lunes, 15 de agosto de 2016

Solo censuro la censura

Censurar es lo único que censuro. 

Hace un par de semanas apareció de repente en la red un movimiento en contra de la autora juvenil, María Frisa, debido a uno de sus libros, 75 consejos para sobrevivir en el colegio. Como odio todo tipo de censura, después de leer los diferentes argumentos de los que la criticaban y la defendían, decidí leer el tan famoso libro a estas alturas. ¡Qué sorpresa la mía! El libro no es más que un libro juvenil muy al estilo de Manolito Gafotas, con un humor parecido, lo único que desde un personaje femenino, Sara, una chica de 12 años que está a punto de terminar el colegio y que narra lo que le va sucediendo a lo largo de ese curso a través de 75 consejos, una excusa para contar la historia. Hay consejos brutos y consejos geniales. Son simples títulos que ponen sobre papel pensamientos de la edad, que un adulto corre para censurarlos, prohibirlos, eliminarlos, olvidarlos lo más rápido posible. Un adulto tiene siempre terror a que el niño se sobreponga al adulto. No me ha sorprendido absolutamente nada. Mientras lo leía trataba de ponerme en la mente de un niño de esa edad, de mí mismo con esa edad. Un niño con esa edad quiere sentirse integrado, siempre tiene algún enemigo en el colegio, es rebelde por naturaleza, coge cosas de sus padres, odia el colegio y a los adultos en general, quiere sentirse guapo y dice groserías para sentirse mayor. Un chico de su edad quiere conocer el amor, valora la amistad. No me sorprende nada lo que dice Sara. Y, al igual que a mí no me sorprende, un niño o una niña de su edad lo ve como lo normal, se siente identificado y sabe perfectamente que es un libro, ficción, a pesar de que todo lo que lee en ese libro es muy cercano a lo que piensa y muchas veces a lo que él mismo hace día a día. 



Por esto me parece una aberración que hayan querido que se saque del mercado el libro. Yo me crié leyendo y viendo de todo y quien me conoce sabe que soy más pacifista que otra cosa. Si tanto se preocupan esos padres por lo que leen sus hijos que antes miren lo que ven en la televisión, que prohiban ver el telediario en sus casas, que les quiten todo tipo de tecnología (esas máquinas que tan bien les vienen cuando están hartos de escuchar a sus hijos). Las dobles morales no valen en esto. La censura es un delito moral. Atonta a las personas, les impiden desarrollarse. Se les prohibe la creación de una propia opinión, de una personalidad fuerte, ajena a los rebaños. Los niños están cansados del estulto trato que reciben. 

Estoy cansado de las tonterías. Los silogismos no son siempre certeros y lógicos. Si un niño juega al Counterstrike no tiene por qué ser agresivo y violento. Cuando un niño lee cómics no cree en ningún momento que superman existe y que él podría volar si quisiera. En definitiva solo quiere expresar que dejemos que nuestros hijos y nuestras hijas se desarrollen en el mundo real. Deseo mostrar mi apoyo a la autora del libro y mi felicitación por un libro que me ha recordado mis años leyendo Manolito Gafotas. El libro no es más que un reflejo de la mente de una niña de 12 años. Tendríamos que cambiar la sociedad para que cambiarán esas mentalidades. 

Viva el libre pensamiento.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Una interpretación escalofriante

Las imágenes siempre valen más que las palabras, porque estas no todos las entienden; en cambio las imágenes son la mayoría de las veces entendidas por todos o al menos parecen ser comprendidas por todos; luego nos damos cuenta de que la realidad es bien distinta y que la comprensión rara vez es tal cual. 

             Podemos leer todas las salvajadas que sacuden el planeta a diario. Podemos escribirlas. Podemos desear que terminen o incluso querer buscar explicaciones. Podemos es una palabra que nos incluye a todos pero que no parece atañernos, porque del "podemos" nunca o casi nunca se pasa al "lo hacemos". Así funcionamos. Nos irritamos, maldecimos, nos sentimos mal porque parece que no podemos hacer nada y ahí nos quedamos.  

                Quietos, parados, inmovilizados por la falta de inercia. Casi muertos.

                 Estoy yo quejándome del calor que hace, aunque hoy parece que hace menos que la semana pasada, y entretanto visito facebook, leo artículos, veo vídeos y ¡zas! de repente veo un vídeo que me ha puesto la piel de gallina. Un ejemplo de lo que es pasar de "podemos" a "hacemos". Un programa de los que llamamos "basura" utilizado para transmitir un mensaje. 

                    Aparece un egipcio y comienza a representar un papel que ni los mejores actores podrían interpretar. El joven se presenta y a cámara lenta muestra la realidad de muchos árabes y termina lanzando un mensaje. Para cuando ha finalizado uno ya no es el mismo, pues el tsunamí ya ha traspasado toda la epidermis y de nuevo te sientes mal porque tu "podemos" sigue sin ser tu "hacemos" y porque sabes que el mundo va mal. Te quejas del calor o de que has engordado estos últimos meses, porque "pobrecito" (nótese la ironía) tenías que estar estudiando tus oposiciones y no te has movido de la silla en meses, con los ojos pegados a los apuntes, a las fotocopias y los dedos encolados al teclado del ordenador. Te quejas porque la vida no te va como te gustaría. La cuestión es quejarte y olvidarte de que todo eso es accesorio, pero de repente recuerdas, aunque solo sea a ratos, que en estos momentos alguien está sufriendo, alguien está huyendo de sus hogares escapando de la mano asesina, de la bomba, del fanático, del loco que pierde la vida sin haberla valorado; te recuerdas que ahora mismo hay familias encerradas en campos de refugiados, sin esperanza, como rebaños de corderos que esperan el matadero (como metáfora),  personas que mueren en atentados, víctimas y más víctimas. 

                   Mientras escribo esto trato de martirizarme mentalmente para que no se me olvide que soy un privilegiado, porque puede seguir caminando por la calle con cierta tranquilidad, durmiendo en mi casa, disfrutando de mi familia, de mis amigos, de mis cercanos, gozando del placer de la libertad, de sentirme resguardado, cómodo en el mundo. Me lo tengo que recordar para no olvidar nunca. Tenemos que recordar todos que el mundo que conocemos hay que defenderlo, hay que valorarlo, hay que cuidarlo. 

              "Podemos" debe ser "hacemos". 

             Soy un afortunado. Somos afortunados. Ojalá que todo ser vivo fuera afortunado de vivir. Entretanto os invito a ver este vídeo y a sentir la tristeza de una tragedia colectiva. 

viernes, 15 de julio de 2016

Destruyendo en lugar de construyendo

¿En qué clase de mundo vivimos?

Anoche un salvaje mataba a casi una centena de personas con un camión por las calles de Niza. Aquellos atentados en París, en Bruxelas... Una vorágine de violencia, de desafección, de destrucción masiva, de ataques traperos... Creo que la realidad se nos escapa de las manos. Estamos poniendo de nuevo el mundo patas arriba, manga por hombre, bocabajo y agitado, desolado. 

¿Qué mundo estamos construyendo?

Ya más que construir estamos destruyendo. Y hablo en plural incluyéndonos a todos, porque todos contribuímos de algún modo a que este mundo sea cada vez peor. No somos terroristas, pero consumimos productos que vienen de explotación, si no humana, sí animal o vegetal. No miramos por nada, salvo por nuestros ombligos y el de la gente de nuestro alrededor. (Sé que generalizo demasiado y que hay muchas personas que tratan de hacer lo mejor por todos, pero aún así todos hacemos cosas sin querer... por pura supervivencia la mayoría de las veces)

Mientras en Niza ayer moría gente salvajemente, muchas otras personas mueren y viven salvajemente en otras partes del planeta. Suena a demagogia, lo sé, pero lo digo de corazón, estoy cansado de que nos duela más la muerte de un europeo que la de otra persona de otro lugar. ¿Cuántas personas no se han dejado la vida intentando escapar de esos terroristas que ahora no cejan en su intento de sembrar terror a base de sangre? Mientras nosotros lloramos, ellos disfrutan. Mientras tratamos de recuperarnos de las heridas de los atentados, ellos gozan y miles de personas naufragan en el viaje de la vida intentando llegar a algún destino, al que sea. Pero esas personas ya las hemos olvidado. Ya nadie habla de los refugiados. Se habla del Brexit, de esa disgregación absurda de un país como el Reino Unido. ¡Cuánta ironía! Llevar en su nombre la palabra "unido" y ahora separarse. No solo disgregarse, sino también cerrar las puertas a los refugiados, a personas víctimas de esos terroristas que nos aniquilan, a esas gentes víctimas de una vida que se les ha vuelto infernal. Los imagino acumulados como rebaños de obejas en algún corral de alambre y entonces recuerdo algo que en mi casa se ha dicho siempre: "Donde caben tres caben cuatro". Dicho que refleja la sabiduría de quien ha pasado por penurias. Pero ya no recordamos, la memoria es frágil y nuestra economía menos débil de que lo era entonces, cuando mis abuelos eran jóvenes y pasaban penurias. Ahora parece diferente, a pesar de la crisis que nos tiene siempre con el "ay" en la boca, con la duda de no saber cómo será el presente, el hoy mismo y el mañana. 

Pero al fin y al cabo, donde caben tres caben cuatro. 

¿Entonces por qué no hemos acogido todos a esos refugiados? ¿Por qué leo comentarios tan primitivos como "tenemos que echar a todos los moros de Europa"? Sentencias tan absurdas, tan difamadoras, tan dañinas, que me hacen temblar de impotencia, de incomprensión, de no saber cómo ni cuándo este mundo empezó a ser de nuevo un campo de minas, un lugar lleno de borregos que hablan para decir estupideces. A los "moros" no hay que echarlos de ninguna parte. ¿Quién nos da permiso para echar a gente de "nuestro" país? ¿Acaso nacer en un lugar te da derecho a disponer de él como si fuera tuyo? La Tierra es de todos, lo quieran algunos o no. Deberíamos ayudarnos entre todos. ¿Cómo? Eso quisiera yo saber. Llorar a las víctimas no es una solución. Poner en las redes sociales "JeSuisNice" o cosas por el estilo no ayudan a nadie. Poner velas por las víctimas es solo un acto de muestra de apoyo, pero puro simbolismo. Tenemos que buscar soluciones. 

Siento tanta pena. Estamos abocados a la destrucción. Yo que lucho a diario por sacar lo mejor de mis alumnos, por inculcarles el poder del diálogo, de la paz, de los gestos por el medioambiente, de evitar cualquier conflicto, de poner soluciones entre todos a los problemas que surgen... Yo que tanto defiendo el querer hacer el bien por encima de todo, no puedo dejar de pensar que todo está perdido, que se acerca una guerra de las grandes de nuevo. Siento que el hambre no se acaba porque no queremos, que muchas enfermedades no se erradican por intereses económicos; creo que seguimos siendo marionetas manejadas por unos pocos. Somos mequetrefes con los que algunos se divierten jugando. El conductor asesino de anoche atropellaba a masas de gente como si jugara al GTA; sacaba vidas de cuerpos a golpe de pedal. 

Es tan fácil morir y tan complicado mantenerse vivo. 

Anoche moría gente. Es una fecha tan importante para Francia. El asesino supo elegir el momento. El 14 de julio los franceses se congregan para ver los fuegos artificiales que se lanzan en todas las ciudades. Todo un espectáculo. El año pasado yo estuve en Burdeos viendo ese festejo. Yo podría ser una de esas víctimas de ayer si el asesino hubiera decidido matar el verano pasado en Burdeos. Y habría matado a mucha más gente. Entiendo que es imposible escapar a un ataque así, si recuerdo cuántos estábamos allí en Burdeos, cómo estábamos, todos juntos mirando al cielo. ¿Ayer miraban al cielo cuando el camión se los llevó por delante? No quiero saber detalles. Es terrorífico. 

Mirad cuántos atentados se han cometido en 2016 según Wikipedia:
 Una barbaridad de atentados, una violencia masificada sin control. ¿Cuándo terminará todo esto?

viernes, 8 de julio de 2016

Historias de opositores

Contar historias es uno de mis sueños, pero siempre hay algo que lo impide. 

Es curioso que yo funciono mejor en cuanto a la escritura cuando peor estoy, el dolor es mi motor, pero al mismo tiempo es un bloqueador de la inspiración. A lo mejor no he nacido para escribir y simplemente me fuerzo a hacer algo que no sale por sí solo, quizás vivo con este sueño que no pasa de ser un sueño evaporado que como las nubes desaparecen con los vientos que soplan con fuerza a favor o en contra. 

¡Qué pesadilla de oposiciones! 

Lo peor de todo es que a pesar de que estoy casi seguro de que no conseguiré una plaza yo sigo agotándome a diario entre ensayos de encerrona y defensas, sigo perdiendo energía y acumulando horas de desesperanza; lo que más cansancio me produce es pensar que habrá de nuevo otros periodos de estrés y desilusión provocados por otras oposiciones. Y mientras tanto pasará la vida... y espero ¡Ay! tener la suerte de seguir pisando aulas, fundiéndome con el buen ambiente de estas, seguir haciendo lo que de verdad es mi gran vocación, guiar a mis alumnos, o como dice mi amiga Lucy, "ayudar a la gente a cumplir sus sueños", bella descripción sobre nuestro papel como profesores, aportar un granito a la formación de grandes pirámides que son las vidas, sonreír a los alumnos como se sonríe a la vida, dar felicidad y que te digan que eres el más feliz que jamás hayan visto, saber que un pequeño paso es siempre un gran paso y tratar entonces de convencerme en este mar de ideas de que presentarme a estas oposiciones sigue siendo un pequeño paso que es un gran paso, saque o no saque plaza, porque al menos habré sido capaz de enfrentarme de nuevo al sudor de las manos nerviosas durante la encerrona y de ser capaz de hablar sin que tiemble la voz, mostrarme lo más natural posible, más natural que la vez pasada que no era yo, sino un bloqueo aterrador. 

Y de nuevo las palabras, escribir me ayuda a ver el lado positivo, me incita a disfrutar del viaje a Ítaca como Ulises, a gozar del camino, pues qué más da el destino. Así esta presa de palabras revienta y se renueva como en cada donación de sangre, bombeada por la máquina, limpiada por la escritura de todo aquello que se acumulaba y saber que de nuevo le debo a las palabras un cambio de rumbo, una mirada profunda al cielo azul despejado y escuchar el romper suave del mar de Roquetas que retumba a veces en el recuerdo. Mi estrés es una tormenta de verano en Almería, donde se raja el firmamento y nunca llueve. Por suerte, estas nunca duran demasiado y pronto el sol vuelve a relucir, especialmente en Almería. Y por suerte se acaban estas oposiciones ya el 12 y volverán las horas de lectura por placer, el deambular por las calles a mi antojo, ir a tomar tapas, escribir de nuevo aquí y en mis cuadernos, ver a mis amigos, hablar con ellos, ver series y películas, perder el tiempo como quiera y no volver a estar obsesionado con una pesadilla, la pesadilla de las oposiciones que, lo queramos o no, nos persiguen a todos los que somos opositores. Y ahora a repasar el esquema de la defensa y a notar la brisa del mar gracias al poder de la imaginación y al ventilador que combate el calor del ambiente.

miércoles, 8 de junio de 2016

La tortuosidad de un tropismo

Días largos, tortuosos como los grados del termómetro que de repente se han enrollado en una ascensión de mercurio que parece insostenible, como el tiempo que nunca se detiene y a veces me aplasta. Antes habría seguido estudiando sin descanso, a pesar del cansancio; ahora ya simplemente, conforme se acumulan los años sobresale la parsimonia, en mi caso, un querer descansar a pesar de las corrientes. Pero al final uno es siempre el mismo, aunque diferente. Por más que nunca haya dormido siestas, hoy nada más comer, la siesta se ha impuesto, como la preposición que rige un complemento de régimen. Comer y dormir. Esforzarme en arrancarle horas al tiempo y, en cambio, tirarme al sofá y despertar dos horas más tarde. La desgana del que sabe que tiene mucho que hacer y hace sin embargo lo que puede, sea cual sea el resultado. Tendría que estudiar, realizar supuestos prácticos, rematar las unidades didácticas... hacer como acción. Y la cosa es que lo hago, pero no hago lo suficiente. Necesito una vida para aprobar unas oposiciones...

viernes, 13 de mayo de 2016

RECREOS LITERARIOS IPEP CÓRDOBA ABRIL 2016

       La semana del libro en Córdoba, se celebró en mi centro una actividad de esas que al terminar sabes que ha sido bella y única: los recreos literarios. Durante una semana alumnos y profesores se mezclaron en la sala de descanso del instituto con el fin de compartir lecturas al abrigo de unos dulces y de buenos sentimientos. Yo he participado y me podéis ver en el vídeo. Me puse nervioso, como pocas veces. Es impensable saber la reacción del cuerpo ante ciertas situaciones. En este caso, estaba tranquilo hasta que vi la cámara y el micrófono. En ese preciso momento, empezaron los temblores y el miedo, pero ¿miedo a qué? Ni idea. La cuestión es que, a pesar de que me veáis retorcido por el nerviosismo y hasta con la cara como torcida o contraída, lo disfruté mucho. Espero que os gusten las recomendaciones literarias que se hacen y que os anime a leer alguna de ellas.

                                                                              

Porque, como digo al final del libro, los libros forman de alguna manera parte de mí, como si fueran una segunda piel protectora.

    

miércoles, 4 de mayo de 2016

La tortura según Semprun

En Ejercicios de supervivencia, Jorge Semprun habla del horror de la tortura.
Corrían los tiempos de la Résistance en Francia, durante la ocupación nazi, y en París los miembros de este movimiento tenían que hacer frente a menudo a la terrible tortura ejercida por la Gestapo francesa y, aún más horrorosa, alemana. Jorge comenta en su libro los tipos de tortura y las sensaciones que él padeció a manos de aquellos que se hacían llamar el orden. Matracas, permanecer colgados de un hilo fino, arrancar las uñas de los pies... y cosas mucho peores, como la asfixia por ahogo: Jorge narra la fatídica experiencia de sufrir las primeras torturas y de perder casi el conocimiento cada vez que sumergían su cabeza en una bañera llena de basura, excrementos y agua sucia. Todo con el fin de que delatara, testificara, dijera lo que jamás diría. Porque si algo le quedó claro de aquello es que en el momento de una tortura, la persona torturada, que calla y guarda localizaciones, secretos, nombres, es la más sublime forma de fidelidad humana. 

¿Quién es capaz de soportar la separación de la conciencia y el cuerpo? ¿Quién además sufre por otros lo insufrible?

Sin duda debe ser algo tan lamentable, tan humillante debe ser verse golpeado, reducido a saco de boxeo, a nada... mientras a tu alrededor las caras sonríen y disfrutan del dolor ajeno. Semprun lo cuenta guardando tan bien los silencios y despertando las imágenes que he sentido el dolor de lo que no he vivido. 

En una conversación que mantiene en el libro con un camarada, este último le confiesa que no se puede ser humano por completo si no has sufrido tortura, porque no sabes lo que es el dolor real, ni cuáles son los límites hasta los que un humano es capaz de llegar. Semprun no comparte esta opinión, al igual que no comparte otra idea que surge en una de sus lecturas sobre las secuelas de la tortura. Él no creo que el torturado ya no se siente cómodo en el mundo y que padecerá eternamente el sufrimiento y el odio por la humanidad salvaje. No. Él cree que el que se sale de la humanidad y deja de estar cómodo en el mundo es, sin duda, el torturador que sobrevive, todos aquellos que han visto la cara de la muerte en los ojos ajenos.

Y leyendo esto solo me invade constantemente una pregunta: ¿Cómo podemos llegar a ser así de crueles?