viernes, 12 de noviembre de 2010

Vacío

Un libro, una mesa, una pantalla, microchips, cedés, casas, árboles, ríos, océanos, penínsulas, continentes, planetas, son muchos los objetos que pueblan el vacío, pero acaso no se trate de miniaturas que flotan sobre una liviana laguna de vacuidad.

Abro los ojos y sé que me engañan. Respiro e intuyo que ese placer sea pura mentira, un veneno que acabará dándome muerte. Toco y presiento una falacia tras otra, unas descargas producidas por mi propio organismo, un deseo seguro de acercarme al engaño, de intentarme ocultar lo que de verdad existe. Paralizo los sentidos, excepto el sentido de sentir, sí, siento con los oídos los sonidos que mi cerebro selecciona para mí, diluyendo el vacío que con probabilidad lo puebla todo. En el fondo, descubro que tal vez, muy remotamente, nuestro cuerpo ha sido diseñado por el azar para pescar la información que se dispersa por el gran vacío, señor real de todas las cosas. Me percato de que ahí se encuentra la realidad de la existencia, por ello me siento seguro al declarar que el vacío domina todo, ¿acaso no tenemos todos dentro de nosotros esa potencia succionadora, esa realidad de ausencias?

Leo mis propias palabras sin llegar a comprender porqué dedico mi tiempo a reflejar mi realidad, sin entender la razón que me lleva a hablar de algo que por naturaleza ya es amo de todo. Pienso y requetepienso una respuesta que me llega en forma de flechazo: no soy libre. No somos libres, quizás el vacío esté ejerciendo sobre mí su potencial, quizás sea por eso que no puedo escapar de su señorío ni esquivar los haces de succión para los que mi cuerpo fue creado. Tal vez estemos condenados a vagar, como hormigas caídas en una alberca, en la vacua realidad.

Piensa en cuestiones sin respuestas y sentirás que al poco tiempo tu cerebro se bloquea y se llena de un vacío que ahoga. Será entonces cuando descubras lo que yo siento y creo descubrir en este momento, o quizás antes, eso no lo sé: la memoria está construida con recuerdos verdaderos y otros ficticios, ¿será este otro mecanismo del vacío?

Universos, galaxias, planetas, océanos, continentes, mares, bosques, praderas, ballenas, elefantes, linces, gorriones, hormigas, partículas de polvo, microbios... el ser humano.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El doble nominal

La vida está repleta de casualidades; esto no es ninguna novedad.
Caminas solitario por la calle y te encuentras con un conocido que no veías desde hacía mucho tiempo, un día descubres que alguien comparte tus aficiones, sales de fiesta con unos amigos y acabas por sorpresa coincidiendo en una casa con tu compañero de piso, viajas a París y te topas conque al otro lado de la calle está fotografiando una escultura tu mejor amigo, un buen día te das cuenta de que muchos soñaron lo mismo que tú. Miles de otros descubrimientos casuales que estremecen el viento del otoño.
En fin, la vida es un retal de pequeñas coincidencias.
Hace apenas unos minutos busco en internet mi nombre completo entrecomillado como quien camina sin mirar al frente y se golpea repentinamente con una farola que creía en otro lugar. Busco y, sin quererlo ni imaginarlo, descubro que tengo un doble nominal (término que como viene siendo costumbre mía invento). ¿Qué entiendo por doble nominal? Muy sencillo, una persona que comparte nombre y apellidos con otra persona. Ese ha sido mi caso. Lo más curioso es que esa persona fue rector de la confederación hidrográfica del Guadalquivir. Y tú dirás dónde está la casualidad y qué me resulta tan curioso. Fácil, si te digo que soy un fanático de los embalses y pantanos; si, además, añado que me mantengo a diario informado del nivel de los mismo, seguramente ahora entenderás la casualidad. 
Un ser con mis mismos nombres y apellidos, así como con una pasión semejante. Un ser de otra época, no lejana, bien es cierto, pero tampoco cercana, quizás ahora tenga ese señor la edad de mis abuelos, quizás no viva ya. Y un sinfín de quizás y probabilidades que me ponen la piel de gallina. ¿Tendrá, si sigue vivo, otros intereses y aficiones semejantes a los míos? ¿Se parecerá en algo más a mí? No sé si los doble físicos existen de verdad o si son pura imaginación, de lo que sí que estoy seguro es de que los dobles nominales son reales como la piel misma. 
Yo he encontrado el mío.  

viernes, 5 de noviembre de 2010

Tiembla Roquetas de Mar

Ayer sonó el despertador más molesto que pueda existir.
Eran las 6:00 de la mañana cuando un crujido de madera precedió una tremenda sacudida, que para nuestra fortuna poco tiempo duró. Se quejaron los techos, la piedra, el metal, los hojas de papel esparcidas sobre la enorme mesa maciza, la pantalla del ordenador, que permaneció zarandeada varios segundos después todavía. "¡Coño!", fue mi propia queja, la de alguien que está concentrado a esas horas de la mañana y que piensa solo en las dos escasas horas que le quedan para que se acabe su turno y pueda ir a dormir.
Fue mi propia queja. 
Un terremoto para alguien que está acostumbrado sigue provocando las mismas sensaciones que pueda sentir alguien que jamás sufrió angustioso movimiento: el temblor se queda guardado en el centro del pecho y recorre durante minutos y horas el resto del organismo, sin que nada pueda sacarlo de ahí; se estremecen los músculos de las piernas, se activa el nivel de alerta, que te mantiene a la espera de que vuelva a suceder, de que las entrañas de la tierra exhalen un nuevo aliento y que su superficie respire profundamente.  
Se acerca a la recepción un grupo de franceses: "¿Eso ha sido un terremoto?", dice uno de ellos, completamente sorprendido. A lo que otro añade: "¿Es normal eso aquí?". La sorpresa de todos ellos es la de alguien habituado a la tierra tranquila y calmada de un país como Francia, donde los verdaderos terremotos vienen de fuera de la tierra, como bien me indica uno de ellos, creyendo que yo no he sufrido ni conozco el particular terremoto galo: "En Francia, no tenemos terremotos, tenemos grèves" o lo que es lo mismo, tienen huelgas, manifestaciones, organizaciones defensoras de los derechos de unos contra los de los otros; en efecto, movimientos de tierra procedentes de su superficie, aplastada por miles de pies a paso rítmico y voces que hacen crujir los cristales de las ventanas y sus postigos cuidadosamente abiertos y retenidos por pequeños cerrojos de hierro anclados en la fachada de las casas.
El despertador sonó ayer, Roquetas de Mar se despierta como otras tantas veces, particularidades de la zona, y como suele suceder la ciudad entera pospone sus horas de sueño y deja sin desactivar la alarma, que para sorpresa de todos vuelve a sonar a las 13:05, cuando todos están ya despiertos y yo, que intento dormir las cuatro o cinco escasas horas que me ofrece el día, me veo sacado del sueño por el terrible suspiro de la tierra: se agita la cama, oigo la vibración de los muelles del colchón y las aspas del ventilador de techo, que podrían parecer en funcionamiento y sin embargo no lo están. Ya no consigo caer en los brazos de un morfeo, que por las horas ya ha terminado su turno.
Sin duda, ayer fue un día de movimientos. Hoy todavía sentimos el miedo de que vuelva a moverse el suelo sobre el que nos sostenemos. Un miedo que tardará días en marcharse y que sin lugar a dudas regresará, dentro del ciclo que a Almería le corresponde.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Noches de luna para los muertos que caminan

Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?

Fiesta de todos los santos, noche de muertos y espantos, velas encendidas en laberintos de nichos y cipreses; noche poco a poco americanizada con calabazas de tenebrosas caras, esqueletos andantes, trucos o tratos, huevos podridos, travesuras, disfraces aterradores. La fiesta de todos los santos y de halloween ha llegado. Halloween fue anoche y todos los santos es hoy. Por ello voy a contar una historia que mi abuela me ha contado desde que era bien pequeño, cuando las noches de cortijo veraniego nos llevaban a dormir hasta tarde bajo la luz de la luna. Esta historia sea probablemente puro romancero, no lo sé, pero lo imagino: los abuelos saben muchas historias de este tono.

Me gustaría poder contarla como es en realidad pero, desgraciadamente, no la recuerdo bien, a pesar de haberla escuchado tantas veces. Por esa razón voy a inventar y modificar la parte de la historia que no recuerdo.

- Catalina, esta noche hay luna. Nos encontrarémos donde siempre -acordó el joven muchacho con su prometida.

Catalina asintió y se marchó, recordando las palabras de promesa que su amado le había realizado. Ya en casa, la muchacha sentía el cosquilleo y la emoción de saber que pronto se reuniría con su amado y que quizás esta vez sí pudieran efectuar la huida que habían planeado tantas otras veces. La chica temblaba y no paraba quieta en ningún lugar de la casa, esperando que la luz del atardecer se apagara definitivamente y diera lugar a la tenue luz blanquecina, huesuda de la noche de luna.

Cuando llegó el momento dado y, tras fingir dormir profundamente, se levantó de la cama con gran sigilo para salir al encuentro con el hombre de su vida.

Una vez en el lugar de encuentro, la muchacha esperó durante horas, sin desesperar. Tan sólo miraba de un lado para otro deseando ver la inconfundible sombra de su amor. Miraba sin cesar, agitaba la pierna que mantenía suspendida sobre la rodilla de la otra pierna y ocultaba su rostro con un pañuelo de lino que ella misma había tejido.

De ese modo los minutos pasaron hasta que un ruido venido de su derecha llamó su atención. Catalina sonrió al ver llegar al galán de los ojos azules. Se puso de pie y lo miró caminar con cierta soltura, parecía desplazarse con ligereza, como en un sueño. Catalina no prestó mayor atención a los pasos de su galán. Enseguida lo miró a los ojos y quedó hechizada por el influjo del océano condensado en aquellos pequeños iris.

- Amor, has llegado -dijo con el entusiasmo propio de la persona que ve la meta de la carrera.

El muchacho se acercó a su amada, pero no se atrevió a plasmar un beso en su mejilla, ni siquiera la abrazó, tan sólo se dedicó a indicarle el camino por el que pasearían placenteramente, bajo el influjo de aquella tenue luz huesuda.

Los enamorados pasearon y conversaron largo y tendido. Hicieron planes de futuro, de su huida, de los hijos que tendrían, del viaje que realizarían al extranjero en busca de un trabajo y una vida mejor... Hablaron de estas y otras muchas cosas más hasta que el silencio de la noche recuperó el espacio que le pertenece, roto por un lloriqueo suave.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina miró de nuevo los pies de su amado; flotaban a unos pocos milímetros del suelo. Su piel se había puesta pálida como el marfil envejecido; sus ojos habían segregado oscuras lágrimas y unas prominentes ojeras teñían de morado la cuna de los ojos.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina soltó un chillido insonorizado por sus labios cerrados. Miraba ahora con detenimiento los moratones que poblaban los brazos de su amado. Miraba con tristeza las puñaladas que habían agujereado el torso del galán.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina vio, de repente, cómo se difuminaba la imagen del que había sido su amado, quien en cuestión de segundos desapareció por completo. La muchacho lo llamó desesperada, buscó por todo el sendero, entre los arbustos y matorrales, tras las ramas caídas. No lo encontró. Se enjugó las lágrimas, respiró con profundidad y se decidió a regresar a casa. En el camino se convenció de que todo aquello no había sido más que una terrible visión, provocada por la luna y por su tremendo deseo de encuentro y huida.

Catalina durmió bien esa noche, al creer que nada de aquello había sucedido.

Sin embargo, a la mañana siguiente, Catalina supo que su amado había fallecido la noche anterior. Al parecer, cuando el muchacho se disponía a abandonar su domicilio, una pandilla de gamberros, que andaba detrás de él porque le había robado a uno de ellos el amor de la chica de sus sueños, lo asaltó a la puerta de su casa y le asestó una decena de puñaladas que enseguida le produjeron la muerte. No obstante, su espíritu había acudido a reencontrarse con el amor de su vida, Catalina, antes de marcharse a no se sabe dónde.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Así termina la historia, que poco conserva de la original, salvo estas palabras del amado a Catalina y el asesinato del muchacho delante de su casa.