miércoles, 6 de noviembre de 2013

Desvaríos absurdos

Algo que voy a criticar siempre es esa absurdez que ejemplifica el hecho de que se enseñe literatura a través de libros de texto, de esquemas que reducen la riqueza literaria a meras escuelas literarias, a algo tan vacuo como es un resumen, una crítica, un movimiento literario que no es real. Así no me sorprende que pocos sean los que amen las clases de literatura. Señores, hablamos de libros de épocas anteriores, de la actualidad; por consiguiente, una clase de literatura correcta debería potenciar la lectura, el acceso al placer de leer, pero también a la emoción de conocer a nuestros antepasados directamente a través de sus voces congeladas en el tiempo, afianzadas en letras sobre papel. Porque un curso de literatura jamás debería basarse en un manual. Eso es un asesinato literario, algo así como hablar de platos exquisitos mirando un recetario y no llegar nunca a cocinar uno de esos platos y a saborearlo, olerlo, palparlo y tener que limpiarse los restos que se quedan pegados a los dientes, a la barba, a las manos. 

Me enfado mucho con estos temas.

Cada vez que he estudiado los temas de literatura para las oposiciones me he planteado afrontarlas de la mejor manera posible. La gran mayoría estudia los manuales y los estudios que otros hacen de las obras relevantes, sin ir directamente a las obras; al menos esto es lo que hacen las personas que conozco, tampoco puedo ni debería generalizar tanto. Yo siempre he preferido leer las obras y tratar de comprenderlas a mi modo. Es evidente que he tenido que seguir los malditos manuales, porque lo que han dicho los críticos es lo que ha sentado cátedra, es sobre lo que me evaluarán. ¡Inútil sistema! Lo fácil habría sido siempre estudiar de memoria los temas y vomitarlos en el examen. El sistema actual exige vomitar contenidos. 

Es como estudiar idiomas a base de gramática y olvidar que un idioma está vivo en cada persona que lo activa, le da uso en su mente para comunicarse consigo mismo o con los demás. Un idioma se aprende poniéndolo en funcionamiento y no por medio de reglas gramaticales. Soy un pesado con este tema, pero me hace gracia la gente. (Estoy criticón hoy, parece) Cuántas veces no he escuchado eso de "pues yo tengo el B1 de inglés, certificado por la escuela de..." y cuántas veces he pensado "Menuda tontería, hablar un idioma no es tener un B1 o un C1, eso no te da la certeza de que puedas mantener una conversación en condiciones; que sí, que eso determina que posees conocimientos y habilidades que has adquirido, pero ¿eso implica que has aprendido bien? ¿No puede ser que tuvieras un buen examen o que la suerte te sonrió y te preguntaron cosas que sabías y sobre un tema que habías memorizado por completo?" Pensar pienso mucho, aunque cada vez pienso menos por vago, por incapacidad para reflexionar o porque mi mente vive agobiada o en un limbo perpetuo, como si a veces me sintiera invasor o elemento ajeno del planeta, de la vida, un meteoro que se ha estrellado en nuestra realidad y que esta lo repele sin descanso. Pensar no pienso. ¿Darán B1 en pensamiento y desarrollo crítico? ¿Habrá niveles certificados para las matemáticas, las ciencias o el elevado arte del cuidado estético tan en auge? ¿Podré tener un B1 en gimnasio? Si Camus levantara la cabeza nos hacía nuevos ensayos sobre lo absurdo y creaba un "L'étranger" nuevo, que sería en realidad más de lo mismo; más que nada porque aquí lo absurdo ha estado siempre, adherido a lo humano.

¿Seré un 'étranger' de mí mismo?

Leía el otro día una noticia sobre literatura que me dejó de piedra, ¿petrificado? Sí, mejor petrificado, pétreo, marmóreo. En España se estima que el número de lectores de ALTA literatura no sobrepasa las 100 000 personas. ¿Qué carajo es la susodicha alta literatura? ¿Se trata de una serie de obras literarias que al leerlas te llevan a las alturas? ¿Es una literatura de drogadicción? ¿De vapores etílicos? ¿Es una literatura de Ícaro? Menuda mala costumbre tienen los críticos, tenemos todos: categorizar. Lo peor de todo es que se categoriza no por diferenciar, por facilitar el aprendizaje, no. En este caso se categoriza para dictaminar que esos pocos leen una gran literatura, compleja, artística, superior y, por consiguiente, al alcance de pocos, no por el precio, sino por el entendimiento, por la inteligencia, porque o eres inteligente y puedes entender lo que se ha escrito en esas obras excelsas o no podrás nunca. ¿Y quién determina qué obras se incluyen en este compartimente estanco? ¿Medieval? 

Literatura de alturas que se va a caer en picado, porque lo bueno siempre ha sido la variedad. Esa literatura que aporta algo dentro de sus posibilidades; porque toda  literatura tiene algo con lo que nutrirnos. La literatura infantil a mí me mantiene despierto y vivo mi yo pequeñito. Es tan importante para mí como leer a Muñoz Molina o a Camus o al inigualable Pessoa. Tan importante como aprender inglés o francés o el idioma que sea viviendo su variedad. Tan relevante como salvar la literatura, enseñándola a través de lecturas directas, de un reencuentro literario con nuestros pasados y, al mismo tiempo, con nosotros mismos. 

En nuestros antepasados siempre estaremos nosotros mismos. En la variedad se puede romper lo absurdo. Ay, ¡Qué cosas digo! Cosas...


martes, 22 de octubre de 2013

Economía de raíz humana: ricos y pobres

El otro día leí que, a pesar de la crisis, en España ha aumentado el número de ricos un 14%, lo que me irrita muchísimo y me parece terriblemente insoportable. ¿Cómo puede ser que crezca la riqueza de unos pocos cuando la gran mayoría se empobrece? ¿Cómo me hago yo mismo esta pregunta sabiendo que es lo que ha ocurrido siempre en la historia de la humanidad? Pero lo más curioso de todo es que aun habiendo sido esta la tónica general, esa que dice que siempre hay más pobres que ricos, la mayoría permite que esto siga sin verse alterado. Ni revoluciones ni guerras ni muertes ni huelgas... nada es capaz de cambiar de raíz el problema, ese tremendo desajuste humano que separa ricos de pobres con tanta brutalidad e injusticia. Antes hubo jefes de tribu, luego patronos, señores con grandes tierras, nobles, burguesía, grandes empresarios, monarcas... todo lo ha dictado el poder pecuniario mal repartido y las tradiciones fijas, las que parece que salen de los genes directamente y no hay movimiento humano opositor. 

El 94% de la riqueza mundial está en manos de pocos. El otro 6% se reparte entre la inmensa humanidad. El hambre, la pobreza, la escasez se expande por la epidermis de casi todos. Solo la vida misma parece hacer diferencias entre un rico y un pobre. Nadie como la señora de negro en la perfecta ejecución de su tarea. Allegados por igual los que viven por sus manos y los ricos. Anegados por el río de la muerte, que nunca falla, que siempre acierta. 

¿Cómo cambiar las raíces de este sistema idiota? Hasta ahora hemos fallado sin reparo. 
Y entretanto los ricos siguen siendo pocos; los pobres muchos, demasiados.

Esto no va a cambiar. Sentencioso sueno. Sentencioso soy. Además, puedo decirlo con la seguridad de que no me equivoco. Como la muerte en su labor, mi sentencia al respecto es perfecto en su ejecución. Ricos pocos habrá; pobres muchos, demasiados. Así se resume la economía humana en todas sus variantes. Así, nada más, simple y contundente, aburrida, estúpida, gilipollas, pestilente.

Silencio entre voces que no callan

Ya en mi última semana de trabajo en el hotel, me encuentro en una extraña situación, algo así como el enfermo que se bate entre la vida y la muerte. Las ganas de terminar son inmensas, pero no sabría decir si superan a las de la tristeza por dejar de trabajar y perder esta cierta estabilidad económica que me proporciona, aunque no mental ni saludable.

El hotel está tranquilo. ¿Dónde fueron a parar las ingentes masas de personas adultas que parecen burros y berrean y aquellas tiernas criaturas con capacidad pulmonar para ensordecer? ¿Dónde? Ubi sunt? ¿dónde se han metido las quejas inconsistentes, las estupideces humanas, el ruido de la fuente? ¿Dónde? ¿Dónde está todo ese bullicio, ese trabajo que se hace infinito? ¿Dónde la sensación de no disponer de tiempo para terminar tus tareas? No queda casi nada aquí. El hotel ya casi cierra sus puertas por esta temporada y ahora cuatro gatos insuflan vida al bar de la recepción. Por poco tiempo.

Y las horas se eternizan y ya los clientes no están fuera de ti, al otro lado de la barra ni del teléfono; ahora están dentro de tu cabeza y se quejan de ti mismo, te empujan al precipicio, te asalta la ansiedad sin causa aparente y las calles internas del cuerpo se abarrotan de basura. Silencio entre voces que no callan. ¿Qué pasará los meses venideros? ¿Encontrarás trabajo? ¿Te llamarán de la bolsa y volverás a pisar las aulas de algún centro lleno de estudiantes dispuestos a no hacer nada? ¿Viajarás lejos? ¿Qué libros leerás? ¿Leerás  esos volúmenes de hojas que se acumulan, apilan, en el escritorio de tu habitación? ¿El lector de Julio Verne, La canción secreta del mundo, Maldito Karma, La trilogía de Nueva York...? ¿Escribirás, Jose, alguna historia contundente? ¿Escribirás algo? ¿Vencerás todo lo que te pueda venir en contra? ¿Afrontarás el invierno como hormiga o como cigarra? ¿Serás liebre o tortuga? ¿León o ratón? ¿Sabrás no perderte en tu mundo? ¿es malo perderse en un mundo inventado, lejos de este aburrido universo? 

Y las horas eternas se alargan cual cabello de Rapunzel en esta torre que es ahora la recepción, entre el silencio absoluto del fin de la temporada y el eventual sonido de las tazas de café cuando el camarero las coloca sobre la máquina de café. 

La última semana.

¿Por qué me da ansiedad terminar? ¿Por qué me da ansiedad no terminar hoy mismo? Extraño. Pero es así todo. La naturaleza humana oscila entre salir de la cueva para cazar o quedarse en ella para cocinar o pintar en las paredes de la misma. 

Es como este post. ¿Por qué escribo este post sin sentido? ¿O tiene sentido? A vosotros decidirlo. Este de aquí se despide con una sonrisa. Otro día más y peor o mejor.

lunes, 7 de octubre de 2013

Cambiantes como el río de Heráclito

Analizando mi interés por los libros me doy cuenta enseguida de que ya no me atrae tanto la historia que cuentan como la manera en que lo hacen los autores. He leído tantos libros en mi vida que ya es difícil encontrar uno que me cuente algo nuevo, que sea capaz de sorprenderme por lo inesperado de la trama. Es todo ya tan previsible que aburre. Lo que sería de esperar ahora habría sido que no leyera más novelas en mi vida; en cambio, como suele ocurrir en todo ámbito de la realidad, nos adaptamos, me adapto y acostumbro a cambiar las lecturas. Ahora leo más ensayos, más correspondencias y novelas que cuentan las cosas ampliando mis horizontes narrativos, lo que a su vez influye asimismo en mi propia visión del mundo, mi propia capacidad de observar, ya de por sí desarrollada. Soy observador desde antes de tener uso de razón. Podría decirse que es uno de mis rasgos distintivos. Pero ser observador en la lectura no es algo tan relevante, al menos no en el sentido de que se sea realmente, porque, como siempre pasa, lo que se mira por primera vez escapa de la mirada. Cabría ahora un ejercicio interesante: releer. Quizás debería releer aquellas obras que más me han marcado y comprobar que la vida que va arando mi interior ya toma distintamente el fruto del libro que una vez fue impactante para mí. Leer de nuevo lo que ya leí no creo que sea realmente releer, sino más bien leer un libro que ya se había leído pero como algo nuevo, captando detalles nuevos, tramas que pasaron inadvertidas o un gesto de algún personaje que ya incitaba a pensar lo que después de ocurriría. El libro habrá cambiado para nosotros, será un libro nuevo. ¿Acaso la lente no es ya diferente? Porque si hay algo que el escritor no puede evitar es que se le escape un mero detalle que vislumbre el final de la trama. El escritor sabe lo que quiere decir, cómo lo va a decir y cuándo deben tener lugar los acontecimientos, pero lo que desconoce por completo es ese pequeño detalle que se le escapa del subconsciente. La consciencia es traidora y nos pone siempre al descubierto todo secreto que se pretende guardar. Al ladrón se le van los ojos tras la joya reluciente, al gay se le agita la muñeca sin prestar atención, el hombre de cromañón deja de escuchar al interlocutor en cuanto se cruza con una mujer despampanante o al ver un porche, a la modelo la manera de andar la traiciona. 

No hay detalle que no deje entrever lo oculto.

Esta tarde hablaba con mi amigo Juanjo del último libro de Zafón y le decía que esta historia me gustó mucho, pero que había ya algo del estilo del autor que me parecía muy explotado. En el momento no he sido consciente de que estaba hablando precisamente de lo que ahora me importa más: el estilo. A Zafón lo leo ya por la inercia de querer terminar su tetralogía, por poner punto final a algo empezado hace mucho tiempo.  Leí Marina, Luces de septiembre, además de La sombra del viento, El juego del ángel y El prisionero del cielo. Todas ellas me gustaron. De Luces de septiembre recuerdo en especial la conexión de cartas del inicio y el final de la obra y las vivas imágenes de las descripciones. Porque si algo destaca en Zafón son sus descripciones, cargadas de nubes de polvo, de sombras, nieblas, de metáforas visuales, donde los planos descriptivos se mezclan con las técnicas del cine. Sus novelas están, de hecho, muy pegadas, casi adheridas al estilo cinematográfico. Lo que sí debo apuntar es su conseguido efecto en El prisionero del cielo, el uso del lenguaje reflejo de la época, la manera de hablar de los personajes tan real. Pero ya carecen de mi interés, por desgracia. 

En cualquier caso, la cuestión es disfrutar y aprender de los libros, como se debe aprender de la vida, antes de que esta te dé lecciones. Ir al libro antes de que el libro venga a ti o viceversa. Captar el detalle que desenreda el nudo o mirarlo con esmero analizando la belleza que recubre todo el hilo del susodicho nudo metafórico. 

Hablar solos es un ejemplo de lo que ahora me llena. Digo ahora, porque mañana puede cambiar todo y que me interesen los libros de caballerías y ya no tanto el cómo sino el cuándo. Porque somos cambiantes como el río de Heráclito.

domingo, 6 de octubre de 2013

Soy como un globo

Un globo se infla con muchas ganas y mucho pulmón, sobre todo esos que son muy pequeñitos y que se alargan como una salchicha infinita. ¡Y con qué facilidad se desinfla si se pincha o en caso de soltar la boquilla sin haber hecho el correspondiente nudo! Me pasa lo mismo cuando leo. Estoy concentrado en mi lectura, viendo pasar la película que me están narrando y voy montándome al mismo tiempo mi propia historia. Me acechan las ganas de escribirla. Corriendo enciendo el ordenador o abro el cuaderno para comenzar a contar el relato que minutos antes se había empezado a desarrollar en mi cabeza y ¡pluf! todo se desinfla y se escapa el aire de las palabras que no llegaron a plasmarse, congeladas en un tiempo enlazado automáticamente al libro que reposa en mis rodillas o en la mesita de al lado. Tal vez me empeño en escribir lo que no tiene escritura. O como se dice será que lo que iba a escribir era mentira, ¿no? ¿Acaso todas las historias no lo son? 

¿Existe una fiel a la realidad? Nada contempla y expone la realidad como la realidad es en realidad, valgan todas estas redundancias que me he tomado la libertad de realizar. Lo que se escribe y se cuenta con primura es semejante a esa luna llena colosal que como la boca de salida de un túnel ilumina la lejanía y que al ser fotografiada queda reducida a un mero punto blanco en la impresión. Cliché, dicen los franceses, como sinónimo de fotografía. Bonita palabra para expresar lo que después hemos tomado el resto como un estereotipo, como algo que ha quedado fijado en la memoria colectiva, como una fotografía que te pilla con cara de sueño y ojeras pronunciadas y causa la sensación de que siempre has tenido ese aspecto y que eres perezoso, vago, sin ganas de hacer nada, improductivo, maganto, como se dice en mi pueblo, alguien indispuesto al ritmo de vida actual. ¡Qué gracia me hace esto último! "Ritmo de vida actual" decimos como si fuera más acelerado que el de nuestros antepasados, como si la crisis no nos tuviera mermados por completo, como si ahora todo fuera más veloz que antes, más opresivo todo, más cansino... Ridículo me parece, más aún cuando pienso en lo que es un verdadero ritmo de vida, como era el de mi abuelo en su juventud, pasando medio día en la fábrica y medio día en el campo para poder tirar adelante, para ahorrar una perrilla gorda, para poder acercarse a la idea de lo que es prosperar, sin tiempo para dedicar demasiado al sueño, al descanso, a la familia, que ya era ocupación perenne de la abuela, tan trabajadora como él, con un ritmo de trabajo acelerado, cargado de poco tiempo para ella, la casa, las niñas, ayudar en el campo, blanquear la fachada, dejarla tan blanca azulada, tan impoluta que parecía una casa nueva, preparar la comida cada día con amor, con la necesidad de horas que tiene la buena comida, la que se cuece a su amor, como dice mi madre. Eso es un ritmo de vida. El resto también, no vamos a menospreciarlo, pero no olvidemos que lo de ahora no es ni mejor ni peor que lo de antes, es diferente.

Pero ¿veis? Soy como un globo, me desinflo, pierdo el aire y vuelvo a soplar para rellenarlo, empiezo a escribir algo distinto a lo que estaba imaginando mientras leía, porque ya se me ha olvidado lo que tenía pensado. Sin embargo, he acabado escribiendo algo nuevo y me he acordado de aquella palabra que me costó traducir en un examen de francés, el maldito cliché que había utilizado Camus en su texto, y que consumió buena parte de mi tiempo de examen. Viviendo yo siempre en el recuerdo, cuando sé de sobra que cuando sea viejo me arrepentiré por haberme pasado media vida recordando. Pero eso lo dejaré para cuando sea viejo. Entretanto recuerdo y leo, ya que me sienta de fábula y me insufla el aire que este globo que soy necesita.


sábado, 5 de octubre de 2013

Hablar solos

He empezado a leer "Hablar solos" de Andrés de Neuman y he de reconocer que me está gustando mucho el modo que ha elegido el autor para contarnos la historia de un padre, una madre y su hijo de 10 años. El título hace referencia al diálogo interno de cada personaje para hacer avanzar la historia. meterse en cada una de las cabezas es una tarea complicada, que por el momento el autor sabe afrontar con holgura. Lo que me hace pensar ya de antemano que el libro ha de ser bueno es el título: hablar solos es una acción que nos ocupa la mayoría del tiempo, por no decir toda la vida. Todos hablamos solos con nosotros mismos todo el tiempo. Cuando digo todo el tiempo me refiero a todo el tiempo. ¿Acaso hablar con otro no es en realidad hablar con uno mismo? ¿Soñar no es hablar consigo mismo? ¿Escuchar una canción es hablar con uno mismo? ¿No es este título motivo suficiente para abrir sus hojas y escuchar las conversaciones de los personajes?

Después de terminar el libro de Muñoz Molina, merece la pena cambiar por completo de estilo y precisamente el de Neuman es todo lo contrario al de Molina. Abundan las oraciones cortas, los puntos. Todo parece distinto. Me gusta. Como también me gusta Molina. No podemos engañarnos. Voy a seguir perdiéndome en estos diálogos internos. Entrar en la cabeza de un niño, de una mujer y de un hombre ayuda mucho a la salud mental.


viernes, 4 de octubre de 2013

Goku y Vegeta en una lucha interminable o tal vez no.

De la lluvia de cambio de estación me gusta su improvisada danza sobre los tejados, sobre las copas de los árboles, sobre la mesa del bar casi descolorida, sobre el capó del coche o sobre la superficie de esa lata de coca-cola que alguien guarro (¿Para qué engañarnos?) ha dejado tirada sin misericordia. Tan improvisada que aparece cuando segundos antes el cielo estaba despejado y no soplaba ni la más mínima brisa. Se presenta sin más, como aquí anoche. De repente, sopla el viento, se humedece el ambiente y la atmósfera hace amago de invierno, pero solo amago porque tras caer una lluvia pesada, de gotas gordas, como cuando la abuela tira el agua sucia del cubo de fregar desde la puerta a la acera de la calle, regresa el calor y se seca todo. ¿Quién diría que se había derramado el cielo minutos antes? 

Anoche cayeron tres chapetones, como se dice en mi pueblo, y las gotas hicieron sonar las cúpulas del hotel como las castañuelas en una danza andaluza. Animaron la noche, por decirlo de alguna manera. 

Ahora bien, antes de llegar al trabajo, en la lejanía se iluminó el cielo nocturno con virulencia. ¿Relámpagos? Por muy extraño que parezca lo primero que pensé, al ver chocar un rayo amarillo y uno naranja y precipitarse sobre el horizonte, fue no en un fenómeno natural, sino más bien en una batalla de super guerreros sayans. La mente infantil que todavía me habita no deja escapar detalle alguno para ponerse a trabajar. Allí veía yo a Goku enfrentándose a Vegeta, primero con emoción, luego con un poco de pánico, dígase ya de paso. Cuando la tormenta no suena y la lejanía está siendo bombardeada por rayos de intenso color y vas conduciendo el coche, lo que se te viene a la cabeza, más siendo un poco cagueta como yo, es que uno de esos temibles rayos se va a precipitar sobre la carrocería de tu magnífico coche (magnífico porque lo quiero mucho, no porque sea un vehículo de alta gama que cause envidias por donde pasa) y te va a freír como un huevo en el aceite de la sartén. 

Los cambios de estación son espectaculares y virulentos. En Andalucía cuando el invierno hace acto de presencia no lo hace con la suavidad que sería de esperar de la naturaleza; sale de la nada sin el orden que todo lo gobierna, supuestamente. No. Aquí, cuando se sucede una estación y otra, estalla el ambiente, del calor abrasador se pasa al frío y viceversa. Tan solo el cielo es puntual como un reloj, los colores de la luz, la duración del día y de la noche, todos esos signos asignados a cada estación de manera perenne. Es otoño. Lo sé no por la temperatura, sino por el rosa de los cielos matutinos o la oscuridad de una noche que se eterniza con respecto al día. 

¿No os parece maravilloso todo ese mejunje, ese batiburrillo de caos y orden? 

Tengo que confesaros que mi parte infantil sigue negándose a no creer que aquellos rayos chocando no eran en realidad Goku y Vegeta en uno de sus interminables combates. Realidad mezclada con ficción. Así hemos progresado los humanos. Es una pena que la mala ficción se haya convertido en algo tan real que nuestros destinos quedan arrebatados por entes inexistentes que sirven de hilo de marioneta para gente demasiado astuta. Ficción manipulable que hace creer que lo ficticio es real. Esa ficción no me gusta. Es demasiado peligrosa. Cruzadas se han llevado a cabo por las malas ficciones. Bombas pegadas a hombres manipulados han estallado para derribar torres. Prefiero la ficción sana, la que me hace soñar que vuelo y no deja de mantenerme pegado al suelo. Esa es tan maravillosa como la lluvia fresca que bailoteó anoche sobre la cúpula del hotel.

jueves, 3 de octubre de 2013

Momentos culminantes

Todo gran libro tiene un momento culminante casi llegando al final. 

La vida, vista como una sucesión de capítulos o incluso como una biblioteca de libros y, por consiguiente, de historias, posee momentos culminantes por doquier y a todas las horas, solo hay que saber buscarlos, provocarlos, tal vez solo saber mirar, escuchar, prestar atención a lo que en realidad nunca se presta atención aunque parezca que sí. Localizarlos es más sencillo de lo que creemos, tan solo hay que proponérselo y ser capaces de separar lo esencial de lo sobrante, cambiar la mirada, porque lo que realmente da culminación a un momento no es lo externo sino lo interno, el hecho de que el que mira quiera y provoque que eso en concreto sea especial. Creer que algo es único y especial lo hace cúspide de una montaña nueva e inexplorada.

¡Qué divertido puede ser todo cuando se mira desde otra perspectiva!

La cuestión es que yo adoro los puntos tensos de los libros, el momento en que en un par de páginas se desentraña el enigma o queda al descubierto todo el entramado y el puzzle aparece ya resuelto encima de la mesa. Un buen libro es como un laberinto con Minotauro incluido y un hilo de Ariadna que te va guiando hasta la salida. ¿Os imagináis la sensación que debe causar al que se halla encerrado en un laberinto descomunal, con una terrible bestia siguiéndole el rastro, que al mínimo error le va a atrapar y a devorar de un bocado, y que tras mucho sufrimiento consigue salir del mismo y dar a parar a una extensa playa de arena fina dorada y un mar de turquesas y rubíes flotando? Esa sensación es la que me causa cada libro que leo, cada momento estrella, como el que he vivido esta tarde cuando llegaba casi al final del libro de Antonio Muñoz Molina, cuando el inspector está frente a frente con el criminal, cuando después de ver el sufrimiento que ese desgraciado ha causado va a ver castigado, ese instante en que el haz de luz de la linterna del inspector se detiene en la cara del malnacido y todo parece llegar a su fin. Porque la vida como los libros tiene momentos que valen mucho. Agarra cualquiera de los millones de hilos de Ariadna y date una vuelta por los infinitos laberintos que ocultan la realidad.


miércoles, 2 de octubre de 2013

El recuerdo inventado

Uno se agobia pensando en lo fugaz del tiempo cuando uno se topa, de repente, con algo inalterado, como el recuerdo de un lugar que lleva años sin visitar y que para la persona permanece tal cual, como detenido y aislado de toda metamorfosis. 

Estaba leyendo esta tarde en la cama antes de dormir y, aunque seguía pasando la vista por las frases de la página, mi cabeza se había trasladado instintivamente al pasado. Deambulaba por las calles de la vieja ciudad francesa de Pau y me detenía a mirar el balcón de la casa donde viví una vez, como lo puede hacer un fantasma que ha dejado la vida y observa con detenimiento los lugares que fueron parte de su existencia. Allí estaba yo en la cama con el libro en alto y la mente lejos, en otra parte inventada, en un lugar que con toda seguridad no es el mismo, porque no puede serlo, porque el tiempo ha debido de transformarlo todo, como es costumbre suya o, al menos, si no el tiempo, la mano del hombre habrá colocado una farola que no estaba o un negocio nuevo habrá abierto en alguna de las calles que tantas veces transité. No hay lugar que escape al tiempo, salvo en el recuerdo. Son ya tantos años sin pisar mi querida Pau que me produce cierto vértigo. ¡Cómo han pasado ya cinco años desde que subí en aquella furgoneta blanca de mi amiga Mathilde! 

Y, estando yo perdido en ese lugar inventado de recuerdos, no he podido evitar la sensación de que el tiempo me está ganando una batalla. No sé bien qué batalla, si acaso no es otra más que la de vivir, que es mortal y necesaria. Es un sentimiento de terror al paso del tiempo, a ver cómo las cifras de las edades de la gente que quiero cada vez son más elevadas y a percibir una fría guadaña que se pasea por las cabezas de todos. Pero es ley de vida, siempre se dice eso, ¿no? La ley que nos gobierna a todos. La que implica que un día uno ha de morir, como una vez hubo de nacer. Aprender a vivir es nuestro objetivo. Seguir un sendero nuevo, captar cada lección en el detalle que aparece de súbito, para aprehender la realidad y, con ello, descubrir también, por antagonismo, la sabiduría de lo que es la muerte. 

La muerte que aparece en el libro que estoy leyendo y que ahora está muy presente en los medios. El fallecimiento de una menor. En el caso del libro, la chica muere asfixiada a manos de un nefasto violador que no llega a violarla, no por falta de ganas, sino porque el cuerpo no le responde como él bien querría, pero que acaba con su vida sin ningún reparo. ¡Qué fácil es acabar con algo que cuesta tanto conseguir! 

Un libro que me lleva a pensar en otra cosa es un buen libro. Tal vez solo faltaba una palabra o un verbo conjugado en pasado para realizar un viaje a un lugar que extraño. Si es que ya se sabe bien: ¡todo está relacionado! Esta lección la aprendí en bachillerato y creo que nunca la olvidaré. No hay nada que escapa a los enlaces. Una canción, una imagen, una voz, una nube, incluso una mera calculadora contienen en su simple presencia un clamor de recuerdos y vivencias infinitas. Por eso aclamo la importancia que cualquier cosa posee, no solo las pequeñas cosas, también las grandes, las deformes, las cuasiperfectas, las infravaloradas y las sobrevaloradas. Todo en la vida es importante, lo bueno y lo malo. 

Todo.

Agobiarse también tiene su relevancia. Uno se agobia y vuelve a la calma porque en ello le va no perderse antes de llegar a la meta. Yo he dormido como un bebé después. Dormir, ¡qué hermoso regalo! Un minuto de agobio para un relax de tres horas. Merece la pena, ¿verdad?

martes, 1 de octubre de 2013

Soñar despierto por no poder hacerlo dormido

Aquí a estas horas sin haber pegado aún los párpados en ese sueño reparador de cada noche, cansado y con la mente puesta en las sábanas frías de mi cama, me hallo resistiendo la tentación de dormir en este escritorio que ha sido mi compañía nocturna, mientras trabajaba. En la penumbra de cuatro focos de luz encendidos y apesadumbrado por las espadas de las sombras, a veces he sentido en la nocturnidad de ayer, que para mí sigue siendo hoy, el silencio externo así como la voz mía que me ha robado la faringitis y me he perdido en mí mismo, al mismo tiempo que rellenaba informes, cerraba el trabajo diario y preparaba el del día posterior. Ver pasar las horas cuando no pasan es aburrido e incita a filosofar. Filosofar sobre muchas cosas y nada a la vez, porque la mente fluye mucho, pero se desparrama de cansancio y es incapaz de retener todas las buenas ideas que van surgiendo. Solo pienso en realidad en una habitación a la que debía despertar y desperté, sea dicho de paso, a las 5 horas y media. Imprimir portallaves, grabar tarjetas, cuadrar ocupación, escanear bonos, comprobar tipos, cuadrar la rooming, rellenar informes, montar desayunos fríos, apagar luces, encender luces, todo en un ciclo que parece no terminar, que se alarga como las sombras de la noche y que se propaga como el ruido del hotel, el de la máquina de hielo que se activa por sí sola, como el latido de un corazón que nunca se detiene, el crujido inesperado de una pared, el motor de la máquina de agua o las neveras del bar salón, justo enfrente de la recepción. Soñar despierto, porque soñar dormido me ha sido vedado. 

Todo por un turno de noche que tampoco es tan malo.
Todo por un turno de noche que despierta los sentidos más inanimados.


Pero ya miro el reloj, la vida renace en el hall del hotel, suenan los cubiertos que brillan los camareros y se alumbran las luces del restaurante. Ya queda poco para mi ansiado sueño. 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Escribir sin previo aviso

Voy a hacer lo de siempre, escribir sin consciencia, sin previa reflexión, solo por el hecho de combatir el óxido que recubre toda mi materia gris, para reparar las compuertas del cerebro y recoger toda su materia derretida por el calor del verano. Escribir como medicina contra el catarro de los miedos que me acechan a menudo. El pavor de no saber si la senda que se ilumina a mis pies sigue el buen camino hacia el porvenir que nunca viene, siempre extendiéndose hacia el infinito. En ese miedo que me ata cuando tengo turno de noche y veo sombras que se convierten en hombres con pasamontañas y el ruido aterrador de unos pasos que no suenan. Escribir cada día de nuevo para volver a ser quien era antes del verano, antes de perder el ánimo en el estrés de las horas desaprovechadas. Sobre todo, tengo que escribir para recordarme lo bueno que ha sido en realidad el verano, las cosas buenas que se sobreponen a las negativas. Porque este verano he tenido a S. conmigo muchas semanas, aunque no hayamos podido compartir mucho tiempo porque mis horas se perdían en el clamor de la guerra que es el trabajo que no gusta. A pesar de esto, notar su calor en la alcoba, mirar sus ojos de cerca son motivo de felicidad. También he tenido cerca a Eva y eso es otra recompensa del verano maldito. O aquellos días de visita de Elena que tanto beneficio me aportan. Mi madre estaba como siempre conmigo y mi hermano siempre ha estado en el dormitorio contiguo. ¿Se puede pedir más? Tener ahí a la gente que quieres siempre ha de ser motivo de lucha contra el hastío, compañía que el día de la noche eterna ya no estarán. He engrosado mi lista de amigos y Agu o David estuvieron unos días, que fueron maravillosos, por estos lares. 

Pero escribir no solo lo necesito como arma de batalla, sino más bien como la voz que el catarro me ha robado, como el motor que me impulsa cuando estoy solo, cuando solo me acompaña mi perrita, que ya se va haciendo mayor. ¿Mayor? ¿Acaso no nos hacemos mayores todos? Yo mismo voy cumpliendo años y cada vez me doy menos cuenta de ello. Y me surge ahora una duda: ¿mi escritura envejece conmigo? ¡Qué importa! 

Ahora me interesa más el documental que estoy viendo en la 2. Ver que los grillos cantan con las alas es un misterio desvelado que nunca me había planteado. Misteriosos insectos, misteriosa realidad. Hasta se hacen regalos entre sí. Una araña macho que captura un saltamontes y lo envuelve en seda para ofrecérselo a una bonita araña hembra. ¿Somos tan distintos como creemos? ¿Nos hace diferentes el hecho de escribir? ¿de crear arte? Ahí queda la pregunta sin respuesta.

Seguiría escribiendo este post, pero ya me he desconcentrado y estoy embelesado con las imágenes del documental, de los insectos que se crean muros de pompas o casas de telaraña. Los colores vivos de sus cuerpos y el verde intenso de la vegetación me atraen sin vuelta atrás. Ahora la tinta negra que me sirve para escribir se hace aburrida de repente. Otro día sigo escribiendo. Ya pensaré sobre qué lo haré. Escribiré, eso es cierto.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Sin escribir escribiendo

Estoy perdido de la red, pero pronto estaré de vuelta por aquí. Estoy acumulando energías y cada vez me noto con más ganas de volver, escribir, contaros mis conclusiones, mis tonterías varias o simplemente comunicarme con los pocos que me leéis. Por lo pronto me apetece escribir un poco ahora, sin guion previo, como a mí me gusta tanto, como la imitación de la naturaleza, dentro de un orden que no sigue orden, de un caos que no es en realidad caos.

Este verano ha sido muy duro en muchos sentidos y agosto, en especial, me ha dejado como dentro de un agujero negro, pero aquí estoy vivo y coleando, como el pez que a pesar de haber sido pescado a veces vuelve al mar y nada como ya lo hacía antes de caer en el anzuelo. Me han pescado este verano los overbookings, los descuadres, las cuentas no ajustadas, las broncas, los papeleos y los clientes estúpidos. Sí, he dicho estúpidos, porque también los hay, aunque por suerte no es la norma general. Para mi sorpresa, no he escrito ni una sola línea ni aquí ni en un cuaderno en todo el mes octavo del año, lo que en buena medida me ha servido para descongestionar la mente de palabras bonitas y de ritmos de musa que ya me aturdían demasiado; en cambio y al mismo tiempo me he dado cuenta de que necesito escribir. Muchas veces mientras iba en el coche de camino al trabajo o de vuelta del mismo narraba historias en silencio, miraba la rutina de la gente con la que me cruzaba, los veía tan normales y pensaba en sus vidas. Todos tenemos historias llenas de tinta, solo nos falta el papel. En alguna ocasión una rima me ha asaltado sin mucho éxito; no le prestaba la menor atención y se evaporaba en las calenturas de mi cerebro, harto del estrés, infectado de inseguridades, hipocondrías y soledades. La mayoría del tiempo no había más que un vacío mental. Atolondrado.

Ahora está acabando el estrés y creo que ha llegado la hora de regresar a este recinto abierto, a esta plaza de toros sin toros, con un cielo circular donde reptan las nubes blancas y rueda el sol y la luna a distinto ritmo. Estoy aquí, pero ahora mismo dejo de escribir, porque aprieta el hambre y el bocadillo de tortilla y tomate me está tentando. No me puedo resistir. ¡Qué grandes beneficios traen pequeñas cosas! Escribir me ilusiona de nuevo. Este bocadillo nunca ha dejado de hacerlo. A comer pues. Mal no me viene, dicho sea de paso. Tengo un largo camino para recuperar el peso que he perdido y la salud que he dejado esparcida por el camino estival. Un saludo a todos. 

Se reabre la sala. Rellenemos las hojas que se caen ya de los árboles y que empiezan a acumularse en la puerta de esta estancia. ¿Os gusta la idea? Buen otoño a todos.

jueves, 1 de agosto de 2013

La piedra de Sísifo y una pastilla

Ayer, por primera vez en mi vida, me tomé un tranquilizante. Esa miserable pastillita me dejó atontado, con los ojos cerrados herméticamente y un sueño atroz que me llevó a tumbarme en la cama durante muchas horas. Desapareció el estrés temporalmente, pero solo superficialmente. Mientras dormía soñé con el hotel. Solo había problemas y aparecían amigos que me hacían daño. Era uno de estos sueños ilógicos, donde se mezcla parte de la realidad y una deformación de esta. En apariencia estaba calmado, tenía el pulso tranquilo y el corazón latía sin el ansioso ritmo de antes; en el fondo todo era una fachada. Ayer no fue un buen día. Al perro pulgoso todo son pulgas, dicen con razón. Nunca he comprendido por qué cuando todo va mal solo vienen cosas peores y viceversa. ¿Qué hace que lo bueno se acumule por temporadas y lo malo haga lo mismo? ¿Es tal vez solo una percepción nuestra que nos lleva a aceptar solo lo bueno durante una temporada y elimina todo lo negativo y otras temporadas solo destaca lo malo y elimina lo bueno? 

Poco importa en realidad. Hoy tiene que ser mejor día que ayer. El ayer ya se ha evaporado y no voy a recordarlo más de lo que ya he hecho. Esa pastilla me la recetaron porque, según mi doctora, todos mis problemas estomacales tienen un origen nervioso y cree que con esa pastilla se me van a quitar. ¿Será esa la razón de mi pérdida de peso descomunal? Nunca he creído en ese tipo de medicación. A la caja le falta una pastilla y no le faltará ni una más. Tomar esas pastillas lo único que hace es mermarnos y provocar una cierta dependencia. No son útiles. 

Si todo se debe a una causa nerviosa, de estrés, quizás debería prestar atención a los consejos de mi amigo Agu y practicar más deporte. Nunca se equivoca. Tengo suerte de tener gente inteligente junto a mí. Gente que me cuida como mi madre, que me quiere como S. o como mi hermano, amigos de verdad como Eva, David, Elena... Soy afortunado. No puedo permitir que la presión me pueda. No voy a permitirlo, a pesar de que el verano se me está haciendo cuesta arriba y de que me siento como Sísifo arrastrando una piedra que nunca llega a la cúspide de la montaña. 


martes, 30 de julio de 2013

Gente que agrada sin razón aparente.

Hay personas que nos producen un estado de alegría y nos provocan risas con cada frase que dicen. Puede que no estén diciendo nada fuera de lo común, pero hay una especie de química que nos transmite ese sentimiento. 

Con la madre de Paco León, el actor, me sucede eso mismo. Es verla en la tele y me dan ataques de risa tontos. No sé si es el tono de su voz, la forma que tiene de expresarse, su cara, sus gestos, el conjunto o qué demonios me lleva a desternillarme. A este mujer la conocí en la película que le dedicó su hijo: "Carmina o revienta". No se trata de una gran película ni mucho menos, pero yo veo a esa mujer tan de barrio sevillano, con ese humor tan andaluz, su desparpajo y la facilidad para reírse de ella misma que hace de la película algo extraordinario. El argumento no es nada del otro mundo: una mujer que se las ingenia para sacar su vida y su negocio adelante, frente a las adversidades que acechan lo cotidiano, con sonrisa y buen humor.  

Así pues, tenemos a las personas que nos producen estados maravillosos. 

Además, hay gente que produce desazón, tristeza, malhumor, odio... Lo mismo ni conoces realmente a esa persona y ya de antemano no la soportamos y no tenemos ganas de perder nuestro tiempo con ella. Podría nombrar a alguien pero sería desperdiciar minutos en alguien que ni conocéis.

Finalmente, hay personas cambiantes: en un principio nos producen felicidad o tristeza y con el paso del tiempo la primera impresión se trunca y pasamos al sentimiento contrario.

A veces parece que estoy descubriendo algo que no sepáis. En realidad, solo quería hablar un poco de la madre de Paco León, porque la acabo de ver en la tele y me he reído tanto en tan poco tiempo que quería dedicarle unas palabras a ella, así como a todas esas personas que aportan momentos de felicidad en mi vida. Tenemos que aprender a valorar esos minutos o segundos u horas en que reímos tanto que nos duele la barriga. Las risas siempre superarán el efecto que puede producir el sonido del dinero, que tanto se idolatra en estos tiempos de crisis que corren.

¡Riamos! No hay mejor medicina.

domingo, 28 de julio de 2013

Egocentrismo humano

He comprobado en mis 27 años que lo que nosotros hacemos es siempre lo correcto, siempre llevamos la razón, juzgamos al resto dependiendo de lo que nosotros consideramos que haríamos o no haríamos, tenemos la lengua muy larga y la afilamos enseguida contra el otro. Somos, en definitiva, seres deleznables avivados por el fuego interno: todo depende de nosotros mismos, todo gira sobre nosotros. Si hay un error nunca somos nosotros los culpables. Si hay problemas o enfermedades los nuestros son siempre más importantes que los del resto. 

Esta mañana, mientras trabajaba, una mujer ha empezado a chillar como una desesperada loca. He levantado la cabeza y estaba corriendo hacia la puerta giratoria de la entrada. Allí un niño pequeño estaba dentro de la puerta, esta seguía girando y la madre decía que la seguridad de esa puerta era una mierda. Hasta donde yo sé una puerta giratoria automática debe girar cuando alguien se aproxima a ella. La señora decía que la puerta le iba a arrancar el brazo. Esas puertas al mínimo movimiento se bloquean y jamás arrancarían un brazo. "Vaya puta mierda seguridad", gritaba. Somos animales desbocados, carentes de sentido, de calma y tranquilidad. Lo curioso de todo y lo más importante es que en la puerta hay una pegatina muy grande y llamativa informando de que el uso de la puerta está prohibido para niños no acompañados por un adulto. Si el niño ha llegado hasta la puerta solo es evidentemente un error de la madre, que ha bajado la guardia, ha preferido charlar, cotillear, tomarse un refresco o cualquier otra cosa antes que dedicar toda su atención a un niño de apenas 2 o 3 años. 

Los padres en este país son muy extremistas: unos sobreprotegen a sus hijos y otros se despreocupan. Eso sí, todos se ponen de acuerdo en determinar que son excelentes progenitores y educadores. Todos valoran mal a sus propios hijos que o son tan listos, tan buenos, tan fantásticos -de hecho más que el resto-, o bien son demasiado nerviosos, tímidos... Tenemos un problema los humanos: nuestro ombliguismo. Por desgracia, esto no va a solucionarse nunca. Parece que esa fractura de nacimiento (el ombligo) marcará siempre nuestra vida.

sábado, 15 de junio de 2013

El hombre es igual ahora que en otras épocas: idolatrías.

Escribe una carta Flaubert a su hermana, Caroline, el 5 de diciembre de 1843 desde París, exactamente un domingo por la tarde a las cinco, donde en un momento dado le describe cómo ha sido tener cerca a Victor Hugo:

[Tu t'attends à des détails sur V. Hugo. Que veux-tu que je t'en dise? C'est un homme qui a l'air comme un autre, d'une figure assez laide et d'un extérieur assez commun. Il a de magnifiques dents, un front superbe, pas de cils ni de sourcils. Il parle peu, a l'air de s'observer et de ne vouloir rien lâcher. Il est très poli et un peu guindé. J'aime beaucoup le son de sa voix. J'ai pris plaisir à le contempler de près; je l'ai regardé avec étonnement, comme une cassette dans laquelle il y aurait des millions et des diamants royaux, réfléchissant à tout ce qui était parti de cet homme-là assis alors à côté de moi sur une petite chaise, et fixant mes yeux sur sa main droite qui a écrit tant de belles choses. C'était là pourtant l'homme qui m'a le plus fait battre le coeur depuis que je suis né, et celui peut-être que j'aimais le mieux de tous ceux que je ne connais pas. On a parlé de supplices, de vengeances, de voleurs, etc. C'est moi et le grand homme qui avons le plus causé; je ne me souviens plus si j'ai dit des choses bonnes ou bêtes. Mais j'en ai dit d'assez nombreuses.]

Leer esto trae a uno la sensación de que todos tenemos gente a la que admiramos. Para que entendáis os traduzco el pasaje a español:

"Esperas detalles sobre V. Hugo. ¿Qué quieres que te diga? Es un hombre que parece como cualquier otro, con un rostro bastante feo y un exterior bastante común. Tiene unos dientes magníficos, una frente fantástica, no tiene pestañas ni cejas. Habla poco, parece estar observando todo, no dejando escapar nada. Es muy educado y un poco estirado. Me gusta mucho el sonido de su voz. Ha sido un placer contemplarlo de cerca; lo miré con sorpresa, como un cofre donde habría millones y diamantes reales, mientras reflexionaba sobre todo lo que decía ese hombre sentado entonces a mi lado en una pequeña silla y yo fijaba los ojos en su mano derecha que ha escrito tantas cosas bellas. Estaba allí, no obstante, el hombre que más me ha removido el corazón desde que nací y a quien, quizás, más quería de todos los que no conocía. Hablamos de suplicios, venganzas, robos, etc. El gran hombre y yo somos los que más hemos conversado; ya no recuerdo si dije cosas buenas o tontas. Pero dije muchas cosas."

Cuando leo este fragmento de la carta pienso en cómo somos los humanos. ¿Cambiamos con el tiempo? Tendemos a tener la sensación de que los anteriores a nosotros fueron más tontos, más cortitos de mente, menos espabilados, salvo algún caso excepcional. Solemos imaginar que nuestros antepasados que vivían en cuevas, cazaban, recolectaban, cuidaban del grupo, dibujaban en las cavidades de la gruta... eran tontos. ¡Pobres inútiles! Estoy completamente en contra. Tanto ellos como nosotros somos iguales; ahora la tecnología nos gobierna, antes la naturaleza. A nivel mental somos gotas de agua caídas en distintos tiempos. No hay diferencia real. Leo a Flaubert y veo el entusiasmo de un hombre por haber estado junto a alguien que admira. Constatamos el descubrimiento de Flaubert al ver que Víctor Hugo no era un dios, sino un hombre cualquiera, aunque con una mano derecha que escribe frases poderosas y mágicas. Ese Flaubert somos todos. ¿Quién no ha idolatrado a otra persona en algún momento de su vida? Esto sucede sobre todo en la primera juventud, cuando buscamos modelos que seguir, ejemplos que nos guíen en el caos que parece de repente la vida. 

En las cartas y diarios de estos hombres de otros tiempos se nos desvelan secretos; por momentos podemos trasladarnos a otras épocas sin movernos de nuestra época. Somos capaces de ver lo que pensaban esos pensadores y toparnos con la realidad de que ellos también fueron niños, también sufrieron, sintieron dudas, se sorprendieron del mundo, de la existencia; quizás más que el resto. 

Flaubert está contento porque ha conversado con uno de sus ídolos. Fue tanta la emoción que ha olvidado si dijo cosas importantes o se perdió en menudencias, idioteces. Y lo cuenta todo a su hermana como podría haberlo hecho un adolescente actual al poder compartir espacio y conversación con un cantante o su actor preferido. 

El mundo dará muchas vueltas, pero los humanos somos los mismos. Siempre necesitaremos idolatrar a otros, descubrirlos humanos y cambiar de persona a la que admirar, hasta que nos volvemos egocéntricos y ya no admiramos a nadie más que a nosotros mismos.

sábado, 8 de junio de 2013

La guadaña es imprevisible.

Tan joven y tan agotado.

Qué cansancio tengo estos días. Me duelen los pies y las piernas y me noto con ganas infinitas de dormir, pero no consigo dormir bien, no descanso. Se ve que el trabajo y esos horarios tan cambiantes me tienen el cuerpo atormentado y, a diferencia de lo que sucedía antes, ahora me canso más, tardo más en recuperar la energía y el cuerpo reacciona peor a las batidas cotidianas. 

Y sin embargo aún soy joven. Lo certifica mi carnet joven renovado hasta los 30 años; eso sí, solo soy joven oficialmente en Andalucía, porque fuera de ella ya he pasado esa franja que separa al joven del adulto, una frontera marcada no sé bien por qué criterios. En unos lugares del mundo uno es niño, adulto o anciano; en Europa, la variedad aumenta y además hay niño grande, adolescente, joven adulto y jubilado, que no anciano ni viejo.  Para los romanos uno era adulescens hasta los 26 años, si no recuerdo mal. ¿Quién dictamina el cajón al que pertenecemos? ¡Qué extraña es la humanidad que inventa conceptos innecesarios! Esto debería ser vivo o muerto. Es la única escala que importa.

La cuestión es que los años se van notando, aunque a simple vista parezca un adolescente de 20 años. 

Y no soy yo el que lo dice; es la vida la que habla. La semana pasada habló alto y demasiado claro. Las calles parecían atestadas de colesterol y en ellas miles de personas las ocuparon como en una manifestación, con movimiento lento y pausado, como atascado entre los edificios. Allí, en cambio, no había carteles reclamatorios ni voces repitiendo frases típicas. Todo era silencio. El silencio de la muerte que suena con fuerza en las cabezas de los presentes. Hace unos días, falleció de repente un muchacho al que conocía. El chico tenía mi edad y había estudiado conmigo. Era una de esas personas conocidas, con fama, buena gente, amable, con su lado rebelde. Llevo siglos sin verlo y en mi mente su imagen es la de un muchacho de 16 años, alto, un poco grueso, con aparato de dientes y la piel enrojecida por el sol. Es el recuerdo de alguien que no he visto en más de diez años y que, de súbito, muere. Y al morir, en mí se abre una vorágine, un caos mental descontrolado, el precipicio de la edad, el cuestionamiento de la vida, la caída precipitada de la guadaña; guadaña que corta a ton ni son, en un segundo te roza el pescuezo, en otro ha cortado la cabeza de alguien próximo. Esta vez cayó sobre su corazón. Acababa de desayunar y rasgó su vida. Quebró su cercana boda. Lo hundió en los brazos de su mejor amigo. ¿Qué fue lo último que pensó? ¿Acaso pensó algo? En la boca tendría aún el sabor amargo del café con leche. Puedo imaginar el laberinto que se levanta en una situación así. Cuando la muerte ataca inesperadamente, se levantan muros de setos y uno debe sentirse perdido, sin salida. Su amigo se quedó paralizado. Supongo que no supo qué hacer. La gente se arremolinó. Las miradas de la gente son como el imán que reacciona con el hierro. La familia del chico, sus amigos, su mejor amigo testigo de su fallecimiento y la novia que no llegó al altar ahora están dentro del laberinto. Para salir de él van a necesitar muchos Dédalos. Podría haber vivido más. Era joven. Tenía proyectos y disfrutaba de la vida.  

No obstante, pereció. 

Desde ese momento, no se me va de la cabeza su imagen adolescente de hace diez u once años. Tampoco soy capaz de deshacerme de la sensación de incomprensión. Quizás, como ya he dicho muchas veces, no hay nada que comprender de la vida y la muerte. Somos una vela que bien se apaga por sí sola al terminarse la cera que la compone bien  se extingue en un soplido antes de tiempo. En este caso el aire se lo ha llevado en plena juventud. Un joven de 28 años en Andalucía, fuera de ella un adulto. 

Entretanto yo sigo vivo hoy. Soy joven, pero esto no depende de la edad. La vida nos lo recuerda cada día.

miércoles, 5 de junio de 2013

Hoy estoy feliz por el príncipe de Asturias

Hoy se ha sabido que el creador de la Mágina literaria ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias.

Este gran reconocimiento a Antonio Muñoz Molina lo siento como el premio que recibe un amigo que ama su trabajo y se dedica a él con total profesionalidad y ahínco. No he estado nunca cerca de él. No creo que nunca lo vea en una conferencia o tenga el placer de verlo en persona, mucho menos cruzar palabra o un simple saludo con él. Y a pesar de todo es para mí un amigo, un mentor, un acompañante en la soledad. Me fascina su narrativa, su voz en los libros.


Todo escritor es expresión escrita. Su voz es más mental en la cabeza de otro que en el oído ajeno.

"Volvió a la ciudad para perderse en ella como en una de esas noches de música y bourbon que no parecía que fueran a terminar nunca. Pero ahora el invierno había ensombrecido las calles y las gaviotas volaban sobre los tejados y las estatuas a caballo como buscando refugio contra los temporales del mar. Cada temprano anochecer había un instante en que la ciudad parecía definitivamente ganada por el invierno."  

Con este nuevo premio el escritor regresa a la ciudad del reconocimiento y entre los aplausos infinitos ve los rostros oscuros de la gente que parecen estatuas en movimiento sin rostro, como refugio de sus personajes donde habita el oleaje de la vida, una novela contenida en cada lector. A tiempos le parecerá que aquello es más parafernalia que recompensa, pero estoy convencido de que, cuando acabe la celebración y el festín haya tocado su fin con los restos de comida por las mesas, las manchas de jugo de gamba en las vestiduras y los niveles de glucosa y grasas acrecentados por momentos, nuestro infalible escritor se tumbará en la cama y, aun enraizado a los cercanos recuerdos del evento, pensará en lo afortunado que es y, mirando a su señora, igual de excelente escritora, se sabrá en un pequeño paraíso. Imagino los escritos que se le repetirán en la cabeza nocturna y, a la mañana siguiente, con un cigarrillo en la mano y asomado por las ventanas de la ciudad, observará con agudeza la vida en movimiento y las imágenes se superpondrán desde Nueva York hasta Madrid, desde el Hudson hasta el Retiro y en él nada parecerá distinto, solo un premio más en el currículum del que ya ha recorrido mucha tinta y que aún seguirá ilustrándonos con la mirada atenta que le caracteriza. 

Entretanto, yo seguiré leyendo sus escritos en un instante, sus ensayos, sus artículos y sus inagotables novelas, mientras me pierdo como el invierno en el Trópico narrativo.

Felicidades, maestro. 


miércoles, 22 de mayo de 2013

Desesperanzado

Qué triste es tener que callarse y parecer contento por tener un trabajo que no te llena en absoluto ni te hace crecer, sino más bien lo contrario; pero da sustento y alimento que es lo único básico en estos tiempos presentes. Más triste todavía es no tenerlo. 

En este país el verdadero afortunado es aquel que puede desempeñar su vida en un oficio que recorre todas sus venas y asoma por todos los poros de la piel. ¿De esos hay muchos?

Hace unos años, cuando aún no sabía a qué quería dedicarme, me asaltaba la duda constantemente y me planteaba cómo sería mi futuro. Sin ser yo un genio, a un momento dado supe que el esfuerzo y la constancia suelen vaticinar metas alcanzadas. Así paso a paso, escalón a escalón, uno va ascendiendo a las alturas de la montaña desde donde divisará toda la periferia y, con suerte, verá entre las neblinas del horizonte la cúspide donde desea plantar su bandera personal y pasar el resto de su existencia. Vi esa montaña y creí que iba en la dirección correcta. Me equivocaba. Dudo que encuentre la cúspide. Llegar solo llega el rico, el que posee medios y contactos. A fin de cuentas la historia humana se resume en eso. Con los años he podido comprobar que ni el esfuerzo ni la constancia ni la inteligencia ni otras muchas cualidades provocan el éxito. Mi gran triunfo comenzó cuando hallé el oficio que completaba mi persona; el escudo perfecto con el que afrontar el vacío que se impone a todos nosotros. El mundo es vacío. Yo siempre lo he visto así. Estamos aquí para combatirlo, pero no hay modo alguno de vencerlo. Un día me desperté y supe lo que quería ser. Mentira. Eso sería lo idílico, despertar del mundo tenebroso del sueño y vislumbrar aquello que será tu objetivo. No hay en la vida nada que aparezca de repente. Todo es siempre un proceso, una acumulación de circunstancias, de hechos y maneras que, en la mayoría de los casos, somos incapaces de captar hasta el momento en que ocurren. En buena medida, cuando supe que me quería dedicar a la enseñanza, yo ya sabía que quería hacerlo. Fue algo así como un flechazo. ¿Existen las flechas del reconocimiento? Me lo planteo a bote pronto, sin previa reflexión, por el simple hecho de que en mi vida lo importante, mi propio descubrimiento, ha surgido por flechazos; un poco como la bombilla que se dice que se les enciende a los genios. Quizás en nosotros hay dianas ocultas en los frondosos bosques del ser humano y en un momento dado el cazador que llevamos dentro consigue acertar y descubrir. Tenemos un cupido interno, de ahí su ceguera. Pues mi arquero había pasado cientos de veces por delante de esa diana (la enseñanza) y aun habiéndola palpado con anterioridad nunca la había detectado, hasta que al final acabó haciéndolo. Todo es previsible. Todo puede verse si permanecemos atentos. Todo es visible para aquel que quiere ver. La crisis no hemos querido verla. Los desengaños tampoco. 

La enseñanza es mi sueño. Creo que es lo que me podría completar a nivel profesional, pero se hace de rogar. La rozo con las yemas de los dedos y se escurre; la enseñanza y mi vida son en estos momentos como dos imanes que se repelen por estar enfrentados en su polo. Y no me rehuye por casualidad. Es esta crisis. Son estas medidas absurdas, esos recortes sin sentido. Digo sin sentido porque recortan en cosas básicas e invierten en menudencias, en elementos franquistas, en rescates bancarios, en absolutas desigualdades. 

A día de hoy, especialmente hoy, estoy desanimado, desesperanzado, sin ánimo. Tengo trabajo. Tengo que agradecerlo; lo agradezco, pero eso no quita que en mi interior sienta una garras arañando, una bomba que ha estallado y se expande por mis intestinos y mi estómago y me entristece. Me repito: agradezco tener trabajo, porque gracias a ello puedo comer. Ahora bien, detesto a todos esos gobernantes y a todos los banqueros que juegan con nosotros. Odio con todas mis fuerzas haber vivido tiempos de bonanza que me han hecho débil. Tiempos de falsa bonanza, de créditos y granujas abusadores. Somos culpables todos. Yo, el primero, por creerme el cuento de que tendría un futuro. ¿Qué futuro hay si no hay casi presente? 

El vacío está en el trono y nos va a aplastar a todos. Sálvese quien pueda, porque la cacería hace tiempo que comenzó. Schopenhauer ya lo dijo: "La vida es una cacería incesante, donde los seres, unas veces cazadores y otras cazados, se disputan las piltrafas de una horrible presa. Es una historia natural del dolor, que se resume así: querer sin motivo, sufrir siempre, luchar de continuo, y después morir ... Y así sucesivamente por los siglos, de los siglos hasta que nuestro planeta se haga trizas."  ¿Por qué es así la vida? Por mucho lobo que haya siempre habrá más ovejas. ¿Qué estamos esperando para terminar con los lobos?




martes, 21 de mayo de 2013

Humanidad: humo gris y contaminado

La humanidad es el humo contaminado, sucio y gris del ser humano. Hubo un tiempo en que el concepto de humanidad reflejaba positividad, optimismo, desarrollo; algo que nos separaba del resto de animales; símbolo de evolución. En cambio, ya no diría lo mismo. La humanidad está podrida, cargada de CO2, con un agujero negro del que sale todo tipo de improperios, de pensamientos nefastos, de malos presagios. La humanidad es la enfermedad del ser humano, de sus tecnologías. Somos una enfermedad crónica diagnosticada, pero sin cura; una enfermedad rara para la que no se aplica investigación ni medios con que hallar la cura precisa. ¿Acaso hay cura? ¿Habrá cura? ¿O en el pasado ya la hubo y se perdió en el camino de la evolución involutiva?

Wert informa de un curso sobre apariciones místicas e introduce la religión como asignatura contable para la nota de selectividad. Leo por ahí que el PP va a invertir 280000€ en restaurar el Valle de Los Caídos. Los Hospitales públicos siguen pasando a ser privados. Da igual si hay manifestaciones. Poco importa la palabra del pueblo, que debería ser la palabra 'divina' (por emplear la jerga de estos políticos tan cristianos). La economía no parece mejorar. ¿Cuándo volverá la esperanza en este país que acabará estando poblado por pobres hambrientos y niveles educativos propios de la Postguerra española? No digo que la enseñanza pública garantice el criterio desarrollado en cada uno de sus alumnos, pues es evidente que una mejor educación no implica la independencia de pensamiento. Somos animales gregarios y acabamos siempre viéndonos arrastrados por las ideas comunes; desde pequeños somos un campo de batalla donde las bombas caen con ferocidad sobre nuestra corteza cerebral y adquirimos valores (buenos y malos) que la sociedad tiene establecidos: el niño irá de azul, la niña de rosa; él jugará con cochecitos y ella con muñecas; él se casará con una mujer y ella con un hombre e irá de blanco... Aunque las ideas vayan cambiando, son por naturaleza de lenta digestión. La cultura no es la luz del sol que en cuestión de horas pasa del naranja al amarillo, al blanco y de nuevo desaparece. La cultura es una montaña que se erosiona con la lentitud de los milenios. 

Esta mañana he leído en facebook que en un restaurante entraron dos hombres agarrados de la mano y los miraron todos los presentes con extrañeza. Los chicos se sentaron en una esquina. Mientras esperaban que la comida fuera servida, uno de ellos besó al otro y en ese momento se levantó el señor de la mesa contigua y se puso a gritar improperios contra ellos, que si menuda falta de respeto, que le estaban molestando a él, a su mujer y a sus hijos... ¿Un beso es molestia? La humanidad tiene un reuma crónico, que afecta a las mandíbulas y confunde el dolor de la osamenta con los hechos naturales del vecino. Lo bueno de la noticia es que, cuando los chicos se levantaron para irse, los presentes los detuvieron y los apoyaron a permanecer en el restaurante. Ese necio era el que molestaba a todos los demás. Fueron su familia y él quienes acabaron marchándose.

¿No es tal vez esa actitud la que podría salvarnos? Detener al verdadero cáncer y liberar la parte sana. El planeta se muere; juntos podemos inyectar la cura. La necedad se vence con efervescencia lógica, la razón, lo que debe ser de cajón. ¿No hemos avanzado desde Voltaire? ¿Debemos hallar de nuevo el saber del pastor o del alfarero? ¿Tendremos que retornar a los tiempos de las cavernas y ver la solución explicada en la pared rugosa de la cavidad de la cueva?

Hablando sobre los minusválidos alguien dijo que no tenían derecho a nada, que debían quedarse en su "puta casa como habían hecho toda la puta vida". Cuando escuché eso me subió el calor por todo el cuerpo. ¿Qué maldita humanidad es esa en que alguien dice semejante necedad y se queda esperando el reconocimiento mediante la risa? No, subnormal, no es gracioso esa comentario. La humanidad será menos humo contaminado cuando los aires frescos aporten brisas nuevas, cuando no oigamos estupideces como esa. Esa palabra (minusválido, disminuído físico...) no debería existir. La uso pero preferiría no haberla escrito. Uno no vale menos ni es inferior. Lo aclaro para evitar críticas al uso. Los eufemismos tampoco me gustan; podría haber dicho un hombre en silla de ruedas. ¿Qué palabra usaríais? ¡Qué peligrosas y dañinas pueden ser las palabras! Unas dan alas y otras las cortan y son el sol que derrite la cera o las olas que vuelven las plumas pesadas y nos llevan a las profundidades del mar.

¿Hallaremos la cura? ¿Acaso no la hemos ya encontrado? ¿Por qué sigue habiendo virus en la humanidad?


miércoles, 15 de mayo de 2013

LIEBSTER BLOG AWARD



LIEBSTER BLOG AWARD - MI SELECCIÓN 

LIEBSTER BLOG AWARD







El Liebster Blog Award, es un premio de carácter simbólico que se va transmitiendo entre bloggers para reconocer el trabajo y la calidad de blogs con menos de doscientos seguidores y dar a conocer blogs que estén comenzando. La concesión, aceptación, de este premio tiene una serie de sencillas normas o compromisos, a cumplir en el próximo mes:


  1. Nombrar y agradecer el premio a la persona/blog que te lo concedió.
  2. Responder a las 11 preguntas que te formule.
  3. Conceder el premio a 11 blogs que te gusten y que estén empezando.
  4. Formular 11 preguntas para que respondan los bloggers a los que premias.
  5. Visitar los blogs que han sido premiados junto con el tuyo.
  6. Informar a los bloggers de su premio.


Mis 11 preguntas son las siguientes (algunas son varias en una):

1. ¿Por qué crees que los blogs tienen tanto éxito?
2. ¿Consideras que tu blog te ha permitido evolucionar? 
    ¿De qué manera?
3. ¿Por qué escribes? ¿Desde cuándo?
4. ¿Cuánta importancia le das al diseño de un blog?
5. ¿Qué te llevó a crear ese blog?
6. ¿Qué opinas de la falta de comentarios en un blog? 
   ¿Crees que los bloggers que te visitan deberían dejar algún comentario?
7. ¿Alguna vez te has planteado dejar de escribir en tu blog? 
    En caso afirmativo, ¿Cómo has superado esas situaciones?
8. ¿Es un blogger un escritor? ¿Qué diferencias ves entre uno y otro?
9. ¿Cómo publicitas tu blog?
10. ¿Te parece que un blog puede abrirte caminos laborales? 
    ¿O no pasa del mero entretenimiento?
11. ¿Cuáles son los fallos más típicos que destacarías de los blogs que visitas?

Mis blogs elegidos:

1. http://denadapuedovereltodo.blogspot.com.es/ de Carmen Anisa, 
por su capacidad docente y por su amor inmenso por los libros. 
Cualquiera que se interna entre sus posts acaba saliendo de ellos más culto, 
más vivo, más despierto. Porque en ella la minuciosidad y el buen 
trabajo es lo más relevante.

2. http://breakfastatgivenchy.blogspot.com.es/ de Sebastián Grinspun,
 por su arte rico y alternativo, donde introduce escritos y dibujos propios 
a la par. 

3.  http://www.laalacenademiguel.blogspot.com.es/ de Miguel Alvarez, 
porque sus particulares poemas (Merdipoemas) rozan la voz de los clásicos. 

4.  http://cinepoesiajazz.blogspot.com.es/ de Emilio Calvo de Mora, 
porque tiene textos de una riqueza increíble. 
A día de hoy es el mejor escritor (amigo mío) que conozco. 
Sabe mezclar narración, buen humor, sabiduría en la dosis perfecta.

5. http://blogreflejos.blogspot.com.es/ de Isaac, 
por su especial sensibilidad y por sus letras tan poéticas.

6. http://descubriendoelsexodelosangeles.blogspot.com.es/ de Raúl Al-Kathib, 
por su capacidad para amalgamar filosofía, sexo y vida en textos muy 
enriquecedores y literarios.

7. http://ladrondearte.blogspot.com.es/ de Ladrón de Arte 
que lleva impreso el arte en cada uno de sus posts.

8. http://lacometadeicaro.blogspot.com.es/ de María Domínguez 
que en un esfuerzo por dejar huella escribe en su blog en una 
amalgama de realidad y ficción. Excelente narradora.

9. http://profemarisamolina.blogspot.com.es/ de Marisa Molina 
que realiza un trabajo muy activo en su blog en llevarnos 
a la reflexión y al acercamiento de la filosofía. 
Es un ejemplo nítido de docencia y activismo filosófico.

10. http://secretdoor-romiix.blogspot.com.es/ de Josemiix, 
un joven universitario que nos hace partícipes de su mundo y sus dudas.

11. http://olahjl2.blogspot.com.es/ de Joselu, 
porque sus reflexiones y anécdotas siempre son muy interesantes.

Muchas gracias por el tiempo que dedicáis a vuestros blogs 
y por compartiros un poco con nosotros. Un saludo a todos.