lunes, 6 de diciembre de 2010

Bloqueo

Llevo más de dos semanas sin escribir una sola palabra. Estoy bloqueado, mentalmente y físicamente. Mi vida se torna tan aburrida como siempre y tan equilibrista, que siento que si bajo la guardia un ligero soplido me va a hacer tambalear y precipitarme al vacío de un modo insondable.

El trabajo me desgarra las ganas, día a día, de seguir manteniendo el equilibrio y, a pesar de faltar en vitalidad, una llamada interna, un susurro, murmuraciones casi silenciosas me animan a no decaer. ¿Será esa voz, la de la misma vida, esa energía que nos mueve y que en un momento dado, inesperado, nos abandona definitivamente?

Mis graves o agudos errores me acarrean males tan profundos, que se acumulan en mí, para explotar con un sigilo que duele. No debería reprender mis errores con graves sonoros ni griteríos insensatos: un error se soluciona mermando sus consecuencias y restableciendo el estado previo a las mismas; enseñando a no cometerlo, entre cariños y sonorizaciones atenuadas. 

Soy una nada sibilante que enloquece.

Escribo la locura que me corroe. Al leer esta entrada entenderás mi cabeza, quizás también algún sentimiento familiar. En el fondo todos somos iguales, ¿no lo ves? Iguales, con infinitas personalidades condensadas en una que resalta por encima del resto; pero al fin y al cabo unas mismas personalidades capaces de unos semejantes sentimientos.

Estoy loco.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Vacío

Un libro, una mesa, una pantalla, microchips, cedés, casas, árboles, ríos, océanos, penínsulas, continentes, planetas, son muchos los objetos que pueblan el vacío, pero acaso no se trate de miniaturas que flotan sobre una liviana laguna de vacuidad.

Abro los ojos y sé que me engañan. Respiro e intuyo que ese placer sea pura mentira, un veneno que acabará dándome muerte. Toco y presiento una falacia tras otra, unas descargas producidas por mi propio organismo, un deseo seguro de acercarme al engaño, de intentarme ocultar lo que de verdad existe. Paralizo los sentidos, excepto el sentido de sentir, sí, siento con los oídos los sonidos que mi cerebro selecciona para mí, diluyendo el vacío que con probabilidad lo puebla todo. En el fondo, descubro que tal vez, muy remotamente, nuestro cuerpo ha sido diseñado por el azar para pescar la información que se dispersa por el gran vacío, señor real de todas las cosas. Me percato de que ahí se encuentra la realidad de la existencia, por ello me siento seguro al declarar que el vacío domina todo, ¿acaso no tenemos todos dentro de nosotros esa potencia succionadora, esa realidad de ausencias?

Leo mis propias palabras sin llegar a comprender porqué dedico mi tiempo a reflejar mi realidad, sin entender la razón que me lleva a hablar de algo que por naturaleza ya es amo de todo. Pienso y requetepienso una respuesta que me llega en forma de flechazo: no soy libre. No somos libres, quizás el vacío esté ejerciendo sobre mí su potencial, quizás sea por eso que no puedo escapar de su señorío ni esquivar los haces de succión para los que mi cuerpo fue creado. Tal vez estemos condenados a vagar, como hormigas caídas en una alberca, en la vacua realidad.

Piensa en cuestiones sin respuestas y sentirás que al poco tiempo tu cerebro se bloquea y se llena de un vacío que ahoga. Será entonces cuando descubras lo que yo siento y creo descubrir en este momento, o quizás antes, eso no lo sé: la memoria está construida con recuerdos verdaderos y otros ficticios, ¿será este otro mecanismo del vacío?

Universos, galaxias, planetas, océanos, continentes, mares, bosques, praderas, ballenas, elefantes, linces, gorriones, hormigas, partículas de polvo, microbios... el ser humano.

lunes, 8 de noviembre de 2010

El doble nominal

La vida está repleta de casualidades; esto no es ninguna novedad.
Caminas solitario por la calle y te encuentras con un conocido que no veías desde hacía mucho tiempo, un día descubres que alguien comparte tus aficiones, sales de fiesta con unos amigos y acabas por sorpresa coincidiendo en una casa con tu compañero de piso, viajas a París y te topas conque al otro lado de la calle está fotografiando una escultura tu mejor amigo, un buen día te das cuenta de que muchos soñaron lo mismo que tú. Miles de otros descubrimientos casuales que estremecen el viento del otoño.
En fin, la vida es un retal de pequeñas coincidencias.
Hace apenas unos minutos busco en internet mi nombre completo entrecomillado como quien camina sin mirar al frente y se golpea repentinamente con una farola que creía en otro lugar. Busco y, sin quererlo ni imaginarlo, descubro que tengo un doble nominal (término que como viene siendo costumbre mía invento). ¿Qué entiendo por doble nominal? Muy sencillo, una persona que comparte nombre y apellidos con otra persona. Ese ha sido mi caso. Lo más curioso es que esa persona fue rector de la confederación hidrográfica del Guadalquivir. Y tú dirás dónde está la casualidad y qué me resulta tan curioso. Fácil, si te digo que soy un fanático de los embalses y pantanos; si, además, añado que me mantengo a diario informado del nivel de los mismo, seguramente ahora entenderás la casualidad. 
Un ser con mis mismos nombres y apellidos, así como con una pasión semejante. Un ser de otra época, no lejana, bien es cierto, pero tampoco cercana, quizás ahora tenga ese señor la edad de mis abuelos, quizás no viva ya. Y un sinfín de quizás y probabilidades que me ponen la piel de gallina. ¿Tendrá, si sigue vivo, otros intereses y aficiones semejantes a los míos? ¿Se parecerá en algo más a mí? No sé si los doble físicos existen de verdad o si son pura imaginación, de lo que sí que estoy seguro es de que los dobles nominales son reales como la piel misma. 
Yo he encontrado el mío.  

viernes, 5 de noviembre de 2010

Tiembla Roquetas de Mar

Ayer sonó el despertador más molesto que pueda existir.
Eran las 6:00 de la mañana cuando un crujido de madera precedió una tremenda sacudida, que para nuestra fortuna poco tiempo duró. Se quejaron los techos, la piedra, el metal, los hojas de papel esparcidas sobre la enorme mesa maciza, la pantalla del ordenador, que permaneció zarandeada varios segundos después todavía. "¡Coño!", fue mi propia queja, la de alguien que está concentrado a esas horas de la mañana y que piensa solo en las dos escasas horas que le quedan para que se acabe su turno y pueda ir a dormir.
Fue mi propia queja. 
Un terremoto para alguien que está acostumbrado sigue provocando las mismas sensaciones que pueda sentir alguien que jamás sufrió angustioso movimiento: el temblor se queda guardado en el centro del pecho y recorre durante minutos y horas el resto del organismo, sin que nada pueda sacarlo de ahí; se estremecen los músculos de las piernas, se activa el nivel de alerta, que te mantiene a la espera de que vuelva a suceder, de que las entrañas de la tierra exhalen un nuevo aliento y que su superficie respire profundamente.  
Se acerca a la recepción un grupo de franceses: "¿Eso ha sido un terremoto?", dice uno de ellos, completamente sorprendido. A lo que otro añade: "¿Es normal eso aquí?". La sorpresa de todos ellos es la de alguien habituado a la tierra tranquila y calmada de un país como Francia, donde los verdaderos terremotos vienen de fuera de la tierra, como bien me indica uno de ellos, creyendo que yo no he sufrido ni conozco el particular terremoto galo: "En Francia, no tenemos terremotos, tenemos grèves" o lo que es lo mismo, tienen huelgas, manifestaciones, organizaciones defensoras de los derechos de unos contra los de los otros; en efecto, movimientos de tierra procedentes de su superficie, aplastada por miles de pies a paso rítmico y voces que hacen crujir los cristales de las ventanas y sus postigos cuidadosamente abiertos y retenidos por pequeños cerrojos de hierro anclados en la fachada de las casas.
El despertador sonó ayer, Roquetas de Mar se despierta como otras tantas veces, particularidades de la zona, y como suele suceder la ciudad entera pospone sus horas de sueño y deja sin desactivar la alarma, que para sorpresa de todos vuelve a sonar a las 13:05, cuando todos están ya despiertos y yo, que intento dormir las cuatro o cinco escasas horas que me ofrece el día, me veo sacado del sueño por el terrible suspiro de la tierra: se agita la cama, oigo la vibración de los muelles del colchón y las aspas del ventilador de techo, que podrían parecer en funcionamiento y sin embargo no lo están. Ya no consigo caer en los brazos de un morfeo, que por las horas ya ha terminado su turno.
Sin duda, ayer fue un día de movimientos. Hoy todavía sentimos el miedo de que vuelva a moverse el suelo sobre el que nos sostenemos. Un miedo que tardará días en marcharse y que sin lugar a dudas regresará, dentro del ciclo que a Almería le corresponde.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Noches de luna para los muertos que caminan

Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?

Fiesta de todos los santos, noche de muertos y espantos, velas encendidas en laberintos de nichos y cipreses; noche poco a poco americanizada con calabazas de tenebrosas caras, esqueletos andantes, trucos o tratos, huevos podridos, travesuras, disfraces aterradores. La fiesta de todos los santos y de halloween ha llegado. Halloween fue anoche y todos los santos es hoy. Por ello voy a contar una historia que mi abuela me ha contado desde que era bien pequeño, cuando las noches de cortijo veraniego nos llevaban a dormir hasta tarde bajo la luz de la luna. Esta historia sea probablemente puro romancero, no lo sé, pero lo imagino: los abuelos saben muchas historias de este tono.

Me gustaría poder contarla como es en realidad pero, desgraciadamente, no la recuerdo bien, a pesar de haberla escuchado tantas veces. Por esa razón voy a inventar y modificar la parte de la historia que no recuerdo.

- Catalina, esta noche hay luna. Nos encontrarémos donde siempre -acordó el joven muchacho con su prometida.

Catalina asintió y se marchó, recordando las palabras de promesa que su amado le había realizado. Ya en casa, la muchacha sentía el cosquilleo y la emoción de saber que pronto se reuniría con su amado y que quizás esta vez sí pudieran efectuar la huida que habían planeado tantas otras veces. La chica temblaba y no paraba quieta en ningún lugar de la casa, esperando que la luz del atardecer se apagara definitivamente y diera lugar a la tenue luz blanquecina, huesuda de la noche de luna.

Cuando llegó el momento dado y, tras fingir dormir profundamente, se levantó de la cama con gran sigilo para salir al encuentro con el hombre de su vida.

Una vez en el lugar de encuentro, la muchacha esperó durante horas, sin desesperar. Tan sólo miraba de un lado para otro deseando ver la inconfundible sombra de su amor. Miraba sin cesar, agitaba la pierna que mantenía suspendida sobre la rodilla de la otra pierna y ocultaba su rostro con un pañuelo de lino que ella misma había tejido.

De ese modo los minutos pasaron hasta que un ruido venido de su derecha llamó su atención. Catalina sonrió al ver llegar al galán de los ojos azules. Se puso de pie y lo miró caminar con cierta soltura, parecía desplazarse con ligereza, como en un sueño. Catalina no prestó mayor atención a los pasos de su galán. Enseguida lo miró a los ojos y quedó hechizada por el influjo del océano condensado en aquellos pequeños iris.

- Amor, has llegado -dijo con el entusiasmo propio de la persona que ve la meta de la carrera.

El muchacho se acercó a su amada, pero no se atrevió a plasmar un beso en su mejilla, ni siquiera la abrazó, tan sólo se dedicó a indicarle el camino por el que pasearían placenteramente, bajo el influjo de aquella tenue luz huesuda.

Los enamorados pasearon y conversaron largo y tendido. Hicieron planes de futuro, de su huida, de los hijos que tendrían, del viaje que realizarían al extranjero en busca de un trabajo y una vida mejor... Hablaron de estas y otras muchas cosas más hasta que el silencio de la noche recuperó el espacio que le pertenece, roto por un lloriqueo suave.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina miró de nuevo los pies de su amado; flotaban a unos pocos milímetros del suelo. Su piel se había puesta pálida como el marfil envejecido; sus ojos habían segregado oscuras lágrimas y unas prominentes ojeras teñían de morado la cuna de los ojos.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina soltó un chillido insonorizado por sus labios cerrados. Miraba ahora con detenimiento los moratones que poblaban los brazos de su amado. Miraba con tristeza las puñaladas que habían agujereado el torso del galán.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Catalina vio, de repente, cómo se difuminaba la imagen del que había sido su amado, quien en cuestión de segundos desapareció por completo. La muchacho lo llamó desesperada, buscó por todo el sendero, entre los arbustos y matorrales, tras las ramas caídas. No lo encontró. Se enjugó las lágrimas, respiró con profundidad y se decidió a regresar a casa. En el camino se convenció de que todo aquello no había sido más que una terrible visión, provocada por la luna y por su tremendo deseo de encuentro y huida.

Catalina durmió bien esa noche, al creer que nada de aquello había sucedido.

Sin embargo, a la mañana siguiente, Catalina supo que su amado había fallecido la noche anterior. Al parecer, cuando el muchacho se disponía a abandonar su domicilio, una pandilla de gamberros, que andaba detrás de él porque le había robado a uno de ellos el amor de la chica de sus sueños, lo asaltó a la puerta de su casa y le asestó una decena de puñaladas que enseguida le produjeron la muerte. No obstante, su espíritu había acudido a reencontrarse con el amor de su vida, Catalina, antes de marcharse a no se sabe dónde.

- Noches de luna para los muertos que caminan
¿Te da miedo, Catalina?
- No -respondía la muchacha.

Así termina la historia, que poco conserva de la original, salvo estas palabras del amado a Catalina y el asesinato del muchacho delante de su casa.

sábado, 30 de octubre de 2010

El turno de noche

Trabajar de noche es realmente duro; no podría expresarlo de otro modo.
Quien trabajó de noche sabe lo que ello conlleva: horario fuera del natural, noches de café, silencios, crujidos o ruidos desconocidos, extraños, inesperados, que sobresaltan; una vida en penumbra. Los minutos pasan muy despacio, miras el reloj y todavía son las 3 de la madrugada, el cuerpo vive a ese mismo ritmo, las pulsaciones se aceleran de vez en cuando y el ruido de un dátil que choca contra el tejado de plástico parece sacar la vida del cuerpo aletargado y este se estremece. Quien trabajó de noche conoce los efectos de la oscuridad sobre los ojos y los párpados. Sabe que los ojos le dolerán cuando salga del edificio y deba regresar a casa para dormir, cuando el mundo empieza a despertar y el sol despunta por el horizonte marino o montañoso. Es inútil que se lo imagine quien no lo vivió, porque como bien es sabido la experiencia es la madre de la ciencia: siente y descubrirás. En este caso, no recomiendo descubrir, casi es mejor imaginar, porque es duro. Conduces a casa con el cansancio extra de toda una noche despierto, enciendes la radio y seleccionas la sintonía que propone una música viva, no hay que dormirse. Bajas del auto y ya sabes que pronto podrás dormir, pero a la vez un terrible miedo te recorre el espinazo y casi se adueña de tu conciencia, tienes miedo de que ahora no puedas dormir ni descansar. Así llegas a casa, abres la puerta, te preparas un colacao calentito y unas galletas o tostadas, mientras te desnudas y te colocas un aterciopelado y cómodo pijama. Desayunas viendo el telediario y piensas "ahora debes dormir, no le prestes demasiada atención a lo que están diciendo, no te interesa que la noticia te parezca impactante, debes dormir". Piensas eso todo el tiempo, porque sabes que si cedes un momento ya no podrás dejar de pensar en alguna de esas tristes noticias que cuentan los informativos, que bien podrían llamarse "teletristes" o "tristestivos". Si cedes, la almohada se convertirá, pues, en un reposaproblemas y el descanso se volverá tan imposible como dar respuesta a preguntas sin respuesta. Por ello, te resistes, pones el vaso vacío en el fregadero y vas al baño para liberar la vejiga, no puede haber nada que te pueda incordiar cuando morfeo esté a punto de abrazarte. Debes dormir, es una obligación, porque el turno nocturno lo tienes también esa misma noche. Bajas la persiana, pero esta no cierra completamente y las pocas rejillas que quedan abiertas dejan pasar unos débiles rayos de sol que entorpecen tu deseo, tu necesidad. Afortunadamente, tú que ya conoces lo que iba a ocurrir, abres el cajón de la mesita de noche y extraes lo que en esos momentos resulta ser el mejor invento: un antifaz. Te lo plantas sobre los ojos, te tapas hasta el cuello, das varias vueltas en la cama buscando la posición adecuado, incluso si esta a veces pueda parecer poca natural, extraña, retorcida, con la mano torcida debajo de la almohada y la otra mano entre las piernas ligeramente flexionadas. Piensas unos segundos en dejar de pensar y solo por haberlo pensado sabes que sigues pensando aunque sea en no pensar. Piensas en no pensar, en no reflexionar, en dejar el "cogitare" para otro momento. Morfeo, finalemente, se porta bien y te ofrece su más tierno abrazo. Tierno abrazo que en muchas circunstancias solo durará 5 ó 6 horas, suficientes para dejar actuar al café doble que te tomarás antes de regresar al trabajo por la noche. Así será noche y día durante meses. Quién sabe, quizás un día puedas regresar a la vida normal.
Así pues, trabajar de noche es duro.

domingo, 24 de octubre de 2010

Los éxitos de mis amigos los siento como propios

Hace unos días recibí una llamada que llevaba mucho tiempo esperando, ese telefonazo que te llena de energía y que trae una felicidad incomparable. Si existe circunstancia en el mundo que me haga feliz es, sin ninguna duda, saber que a mis amigos les va bien y que van alcanzando las metas y proyectos que una vez se fijaron. Una amiga que escribe un libro de lectura graduada para extranjeros; un amigo que vive a la francesa y no cesa en su empeño de conquistar a la mujer que por razones incomprensibles no termina de prestarle todo el interés que él se merece; una amiga que se marcha a Marruecos para ayudar con sus conocimientos a los que necesitan de ellos y allí encuentra el hombre que la hará feliz; un amigo que crea su pequeña revista digital en la que desea jugar con las palabras; una amiga que se compra su pisito con gran esfuerzo y que lo nutre de vida a través de las plantas, su pasión; una amiga que lo deja todo por el amor de su vida, cruza un charco que poco tiene de charco, lucha con tesón y, tras varios intentos, se levanta con mayor impetu, y de pronto se ve rodeada de libros, con proyectos varios, una revista universitaria a la espera de una confirmación que tarde o temprano llegará y, cómo no, una casa en la que vivir con su chico y su gatita de ojos azules; una amiga que, a pesar de las circunstancias adversas, prepara la maleta y vuela directa a la tierra que la llena con su magia medieval, donde estudia para convertirse en creadora física de libros.
Esta última amiga ha conseguido no un éxito, sino algo más, su pasión.
Traductora y lectora empedernida, un buen día abrió un libro en gallego y ya no pudo separarse de ellos. Lloró con las repetidas muertes y sufrimientos que en él le narraron. Volvió a derramar sus lágrimas por esa misma historia situada en Portugal. Repitió y jugó con las metáforas, con las palabras complicadas. Sintió las lagarteiras en su propia piel y con gozo quiso transmitirnos a todos esas lagarteiras en su lengua materna. Así y no sin pasar por una y mil aventuras, que ella y yo conocemos, hace unos días me llamó y me lo dijo con palabras colmadas de felicidad absoluta: "Ya está, José. Ya está. No me lo puedo creer. ¡Es más bonito! ¡Qué bonito, José! Ya han publicado Resistencia en español." No sabría explicar lo alegre y orgulloso que estoy de que mis amigos consigan alcanzar sus éxitos, del mismo modo que ellos lo estarán el día que yo alcance los míos.
Por cierto, para conocer a las célebres lagarteiras antes bien tendréis que leer la obra de mi gran amiga.
Si un amigo es una flor, sus éxitos han de ser sus raíces, así que ya sabéis, no cuidéis solo la flor, cuidad también sus raíces.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Las teocomerciantes

Hoy podría contar que el frío parece haberse instalado en Almería y que hay que llevar ahora una chaquetita para no pasar frío, podría escribir que "El jinete polaco" de Antonio Muñoz Molina, novela que estoy leyendo actualmente, me está resultando un libro de tramas y subtramas cuidadosamente perpetradas, en el que el implacable estilo del autor lleva al lector a tal estado de concentración que bien podría tratarse de una sesión de yoga. Podría hablar de muchas cosas, bien es cierto, aunque no sea un especialista de ninguna. Sin embargo, comentaré asuntos que me preocupan.

Cruz rota con moneda de sol
Dibujo diseñado por mí.



Son las 11 de la mañana, tocan al timbren de casa y automáticamente, como si fuera una prolongación de su chirriante sonido, mi perra ladra con insistencia al posible invasor. Yo, mientras tanto, sabiendo quién ha de ocultarse tras la puerta, hago oídos sordos. Mi madre abre la puerta en un ambiente de ladridos y entonces se encuentra de frente con las señoras de la teologogia -término que me invento por puro placer; si ganarse adaptos con mentiras se llama demagogia en política, aquí me parece oportuno llamarlo teologogia-, esas señoras que tras un saludo, "Buenos días o buenas tardes", inician su táctica del engaño por palabras y sonrisas. "Buenos días, ¿Usted cree en Dios?" (Conste que lo escribo con mayúsculas porque para ellas es sin duda el ser supremo, que además les da de comer y les evita tener que plantearse cuestiones tan fundamentales como quién soy, de dónde vengo y adónde voy, porque las respuestas ya las encuentran en un libro tan antiguo como sus ideas). Mi madre les responde con demasiada cortesía mediante una inclinación de cabeza que las invita a continuar con su selmón bien aprendido. "Mire usted, venimos para informale de que tenemos una revista que le va a dar todas las soluciones a sus problemas. Venimos a presentarle a Dios. Sí, Dios y su maravillosa obra divina". Entre tanto, ella sigue asintiendo, aunque en su interior bien se esté negando a permitir que alguna de aquellas palabras vanas atraviese las defensas que con tanto cuidado ha ido creando a lo largo de toda su vida. Continúa la señora con su extensa sonrisa y sus palabrerías impresas a sangre en su cerebro: "Dios se ha personado y ha prometido que va a acabar con toda la maldad". Mi madre la mira esta vez con incredulidad. "Sí, ya sabe usted que el señor ya se personó y acabó con todos los males del mundo. El diluvio universal, ya sabe". Hasta aquí la broma parecía una mala broma, pero ya se está pasando de rosca. Llego yo y le digo que nos deje tranquilos y que se marche para otro lado. Estoy cansado, porque es la cuarta vez que vienen a casa y nos hacen escuchar la misma tanda de mentiras. Incluso se saben nuestros nombres. Me parece impresionante que quieran mercadear con la religión estas "teocomerciantes", que pretenden meternos en la senda de las ovejas. ¡Faltaría más! Se creen perros pastores, cuya función principal es evitar los descarrilamientos del rebaño. Se creen portadoras de palabras y creencias supremas y las pobres no llegan a darse cuenta de que ni yo creo en nada supremo ni mi madre va a cambiar sus creencias por otras venidas de fuera. Me hace incluso gracia, ¿no se dan cuenta de que un libro escrito del puño y letra de un humano o varios no podría contener las supuestas palabras divinas de ningún ser superior? ¿No ven que si dios existiese su propia existencia estaría marcando su imperfección y, por consiguiente, su cesión en el trono supremo? ¿No ven que están perdiendo su vida en mercadear con lo que se supone que más llena su vida? ¿No ven que lo mismo eso no es lo que su preciado ser supremo pretenda? ¿Acaso están tan cegadas por la cercanía de las páginas que leen que no son capaces de ver que su dios se ha dejado cabos sueltos? Y digo cabos sueltos porque los veo a diario. Y claro, si hay cabos sueltos, dios no existe. ¿Por qué lo sé?

Porque YO soy uno de esos cabos sueltos. Y, a pesar de serlo, no mercadeo con mi ateismo de puerta en puerta, intentando cambiar las creencias ni la fe de nadie. Yo creo en lo que me dé la gana creer y que cada uno crea en lo que quiera. Todo lo que escribo arriba son sólo preguntas que se puede plantear cualquiera. O tal vez no.

martes, 19 de octubre de 2010

El riego del blog

Acabo de crear este blog, miro el reloj y pienso "tengo apenas unos minutos para escribir algo que pueda comenzar el goteo de palabras". Sí, ya sabemos que para que algo crezca no sólo hay que plantar una semilla, sea cual sea su naturaleza, sino que debemos arar la tierra, abonarla y enriquecerla para que esa semilla que con tanto amor y esperanza hemos plantado comience a desarrollarse en la dirección deseada. Sabemos, además, que no sólo de la semilla, el arado, el abono vive esa planta que simboliza para nosotros una esperanza, un futuro mejor, un deseo incontenible de proyección. No consiste, pues, en dejarla ahora a su propia voluntad; de hecho debemos cuidarla día a día para que no se muera. Debemos, a fin de cuentas, poner un goteo regular y mesurado para que el alimento no le falte. ¡Eso es! Un goteo constante.
Por eso, ahora que vuelvo a mirar el rejoj y que me siento empujado por sus imparables segundos, intento acelerar la escritura sin ni siquiera pensar y revisar lo que este goteo de palabras acarrea tras de sí. Yo sólo acabo de abrir las compuertas de una presa rebosante de palabras que no quieren otra cosa distinta a quedarse plantadas en este terreno enmarañado que es la red interactiva y a regar con sus contenidos y continentes este blog neonato.
Así pues, dando ya por abiertas las compuertas, veremos día a día lo que de ellas ve el brillo de las pantallas que ante vosotros tenéis.