lunes, 14 de enero de 2019

Reflexión del día 2

Poco a poco hace el pájaro su nido y a veces una simple brisa lo tira de las ramas y se destroza al caer al suelo, pero por mucho que esto ocurra a menudo, los pájaros no dejan de hacer siempre su nido de la misma manera, con calma, con constancia, con pulcritud.

lunes, 7 de enero de 2019

Reflexión del día

La gente debería pensar mejor lo que va a decir o escribir. Las palabras hacen mucho bien pero también mucho mal.

lunes, 31 de diciembre de 2018

Por un buen 2019

En breve termina 2018, un año que visualmente es bastante redondo. Como todo cambio debería ser un momento de reflexión y de análisis de todo lo acontecido. Si tuviera que ponerlo todo en la balanza no sabría decir si ha sido un buen año. A simple vista debería serlo, porque pasé un obstáculo que parecía que sería capaz de saltar nunca, superar las oposiciones. En cambio, lo que más ha abundado este año ha sido la ansiedad, el estrés, las decepciones... no ha sido un año repleto de felicidad, pero tampoco puedo quejarme, están vivos mis seres más queridos y en general soy feliz. Mirándolo por el lado positivo, han caído muchas máscaras y ha desaparecido de mi vida gente que pensaba que eran imprescindibles en mi vida, amigos que sin más se fueron, sin explicaciones, sin intención de solucionar lo que hubiera motivado su ida, sin ganas de tener una bonita amistad; también han caído las máscaras de aquellos que creía mi familia, personas que al final solo demuestran moverse por el interés, la búsqueda del interés pecunario, etc. 

2018 no ha sido el año redondo que me gustaría, pero tiene otras cosas buenas, no quiero más dramas en mi vida, como dice Alaska en una de sus canciones. 

Cuando llegan estas fechas siento una mezcla de tristeza y de alegría, una sensación de minuto de sliencio en el que vienen a la memoria imágenes del pasado, recuerdos de gente que murió, rememoranzas de tiempos ya pasados y pisados. Siempre me ocurre lo mismo, pero cada año la intensidad por dentro es mayor, un sentimiento un poco caótico, de remolido que todo lo sacude, como cuando se abre el tapón del lavabo lleno de agua y esta gira y gira y desaparece, como si nada. 

No sé cómo será 2019, si seré capaz de controlar mejor la ansiedad, si veré la suerte que tengo de tener la vida que tengo, de valorar las cosas por su lado positivo. Eso no lo sé, pero sí sé que voy a seguir intentándolo. Sé que intentaré ser cada día más feliz. Procuraré hacer feliz también a la gente que quiero y dejaré de sufrir por aquellas personas que me han hecho daño y que me harán daño. En 2019 seguiré disfrutando de esta aventura que es la vida. Leeré más libros que me trasladen a mundo mágicos, me pondré en la piel de personajes que vivirán experiencias de todo tipo, veré series y películas que me enriquecerán y sobre todo espero compartir momentos conmigo mismo, con la gente que quiero y me quiere, con mis amigos. Andaré, como siempre, a la procura del amor por la vida, en busca de nuevos objetivos, de nuevos retos, de nuevas victorias, porque la vida es eso y nada más, un ir y venir lleno de experiencias, de aprendizajes, de saberes. 

Por todo ello, brindo con champán virtual y agradezco a todos la pizca de sal que aportáis a esta aventura de la vida. Espero aportaros también ese toque de frescura que necesitéis.

Y sin más asuntos que tratar, os deseo un feliz 2019 repleto de felicidad. Y como regalo, este poema de Benedetti: 

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.
No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.  




Y después de todo, permitidme que termine esto recordando a mi querida Xena, que 2018 se la ha llevado para siempre físicamente, pero no de mi recuerdo hacia ella. Siempre te recordaré, mi chiqui. 

Feliz noche

viernes, 31 de agosto de 2018

Nueva aventura

En breve termina agosto y con él se marcha el verano. Un verano, por cierto, muy extraño; se me ha pasado volando, a velocidad supersónica. 

El verano empezó con mucha ansiedad y estrés, con conocimientos que me tenían la cabeza y el corazón a presión, como en una olla exprés. Un examen de oposiciones teórico y práctico agotadores, luego una segunda fase de defensa de programación y unidad que me remataron; cierto es que debo reconocer que por primera vez, a pesar de la tensión que exige un momento tan importante, disfruté de mi defensa, reí, hice payasadas y les demostré lo que es para mí la enseñanza, cómo soy yo como profesor y cuánto me importa que mi alumnado vaya adquiriendo poco a poco las herramientas que les permita ser ciudadanos plenos y los actores principales de sus propias vidas. Salí satisfecho, contento y, al mismo tiempo, desbordado por las inseguridades, la mezcla entre caos y cosmos, saber que había hecho bien mi segundo examen pero sentir que todo dependía de ellos, de aquellos compañeros que en ese momento eran tribunal. Y entonces llegó el verano para mí, pero no plenamente, siempre atento a la publicación de baremos, de listas, de aprobados, de destinos provisionales, definitivos... hasta que al fin supe a principios de agosto que estaré este curso en Roquetas; de nuevo en casa y, por fin, con tiempo para mí. Podría decir entonces que mi verdadero verano empezó a partir de la publicación de los destinos definitivos... No está mal, pero es verdad que tengo la sensación de que no he descansado mentalmente, de que me va a costar iniciar este curso... ya os iré contando. A partir de ahora volveré a escribir con más frecuencia. Será un ejercicio de escritura. Necesito recobrar este hermoso hábito, mi espacio de calma y tengo que decir que hay mucho de lo que escribir.
¡Que comience de nuevo esta aventura escrita en el papiro de mi vida! Saludos.

sábado, 10 de febrero de 2018

Cualquier excusa

Cualquier excusa es buena para venir aquí, para escapar de la obligación de estudiar, de construir el camino hacia la estabilidad. Cualquier excusa debería estar prohibida, porque al fin y al cabo es tapar la piedra que molesta, el escollo, lo que se pretende salvar. Cualquier excusa para no ponerme con la obligación de estudiar, de afrontar la debilidad de la memoria que no retiene, la fragilidad de las conexiones neuronales que no encuentran la fuerza suficiente para entretejer conocimientos que permanezcan hasta los exámenes. Cualquiera halla sin dificultad cualquier excusa para evitar padecer dolor, pena, tristeza, todo aquello que nos hace bascular y desear que la avalancha nos arrastre en su caída. Cualquier excusa...

Vuelvo a este espacio deshabitado, inhóspito ya, repleto de maleza que ha crecido por falta de cuidado, por menosprecio a cualquiera de mis pensamientos, de mis palabras. Regreso aquí para recuperar el aliento o quizás para ponerme excusas eternas y dejar que el tiempo, que tanto corre, pase fugaz como las estrellas. Permitir que las excusas se impongan y yo no estudie. O tal vez pretendo combatir la desazón y la desmotivación de ser de nuevo opositor y, en lugar de hacer frente, dejarme llevar por el alud que cae deprisa, como el tiempo y las arrugas, y el pelo, y el brillo de la piel... Porque haciendo caso a las excusas, permito que otras oposiciones puedan conmigo, con mi motivación, con mi alegría y, por consiguiente, llevándome al límite elevado de la depresión, la maldita depresión, que como espada de Damocles siempre pende sobre mi cabeza. 

Siempre olvido que la vida es aprendizaje, que la moraleja se presenta en cada parte y que si estoy en Santiago de nuevo es por alguna razón, por alguna casualidad. Puede que debiera aprender alguna lección de la nieve, del aislamiento, de la lejanía, de la amistad. Quizás debería observar mejor la nieve cuando cae, despacio, persistente, fría y silenciosa, permanente al poco de caer, traidora a veces, bella siempre al principio. Quizás la nieve sea la lección de mi estancia aquí. Aprender que todo se logra con confianza y lentitud, sin prisas, las prisas nunca han sido buenas, lo bueno siempre con buena letra, suave, cayendo como el copo de nieve sobre el asfalto caliente, que al poco se hiela, se cubre de blancura, el aire se limpia, las luces se acuestan sobre esa blancura y todo se vuelve dorado. La vida es oro puro, aire brillante, calor de chimenea y, sobre todo, calma, una calma tan absoluta como la verdad, una calma tan tranquilizadora como el manto blanco que todo cubre y que lucha contra la sequía, una calma envidiable, frágil y bella. Tengo que aspirar a ser esa calma.  Esa debe ser mi gran excusa: estudiar con calma, con sosiego, como cae la nieve este invierno.

miércoles, 19 de abril de 2017

Calma, recuerdos y música

Viendo Got Talent ha empezado a sonar una canción a piano de Yiruma y por esa magia que ocurre con la música me ha invadido un alud de sensaciones e imágenes, entre muchas de ellas estoy yo escuchando ese tipo de canciones, solo en mi habitación, tecleando palabras guiadas por las notas y la abstracción que tantas veces me ha alejado del mundo. Digamos, pues, que me he trasladado a un mundo pasado que ya no existe, un lugar ya inexistente, un sitio temporal donde yo pensaba que algún día tendría mis libros escritos y publicados, mis sueños realizados... ¡Qué ilusos podemos llegar a ser cuando somos jóvenes! Ahora años después, siendo joven todavía pero no tanto me doy cuenta y soy plenamente consciente de que todo aquello era simple humo creado por mi capacidad de volar. 

Os dejo enlace a la canción para que podáis disfrutarla en calma, sintiendo las notas del piano como gotas suaves que caen sobre vuestros tímpanos y se expanden como al tocar la superficie de un lago en quietud. Cerrad los ojos, apagad un rato la televisión, abrid las ventanas y, tumbados en el sofá, calmad la celeridad del mundo, la dureza del tiempo en su tempestad cotidiana, simplemente reconfortaos con la música, caminad de puntillas sobre las aguas que se irán formando en el transcurso de la canción y, al fin, volved al mundo preparados para seguir viviendo y soñando, porque, aunque antes haya dicho que los jóvenes crean castillos en el aire y son ilusos, nunca está de más construir lo que sea en las nubes y querer volar de vez en cuando. 



CALMA

A Luis Buñuel


¿Dónde se acaba el mar? 
¿Dónde comienza el cielo? 
¿Los barcos van flotando
o remontan el vuelo? 
Se perdió el horizonte, 
en el juego mimético 
del cielo y de las aguas. 
Se fundió el movimiento, 
en un solo color 
azul, el azul quieto. 
Se funden los colores; 
se apaga el movimiento. 
Un solo color queda; 
no existe barlovento. 
¿Dónde se acaba el mar? 
¿Dónde comienza el cielo? 

sábado, 4 de marzo de 2017

Prisiones naturales

Ahora no es el tiempo el que me impide escribir.

Ahora es la necesidad de permanecer ausente, distraído, entretenido en todo aquello que no tenga que ver con la mente, con esa voz que nos susurra cuando todo es silencio, cuando nos comunicamos con nosotros mismos en ese apartado particular de nuestra cabeza, zona de descanso, con decoración adecuada a nuestro estado de ánimo.

Ahora, precisamente ahora, cuando el silencio de otra nevada paraliza la actividad externa y, por tanto, las vías de escape, no puedo resistir la tentación de conversar conmigo mismo, con mi vocecita interna, con las palabras y el teclado de mi ordenador. Regresar aquí, al papiro de mi vida.

Y no es que no quiera venir aquí. Pues volver siempre vuelvo, aunque no siempre escriba. 
Hace un par de días, vine de nuevo a este pueblo, tras un largo puente de Andalucía que me ha sabido a mucho, si hablamos de buenos momentos, y a poco, si nos referimos a lo breve que me ha parecido. Santiago puede ser un arma de doble filo para el que no es de aquí. Primero te sorprende por su silencio, por sus tradiciones añejas, por el carácter de sus habitantes, por las intransitables carreteras repletas de curvas, ascensos, descensos, estrecheces, altos desfiladeros, bosque, mucho bosque, animales salvajes... Luego esto te produce una sensación de cárcel, de asfixia, te falta el aire literalmente, te sientes pesado, agotado y, lo que es aún peor, ves esas montañas que rodean al pueblo como barrotes naturales de una prisión, de la que te parece que nunca vas a poder escapar. Crees que irás a menudo a tu casa, que ese camino no te detendrá, pero al final desistes, porque llega de repente el frío y con él las temibles placas de hielo y la nieve y el temor a quedar aislado... Así que ante esta situación, yo he preferido permanecer alejado de mi mente, salir a pasear, quedar con compañeras del trabajo para tomar té, apuntarme a lo poco que aquí se ofrece (inglés), meterme en toda clase de proyectos, llevar varios blogs, una plataforma con mis alumnos, pensar sin cesar en actividades, ir al club de lectura, visitar aldeas, bares, hacer rutas cortas por la zona... digamos que es la necesidad de huir ,como sea, de aquí. 

Dicen que la patria de cada uno está donde esté el trabajo. Yo difiero. Creo que la patria de cada uno está donde la conversación con uno mismo no sea un peligro vital. No depende del trabajo ni de la salud ni del amor; depende de una simbiosis de esos y de muchos otros aspectos, pero sobre todo de la comodidad, de la libertad, de sentir que nada presiona tu interior. Quien lea esto puede entender que yo estoy mal aquí. No es eso exactamente. En general estoy bien, pero lo que no está bien es esa simbiosis de la que acabo de hablar. Los tres aspectos clásicos de trabajo, salud y amor están bien; si acaso la salud esté peor de lo que debería, pero nada grave, salvo el asma renacido aquí. Ahora que sin duda los otros elementos flaquean, sobre todo el de libertad. Aquí no tengo la libertad verdadera. Aquí mi forma de pensar choca de frente con las ideologías de la zona. Mi concepción del ser humano y de los animales no es la misma que la de ellos. Los roles siguen anclados en el pasado. Los animales son animales sin más, inferiores y por tanto víctimas de la muerte por caza, por pedrada... A diario oigo comentarios racistas entre los más jóvenes, incluso alguna ha alabado figuras de este país, que por fortuna ahora yacen bajo nuestros pies. Es un sinsentido absoluto. 

Ante esta situación, mientras los cielos sigan grises y las temperaturas frías, yo solo puedo soñar con el día en que alcance mi objetivo y pueda por fin no sentir que estoy en un destino que no es el mío, en un lugar en el que la naturaleza juega en mi contra, donde las montañas son muros en lugar de pasarelas y cruces de caminos. 

Por hoy, creo, ya he hablado demasiado con mi voz interna. Ahora mejor que nunca, prefiero partir al mundo de las historias narradas, envuelto en este silencio absoluto.