domingo, 24 de octubre de 2010

Los éxitos de mis amigos los siento como propios

Hace unos días recibí una llamada que llevaba mucho tiempo esperando, ese telefonazo que te llena de energía y que trae una felicidad incomparable. Si existe circunstancia en el mundo que me haga feliz es, sin ninguna duda, saber que a mis amigos les va bien y que van alcanzando las metas y proyectos que una vez se fijaron. Una amiga que escribe un libro de lectura graduada para extranjeros; un amigo que vive a la francesa y no cesa en su empeño de conquistar a la mujer que por razones incomprensibles no termina de prestarle todo el interés que él se merece; una amiga que se marcha a Marruecos para ayudar con sus conocimientos a los que necesitan de ellos y allí encuentra el hombre que la hará feliz; un amigo que crea su pequeña revista digital en la que desea jugar con las palabras; una amiga que se compra su pisito con gran esfuerzo y que lo nutre de vida a través de las plantas, su pasión; una amiga que lo deja todo por el amor de su vida, cruza un charco que poco tiene de charco, lucha con tesón y, tras varios intentos, se levanta con mayor impetu, y de pronto se ve rodeada de libros, con proyectos varios, una revista universitaria a la espera de una confirmación que tarde o temprano llegará y, cómo no, una casa en la que vivir con su chico y su gatita de ojos azules; una amiga que, a pesar de las circunstancias adversas, prepara la maleta y vuela directa a la tierra que la llena con su magia medieval, donde estudia para convertirse en creadora física de libros.
Esta última amiga ha conseguido no un éxito, sino algo más, su pasión.
Traductora y lectora empedernida, un buen día abrió un libro en gallego y ya no pudo separarse de ellos. Lloró con las repetidas muertes y sufrimientos que en él le narraron. Volvió a derramar sus lágrimas por esa misma historia situada en Portugal. Repitió y jugó con las metáforas, con las palabras complicadas. Sintió las lagarteiras en su propia piel y con gozo quiso transmitirnos a todos esas lagarteiras en su lengua materna. Así y no sin pasar por una y mil aventuras, que ella y yo conocemos, hace unos días me llamó y me lo dijo con palabras colmadas de felicidad absoluta: "Ya está, José. Ya está. No me lo puedo creer. ¡Es más bonito! ¡Qué bonito, José! Ya han publicado Resistencia en español." No sabría explicar lo alegre y orgulloso que estoy de que mis amigos consigan alcanzar sus éxitos, del mismo modo que ellos lo estarán el día que yo alcance los míos.
Por cierto, para conocer a las célebres lagarteiras antes bien tendréis que leer la obra de mi gran amiga.
Si un amigo es una flor, sus éxitos han de ser sus raíces, así que ya sabéis, no cuidéis solo la flor, cuidad también sus raíces.

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