jueves, 31 de marzo de 2011

Mi primer haiku

Alumbramiento,
que el sol solo conoce
cada mañana.

No prestéis atención

No prestéis atención a mis reflexiones,
son solo mías, de mí, hacia mí,
por mí.

Me busco a mí mismo,
me pierdo a mí mismo,
con mapas o brújulas,
yo nunca existo.

Creemos conocernos,
todo es mentira,
somos un tríptico de espejismo
en desiertos, bajo el sol,
nieves fundidas, emoción.

Mi yo, un trío,
el de las entrañas,
el de las fachadas,
el verdadero.

Me miran desde fuera
desde dentro, veo yo,
¿quién soy ese soy?
¿Quién es ese tú, yo?

No prestéis atención a mis reflexiones,
nada nuevo digo,
todo ya alguien lo aclaró,
en el parto de la historia,
su primer lloro, una absoluta
verdad,
decepción.

miércoles, 30 de marzo de 2011

martes, 29 de marzo de 2011

Gelotofobia

El chico camina despacio y, concentrado en no parecer miedoso, imprime fuerza en cada paso. La calle está desierta, el sol acaba de despuntar y se oyen a lo lejos voces de críos, ruídos de autos. Ya divisa la altura de ese edificio que tanto miedo le provoca. Se detiene un segundo, mira a su alrededor y ve a un grupo de chicas doblar la esquina.

"Se van a reír", presiente.

Aprieta el paso, hasta que, al final de la calle, se topa de frente con la muchedumbre. Pero él sigue corriendo.

"Y ahora examen de mates", se queja en susurros.

Se suelta una asa de la mochila dejando todo el peso sobre un solo hombro. El grupo de chicas casi le ha dado alcance.

Tiene miedo de caerse.

Le tiemblan las manos, de repente; la timidez se apodera de sus pasos, que lo mismo se detienen a ratos, lo mismo aceleran el ritmo.

Sabe que va a ocurrir.

Sufre una repentina presión en el pecho, le falta el aliento.

"Se van a reír", piensa, como cada día, a cada momento.

Los gritos suenan por todas partes. Unos niños corretean, otros se despiden de sus padres, otros tantos aguardan en el puerta ocultando alguna sustancia prohibida; todos, con sus máscaras licuosas, interpretan un papel. Se hacen los graciosos, forman grupos extraños, sonríen a sus madres, se burlan, mascan chicle, se besan.

Hacen lo que se espera que hagan.

Esquiva al grupo de la izquierda, no quiere ni que perciban su presencia. De golpe, se tropieza con la chica de los libros.

"Lo que me hacía falta ahora".

Se le cae la mochila y se ruboriza. Oye una risa. Se interna corriendo en el edificio. A través de la jauría, las risotadas suenan mil veces; por suerte, llega a clase, se sienta en la última fila, desde donde controla cualquier movimiento. Las piernas le tiemblan aún y las mejillas no se han destintado.

Pedro, su mejor amigo, lo saluda, se sitúa en su asiento y, justo cuando se da la vuelta para sacar los bolígrafos y la calculadora, se percata de la situación.

- ¿Qué te ha pasado otra vez? -pregunta ya harto de ver a su amigo tembloroso.

"Lo sabe. Siempre me pasa lo mismo. Siempre me descubre".

- Me he tropezado con la Letras y todos se han reído.

-Nadie se ha reído de ti. Siempre te pasa lo mismo. ¿No te das cuenta de que somos invisibles a los ojos de los demás? -responde su amigo, algo apenado. Chocarse con la Letras, la chica esa que se pasa el día leyendo, es tan habitual como que el obseso este se crea que se ríen de él.

- Los he oído. Todos se reeeeeeíiiiiiaaaan -tartamudea.

- Nadie se ha reído. Lo sé porque iba detrás de ti. Pablo, tienes que dejar de obsesionarte con las risas. Si alguien se ríe a tu alrededor, no lo hace porque le resultes ridículo. Simplemente porque algo le ha hecho gracia -hace una pequeña pausa y añade:- Me dijiste que no se lo comentara a mi madre, pero al final he decidido que era necesario.

- ¿A tu madre, la psicóloga? ¡Ni que yo tuviera algún problema! ¿Acaso crees que estoy loco? -alza un poco la voz.

Suena el timbre. Está a punto de empezar el examen. "Se reían de mí", piensa. El profesor entra en la clase y pasa lista. Después de nombrar a Pedro, este se vuelve a girar y le sentencia:

- Tienes Gelotofobia. Mi madre te espera esta tarde en casa.

lunes, 28 de marzo de 2011

No votar es peligroso

Al cumplir la mayoría de edad, adquirí un derecho que valoro mucho: el derecho de voto. Poder elegir al candidato que más se acerca a tus posiciones ideológicas, formar parte de la sociedad, tener un deber como este, implican necesariamente saber valorarlo. Ese año pude hacer uso de él y acudí a las urnas, junto con mis padres, quienes debieron admitir la relevancia de ese hecho.

- ¿Para qué votar? -dicen muchos.

- Para sumar un granito a favor de la democracia  -respondo.

- Todos los políticos son iguales -dictaminan todos alguna vez.

- Igual de corrompidos, pero de distinta materia ideológica -reflexiono.

Así que es preferible elegir al que mantenga mejor las libertades, que no al que te las arrebate. No es lo mismo un dictador que un presidente corrompido por el poder. El primero corrobora su fuerza con mano dura (dicta su mando con dureza); el segundo sigue la legalidad para llevar el país a su antojo, respetando los derechos de todos. Tendemos a creer que nuestro insignificante voto poco valor tiene y que poco pesamos en el giro que tome el barco y, sin embargo, una abstención puede acarrear graves problemas, una tempestad que difícilmente podríamos evitar.

¿Por qué?

Porque los más radicales siempre votan. Los del centro no ven peligro, porque son la mayoría. Una abstención siempre vendrá, casualmente, del centro y, por consiguiente, el número de votos a favor de ideologías de metal pueden alcanzar el poder casi con disimulo.

Esto está sucendiendo en Francia, donde el partido ultraderechista Front National ha conseguido situarse por encima de lo que cabría esperar en el país de los derechos. Solo la mitad de los votantes cumplió y acudió a las urnas en estas secundarias.

 
No votar puede ser peligroso, porque, si ganan seres que no respetan los derechos e igualdades de cada uno, podemos sufrir los duros dictámenes.

Votemos a quien nos parezca, pero votemos, para que la montaña que pudo ser no se desmorone y la sangre vertida por muchos en el pasado cobre sentido.


domingo, 27 de marzo de 2011

Roquetas, turista de plástico

Roquetas, serena y humilde,
siente el sol al despertar,
su voz nada muda,
el viento la hace volar.

Roquetas, marina y antigua,
mucho tiempo hubo de callar,
ríadas repéntinas,
la dejaron sin hogar.

Roquetas, la turaniana,
duerme bajo un lecho de sal,
huele el aroma marino
aunque no lo pueda abrazar.

Roquetas, turista de plástico,
rodeada de un vendaval,
balanceada por dos mares,
que el viento llega a juntar.

Roquetas, de lava y salitre,
otea ballenas de cal,
petrificadas por el tiempo
que todo se puede llevar.

Humilde, antigua, de plástico,
de lava, salitre y sal.
Roquetas, imperecederá,
nunca el betún silenciará.

viernes, 25 de marzo de 2011

Lisístrata, una mujer de armas no tomar

Estando en bachillerato, mi querida Rosa Sanmartín, me puso en las manos dos obras de teatro griego, de un autor de comedias del que jamás he podido despojarme: Aristófanes. El libro en cuestión era la "Asamblea de mujeres", en tapa roja, donde las mujeres se reunen para hacerse con el poder. Fue tal el impacto que me ocasionó, que sigó todavía sorprendido. Su lenguaje vulgar, su tono humorístico y esa revolucionaria idea me dejaron anonadado. ¡Un hombre de la Grecia del 400 a.C. imaginando una situación tan moderna, que aún en la actualidad no se ha superado! Es para sorprenderse. ¿Os imagináis una presidenta en España? ¡Cuánto nos queda por avanzar! La mujer ha accedido a la política y a muchos otros campos, si no todos, pero ¿podría en este nuestro país alzarse con el poder presidencial  una mujer? Este país sigue siendo demasiado machista.


Esta es la edición que yo leí.
Al día siguiente, me prestó otra obra del mismo autor: Lisístrata. En ella, Lisístrata, la protagonista, organiza a todas las mujeres atenienses para frenar el conflicto bélico que mantienen sus maridos contra los espartanos desde hacía veinte años. ¿De qué manera? Hacen un pacto de abstinencia sexual y se encierran en la Acrópolis, así pues no mantendrán relaciones sexuales con sus maridos hasta que la guerra finalice. ¡Sorprendente! Lisístrata es ese personaje que se sale de las pautas establecidas y de los límites temporales para alcanzar un carácter tan universal como único. Una mujer que sabe salirse del papel servicial preasignado y que se atreve a organizar una huelga original e imparable. Ese espíritu revolucionario que los franceses creían haber inventado. Una matrona griega capaz de mover masas y defender métodos pacíficos. Con toda razón, un ser humano digno de alabanzas, cantos y poesías, que, muy a mi pesar, apenas es recordada como personaje literario, me refiero; porque recordado debe ser su creador y quien le pone palabras y actos. ¿Acaso se le ocurrió tan original idea cuando su señora le prohibió, en un hipotético caso, tocar el fruto de la pasión por no tomar en cuenta sus decisiones? Quizás eso explicaría su idea sobre la mujer, como vemos en la cita de abajo.

Mucho tiempo ha transcurrido desde entonces y ahora, gracias a esa distancia, puedo confirmar que fueron Rosa y ese autor, junto con esas dos obras, quienes me engancharon por completo a la cultura griega. Descubrir que lo pasado no está muerte y que el progreso no equivale a mayor inteligencia me ha marcado mucho.  

Y como se deduce de lo dicho, es importante, sin duda, destacar la originalidad de Aristófanes. ¿Debemos llamarlo clásico? Creo que no. Estoy un poco cansado de llamar clásico a autores que no se merecen ese apodo tan despéctivo. Fueron innovadores y consiguieron iluminar zonas oscuras del pensamiento. Sin embargo, he de decir que el susodicho autor también tenía su cruz, como toda moneda:

                                   "Lo único en el mundo peor que una mujer es otra"

Todo ser humano es una compleja figura asimétrica, donde las contradicciones surgen en alguno de sus lados.

Como conclusión, mirándolo desde la actualidad, hay algo que sí ha mejorado mucho: ahora una huelga de este tipo no tendría ya sentido, porque las mujeres también forman parte de los ejércitos. Falta solo un paso más: que no haya ejércitos. 

Otro día hablaré de otros seres excepcionales que pudieron y supieron esquivar la guadaña de la Muerte.

lunes, 21 de marzo de 2011

Tambores lejanos


                                          Foto de la playa de Roquetas
                                         


Mediterráneo, vasto mar de turbios azules,
me traes tu aroma a salitre y sardinas
a través del fuerte viento de levante.

Te cuelas por las rendijas de las ventanas de railes
con suspiros apenados de vidas
portando diversos talantes.

Cantas oleajes cargados de metralla,
restos de pasado, frías voces.

Crías con valores dulces
en tus saladas aguas
culturas distantes.

Compartes tu hechizo:
plantas, animales, rocas,
vacíos.

Sonríes y lloras.

Mediterráneo, mare magnum, talaso.
No escuches las bombas.
No sufras las heridas de la gente.

Callas o ruges.
Transportas tambores lejanos
de guerras inesperadas.

Mediterráneo,
silencios o estallidos,
no me dejes sin tu aliento.

martes, 15 de marzo de 2011

Leonís

Hubo una época en que las historias traspasaron los límites de la oralidad para quedar fijadas sobre una superficie dura. Los cazadores narraban hazañas vividas frente al gran mamuth o aventuras ingeniosas sobre cómo engañaron al astuto león. Historias, como es de esperar de un hombre, que de cierto poco tenían; una sarta de mentiras que pronto acabarían creando mitos. Las mujeres, mucho más dadas a la palabra que los brutos machos, inventaron historias de terror, cuyo principal fin consistía en evitar que los jóvenes salieran del abrigo protector. Ambas forjaron una tradición que llega hasta nuestros días. Primero fue la piedra tallada o pintada por hábiles manos. Más tarde apareció el papiro y, a continuación vino el papel. Así pasamos de la palabra hablada a la palabra escrita.

Ahora bien, ¿Qué sucede en la actualidad?

Las historias se siguen contando con igual pericia, con diferente libertad, con materiales permutados. La imaginación vuela a diversas alturas, porque hoy en día todo parece cambiado, aunque en realidad no lo sea tanto. Tan solo hay un aspecto que comienza a despegar: la palabra líquida. Del libro estamos pasando a la pantalla y con ella perdiendo la textura áspera, el olor a tinta y pegamento, el placer de pasar páginas, la magia de la ilustración. Ya con la imprenta perdimos el arte de la creación de libros exclusivos, decorados y elaborados con cuidadosos detalles y colores vivos; pero ganamos en rapidez y expansión del saber.

¿Qué ganamos entonces con la palabra líquida?

La palabra líquida nos aporta mayor accesibilidad a textos de todos los rincones del planeta. Y sin embargo perdemos esa magia que posee todo libro bien elaborado.



Un homenaje al libro tradicional y a una maquetación repleta de detalles y extraordinarios dibujos es "Leonís", que sale publicado hoy 15 de marzo de la mano de la editorial edebé. Su autor, César Mallorquí, crea una historia de amor, magia, misterio y muerte, como reza el subtítulo de la obra. Y el diseño y dibujos nacen de Miguel de Unamuno, nieto del famoso escritor-pensador.

La historia está ambientado en la imaginaria región norteña de Umbría y "habla sobre la imposibilidad de recuperar el pasado", como explica el autor en su blog.

En breve lo leeré y podré contaros si cumple las altas expectativas que he puesto en este nuevo título. Entre tanto os dejo esta entrada y una reflexión: Por más que el libro electrónico mejore, jamás podrá sustituir la magia que un libro tradicional me aporta. La nueva generación con el tiempo pensará que soy un desfasado y que el libro no es más que un elemento prehistórico. ¡Qué más me da! Cada cual que encuentre su propia hechizo. 

Por cierto, tengo uno y me resulta útil, pero nada más. ¿Que posee muchas cualidades? Sin duda. ¿Que es práctico? Cierto. Supongo que algo así debieron sentir los escribas que se toparon de repente con la imprenta.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Hay un verso de Baudelaire que me llega desde dentro, como si yo mismo lo hubiera podido escribir. El verso se encuentra en el poema titulado "El sabor de la nada" (Le goût du néant).

Le Goût du néant
Morne esprit, autrefois amoureux de la lutte,
L'Espoir, dont l'éperon attisait ton ardeur,
Ne veut plus t'enfourcher! Couche-toi sans pudeur,
Vieux cheval dont le pied à chaque obstacle butte.
Résigne-toi, mon coeur; dors ton sommeil de brute.
Esprit vaincu, fourbu! Pour toi, vieux maraudeur,
L'amour n'a plus de goût, non plus que la dispute;
Adieu donc, chants du cuivre et soupirs de la flûte!
Plaisirs, ne tentez plus un coeur sombre et boudeur!
Le Printemps adorable a perdu son odeur!
Et le Temps m'engloutit minute par minute,
Comme la neige immense un corps pris de roideur;
— Je contemple d'en haut le globe en sa rondeur
Et je n'y cherche plus l'abri d'une cahute.
Avalanche, veux-tu m'emporter dans ta chute?


Lo traduzco para el que no sepa francés.

¡Apenada mente, otrora enamorada de la lucha,
la Esperanza, cuya espuela avivaba tu ardor,
no quiere ya montarte! Échate sin pudor,
viejo caballo, con obstáculos tropiezan tus patas.

Resígnate, corazón mío; duerme tu sueño de bruto.

¡Mente vencida, extenuada! Para ti, vieja merodeadora,
el amor ya no tiene sabor, no más que la discusión;
¡adiós, pues, cantos del cobre y suspiros de la flauta!,
¡Placeres, ya no tentéis a un corazón sombrío y gruñón!

¡La adorable primavera ha perdido su olor!

Y el tiempo me devora minuto a minuto,
como la inmensa nieve a un cuerpo ya rígido;
contemplo desde lo alto el globo de su redondez,
y ya no busco en él el abrigo de una choza.

Alud, ¿Quieres arrastrarme en tu caída? 


Es una traducción rápida. Solo para entender el sentido. ¿Sabéis qué verso me define?

"Avalanche, veux-tu m'emporter dans ta chute?"

Se podría decir que es mi estado mental; es mi yo interno, que busca medios destructores que abatan las murallas defensivas que levanto cada día para no caer en las trampas que ese ser interno planta por doquier.

Y ese verso es su mejor baza, la que acelera las ráfagas de viento, altera la firmeza del suelo, reduce el oxígeno, aprieta los músculos y el corazón. Es esa avalancha que al precipitarse pretende llevarme en su camino. Es ese yo fundido con la nieve que en pesado alud arrasa cuanto a su paso se pone y choca con brusquedad contra mi muro defensivo.

Mis dos yos antagonistas: por un lado, mi yo guerrero, que lucha por no caer, aunque la esperanza ya no cabalgue y los placeres de la vida se tornen insípidos, porque la primavera sigue floreciendo sin descanso. Por otro lado, está ese yo miserable que desea que la gravedad me aplaste; ese repugnante ente  que me colma de infortunios, tristezas, oquedades; ese asqueroso manipulador que disminuye mi vida a recuerdos del pasado y clepsidras agujereadas.

Alud, llévame contigo o desaparece de mi vista.


Algún día la balanza tirará para un extremo con mayor fuerza y no sabré si será el correcto. 

En mí están esos yos, pero muchos otros más. Estos son los más preponderantes; todos tenemos en nosotros tantos yos como colores hay entre el negro y el blanco. 

lunes, 7 de marzo de 2011

Un país de sol y viento





Un coche de alta gama acelera al salir de un tunel. Alcanza los 120 km/h en segundos y adelanta a todos los coches. Corre a esa velocidad hasta que a lo lejos divisa un coche de policía detenido en el arcén de la autovía. Justo cuando está a unos metros de ellos, reduce la velocidad a 110 km/h; no quiere pagar una multa recién nacida del puño del gobierno. El conductor parece algo enfadado y nervioso por no poder usar su audi a la velocidad que lo tiene acostumbrado. Los policías no se percatan de la repentina reducción de velocidad de todos los vehículos, ya que en el fondo ellos tampoco están conformes con este tropel de medidas prohibitorias. Transcurridos unos minutos, el pie del conductor aprieta el acelerador. 

¿De qué sirve una medida de ahorro si nadie la cumple?

El señor se desvía de su trayecto y se detiene en la primera venta que se encuentra en su camino. Allí todos conversan sobre las nuevas medidas. Parece que el tema va a causar mucho revuelo. Pide un café con leche y, mirando por la ventana el inmenso cielo azul, piensa "si te hubiésemos prestado atención antes, ahora no tendríamos que hacer esfuerzos inútiles y tu intenso azul lo sería todavía más".

España depende del exterior para abastacerse de energía sucia, cuando ella misma dispone de una energía limpia inigualable: el sol y el viento. El rey del firmamento nos ha abrasado desde siempre y el viento nos ha derrumbado árboles, porque sin voluntad poseen una fuerza brutal, y, a pesar de ello, no les hemos prestado la atención que requerían. El desarrollo nos ha alejado de aquellos tiempos en que los venerábamos. 

Sé lo que piensas.

Cuando el dictador caiga, los precios se equilibrarán y la velocidad retomará sus límites anteriores, pero el problema seguirá existiendo, porque seguirá en pie un dictador del que los españoles no hemos conseguido deshacernos: la gasolina y el gas.

El señor del audi continuará saltándose este tipo de medidas inútiles y guardará la fachada como viene siendo tradición española; pero no se molestará en enfrentar un dictador de tan conocido, transparente.

viernes, 4 de marzo de 2011

Respuestas no respondidas

En la vida se pueden recibir tres tipos de respuestas: afirmativas, negativas o no respuestas.

Las afirmativas y las negativas son claras y directas. Una afirmativa es siempre bien recibida y suele aportarnos felicidad; una negativa nos provoca tristeza pasajera, pero una respuesta directa, que no es poco.

Ahora bien, una no respuesta es lo peor que puede suceder: mandas un presupuesto y no responden; presentas curricula vitae y no responden; mandas un mensaje y siguen sin responder. En la vida hay tantas no respuestas que no hay nadie que las desconozca, puesto que todos las sufrimos. La cabeza comienza a darle vueltas a todo, te ilusionas, creas un futuro demasiado potencial, te llenas de ilusiones y dosis de optimismo, hasta que un buen día te das cuenta de que jamás recibirás una respuesta; y no hay mayor malestar que el provocado por la duda y la indiferencia. Todos preferimos un sí o un no a una no respuesta, porque las energias utilizadas se regeneran y nuevos proyectos pueden desarrollarse; mientras que una no respuesta deja huella y una energia en suspensión que no podrás recuperar.

Como se dice, no hay torta más dolorosa que la que no se da.

martes, 1 de marzo de 2011

El libro que golpeó a Descartes

Esta mañana he oído una voz. Al principio, pensé que eran imaginaciones, una de tantas que pueblan un espíritu envenenado por cierta locura. Por ello, no le presté la menor atención y continué durmiendo. Pero, como ocurre cuando uno quiere conciliar el sueño, la voz que antes había hilado palabras lejanas y ajenas se dirigió a mí.

- Romain, ma foi, ¿acaso no me oyes?

¡Cómo no lo iba a oír con esos gritos que me profería junto al oído! Me hice el sordo, porque me dio un poco de miedo pensar que una voz tan extraña me hablaba a mí.

- Soy Descartes. ¡Soy la voz de yo pensante!

La voz de mi yo pensante, pensé. Y claro, pensar en mi yo pensante implica hablarle a mi yo pensante.

- Claro, Romain, soy esa voz. Si piensas, yo te oigo. Si reflexionas, te presto atención, porque, amigo, lo quieras o no, cogito ergo sum. Pienso porque existo, ¿no lo sabías? Si estoy pensando, es indubitable mi existencia. 

- ¿Perdona? No sé a qué te refieres. 

- ¡Cuánto piensas y qué poco provecho le sacas! Romain, una vez me propuse demostrar de un modo razonado la existencia de las cosas certeras, siguiendo un proceso que clasifiqué en cuatro reglas. Como no podía fiarme de nada, decidí dudar de todo. Imagínatelo un momento: oteas el horizonte y te parece que las montañas de atrás son casi iguales que las precedentes; comes algo dulce después de algo salado y el sabor es diferente; te introduces en el mar y ves a tus pies una hermosa piedra que, aunque parece cercana, no puedes asir sin sumergirte. Son tantos los engaños de los sentidos que cómo confiar en ellos.

¡Qué yo pensante más pesado acababa de despertar en mí! Abrí los ojos y lo que vi me pareció tétrico: una inmensa oscuridad. La realidad había quedado reducida a un manto oscuro.

- Mira, seas quien seas, mi consciencia o lo que quieras hacerme creer, me estás poniendo de muy mal humor. Quiero dormir y descansar.

- Dormir, dices, mon dieu. ¿Cómo sabes que ahora no estás dormido?

- Sé que no estoy dormido, porque me estás incordiando. Sé que no estoy dormido, porque soy dueño absoluto de mis movimientos (moví la mano derecha y me rasqué la nariz). Así que o me devuelves mi realidad o me vuelvo sordo para la eternidad. 

Fue en ese momento cuando se apareció ante mí un hombre de pelo largo y aceitoso, de nariz aguileña y de mirada ausente. El señor hizo aparecer una caldera y se tapó el cuerpo con una manta marrón. Acto seguido, hizo aparecer una silla y un pupitre, sobre el cual descansaba una pluma con tinta y una montaña de papel color café.

- Aquí me tienes. Piensas en mí, luego existo; porque tú también existes. Has entrado en el proceso del método cartesiano; por ende, borras todo para comprobarlo desde el principio.

- Muy bien, como desees -comenté y no volví a hablar hasta que el bigotudo señor pronunció su discurso.

- Como te iba diciendo, los sentidos mienten y es imposible distinguir la vigilia del sueño. Esto nos lleva al siguiente paso: hay en nuestro entendimiento un malin génie, un ser astuto que se dedica a hacernos captar la realidad de un modo equívoco. Que yo piense implica necesariamente mi existencia, ¿No? Y en mi existencia tengo ideas adquiridas de nacimiento de las que sería imposible dudar, porque me hablan de cosas que en el mundo no he conocido: la idea de infinito. Si en el mundo las cosas son finitas, debe existir algo que no lo sea. ¿Quién? Sé que te lo preguntas. (Profiere una risotada sonora) Dios. Dios es esa entidad infinita. Y si él existe, el mundo ha de existir también. Él es infinitamente bueno y veraz, el mundo ha de existir, ya que él no me va a engañar. Él ha puesto esa idea en mí.

Ya cansado de tanta metafísica y planteamientos cartesianos, me froto los ojos, estiro los músculos, carraspeo y le digo a Descartes:

- Muy bien. Te he escuchado atentamente. El mundo existe porque camino sobre la tierra, tropiezo con piedras, me caigo mil veces, erro, otros muchos sufren lo mismo que yo, compartimos sentimientos, saberes, colores, sabores y tantas otras cosas, que por más que lo intentes explicar a través de tu duda, jamás podrás hacerlo. El mundo existe. Tu idea de infinito, que has llamado Dios, es una bobería. Si tu Dios es infinitamente bueno y veraz, por qué demonios (nunca mejor dicho) no lo vemos ni siquiera con tu fabulosa razón. Es más, si Dios es infinitamente bueno, no te permitiría dudar del mundo ni de nada, porque lo conoces gracias a los sentidos que él te ha dado; ni habría geniecillos astutos. Pero es más, si Él es un ser tan infinitamente bueno, también ha de ser infinitamente malo, porque, amigo, lo que es infinito lo es en todos los sentidos. Y otra cosa, lo es que infinitamente infinito, ha de ser, asimismo, infinitamente finito. Por consiguiente, au revoir, Dios, elijo tu esencia infinitamente finita y te elimino de la existencia.

Descartes se pone a temblar y la realidad surge por artes mágicas frente a mí. La silla, la mesa, los papeles color café y la caldera desaparecen. Descartes se cae de culo contra el suelo, se pone de pie, arreglándose la manta que cubre su cuerpo y me mira con enfado.

- Por cierto, tipo insensato que osas desconcertar mi tranquilidad onírica, ha llegado la hora de que te enseñe lo que la realidad puede hacerte. 

Agarro el libro que está sobre mi mesita de noche, apunto al intelecto de Descartes y se lo lanzo con fuerza. El libro golpea la cabeza del francesito y lo tumba.

- Siento haberte golpeado pera ya es hora de que alguien lo haga.

Descartes se levanta algo trastornado y me mira. Enseguida, afirma con la cabeza y comenta:

- Tienes razón, ese libro que yo creía existente por artes de beneficiencia divina ha alterado mi res pensante. Si un golpe me hace pensar así, por obligación ha de existir el objeto que altera mi primera verdad indubitable -Descartes desesperado observa la maravilla de cuarto que tengo y, nervioso, agita la cabeza- ¿Cuál era mi primera verdad indubitable?

-Mejor que no la recuerdes. Tu planteamiento es sorprendente. Con haberlo hecho una vez, basta. 

Me doy media vuelta y me pongo a dormir. Descartes, feliz de no tener que plantearse dudas cada dos segundos, desaparece de mi habitación y se dispone a conocer el mundo y sus encantos.

Cogito, ergo sum. Un planteamiento que cambió el pensamiento, pero que desgraciadamente no implica existir. Pensar es una acción, por lo que siguiendo el plantemiento toda acción implicaría existir. Pero bueno, nos conformaremos con creer en él.

Romain duerme tranquilamente hasta que el despertador suena. Con  el discurso del método, que reposa sobre su mesita de noche, apaga el despertador y, malhumorado ,piensa "¿Por qué existo?"