sábado, 4 de marzo de 2017

Prisiones naturales

Ahora no es el tiempo el que me impide escribir.

Ahora es la necesidad de permanecer ausente, distraído, entretenido en todo aquello que no tenga que ver con la mente, con esa voz que nos susurra cuando todo es silencio, cuando nos comunicamos con nosotros mismos en ese apartado particular de nuestra cabeza, zona de descanso, con decoración adecuada a nuestro estado de ánimo.

Ahora, precisamente ahora, cuando el silencio de otra nevada paraliza la actividad externa y, por tanto, las vías de escape, no puedo resistir la tentación de conversar conmigo mismo, con mi vocecita interna, con las palabras y el teclado de mi ordenador. Regresar aquí, al papiro de mi vida.

Y no es que no quiera venir aquí. Pues volver siempre vuelvo, aunque no siempre escriba. 
Hace un par de días, vine de nuevo a este pueblo, tras un largo puente de Andalucía que me ha sabido a mucho, si hablamos de buenos momentos, y a poco, si nos referimos a lo breve que me ha parecido. Santiago puede ser un arma de doble filo para el que no es de aquí. Primero te sorprende por su silencio, por sus tradiciones añejas, por el carácter de sus habitantes, por las intransitables carreteras repletas de curvas, ascensos, descensos, estrecheces, altos desfiladeros, bosque, mucho bosque, animales salvajes... Luego esto te produce una sensación de cárcel, de asfixia, te falta el aire literalmente, te sientes pesado, agotado y, lo que es aún peor, ves esas montañas que rodean al pueblo como barrotes naturales de una prisión, de la que te parece que nunca vas a poder escapar. Crees que irás a menudo a tu casa, que ese camino no te detendrá, pero al final desistes, porque llega de repente el frío y con él las temibles placas de hielo y la nieve y el temor a quedar aislado... Así que ante esta situación, yo he preferido permanecer alejado de mi mente, salir a pasear, quedar con compañeras del trabajo para tomar té, apuntarme a lo poco que aquí se ofrece (inglés), meterme en toda clase de proyectos, llevar varios blogs, una plataforma con mis alumnos, pensar sin cesar en actividades, ir al club de lectura, visitar aldeas, bares, hacer rutas cortas por la zona... digamos que es la necesidad de huir ,como sea, de aquí. 

Dicen que la patria de cada uno está donde esté el trabajo. Yo difiero. Creo que la patria de cada uno está donde la conversación con uno mismo no sea un peligro vital. No depende del trabajo ni de la salud ni del amor; depende de una simbiosis de esos y de muchos otros aspectos, pero sobre todo de la comodidad, de la libertad, de sentir que nada presiona tu interior. Quien lea esto puede entender que yo estoy mal aquí. No es eso exactamente. En general estoy bien, pero lo que no está bien es esa simbiosis de la que acabo de hablar. Los tres aspectos clásicos de trabajo, salud y amor están bien; si acaso la salud esté peor de lo que debería, pero nada grave, salvo el asma renacido aquí. Ahora que sin duda los otros elementos flaquean, sobre todo el de libertad. Aquí no tengo la libertad verdadera. Aquí mi forma de pensar choca de frente con las ideologías de la zona. Mi concepción del ser humano y de los animales no es la misma que la de ellos. Los roles siguen anclados en el pasado. Los animales son animales sin más, inferiores y por tanto víctimas de la muerte por caza, por pedrada... A diario oigo comentarios racistas entre los más jóvenes, incluso alguna ha alabado figuras de este país, que por fortuna ahora yacen bajo nuestros pies. Es un sinsentido absoluto. 

Ante esta situación, mientras los cielos sigan grises y las temperaturas frías, yo solo puedo soñar con el día en que alcance mi objetivo y pueda por fin no sentir que estoy en un destino que no es el mío, en un lugar en el que la naturaleza juega en mi contra, donde las montañas son muros en lugar de pasarelas y cruces de caminos. 

Por hoy, creo, ya he hablado demasiado con mi voz interna. Ahora mejor que nunca, prefiero partir al mundo de las historias narradas, envuelto en este silencio absoluto.

sábado, 21 de enero de 2017

El silencio de la nieve y la soledad en este reducto

Qué silenciosa es la nieve: cae abundante pero sin ruido. En cambio la lluvia es un zapateo flamenco, un fandango sobre el tejado y un quejío vital. 

Vivir en Santiago de la Espada está siendo un ráfaga de aire que me sacude día a día. Este sitio solo me hace recordar todo lo que añoro, lo que me resulta casi inaccesible, primero por la nieve, segundo por las carreteras de montañas estrechas y serpenteantes, inseguras, salvajes... luego por los valores que aquí distan tanto de los que imperan en mi pueblo. 

La nieve, las montañas, la frondosidad de los pinares, los barrancos, el frío intenso, las humedades, la calefacción necesaria, la rudeza, la opresión del entorno, incluso los buitres danzando sobre mi cabeza, entre tantas y tantas otras cosas, forman parte de este experiencia de este curso escolar. 

Al principio me sorprendió el silencio, interrumpido regularmente por el tañer de la campana de la iglesía. Me fascinó el sabor de la carne y el fulgor con que brillan las estrellas aquí. Mirar el cielo nocturno es hipnótico. El carácter de mis alumnos me trasladó a épocas antiguas. Pero ya lo de estos días ha sido de cuento: estar a -16 grados, ver nevar con intensidad y sin cesar, comprobar que las calles, los tejados, los árboles, todo cubierto por la nieve, resbalar con el hielo, sentir el frío siberiano, todo esto, en definitiva. Aquí es sencillo imaginar el poder de un cuento protagonizado por un lobo y una niña que confía en él. Es fácil creer que la vida es pura ficción. Y sin duda el creador de esta ficción juega a mezclar belleza con angustia, blancura con oscuridad, carreteras cortadas y laderas que sirven de pista de trineos. 

La vida este curso está siendo una prueba: superarla es crecer un poco más. La soledad aquí y la lejanía de las personas importantes de mi vida son equiparables al silencio de la nieve. Ocuparse es la clave.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Un mundo cada día peor

Me miro en el reflejo de la pantalla del ordenador cada vez que se oscurece la imagen del capítulo que estoy viendo de TWD y me pierdo en mi propia pupila. Este año trabajo por inercia, con ansiedad, desganado y me siento reconocible con cualquier otro menos conmigo mismo, uno de esos zombies de la serie que veo, sin conciencia, sin destino fijo, deambulando en solitario o en rebaño como ovejas, con las tripas colgando del vientre y la mirada perdida. Me miro y me da rabia estar perdiendo la ilusión que antes tenía. Y todo porque el mundo de la educación está cada día peor, el mundo de la política es cada vez más corrupto, qué lejos quedan los tiempos en que... a no, si el mundo político siempre ha estado igual, grupo de caballeros de la mesa redonda que se creen salvadores de la humanidad... y ya el remate es la elección de Trump o la reelección de Rajoy... ¿este es el ejemplo modélico que queremos que aprendan nuestros jóvenes? 

Hace tiempo hablé en este blog del poder del miedo. El terror utilizado por los medios, potenciado por los terroristas, los Yihadistas. ¡Cuánto poder tiene el pavor! No lo parece pero están consiguiendo lo que buscaban con los atentados, con sus vídeos aterradores: nos desmembramos los que formamos parte de la democracia, de los valores de igualdad, de solidaridad, de unión, de tolerancia, de derecho... Nos estamos separando y los valores de desprecio, nacionalismo puro, racismo... campan cada vez más a sus anchas. 

Como educador me planteo a menudo cómo mejorar el mundo. Cada vez la respuesta negativa es la que más acude a mi pensamiento. Puede que no pueda mejorarlo, porque el sistema mismo ya me está corrompiendo con tanta burocracia.

Ojalá esté en el error.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Hastio

Parece que me hubiera volatilizado de la red, pero sigo por aquí, siempre atareado, a veces más atareado de lo normal, hastiado de la vida, de la burocracia, de la LOMCE y de todos los cambios que ello conlleva en la práctica cotidiana, en la cantidad de energía que implica secuenciar contenidos, asociar criterios de evaluación, estándares y competencias clave, todo en busca de la objetividad evaluativa... cosa que me produce mucha risa, porque lo objetivo casi no existe. 

La cuestión es que sigo por aquí, aunque no tenga tiempo ni de escribir... Un saludo a todos.



viernes, 9 de septiembre de 2016

Loterías vitales

Los tiempos del interino vuelven siempre en estas fechas, cuando el verano está a punto de irse y el calor parece prolongarlo en las altas temperaturas. De nuevo regresa el tiempo de la incertidumbre, de estar pegado al teléfono y de mirar la bolsa de sustituciones, de imaginar lugares, institutos, caras de alumnos y alumnas, de compañeros... Una mezcla de querer y no poder elegir, de no saber qué ocurrirá. Pero este año hay un resquicio amargo de las oposiciones. Este septiembre, por primera vez, no tengo ganas de curso ni de nada. Las oposiciones y su sistema azaroso me han dejado exhausto, desganado, desmotivado, sin la energía propia de mí. Tan pocas energías que ya me cuesta leer más que escribir. Pero para más inri a esto se une el hecho de que este año tampoco tenga vacante y que los recortes se sigan cebando con la cosa pública. Supongo que todos sienten lo mismo al fracasar de nuevo en algo que no depende ni del esfuerzo ni del conocimiento ni de nada que esté en tu mano. Uno estudia, se esfuerza, dejo todo postergado para después de los exámenes, intenta creer que todo ese tiempo perdido tendrá su recompensa y ve, agotado, cómo el sistema es una lotería de números que no llegas a comprender. Es muy contradictorio todo. 

En cualquier caso, aquí sigo esperando a que abran la bolsa (supuestamente entre esta tarde y el lunes) y cruzando los dedos por que me toque al menos esta lotería, una vacante en un centro fantástico. Veremos lo que me depara el azar.

lunes, 15 de agosto de 2016

Solo censuro la censura

Censurar es lo único que censuro. 

Hace un par de semanas apareció de repente en la red un movimiento en contra de la autora juvenil, María Frisa, debido a uno de sus libros, 75 consejos para sobrevivir en el colegio. Como odio todo tipo de censura, después de leer los diferentes argumentos de los que la criticaban y la defendían, decidí leer el tan famoso libro a estas alturas. ¡Qué sorpresa la mía! El libro no es más que un libro juvenil muy al estilo de Manolito Gafotas, con un humor parecido, lo único que desde un personaje femenino, Sara, una chica de 12 años que está a punto de terminar el colegio y que narra lo que le va sucediendo a lo largo de ese curso a través de 75 consejos, una excusa para contar la historia. Hay consejos brutos y consejos geniales. Son simples títulos que ponen sobre papel pensamientos de la edad, que un adulto corre para censurarlos, prohibirlos, eliminarlos, olvidarlos lo más rápido posible. Un adulto tiene siempre terror a que el niño se sobreponga al adulto. No me ha sorprendido absolutamente nada. Mientras lo leía trataba de ponerme en la mente de un niño de esa edad, de mí mismo con esa edad. Un niño con esa edad quiere sentirse integrado, siempre tiene algún enemigo en el colegio, es rebelde por naturaleza, coge cosas de sus padres, odia el colegio y a los adultos en general, quiere sentirse guapo y dice groserías para sentirse mayor. Un chico de su edad quiere conocer el amor, valora la amistad. No me sorprende nada lo que dice Sara. Y, al igual que a mí no me sorprende, un niño o una niña de su edad lo ve como lo normal, se siente identificado y sabe perfectamente que es un libro, ficción, a pesar de que todo lo que lee en ese libro es muy cercano a lo que piensa y muchas veces a lo que él mismo hace día a día. 



Por esto me parece una aberración que hayan querido que se saque del mercado el libro. Yo me crié leyendo y viendo de todo y quien me conoce sabe que soy más pacifista que otra cosa. Si tanto se preocupan esos padres por lo que leen sus hijos que antes miren lo que ven en la televisión, que prohiban ver el telediario en sus casas, que les quiten todo tipo de tecnología (esas máquinas que tan bien les vienen cuando están hartos de escuchar a sus hijos). Las dobles morales no valen en esto. La censura es un delito moral. Atonta a las personas, les impiden desarrollarse. Se les prohibe la creación de una propia opinión, de una personalidad fuerte, ajena a los rebaños. Los niños están cansados del estulto trato que reciben. 

Estoy cansado de las tonterías. Los silogismos no son siempre certeros y lógicos. Si un niño juega al Counterstrike no tiene por qué ser agresivo y violento. Cuando un niño lee cómics no cree en ningún momento que superman existe y que él podría volar si quisiera. En definitiva solo quiere expresar que dejemos que nuestros hijos y nuestras hijas se desarrollen en el mundo real. Deseo mostrar mi apoyo a la autora del libro y mi felicitación por un libro que me ha recordado mis años leyendo Manolito Gafotas. El libro no es más que un reflejo de la mente de una niña de 12 años. Tendríamos que cambiar la sociedad para que cambiarán esas mentalidades. 

Viva el libre pensamiento.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Una interpretación escalofriante

Las imágenes siempre valen más que las palabras, porque estas no todos las entienden; en cambio las imágenes son la mayoría de las veces entendidas por todos o al menos parecen ser comprendidas por todos; luego nos damos cuenta de que la realidad es bien distinta y que la comprensión rara vez es tal cual. 

             Podemos leer todas las salvajadas que sacuden el planeta a diario. Podemos escribirlas. Podemos desear que terminen o incluso querer buscar explicaciones. Podemos es una palabra que nos incluye a todos pero que no parece atañernos, porque del "podemos" nunca o casi nunca se pasa al "lo hacemos". Así funcionamos. Nos irritamos, maldecimos, nos sentimos mal porque parece que no podemos hacer nada y ahí nos quedamos.  

                Quietos, parados, inmovilizados por la falta de inercia. Casi muertos.

                 Estoy yo quejándome del calor que hace, aunque hoy parece que hace menos que la semana pasada, y entretanto visito facebook, leo artículos, veo vídeos y ¡zas! de repente veo un vídeo que me ha puesto la piel de gallina. Un ejemplo de lo que es pasar de "podemos" a "hacemos". Un programa de los que llamamos "basura" utilizado para transmitir un mensaje. 

                    Aparece un egipcio y comienza a representar un papel que ni los mejores actores podrían interpretar. El joven se presenta y a cámara lenta muestra la realidad de muchos árabes y termina lanzando un mensaje. Para cuando ha finalizado uno ya no es el mismo, pues el tsunamí ya ha traspasado toda la epidermis y de nuevo te sientes mal porque tu "podemos" sigue sin ser tu "hacemos" y porque sabes que el mundo va mal. Te quejas del calor o de que has engordado estos últimos meses, porque "pobrecito" (nótese la ironía) tenías que estar estudiando tus oposiciones y no te has movido de la silla en meses, con los ojos pegados a los apuntes, a las fotocopias y los dedos encolados al teclado del ordenador. Te quejas porque la vida no te va como te gustaría. La cuestión es quejarte y olvidarte de que todo eso es accesorio, pero de repente recuerdas, aunque solo sea a ratos, que en estos momentos alguien está sufriendo, alguien está huyendo de sus hogares escapando de la mano asesina, de la bomba, del fanático, del loco que pierde la vida sin haberla valorado; te recuerdas que ahora mismo hay familias encerradas en campos de refugiados, sin esperanza, como rebaños de corderos que esperan el matadero (como metáfora),  personas que mueren en atentados, víctimas y más víctimas. 

                   Mientras escribo esto trato de martirizarme mentalmente para que no se me olvide que soy un privilegiado, porque puede seguir caminando por la calle con cierta tranquilidad, durmiendo en mi casa, disfrutando de mi familia, de mis amigos, de mis cercanos, gozando del placer de la libertad, de sentirme resguardado, cómodo en el mundo. Me lo tengo que recordar para no olvidar nunca. Tenemos que recordar todos que el mundo que conocemos hay que defenderlo, hay que valorarlo, hay que cuidarlo. 

              "Podemos" debe ser "hacemos". 

             Soy un afortunado. Somos afortunados. Ojalá que todo ser vivo fuera afortunado de vivir. Entretanto os invito a ver este vídeo y a sentir la tristeza de una tragedia colectiva.