

Paseando todo es posible.

domingo, 21 de agosto de 2011

Identidad

Saber quién eres es esencial para alcanzar el estado más cercano a la felicidad. Tener un problema de identidad, en cambio, equivale a arrastrar un saco demasiado pesado; es un esfuerzo constante que lleva a adelgazar, perder ganas, pensamientos suicidas, pesimismos, etcétera. 

¿Sabéis quiénes sóis? Pues sentíos afortunados.



?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?¿?
Ahora mismo me estoy acordando de mi conjuro para eliminar las dudas. Y como todos los conjuros no funciona y las dudas siguen creciendo y multiplicándose. ¡Es tan dura la vida!


sábado, 20 de agosto de 2011

Un dios perdido

Después de leer un artículo de mi blog preferido, acabo de aprender el origen etimológico de una palabra que apenas pronuncia mi garganta, que ni siquiera mi mente reproduce normalmente: entusiasmo. 

El entusiasmo equivale a poseer dentro un dios, una energía divina, una racha de fresco ánimo. Soy ateo, no creo en dioses ni en nada que sobrepase la realidad tangible de los sentidos. Sé que estos son engañosos y que de ellos no te puedes fiar lo más mínimo. Son mentirosos y nos transfieren la realidad a su manera; pero prefiero creer en algo que me engaña, porque al engañarme me está mostrando algo de verdad, que creer en algo que no se manifiesta, que ni siquiera engaña, porque no existe.  

Mi entusiasmo perdido hace ya mucho significa entonces la fuga precipitada del dios que debiera habitarme, ¿no? Pues sí, ese dios escapó, por no decir que fue expulsado a golpe de libros y escobazos y no le he permitido que vuelva a mí. No lo quiero. Es más, lo odio. Y ahora que leo la etimología de "entusiasmo", me percato de que lo que en mí hay es lo que siempre debió haber y no ese dios que se supone que todos tenemos en ciertas ocasiones. En mí hay un ser humano, tan humano, que como tal es capaz de destruirse a sí mismo de dos plumazos y que, sin embargo, no acaba de hacerlo nunca. ¿Por qué? Porque es humano, porque es masoca y le gusta la vida tanto que es incapaz de pensar en perderla, aunque sea a golpes.

El levante me trae el bochorno, las horas fluyen imparables, mi perrita cambia de sitio sin parar, la tostada que me he comido hace un rato desaparece en mi estómago, la música suena de fondo... ¿Cómo no encontrar felicidad pura en cosas tan simples? ¿Para qué ese entusiasmo de origen divino? Me quedo con esto y con los arrebatos humanos.

Porque yo hace mucho que perdí un dios y muchos otros.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Sigues después de 75 años

Cuando yo me muera,
enterradme con mi guitarra
bajo la arena.
Cuando yo me muera,
entre los naranjos
y la hierbabuena.
Cuando yo me muera,
enterradme si queréis
en una veleta.
¡Cuando yo me muera!
                      (Lorca)


Pues te moriste, no cuando te tocaba. No fue la guadaña quien te arrancó la vida. La guitarra no se convirtió en tu compañía mortal, ni los naranjos o la hierbabuena fueron los aromas de tu muerte. Te hicieron preso, te arrancaron de la libertad con el miedo reflejado en tu mirada, en esos ojos que tanta belleza descubrieron. La bala temerosa y rastrera, si hubiera estado viva, habría desviado su trayectoria, por no acabar con la vida de un ser entrañable, de un clásico, de esos seres que solo por su arte y sensibilidad deberían haber tenido otro final, tu vida. Las arenas de no se sabe bien dónde no se apiadaron de tu cuerpo y con sus infinitos granitos diminutos rellenaron tu interior, escondieron tu rastro físico. Mataron a la persona. Terminaron con el cuerpo. 

Y sin embargo, sigues. Sigues ahí en tus palabras, en las fotos, en los poemas, en las entrevistas, en la historia, en los recuerdos de otros, en la cúspide. Tu voz no se ha apagado, incluso cuando los años pasaron, pasan y pasarán. Seguirás, porque la guitarra, que tú pedías que enterrarán contigo, quedo fuera bien escondida, donde las manos de tus asquerosos asesinos no pudieran tocarla ni degradarla ni siquiera acariciarla, porque tu guitarra era bien distinta a la típica, a la imaginada. Tu guitarra estuvo una vez en tu garganta y en tu corazón y ya te ocupaste tú mismo de ir salvándola, como si ya presintieras lo que podría ocurrirte alguna vez. La salvaste entre marañas de dulces palabras, entre dibujos, poemas, personajes, escenarios y rutas. 

Por homosexual, símbolo de la república, entre muchas otras cosas te asesinaron. 

¡Qué incrédulos! Creían que era tan fácil acabar contigo... Y ni asesinándote, lo consiguieron.

Y sin embargo, sigues. Sigues después de 75 años. 

Gracias, Lorca.

martes, 16 de agosto de 2011

Todo acaba cuadrando

"Coma se fosen as pezas dun complexo e intrincado rompecabezas, todo casaba de súpeto." (Sol de Inverno, Rosa Aneiros)


Que la vida es un complejo rompecabezas no es ninguna novedad, pero que todas las piezas acaban encajando si las observas con detenimiento es todo un acierto inesperado. Granada siempre significó un extraordinario puzzle que, sin que yo lo supiera, acabaría golpeándome los ojos con las piezas que yo no acababa de ver, de percibir, de descubrir. Y claro, si las piezas no las ves, el puzzle no llega a encajar. Pero, claro, las piezas siempre encuentran el modo de resaltar. Mis piezas comienzan a cuadrar y uno de mis rompecabezas esenciales, al que le faltaba una pieza, está acabándose de formar. Una de las últimas piezas que me faltaban, me golpeó de lleno con su presencia, una imagen voraz, repentina y como tal inesperada. 

Que la vida es un complejo rompecabezas no es ninguna novedad. La novedad surge cuando ese rompecabezas definitivo es horrible y no te parece acorde contigo, con la realidad. Pero claro, no todos tienen una Granada que al romperse arrasa con todas las imágenes utópicas imaginadas y mancha con su resistente jugo cualquier perspectiva que tuvieras del futuro, del propio futuro.

Mi rompecabezas es intrincado y nada novedoso; tan solo un cuadro que no se asemeja en nada a lo que mi cabeza había podido imaginar. Pero esto tampoco es una novedad, porque mi cabeza lo rompe todo. 

Surgiste de improviso,
para quemar(me-te) con tus alas,
y me dejaste perdido,
entre DOS aguas.
Desde entonces nado
de orilla en orilla,
en una extraña nada
de pasiones (a)sexuales.

viernes, 12 de agosto de 2011

Camino demasiado estrecho

Ay, el camino que cada día se hace más estrecho. Es más estrecho, aunque parezca que no. Me dicen que no es más estrecho, que es el mismo camino, pero yo no lo veo. Miro con insistencia y tengo la impresión de que, lo que antes había sido no ya un camino sino todo un horizonte abierto a la exploración, se está convirtiendo en una diminuta vereda, que circunda un acantilado con un enorme vacío a su lado. Me dicen que no, que no es otro camino, que no se está estrechando nada, pero se estrecha y el agobio me sobreviene con mayor frecuencia y sé que la llamada se hace más intensa: "Ven, ven, déjate precipitarte. No camines más. ¿Para qué?" La voz es algo tenebrosa y posee la tesitura propia de un susurro fantasmal. Y claro, la piel se me eriza al mismo tiempo que una leve energía me atrae hacia ese precipicio, y no puedo hacer oídos sordos y no prestarle atención, porque, en contraposición a la estrechez del camino, la tonalidad de la misma se amplifica. "Ven, ven. Cae". Y yo no quiero caer, pero sé que voy a caer. Y caeré, porque las piernas también comienzan a flaquear, de tanto camino, de tanta mala racha, de tan poco apoyo real. 

Brotaron las alas no hace mucho,
¿Por qué sembraste su semilla?
¿Para dejar encerrado en mí,
un corazón libre?
Libre como un potro salvaje,
salvaje pero en establo.
Dame ahora otras alas
y que la cabeza escape
de su terrible control,
                                                                                                   demasiado.
A caballo salvaje, prados libres
A corazón descubierto, mente descontrolada.
 

miércoles, 10 de agosto de 2011

Picio

"Eres más feo que Picio"

¿Quién sería este Picio que ha pasado a formar parte de una expresión tan conocida para representar la fealdad absoluta? 

A primera vista, podríamos creer que era algún personaje romano, porque el nombre parece romano. Sin embargo, si buscamos un poco en internet descubrimos que el tal Picio no era otro que un granadino con una curiosa historia. Según he leído, este personaje feo como pocos tras ser indultado de una pena de muerte por la sorpresa y la alegría perdió todo el pelo del cuerpo, de la cabeza, de los brazos, de las pierzas. Además, la cara se le deformó debido a una serie de bultos y quistes que le brotaron en el rostro. 

Así que ya sabemos quién era el tal Picio. El pobre se quedó tan feo que ahora forma parte de la fraseología española. Se vio que sufrió mucho el hombre, pero por lo menos ha alcanzado lo que cualquier guapo querría para sí mismo: su nombre es inmortal. 

Eso sí, peor suerte correrán los que sufran esta expresión, porque ellos siempre serán más feos que el tal Picio y jamás alcanzarán la altura de un inmortal.

martes, 9 de agosto de 2011

Starman

Imaginemos por un momento que una mañana os levantáis por un ruido que proviene de vuestro salón. Os acercáis al lugar mientras os desperezáis y justo al cruzar el umbral de la puerta os encontráis con alguien que no esperábais.

Un ente extraterrestre ha cruzado la atmósfera y, una vez en la Tierra, toma la estructura molecular del cabello de alguien enrollado en un album de fotos. El ente, que antes no era nada más que una energía que fluye, crece y crece hasta que adquiere el aspecto y la edad concreta del ser copiado.

Imaginemos por un momento que una mañana os topáis de repente con alguien que creíais desaparecido. Desaparecido para siempre, porque la muerte ya se lo llevó no hace tanto. El choque debe ser brutal. 

El ente os miraría con la misma sorpresa, pero con una curiosidad voraz. Querrá saberlo todo, aprenderlo mediante repetición. Tendrá una misión y deberá llegar a un lugar y en una hora en concretos, desde donde podrá regresar a su planeta. Ese ente os llenará de alegría, porque está lleno de inocencia, porque os podrá parecer más humano que cualquier otro humano, porque en el fondo es capaz de reconocer lo que a su especie le falta.

Imaginemos por un momento que una mañana, os cambia la vida. Ayudáis a ese ser extraño y a la vez tan conocido, tan perdido. En ese mismo instante, vosotros sin saberlo, habréis cambiado vuestro presente, vuestro futuro, y a cambio de vuestra ayuda, recibís un regalo; el mayor que podríais desear, sin siquiera haberlo solicitado.

No hay que imaginar demasiado, para eso solo hay que ver la película producida en 1984 titulada "Starman" y descubrir una película fabulosa y repleta de diálogos maravillosos. Al final, os sentiréis reconfortados.


lunes, 8 de agosto de 2011

La vejez de hoy no será como la de mañana

Los viejos de antes, nuestros abuelos, son tan fabulosos que se merecen todas las mejores palabras del mundo. Están tan llenos de sabiduría que es triste no prestarles atención. Son verdaderas vasijas de tradiciones y saberes escurridizos, que el tiempo y la homogeneización de la sociedad a la que actualmente nos vemos expuestos va borrando con cada muerte. Así al caer la guadaña sobre sus pieles cartonadas y arrugadas, se lleva en su cortante filo más que una vida. Mucho más.

Ayer mientras estaba en la playa me pareció enternecedor ver a una septuagenaria levantarse con una estaca de metal para hincarla con rotundidad en la orilla del mar. La miré con emoción, aquella señora de bambillo azul y gorrita de campo, que se movía en ligeros balanceos y con cierta dificultad. La miré con emoción y cierta sorpresa, porque, cuando comenzó a mover en el aire el anzuelo que acababa de atar a un hilo de pescar y lo lanzó con brío, se quedó de pie mirando y contenta. Al rato, algo había pescado. Lo sacó con tranquilidad pero sin cedar en su intento y, al final, se hizo con una presa fresca. Fue fabuloso.

Una bonita tradición que se perderá. Como se pierde tanto cada día.

Pena me da saber que mi generación será una generación de viejetes aburridos y tan poco semejantes a estos abuelos que la suerte me ha permitido observar. Ser un abuelo vacío ha de ser triste. Lo más triste de todo, ahora que lo pienso, es que quizás no llegue a ser ni abuelo, tan solo un viejo solitario, que es mucho peor. Mucho peor y más triste.


domingo, 7 de agosto de 2011

Al fin guardados

Esta mañana me he levantado con un temor. 

Miedo a que todas las palabras que llevo aquí vertidas pudieran colarse por algún sumidero. Por eso, he abierto a toda prisa el ordenador, lo he encendido y he copiado todas mis entradas. Ahora estoy tranquilo, porque sé que están bien guardadas. Tan solo me queda imprimirlas.

Pensaréis que vaya tontería. ¿Por qué tener miedo a que se pierdan esas entradas que no sirven de nada? Pues por una clara razón. En muchas de ellas he vomitado parte de mi interior, de mi conciencia. Ellas forman parte de mí y perderlas sería fusilar una parte mía. 

En total hay 80 páginas, aunque parezca que no. Espero que, aunque ahora me sienta algo vacío e incapaz de escribir sobre nada, pueda continuar llenando este blog con las palabras líquidas que desde octubre se acumulan desde la presa de mis pensa(senti)mientos.
Entretanto, pronunciaré unas palabras efesias:
"Aski kataski aasian endasian"

¿Servirán para devolver las palabras líquidas a mi disecado cerebro? El tiempo hablará alto y claro, como suele acostumbrar.

miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Por qué tener asco?

Leo mi última entrada y, viendo que desde entonces estoy bloqueado mentalmente, me pregunto si ese asco que sentía por la vida y que sigo sintiendo no sea un simple trámite hacia algo mejor o tan solo una época mala más, y, después de intentar buscar una salida a este asco, se me acaba de venir a la cabeza una palabra; una simple palabra, tan cotidiana como el día y la noche: rico.

¿Rico qué? 

Pues todo. En la vida hay tantas cosas ricas como asquerosas, así que solo por el placer de esas cosas ricas ya hay que sonreír y hacer frente a todo, porque todo lo delicioso es capaz de curar lo que es costroso. O al menos eso quiero pensar hoy. 

Bueno, veremos si esta entrada reactiva un poco mi cabeza.