sábado, 19 de noviembre de 2016

Un mundo cada día peor

Me miro en el reflejo de la pantalla del ordenador cada vez que se oscurece la imagen del capítulo que estoy viendo de TWD y me pierdo en mi propia pupila. Este año trabajo por inercia, con ansiedad, desganado y me siento reconocible con cualquier otro menos conmigo mismo, uno de esos zombies de la serie que veo, sin conciencia, sin destino fijo, deambulando en solitario o en rebaño como ovejas, con las tripas colgando del vientre y la mirada perdida. Me miro y me da rabia estar perdiendo la ilusión que antes tenía. Y todo porque el mundo de la educación está cada día peor, el mundo de la política es cada vez más corrupto, qué lejos quedan los tiempos en que... a no, si el mundo político siempre ha estado igual, grupo de caballeros de la mesa redonda que se creen salvadores de la humanidad... y ya el remate es la elección de Trump o la reelección de Rajoy... ¿este es el ejemplo modélico que queremos que aprendan nuestros jóvenes? 

Hace tiempo hablé en este blog del poder del miedo. El terror utilizado por los medios, potenciado por los terroristas, los Yihadistas. ¡Cuánto poder tiene el pavor! No lo parece pero están consiguiendo lo que buscaban con los atentados, con sus vídeos aterradores: nos desmembramos los que formamos parte de la democracia, de los valores de igualdad, de solidaridad, de unión, de tolerancia, de derecho... Nos estamos separando y los valores de desprecio, nacionalismo puro, racismo... campan cada vez más a sus anchas. 

Como educador me planteo a menudo cómo mejorar el mundo. Cada vez la respuesta negativa es la que más acude a mi pensamiento. Puede que no pueda mejorarlo, porque el sistema mismo ya me está corrompiendo con tanta burocracia.

Ojalá esté en el error.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Hastio

Parece que me hubiera volatilizado de la red, pero sigo por aquí, siempre atareado, a veces más atareado de lo normal, hastiado de la vida, de la burocracia, de la LOMCE y de todos los cambios que ello conlleva en la práctica cotidiana, en la cantidad de energía que implica secuenciar contenidos, asociar criterios de evaluación, estándares y competencias clave, todo en busca de la objetividad evaluativa... cosa que me produce mucha risa, porque lo objetivo casi no existe. 

La cuestión es que sigo por aquí, aunque no tenga tiempo ni de escribir... Un saludo a todos.



viernes, 9 de septiembre de 2016

Loterías vitales

Los tiempos del interino vuelven siempre en estas fechas, cuando el verano está a punto de irse y el calor parece prolongarlo en las altas temperaturas. De nuevo regresa el tiempo de la incertidumbre, de estar pegado al teléfono y de mirar la bolsa de sustituciones, de imaginar lugares, institutos, caras de alumnos y alumnas, de compañeros... Una mezcla de querer y no poder elegir, de no saber qué ocurrirá. Pero este año hay un resquicio amargo de las oposiciones. Este septiembre, por primera vez, no tengo ganas de curso ni de nada. Las oposiciones y su sistema azaroso me han dejado exhausto, desganado, desmotivado, sin la energía propia de mí. Tan pocas energías que ya me cuesta leer más que escribir. Pero para más inri a esto se une el hecho de que este año tampoco tenga vacante y que los recortes se sigan cebando con la cosa pública. Supongo que todos sienten lo mismo al fracasar de nuevo en algo que no depende ni del esfuerzo ni del conocimiento ni de nada que esté en tu mano. Uno estudia, se esfuerza, dejo todo postergado para después de los exámenes, intenta creer que todo ese tiempo perdido tendrá su recompensa y ve, agotado, cómo el sistema es una lotería de números que no llegas a comprender. Es muy contradictorio todo. 

En cualquier caso, aquí sigo esperando a que abran la bolsa (supuestamente entre esta tarde y el lunes) y cruzando los dedos por que me toque al menos esta lotería, una vacante en un centro fantástico. Veremos lo que me depara el azar.

lunes, 15 de agosto de 2016

Solo censuro la censura

Censurar es lo único que censuro. 

Hace un par de semanas apareció de repente en la red un movimiento en contra de la autora juvenil, María Frisa, debido a uno de sus libros, 75 consejos para sobrevivir en el colegio. Como odio todo tipo de censura, después de leer los diferentes argumentos de los que la criticaban y la defendían, decidí leer el tan famoso libro a estas alturas. ¡Qué sorpresa la mía! El libro no es más que un libro juvenil muy al estilo de Manolito Gafotas, con un humor parecido, lo único que desde un personaje femenino, Sara, una chica de 12 años que está a punto de terminar el colegio y que narra lo que le va sucediendo a lo largo de ese curso a través de 75 consejos, una excusa para contar la historia. Hay consejos brutos y consejos geniales. Son simples títulos que ponen sobre papel pensamientos de la edad, que un adulto corre para censurarlos, prohibirlos, eliminarlos, olvidarlos lo más rápido posible. Un adulto tiene siempre terror a que el niño se sobreponga al adulto. No me ha sorprendido absolutamente nada. Mientras lo leía trataba de ponerme en la mente de un niño de esa edad, de mí mismo con esa edad. Un niño con esa edad quiere sentirse integrado, siempre tiene algún enemigo en el colegio, es rebelde por naturaleza, coge cosas de sus padres, odia el colegio y a los adultos en general, quiere sentirse guapo y dice groserías para sentirse mayor. Un chico de su edad quiere conocer el amor, valora la amistad. No me sorprende nada lo que dice Sara. Y, al igual que a mí no me sorprende, un niño o una niña de su edad lo ve como lo normal, se siente identificado y sabe perfectamente que es un libro, ficción, a pesar de que todo lo que lee en ese libro es muy cercano a lo que piensa y muchas veces a lo que él mismo hace día a día. 



Por esto me parece una aberración que hayan querido que se saque del mercado el libro. Yo me crié leyendo y viendo de todo y quien me conoce sabe que soy más pacifista que otra cosa. Si tanto se preocupan esos padres por lo que leen sus hijos que antes miren lo que ven en la televisión, que prohiban ver el telediario en sus casas, que les quiten todo tipo de tecnología (esas máquinas que tan bien les vienen cuando están hartos de escuchar a sus hijos). Las dobles morales no valen en esto. La censura es un delito moral. Atonta a las personas, les impiden desarrollarse. Se les prohibe la creación de una propia opinión, de una personalidad fuerte, ajena a los rebaños. Los niños están cansados del estulto trato que reciben. 

Estoy cansado de las tonterías. Los silogismos no son siempre certeros y lógicos. Si un niño juega al Counterstrike no tiene por qué ser agresivo y violento. Cuando un niño lee cómics no cree en ningún momento que superman existe y que él podría volar si quisiera. En definitiva solo quiere expresar que dejemos que nuestros hijos y nuestras hijas se desarrollen en el mundo real. Deseo mostrar mi apoyo a la autora del libro y mi felicitación por un libro que me ha recordado mis años leyendo Manolito Gafotas. El libro no es más que un reflejo de la mente de una niña de 12 años. Tendríamos que cambiar la sociedad para que cambiarán esas mentalidades. 

Viva el libre pensamiento.

miércoles, 3 de agosto de 2016

Una interpretación escalofriante

Las imágenes siempre valen más que las palabras, porque estas no todos las entienden; en cambio las imágenes son la mayoría de las veces entendidas por todos o al menos parecen ser comprendidas por todos; luego nos damos cuenta de que la realidad es bien distinta y que la comprensión rara vez es tal cual. 

             Podemos leer todas las salvajadas que sacuden el planeta a diario. Podemos escribirlas. Podemos desear que terminen o incluso querer buscar explicaciones. Podemos es una palabra que nos incluye a todos pero que no parece atañernos, porque del "podemos" nunca o casi nunca se pasa al "lo hacemos". Así funcionamos. Nos irritamos, maldecimos, nos sentimos mal porque parece que no podemos hacer nada y ahí nos quedamos.  

                Quietos, parados, inmovilizados por la falta de inercia. Casi muertos.

                 Estoy yo quejándome del calor que hace, aunque hoy parece que hace menos que la semana pasada, y entretanto visito facebook, leo artículos, veo vídeos y ¡zas! de repente veo un vídeo que me ha puesto la piel de gallina. Un ejemplo de lo que es pasar de "podemos" a "hacemos". Un programa de los que llamamos "basura" utilizado para transmitir un mensaje. 

                    Aparece un egipcio y comienza a representar un papel que ni los mejores actores podrían interpretar. El joven se presenta y a cámara lenta muestra la realidad de muchos árabes y termina lanzando un mensaje. Para cuando ha finalizado uno ya no es el mismo, pues el tsunamí ya ha traspasado toda la epidermis y de nuevo te sientes mal porque tu "podemos" sigue sin ser tu "hacemos" y porque sabes que el mundo va mal. Te quejas del calor o de que has engordado estos últimos meses, porque "pobrecito" (nótese la ironía) tenías que estar estudiando tus oposiciones y no te has movido de la silla en meses, con los ojos pegados a los apuntes, a las fotocopias y los dedos encolados al teclado del ordenador. Te quejas porque la vida no te va como te gustaría. La cuestión es quejarte y olvidarte de que todo eso es accesorio, pero de repente recuerdas, aunque solo sea a ratos, que en estos momentos alguien está sufriendo, alguien está huyendo de sus hogares escapando de la mano asesina, de la bomba, del fanático, del loco que pierde la vida sin haberla valorado; te recuerdas que ahora mismo hay familias encerradas en campos de refugiados, sin esperanza, como rebaños de corderos que esperan el matadero (como metáfora),  personas que mueren en atentados, víctimas y más víctimas. 

                   Mientras escribo esto trato de martirizarme mentalmente para que no se me olvide que soy un privilegiado, porque puede seguir caminando por la calle con cierta tranquilidad, durmiendo en mi casa, disfrutando de mi familia, de mis amigos, de mis cercanos, gozando del placer de la libertad, de sentirme resguardado, cómodo en el mundo. Me lo tengo que recordar para no olvidar nunca. Tenemos que recordar todos que el mundo que conocemos hay que defenderlo, hay que valorarlo, hay que cuidarlo. 

              "Podemos" debe ser "hacemos". 

             Soy un afortunado. Somos afortunados. Ojalá que todo ser vivo fuera afortunado de vivir. Entretanto os invito a ver este vídeo y a sentir la tristeza de una tragedia colectiva. 

viernes, 15 de julio de 2016

Destruyendo en lugar de construyendo

¿En qué clase de mundo vivimos?

Anoche un salvaje mataba a casi una centena de personas con un camión por las calles de Niza. Aquellos atentados en París, en Bruxelas... Una vorágine de violencia, de desafección, de destrucción masiva, de ataques traperos... Creo que la realidad se nos escapa de las manos. Estamos poniendo de nuevo el mundo patas arriba, manga por hombre, bocabajo y agitado, desolado. 

¿Qué mundo estamos construyendo?

Ya más que construir estamos destruyendo. Y hablo en plural incluyéndonos a todos, porque todos contribuímos de algún modo a que este mundo sea cada vez peor. No somos terroristas, pero consumimos productos que vienen de explotación, si no humana, sí animal o vegetal. No miramos por nada, salvo por nuestros ombligos y el de la gente de nuestro alrededor. (Sé que generalizo demasiado y que hay muchas personas que tratan de hacer lo mejor por todos, pero aún así todos hacemos cosas sin querer... por pura supervivencia la mayoría de las veces)

Mientras en Niza ayer moría gente salvajemente, muchas otras personas mueren y viven salvajemente en otras partes del planeta. Suena a demagogia, lo sé, pero lo digo de corazón, estoy cansado de que nos duela más la muerte de un europeo que la de otra persona de otro lugar. ¿Cuántas personas no se han dejado la vida intentando escapar de esos terroristas que ahora no cejan en su intento de sembrar terror a base de sangre? Mientras nosotros lloramos, ellos disfrutan. Mientras tratamos de recuperarnos de las heridas de los atentados, ellos gozan y miles de personas naufragan en el viaje de la vida intentando llegar a algún destino, al que sea. Pero esas personas ya las hemos olvidado. Ya nadie habla de los refugiados. Se habla del Brexit, de esa disgregación absurda de un país como el Reino Unido. ¡Cuánta ironía! Llevar en su nombre la palabra "unido" y ahora separarse. No solo disgregarse, sino también cerrar las puertas a los refugiados, a personas víctimas de esos terroristas que nos aniquilan, a esas gentes víctimas de una vida que se les ha vuelto infernal. Los imagino acumulados como rebaños de obejas en algún corral de alambre y entonces recuerdo algo que en mi casa se ha dicho siempre: "Donde caben tres caben cuatro". Dicho que refleja la sabiduría de quien ha pasado por penurias. Pero ya no recordamos, la memoria es frágil y nuestra economía menos débil de que lo era entonces, cuando mis abuelos eran jóvenes y pasaban penurias. Ahora parece diferente, a pesar de la crisis que nos tiene siempre con el "ay" en la boca, con la duda de no saber cómo será el presente, el hoy mismo y el mañana. 

Pero al fin y al cabo, donde caben tres caben cuatro. 

¿Entonces por qué no hemos acogido todos a esos refugiados? ¿Por qué leo comentarios tan primitivos como "tenemos que echar a todos los moros de Europa"? Sentencias tan absurdas, tan difamadoras, tan dañinas, que me hacen temblar de impotencia, de incomprensión, de no saber cómo ni cuándo este mundo empezó a ser de nuevo un campo de minas, un lugar lleno de borregos que hablan para decir estupideces. A los "moros" no hay que echarlos de ninguna parte. ¿Quién nos da permiso para echar a gente de "nuestro" país? ¿Acaso nacer en un lugar te da derecho a disponer de él como si fuera tuyo? La Tierra es de todos, lo quieran algunos o no. Deberíamos ayudarnos entre todos. ¿Cómo? Eso quisiera yo saber. Llorar a las víctimas no es una solución. Poner en las redes sociales "JeSuisNice" o cosas por el estilo no ayudan a nadie. Poner velas por las víctimas es solo un acto de muestra de apoyo, pero puro simbolismo. Tenemos que buscar soluciones. 

Siento tanta pena. Estamos abocados a la destrucción. Yo que lucho a diario por sacar lo mejor de mis alumnos, por inculcarles el poder del diálogo, de la paz, de los gestos por el medioambiente, de evitar cualquier conflicto, de poner soluciones entre todos a los problemas que surgen... Yo que tanto defiendo el querer hacer el bien por encima de todo, no puedo dejar de pensar que todo está perdido, que se acerca una guerra de las grandes de nuevo. Siento que el hambre no se acaba porque no queremos, que muchas enfermedades no se erradican por intereses económicos; creo que seguimos siendo marionetas manejadas por unos pocos. Somos mequetrefes con los que algunos se divierten jugando. El conductor asesino de anoche atropellaba a masas de gente como si jugara al GTA; sacaba vidas de cuerpos a golpe de pedal. 

Es tan fácil morir y tan complicado mantenerse vivo. 

Anoche moría gente. Es una fecha tan importante para Francia. El asesino supo elegir el momento. El 14 de julio los franceses se congregan para ver los fuegos artificiales que se lanzan en todas las ciudades. Todo un espectáculo. El año pasado yo estuve en Burdeos viendo ese festejo. Yo podría ser una de esas víctimas de ayer si el asesino hubiera decidido matar el verano pasado en Burdeos. Y habría matado a mucha más gente. Entiendo que es imposible escapar a un ataque así, si recuerdo cuántos estábamos allí en Burdeos, cómo estábamos, todos juntos mirando al cielo. ¿Ayer miraban al cielo cuando el camión se los llevó por delante? No quiero saber detalles. Es terrorífico. 

Mirad cuántos atentados se han cometido en 2016 según Wikipedia:
 Una barbaridad de atentados, una violencia masificada sin control. ¿Cuándo terminará todo esto?

viernes, 8 de julio de 2016

Historias de opositores

Contar historias es uno de mis sueños, pero siempre hay algo que lo impide. 

Es curioso que yo funciono mejor en cuanto a la escritura cuando peor estoy, el dolor es mi motor, pero al mismo tiempo es un bloqueador de la inspiración. A lo mejor no he nacido para escribir y simplemente me fuerzo a hacer algo que no sale por sí solo, quizás vivo con este sueño que no pasa de ser un sueño evaporado que como las nubes desaparecen con los vientos que soplan con fuerza a favor o en contra. 

¡Qué pesadilla de oposiciones! 

Lo peor de todo es que a pesar de que estoy casi seguro de que no conseguiré una plaza yo sigo agotándome a diario entre ensayos de encerrona y defensas, sigo perdiendo energía y acumulando horas de desesperanza; lo que más cansancio me produce es pensar que habrá de nuevo otros periodos de estrés y desilusión provocados por otras oposiciones. Y mientras tanto pasará la vida... y espero ¡Ay! tener la suerte de seguir pisando aulas, fundiéndome con el buen ambiente de estas, seguir haciendo lo que de verdad es mi gran vocación, guiar a mis alumnos, o como dice mi amiga Lucy, "ayudar a la gente a cumplir sus sueños", bella descripción sobre nuestro papel como profesores, aportar un granito a la formación de grandes pirámides que son las vidas, sonreír a los alumnos como se sonríe a la vida, dar felicidad y que te digan que eres el más feliz que jamás hayan visto, saber que un pequeño paso es siempre un gran paso y tratar entonces de convencerme en este mar de ideas de que presentarme a estas oposiciones sigue siendo un pequeño paso que es un gran paso, saque o no saque plaza, porque al menos habré sido capaz de enfrentarme de nuevo al sudor de las manos nerviosas durante la encerrona y de ser capaz de hablar sin que tiemble la voz, mostrarme lo más natural posible, más natural que la vez pasada que no era yo, sino un bloqueo aterrador. 

Y de nuevo las palabras, escribir me ayuda a ver el lado positivo, me incita a disfrutar del viaje a Ítaca como Ulises, a gozar del camino, pues qué más da el destino. Así esta presa de palabras revienta y se renueva como en cada donación de sangre, bombeada por la máquina, limpiada por la escritura de todo aquello que se acumulaba y saber que de nuevo le debo a las palabras un cambio de rumbo, una mirada profunda al cielo azul despejado y escuchar el romper suave del mar de Roquetas que retumba a veces en el recuerdo. Mi estrés es una tormenta de verano en Almería, donde se raja el firmamento y nunca llueve. Por suerte, estas nunca duran demasiado y pronto el sol vuelve a relucir, especialmente en Almería. Y por suerte se acaban estas oposiciones ya el 12 y volverán las horas de lectura por placer, el deambular por las calles a mi antojo, ir a tomar tapas, escribir de nuevo aquí y en mis cuadernos, ver a mis amigos, hablar con ellos, ver series y películas, perder el tiempo como quiera y no volver a estar obsesionado con una pesadilla, la pesadilla de las oposiciones que, lo queramos o no, nos persiguen a todos los que somos opositores. Y ahora a repasar el esquema de la defensa y a notar la brisa del mar gracias al poder de la imaginación y al ventilador que combate el calor del ambiente.

miércoles, 8 de junio de 2016

La tortuosidad de un tropismo

Días largos, tortuosos como los grados del termómetro que de repente se han enrollado en una ascensión de mercurio que parece insostenible, como el tiempo que nunca se detiene y a veces me aplasta. Antes habría seguido estudiando sin descanso, a pesar del cansancio; ahora ya simplemente, conforme se acumulan los años sobresale la parsimonia, en mi caso, un querer descansar a pesar de las corrientes. Pero al final uno es siempre el mismo, aunque diferente. Por más que nunca haya dormido siestas, hoy nada más comer, la siesta se ha impuesto, como la preposición que rige un complemento de régimen. Comer y dormir. Esforzarme en arrancarle horas al tiempo y, en cambio, tirarme al sofá y despertar dos horas más tarde. La desgana del que sabe que tiene mucho que hacer y hace sin embargo lo que puede, sea cual sea el resultado. Tendría que estudiar, realizar supuestos prácticos, rematar las unidades didácticas... hacer como acción. Y la cosa es que lo hago, pero no hago lo suficiente. Necesito una vida para aprobar unas oposiciones...

viernes, 13 de mayo de 2016

RECREOS LITERARIOS IPEP CÓRDOBA ABRIL 2016

       La semana del libro en Córdoba, se celebró en mi centro una actividad de esas que al terminar sabes que ha sido bella y única: los recreos literarios. Durante una semana alumnos y profesores se mezclaron en la sala de descanso del instituto con el fin de compartir lecturas al abrigo de unos dulces y de buenos sentimientos. Yo he participado y me podéis ver en el vídeo. Me puse nervioso, como pocas veces. Es impensable saber la reacción del cuerpo ante ciertas situaciones. En este caso, estaba tranquilo hasta que vi la cámara y el micrófono. En ese preciso momento, empezaron los temblores y el miedo, pero ¿miedo a qué? Ni idea. La cuestión es que, a pesar de que me veáis retorcido por el nerviosismo y hasta con la cara como torcida o contraída, lo disfruté mucho. Espero que os gusten las recomendaciones literarias que se hacen y que os anime a leer alguna de ellas.

                                                                              

Porque, como digo al final del libro, los libros forman de alguna manera parte de mí, como si fueran una segunda piel protectora.

    

miércoles, 4 de mayo de 2016

La tortura según Semprun

En Ejercicios de supervivencia, Jorge Semprun habla del horror de la tortura.
Corrían los tiempos de la Résistance en Francia, durante la ocupación nazi, y en París los miembros de este movimiento tenían que hacer frente a menudo a la terrible tortura ejercida por la Gestapo francesa y, aún más horrorosa, alemana. Jorge comenta en su libro los tipos de tortura y las sensaciones que él padeció a manos de aquellos que se hacían llamar el orden. Matracas, permanecer colgados de un hilo fino, arrancar las uñas de los pies... y cosas mucho peores, como la asfixia por ahogo: Jorge narra la fatídica experiencia de sufrir las primeras torturas y de perder casi el conocimiento cada vez que sumergían su cabeza en una bañera llena de basura, excrementos y agua sucia. Todo con el fin de que delatara, testificara, dijera lo que jamás diría. Porque si algo le quedó claro de aquello es que en el momento de una tortura, la persona torturada, que calla y guarda localizaciones, secretos, nombres, es la más sublime forma de fidelidad humana. 

¿Quién es capaz de soportar la separación de la conciencia y el cuerpo? ¿Quién además sufre por otros lo insufrible?

Sin duda debe ser algo tan lamentable, tan humillante debe ser verse golpeado, reducido a saco de boxeo, a nada... mientras a tu alrededor las caras sonríen y disfrutan del dolor ajeno. Semprun lo cuenta guardando tan bien los silencios y despertando las imágenes que he sentido el dolor de lo que no he vivido. 

En una conversación que mantiene en el libro con un camarada, este último le confiesa que no se puede ser humano por completo si no has sufrido tortura, porque no sabes lo que es el dolor real, ni cuáles son los límites hasta los que un humano es capaz de llegar. Semprun no comparte esta opinión, al igual que no comparte otra idea que surge en una de sus lecturas sobre las secuelas de la tortura. Él no creo que el torturado ya no se siente cómodo en el mundo y que padecerá eternamente el sufrimiento y el odio por la humanidad salvaje. No. Él cree que el que se sale de la humanidad y deja de estar cómodo en el mundo es, sin duda, el torturador que sobrevive, todos aquellos que han visto la cara de la muerte en los ojos ajenos.

Y leyendo esto solo me invade constantemente una pregunta: ¿Cómo podemos llegar a ser así de crueles?


domingo, 24 de abril de 2016

La Nueva Educación

La Nueva Educación de César Bona es la ejemplificación de muchos de los métodos y estrategías utilizadas por César a lo largo de su recorrido por diferentes centros de Aragón. Es un suspiro esperanzador de lo que debería ser la educación en general y que debería ser apoyado por los gobernantes. Seguramente el mundo sería un poco mejor si todos los que tenemos algo que ver con la educación potenciáramos más la empatía, el respeto y el aprendizaje que pone en valor a cada persona como tal y no como un número o un simple nombre en una lista.

César Bona fue elegido el año pasado como uno de los mejores maestros del mundo, el único español. Conozco profesores que hacen cosas tan estupendas como él pero que no han sido reconocidos más allá del instituto y a veces que no son reconocidos por nadie. Si buscáis por internet podréis saber más de él y de lo que yo también considero una buena educación. Es el prototipo de profesor al que yo aspiro llegar a ser. 

Os recomiendo su libro. Lo disfrutaréis mucho.
Os dejo aquí algunos enlaces de youtube donde lo podéis escuchar.

1. Vídeos de los Nuevos restos de la educación.


2. Un vídeo extenso donde se habla de él.

Es una maravilla.

Recomendaciones: Recreo literario en mi centro


RECREOS LITERARIOS

Hemos iniciado hoy la semana del libro y no podía agradecer estos recreos dedicados a hablar de algo que a mí me ha salvado la vida muchas veces, los libros.

Yo os voy a presentar una obra de la periodista gallega, Rosa Aneiros, ampliamente conocida en Galicia y poco conocida en el resto de España. Esto se debe en gran medida a que escribe solo en gallego. También os voy a hablar de la autora belga Amélie Nothomb, cuyas obras me han acompañado durante horas de viaje en bus urbano durante mis años de extranjero en Francia y a quien le debo mucho del francés que hoy sé.

Rosa Aneiros escribió Resistencia a raíz de una visita que hizo a la prisión de Peniche, en Portugal. La novela narra la historia de amor, de resistencia, de lucha humana en un periodo de gran dureza en la Portugal de la dictadura salazarista. Parece la historia exclusiva de dos personajes, Dinís y Filipa, alejados por las circunstancias. En cambio, en todo el recorrido del lector aparecen personajes llenos de vida y lirismo radiante, tan real que es imposible no padecer los males que acechan a toda resistencia. Uno sucumbe a la oralidad embaucadora de la narración y se siente testigo de todo un periodo y de una gran historia entre dos personas y su entorno.

¿Qué significa esta novela para mí? Es más que una novela. La traducción de la misma es parte de mi propia historia, porque la traductora es mi mejor amiga y porque una serie de acontecimientos hizo que esta traducción fuera posible, cuestiones del destino que no es preciso decir. Simplemente es un libro de realismo mágico al estilo de Gabriel García Márquez. Un libro que defiende la lucha por ideales, la resistencia; lo que es lo mismo, permanecer de pie. Y para mí esto es algo importante. A mí me incita a la vida y a valorar el pasado. Por eso, la recomiendo.

A Amélie Nothomb la conocí como se conocen las cosas que marcan, de casualidad. En la caja de libros de mi compañero de piso estaba uno de sus libros. Lo cogí y ya no pude parar. Encadenados fueron cayendo uno tras otro como las fichas de dominó. Escritora belga nacida en Japón también por casualidad, está completamente unida a este país. Tan ligada a Japón que de hecho parte de sus libros giran entorno a hechos autobiográficos ocurridos en Japón, como es el caso de su libro más vendido “Estupor y temblores”, en el que narra su experiencia laboral en una empresa japonesa y lo duro que esto fue. A simple vista una novela más, pero Amélie la escribe con tanto humor y nos acerca con tanta nitidez a la sociedad y mentalidad japonesa que es imposible no sentirse atraído por la novela y por lo que cuenta. La otra línea principal de su obra es la ficción, caracterizada por personajes deformes, feos; individuos esperpénticos con nombres de personajes clásicos, porque si algo importa en su narrativa es el poder de las palabras, la necesidad de los nombres, la excentricidad de algunos personajes y el potencial que estos tienen. En esta segunda línea, he querido señalar “Ácido sulfúrico”, primero porque fue el primer libro que leí de ella y segundo porque puede ser interesante su lectura. Ácido sulfúrico cuenta la historia de un reality llamado “Concentración”, en el que se graba a los prisioneros, que son elegidos al azar entre la gente del pueblo y son encerrados en grupos. Viven en condiciones espantosas. Son insultados, golpeados y alimentados por los “Kapos”. Cada dos días asesinan a dos, hasta que ocurre lo impensable. Eso lo dejo a vuestra curiosidad. ¿Hasta dónde puede llegar el juego, el espectáculo de masas? Son muchas las preguntas que surgen.

Os recomiendo estas lecturas.

viernes, 15 de abril de 2016

Destruyendo recuerdos...

La vega de Salobreña o del cómo se destruye la naturaleza en nombre del desarrollo atrasado. Este debería ser el titular de cualquier noticia relacionada con este asunto. En este blog, los que me leen saben que mi infancia son recuerdos de una vega verde que proyectaba las olas del azul del mar en las cañas de azúcar agitadas por el viento. Esa vega es casi una de las cosas más importantes de las que parten y se expanden mis más tiernos recuerdos. Lo que vais a ver más abajo es lo que empieza a ser destrucción y justo en toda la mitad de lo que yo veía, como un tajo dado con toda la mala idea justo donde más duele.

A la derecha el inicio de la construcción hace décadas. A la izquierda lo que había y se empezó a destruir...


Durante siglos la vega de Salobreña ha sido bastión de caña de azúcar. Ha sido tan importante en la Historia que de hecho es desde aquí desde donde se expandió a América el cultivo de esta. Muchos son los salobreñeros que han vivido y se han ganado el pan gracias a la explotación del mismo. Mi bisabuelo trabajaba en la fábrica de azúcar, de hecho. 

Muchos ven, en lo que para mí es destrucción, el inicio del desarrollo turístico tan esperado en el pueblo. Yo no puedo ver más que aniquilación del patrimonio, de la historia del pueblo, pero sobre todo del pasado, de mi pasado, de mis recuerdos, de lo que yo fuí un día y nunca más volveré a ser. Y cuando vuelva al pueblo, cosa que ocurrirá pronto para festejos, me quedaré ciego ante el resplandor del hormigón y la arena movida por las máquinas. Sufriré al ver que lo que era estampa de impresionismo se va convirtiendo en hoteles y rebaños de turistas, que al igual que sucede en todo el litoral se verá invadido por gente de vacaciones en verano y durante el resto del año será un desierto de edificaciones invasoras. Ya no habrá chozas que anclan con el pasado ni playa con naturaleza por doquier. Ya se irá el encanto de un pueblo andaluz que había permanecido como perla del Mediterráneo. Vendrán las máquinas y se llevarán la rememoranza. Ya no querré ir a un lugar que me recordará el paso del tiempo y la destrucción humana, el martirio por el dinero. 

Leía hace no mucho que en occidente hay muchos creyentes pero pocos practicantes, porque la fe occidental se ha vuelto científica. Yo diría que en occidente el problema está en que ni es la ciencia la que abre caminos ni es la religión. Aquí la fe es el Dinero, único dios todopoderoso, padre de todo e hijo de la ambición humana. Yo no tengo ninguna fe religiosa. No creo en lo sobrenatural ni en lo divino; al menos no en lo divino como tal. Mi fe es en gran parte un cúmulo de recuerdos que no quiero olvidar. Pero la mente es débil y la huella del recuerdo se diluye en el tiempo, arrasada por este de manera impetuosa, sin cesar, porque el tiempo es algo que no se detiene, avanza implacable y destruye como las máquinas ahora eliminan la vega ya muerta hace tiempo.

Génesis de destrucción y supuesto desarrollo.


Y no llegará el desarrollo. No habrá avance por más que me duela. Salobreña será como el resto y habrá perdido su seña de identidad. Lo dice uno que vive fuera porque allí no hay trabajo. Lo dice uno que amaba su pueblo con locura. Lo escribe alguien que sabe lo que ocurre con nuestro turismo tradicional de hotel-sol-playa. Lo escribe y reafirma quien ve lo agotado del sector, lo que da y no da, porque lo conoce de primera mano. Lo reafirma ahora por escrito quien adoraba su pueblo, su Salobreña de caña de azúcar, de vega, de casas blancas asomadas al precipicio de un colchón verde mullido, de un mar azul y transparente como el aire, un lugar visionero de la nieve y la montaña, un sitio privilegiado y mal explotado. No puedo decir otra cosa: "Cada día la quiero menos". Mi Salobreña ya no es la misma. Hace tiempo que dejó de serlo.

miércoles, 13 de abril de 2016

Reflexiones absurdas: Árboles que son brazos

Muchas veces cuando paseo a mi perrita, Xena, veo los árboles del paseo sobre mi cabeza e imagino historias o cosas que parecen. 

El otro día, parecían sus ramas dedos alargados y retorcidos que luchaban por agarrarse a las estrellas o al cielo nocturno para sacar todo el cuerpo que yace bajo la tierra, porque sus troncos eran para mí gruesos y fuertes brazos de madera. ¿Acaso sabe alguien si no fueron antes brazos de gigantes con síndrome de Pinocho?

sábado, 9 de abril de 2016

Cementerio de animales libres

Cementerio de animales libres.

Eso es la autovía. Me entristece sobremanera ver animales aplastados, triturados, irreconocibles, solitarios, despedazados por la velocidad de los vehículos y el peso de los neumáticos. No hay vez en que no vea un animal muerto en el arcén de la autovía. 

Solo quería expresar la pena del que no recibe lágrima alguna ni un mero pensamiento. Eran libres y murieron libres. Quizás eso es lo que se han llevado. Pero qué penoso debe ser morir en carretera, sin tener estas que estar ahí; porque las pusimos nosotros y nos olvidamos de que ellos las cruzan, porque como siempre solo miramos por nosotros, antropocentristas por naturaleza, por evolución, por fastidiosa superioridad, por ser nosotros tortugas más que liebres. Debería existir la profesión del florista de animales muertos en carretera y que al menos les dedicara alguien un minuto de silencio y le colocara una bella flor. Suena bonito, pero poco práctico y muchos pensarán que absurdo. ¿Acaso hay cosas que no lo sean? 

Cementerio de animales libres, eso sí que es absurdo si lo pensamos con seriedad. 


viernes, 8 de abril de 2016

Azahar en Córdoba

La primavera ha estallado en un año extraño en el que parece que no ha habido verano y todo ha sido primavera eterna. Pero no, la primavera sabe demostrar su presencia. Aquí en Córdoba llegó la semana pasada, no tanto por la temperatura como por el aroma. Los campos que se extienden desde mi ventana han pasado del verde oscuro a un verde brillante inundado de mantos de colores amarillos, rojos, morado... Nada que no conozcamos todos los que vivimos en zonas con estaciones. 

Ahora bien, este olor aromático solo es familiar para ciertos lugares. En Córdoba las calles huelen a azahar. No me refiero al azahar poético que se vuelve empalagoso en muchos escritos. No. Este azahar hay que olerlo. Es el verdadero azahar, no el que mentalmente nos viene al leerlo en poesía. El azahar real se introduce en las fosas nasales y las abre en un éxtasis incomparable. Estalla. 

El otro día al salir del instituto me sorprendió ese tsunamí aromático. En Almería no tenemos casi árboles por las calles. No hay naranjos. Solo hay asfalto y luz blanca. Viento, muchas veces. En otras ciudades en las que he vivido tampoco hay naranjos por las calles. Por eso, estar ahora en Córdoba está siendo un placer para el olfato y la vista. 

Azahar.


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viernes, 25 de marzo de 2016

Leal

Ayer estuve en el cine. No había leído ningúna crítica sobre la película de Leal. Quizás debería haberlo hecho, porque me habría ahorrado un fraude. Digo fraude porque la película carece de sentido, es un cúmulo de imágenes futuristas y atropello de pensamientos incoherentes. En Leal tratan de explicar y poner orden a las dos películas anteriores (libros en realidad) y en ese intento dejan la trama desatada, colocando al espectador en la situación de creer haber perdido dos horas para no llegar a ninguna parte. No obstante, le daría una oportunidad a la última película si llegan a estrenarla. Y lo haría no porque esta tercera entrega me haya dejado con las ganas de ello, sino porque necesito conocer el final de la saga... y quizás lo conozco a través del libro. Ya no sé, ciertamente.

Demonios

Si hay algo que maldigo y mucho es el hecho de perder el tiempo en cosas que me parecen absurdas. Últimamente pierdo mucho tiempo en las oposiciones y, a pesar de perder mucho tiempo, no avanzo nada. Es como estar en unas arenas movedizas y por más que se quiere salir de ellas es imposible: mucho esfuerzo y poco resultado. Hasta ahora he intentado no agobiarme ni estresarme, total qué más da, pero ya empieza a acercarse el mes de junio y la presión interna va en aumento. Odio las oposiciones. Las odio con todas mis fuerzas y es lo único que odio en mi vida. Y sin embargo tengo que enfrentarme a ellas de nuevo después de tantos años (2010). Pensaba que con la experiencia, el paso por distintos institutos, la seguridad adquirida en mis clases... pensaba que tras haber crecido algo desde entonces, podría afrontarlas sin temor. No. Me equivocaba. Ahí están con las fauces bien abiertas y yo tan desarmado como la vez pasada. Solo deseo que pasen ya. Que llegue julio y hayan pasado. El temor ya no sé ni si hay razón para tenerlo. El temor, el único temor es fracasar de nuevo. De hecho si hay algo que me frena es el pensamiento de que la vez pasada fracasé, a pesar de todo el tiempo y esfuerzo invertido. Me sentí un inútil. Y es esa sensación la que seguramente más me bloquea. Pero... es lo que hay. Uno no puede escapar de sus demonios, si para llegar a la meta hay que toparse con el mismo demonio.


martes, 23 de febrero de 2016

Imagine

El otro día mis compañeras de inglés organizaron unas actividades para celebrar el día de la paz y del amor. Fue una actividad buena. Hubo presentaciones sobre personajes importantes por la defensa de la paz y de los derechos, también se leyeron poemas en inglés de producción propia de algunos alumnos. Lo mejor de todo vino de la mano de dos grupos que cantaron canciones de The Beattles. Digo que fueron especiales porque rodeados por las letras del Imagine, aquel grupo en el escenario era maravilloso: un hombre de avanzada edad, jóvenes que casi rozan la veintena o señoras que fuera de esas horas de estudio se ocupan de organizar sus hogares, cuidar de los retoños, entre muchos otros menesteres. Era una imagen fabulosa. Siendo sincero, tuve a veces la piel de gallina de ver esa fusión en aquella actuación casi improvisada. Había tan buen rollo, como se dice ahora, tan buena onda, como dicen o decían en otros lugares. 

En la variedad está la riqueza. Aquella imagen es reflejo de ello.



miércoles, 6 de enero de 2016

Retazos de uno mismo

En cada lugar una parte propia.

Me lo he propuesto muchas veces, pero no lo consigo. No logro no encariñarme con la gente, los lugares donde vivo, donde he vivido. Me dejo siempre retazos de mí mismo que no recupero y a veces me siento desgastado, cuando lo pienso.

Estaba leyendo un texto sobre aprendizaje cooperativo y he tenido que dejar de leerlo porque es inevitable llevarme arrastrado por los pensamientos y las imágenes hacia Fuensanta, su mar de olivos, montañas, nieblas matinales, el frío que ya se instalaba en las paredes de mi aula, el candor reflejado en los ojos de mis alumnos, la comprensión de mis compañeros... Tengo una profesión bella, muy bella, pero en mi caso, como fue en muchos antes, es transitoria, hoy trabajas (mientras otro/a sufre una enfermedad o trae al mundo un nuevo ser), mañana dejas de hacerlo y en ese detenerse de mi función yo sufro y es entonces cuando el enfermo soy yo, sin parecerlo. Me vuelvo un cuerpo vivo con fondo muerto, como la planta que deja de estar a la luz y no recibe el agua ni los nutrientes necesarios. No soy catastrofista, al menos ya no. Sé que mi vida es así ahora. Pero yo soy esto: fundirme con mis alumnos en una danza de cariño, saber, entendimiento, lucha, resistencia por rescatarse cada uno a sí mismo del molde que impone la sociedad, tratando de bailar todos juntos con los pasos de cada uno... ser un ente para de repente no serlo. Me deshago y me dan ganas de llorar, pero no lo hago, simplemente dejo que los sentimientos se paseen por mi epidermis durante un rato y luego impongo la dictadura de la razón. Esto es así.

El tornado, ese del que hablan en la preciosa película “Palmeras en la nieve”, ese que es como la vida, ese que lanza ráfagas que te derriban y entre cada racha aparece la calma. Ese tornado siempre está ahí.

Así yo.


Y ya que nombro la película debo reconocer que al igual que dejamos una parte nuestra en cada lugar, así existen otras cosas que dejan algo propio en nosotros. Precisamente esta película ha dejado en mí un poso de nostalgia, de tristeza, de incertidumbre, de belleza. Es tan bella que no puedo quitármela de la cabeza, el color de sus imágenes, la banda sonora, la fuerza de sus personajes, la historia de amor... tan bella y a la vez tan triste. Así soy yo, así somos todos. Damos y recibimos, nos deshacemos por el camino y nos recomponemos gracias a otros, a otras cosas incluso. Seres de migajas.

En cada lugar una parte propia, un elástico que me mantiene unido a cada sitio. Lleno de recuerdos siempre, como la canción que anuncia "Palmeras en la nieve".