lunes, 31 de diciembre de 2012

Felicidades.

feliz 2013 para todos y que los deseos y las metas que fijeis se os realicen. Un abrazo. Pronto vuelvo por el blog, porque las palabras siguen discurriendo en mi presa.

jueves, 20 de diciembre de 2012

El primer paso hace caminos

Hace algo más de un año, una tía mía hacía punto de cruz en su casa y yo la observaba con cierta envidia y asombro; envidia porque aquello me parecía útil y tremendamente complejo. Ella hacía una manta con cuadrados de color morado, rosa y gris  que posteriormente cosía. Era muy bonita, suave al tacto, cálida, duradera. También sentía asombro, porque yo quería dominar ese arte, pero creía que jamás podría hacer una simple línea de punto y mucho menos comprender el proceso por el que dos agujas y lana crean bufandas con distintos dibujos, mantas, abrigos, calcetines o gorros.

Cuando terminé la carrera, un compañero de carrera, César, organizó un viaje alternativo a Turquía. En una de las excursiones estuvimos en un taller de alfombras donde nos enseñaron cómo trabajaban. Nos mostraron cómo extraían la seda. Un trabajo mágico nos pareció, rutinario pero magistral. Allí había una veintena de mujeres con ropas de colores y pañuelos que les tapaban el pelo negro. Acostumbradas a las visitas de turistas europeos que vienen a sus instalaciones, estas mujeres de manos hábiles y miradas atentas, deslizan los ojos al compás de la mano. Observan las plantillas y deslizan la madera del telar arrastrando los distintos hilos de color. De allí salían alfombras y tapices dignos de los suelos del salón de los embajadores de la Alhambra.

En el verano de 2009 vi un documental donde hablaban del encaje de bolillos que estaba desapareciendo. Hablaban de una asociación sexitana que se había propuesto salvar esa tradición y mantenerla viva. Aquellas mujeres me dejaron con la boca abierta y raro fue que no me entrara ninguna mosca. Movían las manos con elegancia y los bolillos bailaban en el aire. El golpeteo de la madera producía una sonoridad artística, como el tacón que choca contra el escenario y con naturalidad inunda de melodía rítmica los oídos de los presentes. Aquello era un espectáculo.

Te preguntarás por qué hablo de esto hoy. La razón es sencilla. En marzo empecé a aprender a hacer punto de cruz. Al principio era torpe, las agujas temblaban, la lana se me liaba entre los dedos, la punta no entraba por donde debía y la lentitud era semejante al pie que intenta salir de un lodazal donde ha quedado atrapado por descuido. Yo, en cambio, era persistente y, a pesar de tener el tiempo escaso para ninguna actividad añadida, por alguna razón las agujas me atraían y nada más almorzar les dedicaba una hora. Los minutos volaban enseguida y yo no mejoraba en la técnica. Seguía siendo torpe. Entonces un día terminé mi primera bufanda. No puedo explicar lo feliz que me sentía al ver que había conseguido lo que buscaba. ¡Qué suavidad! Y luego hice otra (gris), otra (verde y morada), otra (azul marino) y otras más. Todas las hice simples, con el punto bobo -así lo llaman- hasta que hace un mes mi abuela me enseñó el punto del revés, el que con más práctica he aprendido con agilidad. Soy capaz de hacer el punto de granito de trigo y el de canalillo -este lo llama así yo, porque no sé su nombre- y mis últimas bufandas son mucho mejores visualmente. 

Lo que parecía imposible hace un año ha dejado de serlo con esfuerzo. Podemos hacer todo lo que queramos. Somos dueños de nuestros deseos. Es evidente que el deseo se materializa con persistencia y constancia; pero con algo más que eso, con oportunidad, con valentía. Si no nos atrevemos a dar el primer paso nunca se sabrá cuándo se alcanzará y, por supuesto, jamás se iniciará el proceso. 

Los ejemplos que he puesto antes me permiten valorar las iniciativas por rescate de tradiciones útiles. Mantener el toreo no es relevante, aunque muchos se empeñen en verlo como una metáfora de la lucha del hombre contra la naturaleza y como un arte español inigualable. Estamos en tiempos de crisis. ¿Estamos en crisis? ¿En serio? ¡Uy! No me había dado cuenta... Aprender a tejer y zurcir es importante en esta época. No solo porque nos permite tener ropa a precios muy económicos, sino también porque es saludable; las agujas absorben la ansiedad, el estrés, el tiempo vacuo, la pesadez de la existencia carente de entretenimiento, de función. Tejer es fabuloso. Sin haber aprendido a hacer punto de cruz, mi vida de desempleado sería más terrible. ¡Qué curioso que todo lo que tiene que ver con tejer me dé la vida! Leer, escribir (textos, que es tejer palabras), hacer punto de cruz, conversar (tejer pensamientos, los propios con los ajenos) son elementales en mi camino. El barro está en este tramo de la senda, pero siempre llevo una margarita en la mano, para no dejar de oler su aroma ni de perder de vista la luminosidad de sus pétalos.

Y termino con las sabias y archiconocidas palabras de A. Machado


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

Siempre estamos en el camino, pero solo poniendo en marcha nuestro paso podremos llegar a los distintos árboles frutales que nos esperan en el camino. Andemos. El primer paso siempre hace caminos.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Protección de la memoria

He sabido por puro azar que en agosto encontraron, también por casualidad, los restos de lo que parece un templo romano en Granada.

Me puedo imaginar a esos obreros que excavan la zona de Camino de Ronda en la ciudad nazarí con el objetivo de realizar un metro por la ciudad y se topan con restos arqueológicos. La mayoría de ellos lo verán como meras piedras sin importancia, ruinas que no aportan nada. Mirarán los restos y pensarán "Joder, otra vez a esperar" y, envueltos en sudor, más aún en Granada en plena estación estival con el abrazo asfixiante del calor insoportable, se detendrán, beberán agua y mantendrán la mirada perdida en pensamientos muy dispares.

Templo romano hallado

Pero seguro que hay alguien, aunque solo sea uno de esos obreros, que observa las piedras con cierta intriga, tal vez admiración o emoción por algo que a sus ojos es mágico. Tiene que haber alguno que mire embelesado, como yo estaba mientras no quitaba ojo a las imágenes del ordenador, que se imagine a otros obreros vestidos con otras ropas, con peinados diferentes a ellos; puede que con un olor corporal semejante o no al de ellos, que acarrean piedras y, con esfuerzo, las colocan donde les ordenan. Entonces a uno, en este caso yo, se le viene a la cabeza la imagen de una iglesia, de una mezquita, de una construcción megalítica o de una necrópolis fenicia, por nombrar casos parecidos, y llega a la conclusión de que todas esas producciones humanas fueron realizadas por alguien con creencias ultraterrenales. La muerte tuvo nombre en el momento en que aquellas personas edificaron en su honor y justo cuando vieron en la realidad un transito que los llevaría a otro lugar inmaterial. Pensaron en seres supreterrenales, inmortales, a los que había que alabar. Ese templo romano, del que solo quedan restos: parte del suelo, retazos de muros, ¿columnas? ¿altares? ¿Objetos religiosos? Váyase usted a saber qué se ha hallado; pues ese templo es para mí algo más mágico que todo en lo que pudieran creer sus constructores.

El templo ha sobrevivido en cierta manera. Con él pervive la mano de quien lo construyó: esos obreros ¿esclavos?, las personas que lo idearon, los que pusieron el dinero necesario para su ejecución. Asimismo nos transpasa saberes y recuerdos, al menos ficciones que mi mente pronto crea. Se me compunge el corazón con la simple visión de aquellos ladrillos fijados con argamasa, tal vez porque sueño demasiado.

Estuve buscando más información al respecto y no he hallado nada. ¿Habrán determinado que carece de relevancia y lo habrán eliminado?¿Habrán decidido salvarlo y adaptarlo de algún modo a la construcción del metro? ¿Lo habrán integrado?

Integración es justo la palabra que yo aplicaría a todo resto arqueológico que pudiera aparecer en el tramo de una obra urbana. ¿Por qué destruir algo que forma parte de nuestro pasado y que nos enriquece, cuando es mucho más práctico conservarlo? No creo que haya mayor interés en la destrucción que en la integración. La primera supone eliminar atractivos turísticos; en cambio la segunda implica añadirlo, rescatarlo del olvido, embellezar la ciudad.

Soy un soñador.

Vivo de recuerdos. Me alimento de ficciones, de pasado, de unas piedras que hinchan mi mundo con historias.

Muero cuando desaparece nuestra memoria. La demencia colectiva es un mal colosal. Triturar ruinas es perder apoyos para que eso no ocurra, para que los recuerdos no mueran. Es condenarnos al olvido.

Con la invasión católica en Al-Andalus ardieron libros y, con ellos, el saber de nuestros antepasados. En Córdoba, cuentan que existía una biblioteca gigantesca, que acabó siendo destruída, eliminada para siempre. Me aterroriza la idea de imaginar la magnitud de aquella quema. Es más, veo mentalmente colosales piras de las que sale un humo negro que transporta letras y desaparecen en las alturas. ¡Cuánto se perdió entonces! ¡Cuánto se seguirá perdiendo!

Porque estamos hechos para perder.

Pero también llevamos en los genes el impulso de ganar. Queremos vivir más allá de nuestras vidas. Ansiamos transitar por la memoria de los vivos que nos suceden. Unos imprimen en la pared rocosa de una cueva el perfil de los arqueros de la tribu o sus manos. Otros edifican un templo dedicado a una divinidad. Algunos escriben, pintan, inventan. Los hay igualmente aquellos que dirigen sus vidas al escándalo. La cuestión es eternizarse. ¿Quiénes somos nosotros para acabar con ese proceso divinificador? Si se hallan restos de antepasados o un ajuar tarteso, por poner dos ejemplos, ¿por qué eliminarlo?

Hay que darles continuidad. El azar, las casualidades, el esfuerzo de aquellas personas, ese cúmulo de circunstancias ha de servir para proteger lo dado.

Soy un soñador. ¿Por qué no soñamos todos? Es muy gratificante. Ojalá se salve ese templo, todo nuestro sustento memorial.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Vaporoso

¿Alguien me sabe explicar el motivo de que sea tan disperso? ¿Por qué soy incapaz de centrarme en una única cosa y condensar todas mis energías y atenciones en el cometido de una exclusiva acción? Es algo que no entiendo y que solo puedo nominalizar: personalidad vaporosa.

Dentro del género humano, se pueden realizar diversos -por no decir infinitos- cuadros y divisiones esquemáticas, ramificaciones que aclaran y estructuran la diversidad humana en no solo hombres y mujeres, infantes, niños, jóvenes y ancianos, sino también en infinidad de categorías que sería incapaz de incluir en esta entrada que escribo con cierta celeridad y sin perder demasiado tiempo de reflexión. No porque el tema sea interesante hay que dedicarle toda una vida; por ello voy al grano y me dejo de circunspecciones: hay personalidades vaporosas y personalidades  férreas.

¿De dónde extraigo esta terminología? De la nada, de mi cabeza -dicho sea de paso, habitáculo vacuo cerebral-, de la experiencia. 

Las personas vaporosas son aquellas que parecen estar conformadas por humo. Su mente inicia una acción y sin terminarla comienza otra y así sucesivamente hasta que vuelve alguna de esas acciones empezadas para rematarla y, sin embargo, no lo logra, porque tiene tantas acciones puestas en marcha que es incapaz de concentrarse en una solo; son personas que carecen de la disposición necesaria para organizar, estructurar lo que hay que hacer y priorizar.

Las personas férreas son, como es evidente, justo lo contrario de las anteriores. Se trata de un tipo de personas obsesionadas con un tema. Inician una acción y nunca salen de ella, porque conforme avanzan en su desarrollo estas se hacen más y más profundas, cada vez más complejas.

Yo soy una personalidad vaporosa. Antes era más del tipo férreo, aunque nunca a esos extremos. Era alguien capaz de abrir y cerrar acciones, como cualquier persona normal. Ya no.

Humo soy,
aire vaporoso con olor a carne,
fuego fatuo que incendia un árbol
salta a otro y quema el bosque,
llama falsa que no quema en realidad.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un cortijo familiar



Sierra Nevada desde el Postigo de Salobreña

El cortijo encalado mira al mar, a Salobreña y a su vega, pero también a Sierra Nevada y a los cultivos tropicales que escalan la montaña que lo rodea. Posee un porche grande a la sombra de una techumbre de hierro ondulado y de una vieja parra que se sostiene colgada de cilindros de hierro oxidado, seguramente tan antiguas como la edificación. En el interior el aire permanece congelado y viciado por un tiempo que ya no existe, fruto de algo que fue y sigue siendo, pero solo en ese lugar, porque fuera ya todo es distinto, ha cambiado a lo largo de más de 30 años, cuando falleció una de las mayores bestias que se ha criado en estas tierras ibéricas, el asquerosísimo. Quedan vigas de madera y las paredes son irregulares. Hay camas con más de setenta años y la chimenea de ladrillo colorado muestra en su interior el negro de los múltiples fuegos que han ardido en su interior.


Lo miro con fijeza e imagino a los hermanos y hermanas de mi abuela y a sus padres y a sus tías; los niños están sentados viendo el crepitar del fuego de la chimenea, asombrados por ese movimiento. Unos juegan; otros extienden las palmas de las manos hacia el calor de la hoguera. Se sienten reconfortados. Fuera hace frío, los dedos árticos de la sierra se escurren por las laderas de las altas montañas y viajan sobre la superficie del Guadalfeo, ese río que fue bravo y destructor en momentos puntuales de su historia, pero también creador y algo demiurgo. 



Salobreña desde el cortijo de mi abuela.
Desde el porche observo el mar. Está abombado. Me preguntó cómo cabe la posibilidad de imaginar la tierra plana. No hay más que otear esa línea del horizonte sobre el mar, que se curva ligeramente. Se ve el peñón, esa roca repleta de recovecos, con la espuma de las olas golpeando sus contornos. Cuánta importancia puede tener esa roca con forma de ballena. No hay salobreñero que no sienta cierto orgullo y emoción al mirarla. Y yo la observo desde mi imaginación. 

El peñón.

Las civilizaciones se suceden.




No es complicado ver un grupo de fenicios que arriba a la costa, pierden la mirada en la belleza del lugar y se alegran por haber encontrado un sitio perfecto para vivir. Quién sabe si no fueron ellos los que edificaron en lo alto del pueblo una fortificación que hoy es castillo y presintieron la importancia del enclave. Y no solo eso. Los fenicios desaparecen de la visión. 

También veo desde el cortijo un grupo de romanos que construyen un edificio en el lomo del peñón y mueren. O tres princesas de cuento aprisionadas por su padre para evitar amoríos inadecuados.

Hay una mujer vestida de luto. Tiene el pelo recogido en un moño. Aún así, el fuerte viento ondula un mechón que se suelta del peinado y su vestido se adhiere a su cuerpo, mostrando su silueta deslumbrante, al tiempo que el resto del vestido parece volar. La mujer mira al mar. Su mirada está vacía. Salta a las fauces de la roca, de las olas, de las corrientes que le quitaran el dolor con dolor. 

Porque el peñón es lugar de muertos, puertas del averno. Allí saltan los jóvenes. Buscan diversión, a veces encuentran un atajo hacia la vida que no es vida, hacia el fin de la vida. "Sé de dónde saltar", es una frase repetida y manida. No siempre es así, por desgracia.

BOOM.

Todo desaparece. Junto al peñón sale un humo gris y negro. Estallan los cañones de enormes barcos. Atacan el pueblo. El cielo de intenso azul ha mutado en cenizas. Los vivos son cada vez menos. Mi familia ha huido a ese cortijo y se alimentan de lo poco que pueden cultivar. 

Y el tiempo discurre hasta el presente de nuevo. Ahora está la hermana de mi abuela ahí, sentada en su silla, con las piernas apoyadas en un vieja silla de mimbre, a la que le han cortado las patas para que sea más baja. Su piel ha palidecido. Creo que se apaga su llama. 

La pena me acecha, cuando menos lo espero. 

Entretanto, otros desean que ocurra lo que nadie puede evitar, aquello de lo que nadie puede escapar. Y el día que acontezca se desmoronará esa edificación. 

Ya no habrá cortijo, porque lo viejo casi no se valora. Los recuerdos pierden relevancia en las mentes de la gente. ¡Qué triste! Un recuerdo es un tesoro único. Extraviarlo es eliminar una pieza de nosotros mismos.

Y con ella perecerán los recuerdos y parte de la historia de mi familia. Caerán los higos y se secará la parra. Ya no habrán cenizas en la chimenea, porque no habrá chimenea. Y las vigas de madera formarán parte del pasado. El cortijo se despeñará desde las alturas del peñón. No habrá nada, salvo el recuerdo. 

Un recuerdo que morirá con los familiares de mi generación. Y cuando sea viejo y el cartón pase a ocupar mi ahora tersa piel, yo contaré a quien me escuche todas las historias que una vez tuvieron lugar en ese cortijo.

Hasta entonces las contaré en silencio, para que no mueran arrastrados por los años.

El cortijo del que hablo sale en la parte derecha de esta foto.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Muerte amor vida



De esto que estoy leyendo poemas de Éluard, el poeta francés, y leo algo con lo que me identifico por completo. Veo la esperanza de que las cosas mejoren. Así sin más, se apodera de mí la necesidad de copiar aquí el poema y de realizar una traducción por simple entretenimiento y para que quien me lee lo comprenda.

El poema se titula "La mort l'amour la vie" (La muerte el amor la vida). Solo el título ya ofrece problemas de traducción; no por las palabras que se traducen sin problemas, sí por la incapacidad de reproducir la sonoridad casi perfecta de las palabras 'la mort l'amour'. Para mi fortuna, no debo hacer una traducción perfecta ni me pagarán por ello en este caso. Por esa razón me tomo la libertad, llevado asimismo por la holgazanería, de traducir muy pegado al texto y a la estructura. En cuanto a la puntuación, el poeta la eliminó por completo y, aunque me duele no colocar las comas y puntos oportunos, me contengo y lo dejo como en el original.
En este poema Paul habla de la tristeza provocada por la muerte de su segunda esposa, Nusch, y de esa soledad en que se encontraba; de su estado anímico cercano al suicidio. Cuando perdemos a alguien muy querido e importante los tendones del cuerpo se tensan y, acto seguido, se desintegran y cae el cuerpo en el lecho pesado de la vida. Comienzan las preguntas que no encuentran respuesta lógica y se repite en la cabeza la desesperación de algo que no podemos controlar, de saber que no se volverá a tener a esa persona o del miedo a olvidar; no recordar la voz, la cara, el olor, las caricias, sus gritos, algún tic nervioso, su presencia. Porque al morir alguien muere una parte de nosotros.
Pero no todo es pena ni la vida se paraliza con el fallecimiento del otro. El tiempo sigue tirando del carro de la vida y nos arrastra. El sol sigue dando espadazos de luz y calor. Es de obligado cumplimiento levantarse, enjugarse las lágrimas y romper esos rayos para deshilachar la profunda niebla que se ha cernido a nuestro alrededor. 

De repente, surge el amor. Aparece, en la vida de Éluard, Dominique, una joven de carnes claras, con fuego en la venas, que le da impulso para vivir; ahora tiene razones para continuar. Su peso se aligera y las esperanzas matan la mala hierba con su látigo.
Y con la esperanza hecha persona, Paul se llena las manos de palabras lumínicas, repletas de ganas y con la certeza de que el futuro será mejor, porque el presenta ya es mejor. 

Está enamorado y mira la vida con ilusión. ¿Qué hay de malo en todo aquello? Nada. Se cultivan los campos y el trabajo nutre las bocas de la gente. Y el ciclo de la vida seguirá su recorrido: nacerán nuevos niños, que cambiarán el mundo.

En la actualidad, los campos se riegan con dificultad y hay cosechas perdidas. Las fábricas se mantienen, pero no sostienen a todas las personas. No hay trabajo suficiente y, por consiguiente, no hay bocas nutridas como debería ser. La esperanza se ha convertido en una arma de doble filo, porque la realidad la llena de sombras. La mayoría está sola, porque está desamparada. Destruyen las ilusiones. ¡Han asesinado a los que guían! Solo se oye la palabra crisis y se ven injusticias. El camino se ha disuelto. Pero por fortuna tenemos muchos trabajadores de la obra y construiremos puentes y colmaremos las oquedades del presente y el futuro con esfuerzo. No nos vamos a rendir. Vamos a recuperar lo que se pierde. El mundo nos pertenece. La vida es propiedad de cada uno. Se nos ha olvidado esa premisa y hemos permitido que gobiernen nuestras vidas personas ajenas. 

Sigamos luchando, pues.

Y dicho o dicho, he aquí el poema.




J'ai cru pouvoir briser la profondeur l'immensité   

Creí poder romper la profundidad la inmensidad  

Par mon chagrin tout nu sans contact sans écho                        

Mediante mi pena desnudo sin contacto sin eco  

Je me suis étendu dans ma prison aux portes vierges               

 Me tendí en mi prisión de puertas vírgenes        

Comme un mort raisonnable qui a su mourir                             

Como un muerto razonable que supo morir        

Un mort non couronné sinon de son néant                               

Un muerto no coronado si acaso por la nada      

Je me suis étendu sur les vagues absurde                                

Me extendí sobre las olas absurdas                     

Du poison absorbé par amour de la cendre                               

Del veneno absorbido por el amor de las cenizas

La solitude m'a semblé plus vive que le sang                           

 La soledad me pareció más viva que la sangre  

Je voulais désunir la vie                                                          

Quería desunir la vida                                     

Je voulais partager la mort avec la mort                                    

Quería compartir la muerte con la muerte          

Rendre mon cœur au vide et le vide à la vie                             

Entregar mi corazón al vacío y el vacío a la vida  

Tout effacer qu'il n'y ait rien ni vitre ni buée                             

Borrarlo todo que no haya nada ni cristal ni vaho 

Ni rien devant ni rien derrière rien entier                               

Nada delante ni nada detrás ni nada entero       

J'avais éliminé le glaçon des mains jointes                               

Había eliminado el hielo de las manos juntas      

J'avais éliminé l'hivernale ossature                                          

Había eliminado la invernal osamenta               

Du vœu de vivre qui s'annule.                                                 

Del deseo de vivir que se anula.




Tu es venue le feu s'est alors ranimé                                    

Viniste el fuego se reanimó entonces                 

L'ombre a cédé le froid d'en bas s'est étoile                            

La sombra cedió el frío desde abajo se estrelló  

Et la terre s'est recouverte                                                     

Y la tierra se cubrió de nuevo                           

De ta chair claire et je me suis senti léger                               

De tus carnes claras y me sentí ligero               

Tu es venue la solitude était vaincue                                      

Viniste la soledad era vencida                          

J'avais un guide sur la terre je savais                                     

Había un guía en la tierra lo sabía                     

Me diriger je me savais démesuré                                          

Dirigirme me sabía desmesurado                      

J'avançais je gagnais de l'espace et du temps                        

 Yo avanzaba ganaba espacio y tiempo              

J'allais vers toi j'allais sans fin vers la lumière                          

Iba hacia ti iba infinitamente hacia la luz           

Là vie avait un corps l'espoir tendait sa voile                      

La vida tenía un cuerpo la esperanza tendía su velo   

Le sommeil ruisselait de rêves et la nuit                              

 La somnolencia expedía sueños y la noche         

Promettait à l'aurore des regards confiants                              

Prometía a la aurora miradas confiadas             

Les rayons de tes bras entrouvraient le brouillard                     

 Los rayos de tus brazos entreabrían la niebla    

Ta bouche était mouillée des premières rosées                      

  Tu boca estaba mojada con los primeros rocíos  

Le repos ébloui remplaçait la fatigue                                     

El reposo deslumbrante sustituía a la fatiga   
     
Et j'adorais l'amour comme à mes premiers jours.                    

Y adoraba el amor como a mis primeros días.  


Les champs sont labourés les usines rayonnent                      

El campo es labrado las fábricas resplandecen     

Et le blé fait son nid dans une boule énorme                           

Y el trigo hace su nido en una bola enorme         

La moisson la vendange ont des témoins sans nombre           

La siega la vendimia tienen testigos sin nombre 
  
Rien n'est simple ni singulier                                                 

Nada es simple ni singular
                                 
La mer est dans les yeux du ciel ou de la nuit                         

La mar está en los ojos del cielo o de la noche     

La forêt donne aux arbres la sécurité                                     

El bosque da a los árboles la seguridad               

Et les murs des maisons ont une peau commune                    

Y las paredes de las casas tienen una piel común 

Et les routes toujours se croisent.                                          

Y las carreteras siempre se cruzan.                      

Les hommes sont faits pour s'entendre                                  

Las personas están hechas para entenderse         

Pour se comprendre pour s'aimer                                           

Para comprenderse para amarse                        

Ont des enfants qui deviendront pères des hommes               

Tienen hijos que serán padres de las personas    

Ont des enfants sans feu ni lieu                                           

Tienen hijos sin fuego ni lugar                            

Qui réinventeront les hommes                                               

Que inventarán de nuevo a la gente                   

Et la nature et leur patrie                                                      

Y a la naturaleza y a su patria                           

Celle de tous les hommes                                                      

La de todas las personas                                   

Celle de tous les temps.                                                       

La de todos los tiempos.           

martes, 27 de noviembre de 2012

Calma contra ansiedad

Una mano invisible aprieta el centro mismo del cuerpo. Recorre con sus nudillos la parte del estómago, el corazón y estruja los pulmones. La ansiedad es una reacción del cuerpo ante situaciones absurdas, incontrolables; cuando se mira hacia adelante y solo hay fosas y desfiladeros; cuando no se sabe ciertamente qué ocurrirá; sobre todo, cuando nos vemos impotentes y las circunstancias escapan de nuestro entendimiento y de nuestra capacidad para modificarlas en nuestro beneficio, en lo que creemos más justo.

Tengo ansiedad desde hace tiempo. Son brotes que suceden temporalmente, como una estrella fugaz que eclipsa y que podría ser un meteoro que se precipita sobre nuestras cabezas. Ante estos brotes todos tenemos medios paliativos. Estaba sintiendo esa mano invisible, cuando he cambiado de canal y las imágenes de un bosque frondoso y de un río con curso pausado me han sacado de la realidad. 

Un bosque de Rusia. 

La nieve se había derretido y cascotes de hielo descienden por el río. Un tigre bebe agua junto al hielo y desgarra la carne de una presa que tiene escondida debajo de un tronco. No puede comer demasiado para no trabar su agilidad. Raciona la carne, que gracias al frío permanece fresca y comestible. Una ardilla voladora salta de árbol en árbol. Suena la música, acorde con los paisajes, con los colores cambiantes de la naturaleza y con la metamorfosis de la naturaleza desaparece la presión de la mano invisible. Me siento calmado y soy la calma de ese río. Y ese tigre en peligro de desaparición. Y esa ardilla que salta de árbol en árbol por inercia.

Los documentales son beneficiosos; no solo para el intelecto, también para el cuerpo.


lunes, 26 de noviembre de 2012

Alguien valiosa

Hoy es uno de esos días en que aparece una presencia del pasado, que en realidad es ausencia, porque hace ya 26 años que falleció. Ella es el tema olvidado de mi familia y, sin embargo, alguien que sé que habría sido muy importante en mi vida. De ella conservo recuerdos que no son recuerdos, son invenciones, una imagen compuesta por las escasas fotos que he visto de ella, una voz ronca inventada, un cabello negro, recio, fuerte y completamente enroscado como la concha de un caracol. 

Una vez soñé con ella. Estaba envejecida; la piel estaba muy acartonada y tenía el cuerpo escuálido cubierto por ropa raída negra. La recuerdo como si el sueño hubiera sido real. Y hoy la extraño más que nunca. ¿Cómo se habría comportado ante la situación que ha tocado vivir? ¿Habría gritado, llorado, insultado? ¿Se habría enfurecido? ¿Estaría decepcionada? 

Desearía darle un beso y apretarla contra mi pecho. Tal vez derramar alguna lágrima. Decirle que para mí no es olvido, que nunca han saciado mis ganas por dar forma a su historia, a su cuerpo, a su voz, a su olor. Saborear sus comidas y recibir alguna reprimenda propia de una abuela. Compartir mucho con ella. Sé que habría sido alguien muy importante. Lo habría sido sin duda. 

Pero, abuela, me niegan la reconstrucción de tu presencia, porque eres tabú. Eres un recuerdo doloroso, una imagen tan potente en sus memorias, que tratan de ocultarte debajo de pesadas capas de olvido, de silencios. 

Y hoy, precisamente, te necesito. 

Necesito a mi abuela. Si tuviera magia, esa magia que no existe, agotaría toda la naturaleza por traerla enfrente. Abuela, lo que ocurre te desagradaría no sabes cómo ni cuánto. Sería una merma de tu llama, un golpe de frío constante. Y me verías batallar contra lo que no puedo batallar, contra algo que no me corresponde. Pero uno no es dueño de las circunstancias. Las cosas vienen de repente, sean justas o no. La realidad es. Lo que es es y lo que no es no es. Ya lo dijeron hace milenios. Yo no voy a inventar nada nuevo. 

Solo puedo repetir.

Repetir lo que otros hicieron, hacen y harán, cuando cae el rayo, se incendia el bosque, tiembla la tierra, se precipita el cielo o estalla el volcán.

Resistir. 

Permanecer de pie. 

No huir. Hacer frente a todo. 

Si hay que llorar se llora, pero solo deshacerse segundos y actuar. Y, como tengo imaginación, te imagino. Te doy besos en el aire y respiro tu cuerpo, aún habiéndolo olido solo con unos meses.

Y no eres tabú. Para mí no lo serás nunca. Eres. Y quien es, permanece, aunque solo seas un invento de mí mismo. Te necesito. La necesito. Calla a quien habla. Ayúdame a que las piezas vuelvan a su sitio. Y si no puedes, no te preocupes. Hoy no puedo yo, pero con la mano de Cronos en mi hombro, caminaré por las lindes de la vida y recompondré lo que se pueda recomponer. Y lo que no, perdóname, pero lo dejaré como esté. Vida a la vida. Vida a quien demuestre que debe estar en mi vida.

Abuela, haz que razonen los que no razonan, los cerebros vacíos que gobiernan cuerpos de trapo, víctimas que no son víctimas.

Te fuiste, pero permaneces en mi deseo de recuperarte. 

viernes, 23 de noviembre de 2012

Flaubert y Vargas Llosa

Siendo joven, el enfermizo Flaubert supo que su vocación era la escritura. Se sentía con esa necesidad. Conocer todo su proceso de escritor es tan sencillo como hacerse con su correspondencia y leerla con el placer propio de aquel que se topa repentinamente con un banquete repleto de entremeses, platos y golosinas suculentas. Leer las cartas que Flaubert escribía a sus amigos y a sus amantes, mientras proyectaba sus novelas y las redactaba, es tan sumamente interesante como fructífero. En ellas descubrimos reflexiones excelsas, donde se aclara, por ejemplo, que antes de iniciar la escritura es obligatorio despreocuparse del estilo, porque lo que interesa es preparar los planos sobre los que se plasmarán todos los detalles y la estructura de la novela. Una vez ha sido todo planificado, los diálogos, las descripciones, los personajes, la sucesión de "tableaux" (cuadros, que eran las diferentes escenas, según la terminología Flaubertiana), etc. el artista puede empezar su obra. En ese momento decidirá qué estilo utilizará. 

Flaubert estuvo obsesionado con el estilo y la sonoridad de sus textos.  Buscaba las palabras adecuadas y no soportaba las cacofonías ni las rupturas sonoras. Para localizarlas, leía en voz alta todo lo que había escrito durante el día y sufría las consecuencias originadas por la dificultad para hallar el término exacto.



De Flaubert destaca sin duda su impresionante Madame Bovary, de la que se ha venido a conocer como la primera novela moderna.

Mario Vargas Llosa aborda con su inigualable maestría esta novela y la vida de Flaubert en su ensayo La orgía perpetua, dividiendo su empresa en tres perspectivas diferentes.

Al principio, extrae de su propia experiencia el material necesario para explicar la novela, los logros de Flaubert y la importancia que tuvo dicha obra, cuando en su juventud la leyó por primera vez en París. Desde entonces, pasaría a declararse como flaubertiano. 

En la segunda parte analiza la novela propiamente dicha; todos los aspectos técnicos, los personajes, el ritmo, los orígenes de cada aspecto de la novela, los personajes, entre otros muchos aspectos. Todo ello, apoyándose en la correspondencia de Flaubert, en los análisis de otros escritores y en el análisis mismo de la obra.

Y finalmente comenta la relación y la repercusión de la obra para la posteridad novelística. Después de Flaubert y Madame Bovary, la prosa no volvió a ser la misma nunca más. La novela alcanzó un nivel superior, la mediocridad vista como lo propio de lo normal ocupó un lugar dentro de la prosa y, con el descubrimiento del estilo indirecto libre, se pudo expresar el pensamiento de los personajes sin llegar a realizarlo desde el interior del mismo personaje, lo que años más tarde permitiría a Proust escribir una obra magnánime donde buscó encontrar la memoria perdida.

A mí personalmente, al igual que le ocurrió a Vargas Llosa, me produce un impacto mayor la idea de que una obra hay que planificarla, de que "pour qu'une chose soit intéressante, il suffit de la regarder longtemps" (para que una cosa sea interesante, basta con mirarla mucho tiempo.) o de que no hay temas buenos ni malos, sino simplemente es necesario imprimirles el enfoque y el estilo adecuados. 

Reconozco que no he logrado terminar las dos lecturas que intenté de Madame Bovary, pero sé que es cuestión de encontrar el momento oportuno. Estoy convencido de que es mejor dejar la lectura de un libro que no llena y esperar que llegue el momento de leerlo. Siempre habrá un momento adecuado y más oportuno.

Ahora estoy siguiendo ese proceso planificador. Espero llegar a ser un arquitecto de novelas al menos suficientemente bueno para proyectarlas bien.




lunes, 19 de noviembre de 2012

¿En qué somos extraordinarios?

He intentado escribir esta página ya muchas veces, pero nunca sé cómo empezarlo. Escribo al azar lo primero que se me viene a la cabeza y, al instante, lo borro, porque me parece sentencioso o inadecuado; o puede que sea también porque no es la frase con la que quiero comenzar. Así que prefiero comenzar como acabo de hacerlo.

Escribir es un arte delicado, rutinario, complicado. No estoy muy convencido de eso que algunos dictaminan con tanta vehemencia: solo escribe el que ha nacido para ello. Aunque tal vez sea así en cierto modo.

Cada uno nace con unas cualidades que no siempre se desarrollan y que, cuando lo hacen, son insuperables en esa rama concreta que la vida o los genes le otorgaron. ¿Algo así como un don de la naturaleza?

Lo extraordinario radica en que no siempre sabemos cuáles son esas cualidades. Tener facilidad para algo no significa imperativamente estar dotado para realizar esa actividad. Uno puede haber adquirido esa habilidad y tener otras cualidades innatas a las que ni presta atención, porque nunca ha requerido su uso.

Mozart reprodujo de pequeño partituras que había escuchado en una casa ajena y las copió al llegar a casa, porque las recordaba perfectamente. Pero Mozart era un genio extraordinario; no una persona con capacidad dentro de la media. 

¿Tenemos todos una habilidad que supera lo ordinario, lo normal, la media y nos hace extraordinarios en la ejecución de la misma?

Si me planteo la pregunta pensando en mí mismo llego a la conclusión de que no poseo una habilidad extraordinaria en ningún tipo de actividad. No pinto ni dibujo, no canto bien, no escribo fuera de lo normal, las matemáticas nunca se me dieron bien, ni he sido especialmente hábil en actividades deportivas o en la simple -por no decir insultantemente complicada- ejecución de la vida cotidiana. No destaco por ser un magnífico cocinero ni poseo una memoria de elefante ni una lógica o una oratoria tan extraordinarias que aplacan todo argumento en contra. Los idiomas deberían ser mi fuerte y tampoco lo son. De pequeño mis notas eran pésimas, rozando la línea de insuficiencia    -es cierto que siempre fui distraído, imaginativo y demasiado cooperativo con los compañeros; vamos, que me pasaba la clase imaginando las maravillas de algún hechicero o mago, o ayudando a compañeros- y ya en la adolescencia mejoraron por el enorme esfuerzo que realicé.

¿Cómo mejoraron mis notas? Esta sería una pregunta interesante.

La respuesta no ha de ser menos interesante. En primero lugar, jugó a mi favor una mudanza. Después, hay que tener en cuenta el efecto pigmalión y esa imagen de empollón que ofrecí sin darme cuenta. Además, está la circunstancia de que, también sin saber cómo, mis compañeros de pupitre acabaron siendo aquellos que mejores notas obtenían. Asimismo, debería decir que me inscribí en el equipo de atletismo de Roquetas y que aquello marcaría en adelante mi desarrollo emocional, voluntarioso, rutinario, mental, etc. Un hecho añadido fue la enorme valoración de una profesora (Mafalda, le decíamos por esa pelo negro tan voluminoso), quien comenzó a decir: "José Luis, ahí donde lo veis, es más inteligente que la mayoría de vosotros y un alumno con un potencial extraordinario; pero como él no lo sabe, no intenta sacarse todo el partido." Aquella profesora no me enseñó casi nada de sociales y no era una docente excepcional, más bien lo contrario; sin embargo, ella es una de las razones que más peso tienen en mi evolución. Y hablando de evolución, debo confesar algo que demuestra cómo me planteé mejorar.

¿Cómo mejoré?

Simplemente en un momento dado saltó una chispa y se incendió el entramado neuronal: Tenía una base precaria. Todos los años anteriores no habían servido para que aprendiera lo elemental. Así que decidí que tenía que aprender todo de nuevo. Enseguida supe que la tarea sería larga y que no podría obtener resultados inmediatos. Fui observando las técnicas de mis amigos, como ya he dicho eran empollones, de sobresalientes. Una se levantaba a las 6 de la mañana el mismo día del examen para estudiar y tenerlo todo fresco; otra hacía buenos resúmenes; otra leía mucho lo que había que estudiar y hacía sus propios resúmenes de cabeza; otra necesitaba abarcar todo con la mirada y elaboraba esquemas de temas en un solo folio; había otro que necesitaba copiar muchas veces lo que iba a estudiar; otro trataba de comprender... No todas eran excelentes técnicas. Yo fui, mentalmente, anotando lo que hacían y poniéndolo en práctica. Los resultados fueron mejorando, mi autoconcepto estudiantil se fue reforzando y, aunque mi amor propio era tan nefasto como había sido durante toda la adolescencia, comencé a ser algo más feliz, porque era capaz de conseguir algo. Así cada mañana imaginaba que era un supersayan, un guerrero de Dragonball (aquella serie de anime que tanto veía y vería) y me dibujaba mentalmente como uno de nivel cero que iba alcanzando nuevos niveles y con el pelo cada vez más rubio (declaro que siempre me ha inquietado esa idea de que uno es más poderoso cuanto más rubio va siendo; idea tan cercana al nazismo). De tal modo que, para cuando terminé la ESO, yo ya había obtenido mención especial por notas de sobresaliente. Y acabé, a modo de curiosidad, con el cabello lleno de mechas rubias, cuya razón solo ahora soy capaz de explicar. Evolucioné como los supersayan.

Luego iría todo mejor. Añadí a mi método algo que me vino de perlas, como se dice: documentación e interconexión. Me dio por buscar información de todo lo que iba aprendiendo en clase. Buscaba información sobre el teatro griego y no solo lo hacía en español, sino también en francés. Al mismo tiempo interconectaba los conocimientos de una materia con otra y añadía una dosis de lógica que me ayudaba a suplir mi memoria de agua.  

¿Todo esto me hace ser extraordinario? No. Entonces me pregunto como todos nos preguntamos desde que tenemos uso de razón, ¿Yo para qué valgo? ¿En qué soy bueno, excelente, como dicen los politicuchos? ¿Soy bueno estudiando? No. Aquello fue fruto de unas circunstancias. No sé en realidad en qué soy extraordinario.

Solo sé lo que me gusta, que no es poco. Sé que soy observador, sensible, de risa fácil, amable.

Hay preguntas que no tienen una única respuesta. ¿Soy extraordinario en algo? Es una de ellas.

martes, 13 de noviembre de 2012

Placer cotidiano 4: Natura

Es muy placentero ver el cielo gris en una tierra acostumbrada al sol y al celeste extenso. Lo es, porque el terreno deshidratado y áspero, agrietado a causa de un periodo hídrico anterior extremadamente seco, ahora está húmedo, hinchado de agua y porque en estos momentos da vida donde parecía no haberla y surgen brotes verdes, hierbas extensas que ofrecen la luminosidad que aquí es más propia de arriba que de abajo. 




Es evidente que la naturaleza siempre proporciona mejores lecciones que cualquier otra entidad. Un ser humano tiende a crearse más problemas que soluciones y, bien es cierto, eso le ha permitido avanzar y llegar a comprender muchas parcelas de la existencia y de la realidad; no obstante, también es producto y víctima de las propias borrascas que no producen verdor ni flores aromáticas ni visual ni olfativamente. 

Mirando la foto que hice la semana pasada puedo declarar con toda seguridad que prefiero mil veces la naturaleza antes que el ser humano; porque aquella es un todo, que no es todo, salvo partes infinitas perfectamente conexinadas y con efectos inimaginables y el ser humano es, en cambio, una de esas partes de la naturaleza que producen efectos bellos y crueles, al creerse un todo que no es todo, mas solo parte.

Un camino infinito de arena, con charcos, hierbas verdes a los lados y una inmensa montaña de canela al fondo, culminada por velos nebulosos y, a sus pies, una llanura de casas blancas. La atmósfera parece pura, fresca, se respira con energía ese oxígeno que es vida y muerte a la par. En los charcos del suelo se conserva el azul del cielo, un reflejo de belleza, protegido de la vorágine político-económica que nos gobierna. Estoy un poco perdido en pensamientos caóticos, en el negro de los bordes de la foto, símbolo de porvenir nefasto, de desesperanza que desea ser esperanza de nuevo, pero que no consigo que lo sea. 

El ser humano, parte que cree ser todo siendo solo parte de un todo, con conciencia más potente que el mismo todo.

Agarré el móvil con firmeza y detuve el tiempo en un segundo. Fue sencillo, casi mágico, apreté el botón y la realidad pasó a ser un charco más, un reflejo en la pantalla de mi móvil. Las salinas a mis espaldas se han inundado del líquido elemento de la vida y se han llenado de rosas y rojos salinos. Son flores líquidas. Luz a nuestros pies, donde suele haber sombras. Me pregunto si el futuro y, lo que es más importante, el presente podrán ser esa hierba que nace de repente de la nada, ese terreno vacío que recupera el agua colorida o un charco que nos acerca el cielo a la altura de los pies. Quiero pisotear ese cielo y ser quien se cierne sobre él.  Y, mientras las noticias son pesimistas y la economía se deshace mortalmente en números rojos y ciudadanos famélicos y suicidas; así como a la vez que la oscuridad colma con sus espadas la esperanza de un futuro mejor, yo no puedo agarrarme a otra cosa que al placer de la vida, de la existencia y al canto de una naturaleza que siempre nos supera y nos da lecciones.

Hay que ser hierba que lucha por la supervivencia; saber cuándo es el momento oportuno, que siempre viene para aunar fuerzas y romper la semilla y la tierra y crecer hacia arriba contra todo advenimiento.


martes, 6 de noviembre de 2012

Cita ineludible


Microcuento 2: Cita ineludible

De la rutina de su oficina, lo sacó el reflejo de sus arrugas en aquel espejo nuevo que había colocado en su escritorio la nueva secretaria.

Mateo se palpó la cara y miró el reloj; llegaba tarde a su cita.

No acostumbraba abandonar su puesto de trabajo nunca. De hecho, siempre había cumplido con su horario con rigidez y ahora de repente debía romper la tradición. Sentía una necesidad imperiosa de romper la rutina. Salió corriendo. Al pasar por la puerta de salida, miró a la secretaria que se despedía con una sonrisa etrusca y observó el colgante de guadaña que le colgaba del cuello.

Acababa de cruzar el umbral de la puerta principal, cuando, al poner un pie en la calzada, el ruido de un frenazo y el golpe del metal lo llevaron al lugar de la cita.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Lucha

Salir a hacer la compra es algo habitual, que cada vez se está convirtiendo más en un hábito volátil, en esa duda que se extiende con la voracidad de saber si llegará un momento en que no podrás ir al supermercado a comprar alimentos básicos y pasarás a formar parte de las cada vez más numerosas personas que viven de la recuperación de alimentos en el contenedor de basura, abriendo bolsas de plástico, tanteando los estómagos de pestilencia de la basura, porque no quedará otro remedio, no habrá nada.

La duda de la necesidad y de la angustia, de la desesperación.

Esta mañana he salido a comprar pan y leche y, cuando ya venía con la compra, me he cruzado con mi amigo alemán, un señor jubilado lleno de vitalidad y de soledad. Este hombre hace deporte a diario, tiene en casa una bicicleta estática, además de pesas; se desplaza a pie o en bici; y parece un hombre sano, pero está solo y eso le obliga a parecerlo y a ser fuerte. Conoce la soledad y lucha contra ella todos los días. En la terraza de su ático tiene su propio taller, contruído por sus manos, lleno de herramientas con las que ha ido modificando toda su casa en su beneficio. Su terraza luce un vergel de macetas y plantas; es su pequeño paraíso, donde él se siente a gusto mientras respira aire limpio, se toma un refresco y mira con detenimiento el cielo inmensamente azul, al mismo tiempo que en su mirada se descubre una tropelía de preguntas, de cómo ha llegado a ese estado de soledad, de cómo teniendo hijos y nietos se halla solo. Cada día desayuna y almuerza en el bar de debajo de mi casa, porque al menos posee una pensión bien merecida.

Este hombre no siempre estuvo solo.

Vino a España hace años acompañado de su mujer. Vivió con ella hasta que una enfermedad se la arrebató. Luego, encontró otra mujer con la que compartía su vida cotidiana, pero también falleció. 

Pasé muchos meses sin verlo. Pensaba que se había ido a algún viaje, hasta que hace unos meses volvió a su rutina. Estaba más delgado, menos fuerte, pálido, deteriorado y sin embargo igual de cómico, con la misma intensidad humorística, con sus mismo comentarios y su análisis de la gente de a pie. Me contó dónde había estado. Criticó los recortes de Rajoy, a quien él llama Adiós, porque su nombre le recuerda a jau y eso a sayonara, a ciao. Y lo criticó negativamente, porque ahora ha sufrido en sus carnes los efectos de los tijeretazos en sanidad. Un día, estando tranquilamente en su terraza, vio cómo el cielo se oscurecía y cayó desmayado. Como pudo, al despertar, llamó a una ambulancia y fue directo al hospital. Le diagnosticaron problemas de riñón, hígado y próstata, que no he llegado a saber por completo porque él no habla casi nada de español, yo no tengo un nivel elevado en alemán y los gestos no explican una enfermedad a la perfección. En cualquier caso, el trato recibido en el hospital fue bueno, pero los tratamientos pésimos, el servicio mínimo, la comida escasa, el agua especial que necesita de pago y la soledad imperiosa. Transcurrió la vida en el hospital "madre", como él dice, solo durante unos meses. Sus hijos y nietos no se hablan con él y me entristece. ¿Qué habrá hecho para recibir tales consecuencias? No lo sé, pero me entristece.

A día de hoy, él puede hacer vida normal, aunque pasa cuatro días a la semana en el hospital. 

No puedo explicar su vida; solo puedo contar su esfuerzo cotidiano para sonreír y sacar buen humor. Hoy me ha invitado a café, como siempre que lo veo, pero he declinado su ofrecimiento, porque tenía que volver a casa. En todo caso, hemos hablado un poco de política y me ha dicho con gracia: "Merkel y Rajoy en una bolsa y al mar."

Pues eso, estamos hartos de esos gobernantes que nos ahogan, cuando los que deberían ahogarse serían ellos. 

Mi amigo seguirá con su lucha constante; yo trataré de sacar las fuerzas que se han escurrido por mis poros y escapar de la mordaza. 

Tenemos que hacer que el cielo inmensamente azul no se oscurezca.