miércoles, 6 de noviembre de 2013

Desvaríos absurdos

Algo que voy a criticar siempre es esa absurdez que ejemplifica el hecho de que se enseñe literatura a través de libros de texto, de esquemas que reducen la riqueza literaria a meras escuelas literarias, a algo tan vacuo como es un resumen, una crítica, un movimiento literario que no es real. Así no me sorprende que pocos sean los que amen las clases de literatura. Señores, hablamos de libros de épocas anteriores, de la actualidad; por consiguiente, una clase de literatura correcta debería potenciar la lectura, el acceso al placer de leer, pero también a la emoción de conocer a nuestros antepasados directamente a través de sus voces congeladas en el tiempo, afianzadas en letras sobre papel. Porque un curso de literatura jamás debería basarse en un manual. Eso es un asesinato literario, algo así como hablar de platos exquisitos mirando un recetario y no llegar nunca a cocinar uno de esos platos y a saborearlo, olerlo, palparlo y tener que limpiarse los restos que se quedan pegados a los dientes, a la barba, a las manos. 

Me enfado mucho con estos temas.

Cada vez que he estudiado los temas de literatura para las oposiciones me he planteado afrontarlas de la mejor manera posible. La gran mayoría estudia los manuales y los estudios que otros hacen de las obras relevantes, sin ir directamente a las obras; al menos esto es lo que hacen las personas que conozco, tampoco puedo ni debería generalizar tanto. Yo siempre he preferido leer las obras y tratar de comprenderlas a mi modo. Es evidente que he tenido que seguir los malditos manuales, porque lo que han dicho los críticos es lo que ha sentado cátedra, es sobre lo que me evaluarán. ¡Inútil sistema! Lo fácil habría sido siempre estudiar de memoria los temas y vomitarlos en el examen. El sistema actual exige vomitar contenidos. 

Es como estudiar idiomas a base de gramática y olvidar que un idioma está vivo en cada persona que lo activa, le da uso en su mente para comunicarse consigo mismo o con los demás. Un idioma se aprende poniéndolo en funcionamiento y no por medio de reglas gramaticales. Soy un pesado con este tema, pero me hace gracia la gente. (Estoy criticón hoy, parece) Cuántas veces no he escuchado eso de "pues yo tengo el B1 de inglés, certificado por la escuela de..." y cuántas veces he pensado "Menuda tontería, hablar un idioma no es tener un B1 o un C1, eso no te da la certeza de que puedas mantener una conversación en condiciones; que sí, que eso determina que posees conocimientos y habilidades que has adquirido, pero ¿eso implica que has aprendido bien? ¿No puede ser que tuvieras un buen examen o que la suerte te sonrió y te preguntaron cosas que sabías y sobre un tema que habías memorizado por completo?" Pensar pienso mucho, aunque cada vez pienso menos por vago, por incapacidad para reflexionar o porque mi mente vive agobiada o en un limbo perpetuo, como si a veces me sintiera invasor o elemento ajeno del planeta, de la vida, un meteoro que se ha estrellado en nuestra realidad y que esta lo repele sin descanso. Pensar no pienso. ¿Darán B1 en pensamiento y desarrollo crítico? ¿Habrá niveles certificados para las matemáticas, las ciencias o el elevado arte del cuidado estético tan en auge? ¿Podré tener un B1 en gimnasio? Si Camus levantara la cabeza nos hacía nuevos ensayos sobre lo absurdo y creaba un "L'étranger" nuevo, que sería en realidad más de lo mismo; más que nada porque aquí lo absurdo ha estado siempre, adherido a lo humano.

¿Seré un 'étranger' de mí mismo?

Leía el otro día una noticia sobre literatura que me dejó de piedra, ¿petrificado? Sí, mejor petrificado, pétreo, marmóreo. En España se estima que el número de lectores de ALTA literatura no sobrepasa las 100 000 personas. ¿Qué carajo es la susodicha alta literatura? ¿Se trata de una serie de obras literarias que al leerlas te llevan a las alturas? ¿Es una literatura de drogadicción? ¿De vapores etílicos? ¿Es una literatura de Ícaro? Menuda mala costumbre tienen los críticos, tenemos todos: categorizar. Lo peor de todo es que se categoriza no por diferenciar, por facilitar el aprendizaje, no. En este caso se categoriza para dictaminar que esos pocos leen una gran literatura, compleja, artística, superior y, por consiguiente, al alcance de pocos, no por el precio, sino por el entendimiento, por la inteligencia, porque o eres inteligente y puedes entender lo que se ha escrito en esas obras excelsas o no podrás nunca. ¿Y quién determina qué obras se incluyen en este compartimente estanco? ¿Medieval? 

Literatura de alturas que se va a caer en picado, porque lo bueno siempre ha sido la variedad. Esa literatura que aporta algo dentro de sus posibilidades; porque toda  literatura tiene algo con lo que nutrirnos. La literatura infantil a mí me mantiene despierto y vivo mi yo pequeñito. Es tan importante para mí como leer a Muñoz Molina o a Camus o al inigualable Pessoa. Tan importante como aprender inglés o francés o el idioma que sea viviendo su variedad. Tan relevante como salvar la literatura, enseñándola a través de lecturas directas, de un reencuentro literario con nuestros pasados y, al mismo tiempo, con nosotros mismos. 

En nuestros antepasados siempre estaremos nosotros mismos. En la variedad se puede romper lo absurdo. Ay, ¡Qué cosas digo! Cosas...


3 comentarios:

  1. No dices nada que otros no pensemos, y lo cuentas como lo sientes, y muy bien contado. El idioma no es solo eso, el idioma, sino la cultura que el idioma trae debajo del brazo....

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  2. Hay demasiada teoría y poco disfrute de la Literatura. Siempre le digo a mis alumnos que, aunque no les guste la poesía siempre habrá un poema que parece estar hecho para ellos. Un día u otro, sucumben, te lo aseguro. Y lo más probable es que "su" poema pertenezca a la ALTA literatura, aunque no esté en los manuales.

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  3. Que diría don Miguel si se enterara que sus escritos, redactados en un idioma común y casi vulgar para su época, después de 500 años se convierta en "Alta Literatura" como "Rinconete.. o el mismo "Don Quijote" ?

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