sábado, 31 de marzo de 2012

Lucena

Me llamaron, hice la maleta y partí. 

Lucena me pareció muy grande, íbamos en mi coche Eva y yo recorriendo toda la ciudad detrás del autobús  urbano, ella se reía y yo me desquiciaba porque no sabía dónde estábamos ni cómo llegar al centro. Llegamos al otro extremo del pueblo y seguíamos sin saber dónde estaba el instituto y preguntamos a alguien, ya no recuerdo si dos mujeres o una vieja, y llegamos a la hora del recreo. Me encontré con un instituto enorme, moderno, con una fachada blanca con gafas de metal. Entré. Tenía nervios. 

En Jefatura me trataron muy bien y me indicaron todo lo que tenía que hacer. Me dieron una fabulosa bienvenida. Y ese mismo día empecé mis clases. Estaba nervioso por lo rápido de todo. 

Al día siguiente ya me quedé en casa Dani, uno de los profes de inglés, igual de friki que yo en el tema de literatura fantástica (puede que sea incluso más que yo, es además un cerebrito). La convivencia ha sido excelente, no ha habido ni un solo problema. ¡He tenido mucha suerte! 

Pero todo acaba. 

Las semanas fueron pasando y cada dos semanas iba sabiendo si continuaba en el instituto o si cesaba ya mi contrato. Por ello, pasaba una semana relajado y feliz como un crío y la siguiente era un mar de oleajes nerviosos. Digamos que ha sido un ciclo de marea de subidas y bajadas; todas ellas en la mayor de las felicidades. 

No puedo detallar aquí los dos meses y una semana que he estado aquí en Lucena, porque me faltaría espacio, porque mi memoria es escasa y caótica y porque ahora estoy triste y diría cosas que no son verdad. La tristeza produce verdades, es cierto, pero también deformidades, grandiosidades. Y no quiero ser subjetivo. 

He sido feliz. Ha sido bonito mientras duró. He aprendido mucho, he conocido gente encantadora, he reído mucho, he disfrutado, he afianzado el concepto de lo que quiero de mi vida, he participado en todo lo que he podido, he salido de tapeo mil veces con Felipe, he mejorado mi humor, he tenido hasta un cólico nefrítico, he recuperado el aliento que había perdido a lo largo de los tres últimos años... pero sobre todo HE VIVIDO. 

Y cuando uno se siente vivo, hasta la fuerza succionadora de un agujero negro se merma y detiene ante su presencia. 

Ayer me dieron el cese. Desde el miércoles lo tenía más claro que nunca que eso pasaría. Me hice fuerte, quise hacerme a la idea, que no me afectara, creer que el edificio de mi vida va elevándose poco a poco y que esta temporada en Lucena será una ilustre habitación repleta de amor y cariño y que mi querida Loli, que me enseñó a hacer punto, habrá puesto una mesa llena de delicias; y que Dani me habrá regalado conversaciones enriquecedoras; y que Felipe se habrá convertido en una energía renovadora; y que Teresa habrá dibujado sonrisas en las paredes... y que tantos y tantos, todos me habrá dejado una habitación digna del recuerdo.

Ayer lloré. Mis alumnos estaban tristes. Yo estaba triste. Con ellos me contuve. Pero llegaron los pequeños, justo los más escandalosos, los que no he conseguido dominar, mi reto fracasado con esos 11 suspensos de 19 en el último examen. Me escribieron en un papel "Ce n'est pas un au revoir, c'est un à bientôt!" y despidiéndome con rapidez de ellos, cerré la puerta, bajé al servicio de los profesores con el corazón deshilachado y convertido en un nudo duro de deshacer. Y enfrente del espejo, se me enrojecieron los ojos y lloré estremecido. Me enjugué las lágrimas como pude. Fui a la sala de profesores y, creyéndome capaz de no soltar ni una lágrima más, estallé en sollozos y lloros.

Ayer lloré de pena, de que se acabe algo tan bonito. Sé que tendré más oportunidades de ejercer esta bonita profesión. No es una certeza, pero esto es lo que quiero, para lo que he nacido y no voy a dejar de intentarlo hasta que lo consiga definitivamente. 

"Que sepas que nos has dejado huella", esta frase será la que me recuerde cada día para sentirme feliz y hasta orgulloso por haber hecho algo bien en mi vida.

Un beso enorme a mis alumnos, si me leen.


jueves, 29 de marzo de 2012

La llegada

Y entonces llegaste tú,
y se fue el viento con sus tempestades,
y el mar retiró su violento oleaje,
y las nubes rociaron los campos suaves,
y se incendiaron mis venas con tu lava,
y llegó el suspiro en mi almohada.
Llegó la calma, el fin del naufragio,
y el faro volvió a alumbrar los arrecifes,
y el fantasma recuperó su cuerpo desmadejado,
y la flor, triste y sombría, nacida entre estercoleros
recuperó el brillo y sus duras espinas.
Llegó la mano que te cartografió,
y de aquel poroso relieve nació el sentimiento.

Llegaste tú y todo empezó de nuevo.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Y entonces llegó el fin de una estancia

Sonó el teléfono
me respondieron.
Aquella voz ajada,
enferma parecía,
pero su mensaje solo era
las palabras que no quería.

Sonó la palabra,
sentí escalofríos,
había llegado el momento
de pintar el último resquicio.

Sonó el reloj,
llegó la hora,
crucé el umbral
de la aurora.

Sonó lo que sabía
el punzante timbre
de mi despedida.
Y me marché.

Cayeron lágrimas ciegas,
locas fueron por el lado equivocado.
Precipitadas hacia el corazón
del fin de esta estancia.

Frío primaveral,
caótico desvelo,
asoman desde ayer
en todo mi seno.

Adiós.

martes, 27 de marzo de 2012

Un clásico

El jefe del departamento de lengua del instituto y yo hemos llegado a la conclusión de que "La noche de los tiempos" de Antonio Muñoz Molina acabará siendo con el tiempo un clásico. Si esto es cierto o no, solo el tiempo lo dirá.

¡Qué envidia me da! He de reconocer que es lo único que envidio en la vida, la cualidad narradora y la inteligencia escritora de este ilustre creador.

Aquí dejo una de las innumerables entrevistas que le realizaron a la publicación de esa maravillosa obra. 

domingo, 25 de marzo de 2012

Un voto más, pero un voto.

Me abstengo de abstenerme. He ido a votar como debe hacer todo ciudadano que se precie. He llegado al pabellón, he entrado en la cabina, he seleccionado el partido que creo que es la mejor opción he pasado por alto si será un voto sin peso y he introducido el sobre en la urna. Ahí dentro, tintado de verde claro ha quedado secuestrado mi pensamiento, que solo busca igualdad y un mejor futuro, que no llegará, que serán las alas de una gallina incapaces de hacerla volar.

Pero he votado, que es una d elas cosas que cuentan.

Un dardo reflexivo

Si hay algo que un segundo condensa en su duración es la esencia del cambio.

sábado, 24 de marzo de 2012

Dolor extremo, casi mortal

La ruta se ha hecho larga, de extensas pausas, donde habitan conocidos.

Llegué a casa de noche, dormí y, dos horas después de haber entrado en el sueño, sentí un puñal invisible en mis entrañas. Me desperté muy dolorido, sin saber cómo colocarme, qué hacer, adónde ir. Prolongué la espera con la ilusión de que el dolor solo fuera algo pasajero, que desaparecería enseguida.

Me equivoqué.

Suerte fue la mía, suerte debo decir, porque si el dolor me hubiese amordazado en soledad, no sé qué habría sido de mí, de mi pobre cuerpo de hueso y pellejo. Avisé a mis padres y fuimos a urgencias. ¡Qué mal estaba! Agotado, pálido, acariciando la aterradora mano de la muerte, como envenenado. El médico me palpó la zona dolorida, ¡Qué mal estaba! Tuve ganas de llorar, pero ni fuerzas para eso tenía. Me inyectaron calmantes y antiinflamatorios, creo que oí decirlo un médico a otro.

El dolor persistía.

Persistía firme y rígido, con su sudor frío, alimentado por mis pocas energías.

Pasaron los minutos, pero aquello no se marchaba. Mi madre me miraba con terror, mi padre estaba fuera, en la sala, preocupado por lo que pudiera estar pasando. Mi hermano, en cambio, dormía plácidamente en la cama cómoda y calidad de mi madre. Yo me retorcía de sufrimiento en una camilla cubierta de un papel blanco inútil y resbaladizo.

Inútil, como las defensas de mi cuerpo.

Parecía no haber mejora. Me inyectaron por vía intravenosa suero y algo más, alguna sustancia aletargante. Quería llorar del sufrimiento, pero no podía. Entonces el sueño empezó a tomar las riendas de mis párpados. El dolor comenzó a remitir. La calma parecía ganar terreno.

Algo mejor ya, regresamos a casa, me acosté y, entre pensamientos, tuve el miedo del que se sabe frágil, diminuto, basura.

Hoy parece que la tregua continúa; la ingesta de medicamentos se hace imprescindible, sin embargo. Tengo miedo de que vuelva el dolor, de que la muerte me vuelva a cariciar el riñón, la espalda, el bajovientre. Temo tener un cólico nefrítico, como bien dijeron los médicos de urgencias, y que deba expulsar una piedra por un orificio tan pequeño y que el dolor regrese y me amordace la vitalidad.

Tengo miedo. Quiero volver a Lucena, sin temor a sufrir lo pasado en total soledad. 

Tengo miedo.  

miércoles, 21 de marzo de 2012

Demos paso a los poetas de verdad

Hoy es el día de la poesía mundial. Un día importante y que pasa muy desapercibido, casi como una procesión de silencio, donde todos callan y nadie presta atención al pájaro que se aposenta sobre la barandilla negra de la ventana del viejo edificio. La poesía es ese triste pájaro que canta en el silencio y nadie atiende. Su música ilustra historias breves pero intensas, amores, tiempos fugaces, esperanzas dañinas, procesos de la vida, la muerte inevitable, el placer del detalle ínfimo. 

Quien me visita sabe que a veces tengo épocas de "poeta" o de algo que no llega a eso, pero pudiera parecerlo. Visto lo visto y sabiendo que mi nivel no llega a demostrar lo que es la melodía de la vida, la llamada poesía, hoy voy a copiar aquí un poema de verdad, de un poeta real, que desgraciadamente ya murió. Sus palabras reflejan mucha parte de mí mismo y de mi vida. He aquí un ejemplo:




Elegía pura


Aquí no pasa nada,

salvo el tiempo:

irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.

martes, 20 de marzo de 2012

Lluvia que no llega

Que el tiempo siempre ha estado loco lo sabemos todos; el tiempo cronológico. Ahora bien, que el tiempo meteorológico también lo esté es horroroso. 

La vida humana que surgió hace miles de años ha sufrido a lo largo de la existencia de cada individuo el peso extremo que acumula los desbarajustes de un tiempo cronológico que nadie es capaz de conocer: una arruga que se dibuja en la frente de un hombre de 40 años puede ser un arado de arrugas en otro de la misma edad, al igual que el tiempo puede caer con mayor peso sobre los huesos de un delicado niño que sobre un adulto fuerte. El tiempo huye apresurado. El problema no está en esa celeridad intangible, sino más bien en lo que en su fuga acelerada arrastra no dejando piel ni huesos libres de sus temibles cuchillas.

El tiempo atmosférico es caótico, dispar, tan extraño como la vida misma, hoy llueve, mañana hace solo, una primavera se torna invierno o un invierno se convierte en una extensión de campos yermos y secos, donde el sol gana batallas que las nubes son incapaces de afrontar, disipadas por las presiones, por la corrientes de aire inapropiadas. 

Este año hidrológico estamos siendo espectadores de un caso de esos extremos y de ser una pregunta propia del verano o de pequeñas sequías, ahora nos planteamos si lloverá acaso mañana o seguiremos soñando con no olvidar lo que es una gota caída del cielo.

¡Qué llueva ya de una vez!, clamaba la flor marchita al cielo azul.
Pero el cielo enmudeció al no saber qué responder.

lunes, 19 de marzo de 2012

Pasa el tiempo

Entro en facebook y veo tus fotos, estás exultante, repleta de energía, vida y brillo. Recuerdo cuando compartíamos piso en aquella ya lejana calle Azorín de ¿2008? No recuerdo exactamente el año y ahora mismo no me apetece contar ni mentalmente ni con los dedos, estoy algo cansado. Pasa el tiempo, crecemos y en nuestra mente parece que el pensamiento queda congelado en una edad concreta; el mío se detuvo en los 23 años, una cifra curiosa si la veo como una progresión que parte desde mi yo, que es uno, que avanza hacia el dos y termina en el tres, ese trío perfecto del yo verdadero, del yo que cero proyectar y del yo que los demás perciben que proyecto. 

Estás embarazada, encinta para los que aman palabras que empiezan a caer en el desuso y he de decirte que el embarazo te sienta de maravilla. Conociste el amor en tierras galas, tuviste que pasar un tiempo lejos de tu amado para por fin, al acabar tus estudias, dejarte llevar por el elástico del amor hacia el otro lado de este océano que a veces llamamos charco, un inmenso charco repleto de corrientes y secretos inexpugnables. Llegaste a Guadalajara con ilusión, trabajaste por alcanzar un puesto adaptado a tus expectativas. Y poco a poco vas construyendo un nido de felicidad. 

Si me sigues leyendo pensarás que por qué te dedico esta entrada. La respuesta es simple y clara: porque eres mi amiga y me alegra saber que estás radiante y que exultas una luz increíble. Vas a tener un niño guapo e inteligente, que seguramente conocerá el amor, el desamor, la felicidad, la gloria, el esfuerzo con su consiguiente recompensa o trabajo, entre otras muchas cosas y que algún día verá en tu historia una novela que narrar. ¡Te deseo todo lo mejor, María!

Pasa el tiempo, todo cambia,
pero hay cosas que no pasan,
hay amistades que el tiempo no arrastra. 

viernes, 16 de marzo de 2012

Un profe agasajado

Suena el timbre. Las 9:30 de la mañana. Terminan los alumnos de anotar la tarea para casa. El profesor desliza con celeridad el borrador sobre la superficie de la pizarra y, acto seguido, se palmea las manos para deshacerse de los restos de tiza. 

El profesor se marcha con un Au revoir colectivo. Llega al aula de tercero y con extrañeza observa que faltan muchos alumnos. Empieza a pasar lista y cuando está a punto de pronunciar el último nombre suena en la puerta un ruido familiar, infantil.

Abre la puerta.

Ve muchas cabezas, un martillo gigante de juguete y a todos los alumnos que faltaban. Monsieur, professeur, professeur, professeur... se escucha por todas partes reiteradamente. Creyendo que el profesor terminaba al día siguiente y que no volverían a verlo, le han traído regalos: un martillo gigante de juguete con el que "imponer el orden" han dicho todos a la vez; una hermosa carta de despedida de todos los alumnos, un bolígrafo muy bonito y una foto de todos los alumnos juntos. 

El profesor está atónito, sorprendido de que una de sus clases más escandalosas le agasaje. Trata de iniciar la clase, de restablecer el orden, de que la emoción no le embargue y lo consigue con dificultad.

Hay alegrías que vienen sin ser buscadas, como la frase que pone en la carta: "Professeur, on t'attend l'année qui vient". 

El profesor sigue sin embargo dos semanas más en el instituto. 

Es feliz, porque no necesita más, o al menos eso quiere creer.

lunes, 12 de marzo de 2012

Sesión de energía

Hace una escasa hora, estando en la sala de profesores, he comentado a P. que desde esta mañana me encontraba decaído y sin energía, como cuando se destapa el tapón de la bañera y el agua que esta contiene se cuela por la tubería. ¿Sabéis cuál ha sido la reacción de P.? Me ha dicho que me siente en una silla, me ha puesto una mano en la cabeza, otra en la espalda y me ha pedido que me relaje y que cierre los ojos; cosa que he hecho enseguida. Entonces, P. ha empezado a controlar su propia respiración de una manera sonora. Así hemos estado durante cinco minutos. Y por muy extraño que parezca, me he sentido mucho mejor después.

Energía.

Esa es la palabra que se ha diluido por los vasos de mi cuerpo. Esa paz enérgica me hace plantearme la posibilidad de apuntarme a algún curso de yoga o reiki.

P. es ese tipo de personas que sabe de todo, porque ha nacido para saber de todo, con esa gula de aprendizaje. 

De mayor quiero ser como él. ¡Uy! Pero si ya voy siendo mayor...

sábado, 10 de marzo de 2012

La perfección narrativa

No recuerdo si alguna vez lo he dicho, pero si es así perdonad mi repetición. Creo que Antonio Muñoz Molina roza la perfección narrativa a la que aspiro. Es más, leerlo me produce el placer consecuente a las propias descargas que recorren el cuerpo entero y provocan tsunamis en la epidermis. Su estilo matiza al gris del blanco y del negro precisos. En realidad, como todas las cosas cuasi-perfectas no puedo llegar a definirlas con precisión, porque yo soy un mero imperfecto y como tal carezco del intelecto necesario para intentar aproximarme a ese nivel elevado, codearme con él y llegar a conocerlo. En realidad, definir es conocer y, en este caso, poner en palabras un sentimiento divino. Yo conozco su estilo, lo siento en mi piel, pero no sé ponerlo en palabras. Llevo, en efecto, un buen rato intentándolo y me es imposible, las palabras se generan en el pensamiento, el sentimiento se activa, pero cuando los dos se fusionan para ser transferidos a través de las yemas de mis dedos las palabras se diluyen y acaban volatilizadas.

Como siempre se ha dicho, para muestra un botón, aquí tenéis el enlace de lo que quiero conseguir con mi propia esencia:


En este artículo publicado en Elpais.com habla justo de lo que yo mismo pienso de la necesidad de contar historias. ¡Sigamos contando historias todos!

viernes, 9 de marzo de 2012

Libertad

Palabras que apresan el pensamiento 
reglas que aterran todo movimiento,
prejuicios que amordazan la libertad, 
regímenes asesinos y aterradores, 
hilo de la vida, frágil consistencia, 
fusil apuntando a tu frente 
acaso boca cosida sin anestesia, 
poco pueden hacer para callar 
la voz más gritona del planeta:
                                  tu conciencia]


Sueños inalcanzables: algo emocionante

Ahora mismo estoy leyendo la entrevista digital a Almudena Grandes que tuvo lugar ayer en El País y no he podido no emocionarme al leer la petición que le hizo una lectora a la escritora:

 "No tardes tanto con Las tres bodas de Manolita que quiero vivir para leerla".

 Me parece una petición que es más bien el mejor regalo que un escritor podría recibir de sus lectores. ¡Ese "quiero vivir para leerla" es tremendo! Me hace pensar en una persona mayor que vive el día a día consciente de que la guadaña roza su garganta desde hace tiempo y que sabe que la rosa que fue fresca flor antaño no es más que polvo marchito presto a que el viento se lo lleve y lo deshaga. Esta rosa, a pesar de ser polvo, sigue soñando con que vuelva pronto el rayo de sol que le abría los pétalos y que la alimente una vez más antes de que la brisa la disperse. 

Este tarde he estado hablando de que sé que muchos de mis sueños nunca se harán realidad, porque no todos son alcanzables ni realistas, pero que lucharé porque lleguen a serlo en la medida de lo posible y si no llega el caso de que aparezcan, por lo menos sabré que la derrota no fue producto de haraganería. 

Ojalá yo recibiera algún día la misma petición que la anterior.

martes, 6 de marzo de 2012

Aprendiendo se hace la vida

Siempre he querido aprender muchas cosas, que por unas cosas u otras nunca había intentado dedicarle tiempo, y ahora por fin estoy aprendiendo a hacer punto. Aprendiendo se hace la vida, esa es la filosofía.

Hace una semana mi compañera de guardias me dijo que estaba haciendo encaje de bolillos y me enseñó el dibujo de lo que estaba elaborando. Y entonces se me ocurrió que era mi oportunidad, mi momento para aprender a hacer punto, porque ella me dijo que sabía coser, hacer punto y muchas otras cosas. Yo, que no sabía si me quedaría en este instituto más o no, le propuse que en la siguiente guardia, si me quedaba más, me enseñara y ella aceptó enseguida. Nos reímos mucho y compartimos un sentido del humor muy parecido, así que enseñarme le pareció una buena idea. 

Como me he quedado, ayer fui a comprar lana y quedé con ella en que ella traería las agujas. Hoy se las ha traído y me las ha prestado. Cuando he sujetado las agujas con firmeza, me he sentido torpe e inútil, ¡era tan complicado! Sin embargo, conforme han pasado los minutos mi destreza ha ido en aumento y ahora estoy hasta orgulloso de mí mismo, de ser capaz de seguir con esta tarea que me he impuesto. Solo pensar en que puede que consiga elaborar mis propias bufandas, ya me siento contento. Es más, me hace parecer una parca con gafas y dedos de cristal, que teje con cuidado y cierta dificultad mi presente, mi futuro; de ahí que sea incierto, inestable, pero lleno de vitalidad y energía. Cada día tejeré un poquito y llegará un día en que tendré mis obritas de lana, así como cuando tejo palabras para producir pequeños textos que me liberan.

Tejer como teje el tiempo el deterioro en mi piel, aprender como motor de vida.

sábado, 3 de marzo de 2012

Estimada lluvia

Estimada lluvia, 
escucha mi ruego. 
Seco el aire,
triste el cuerpo,
te evaporas,
pareces feliz,
¿Acaso es ese tu estado?
¿Gas dilatado?

Subiste desde el océano,
cargaste débiles nubes,
ausencias, silencios,
humo puro, sensible.
Llegaste a sentir fuerza,
entonces las altas presiones
te dejaron huérfana,
sin familia alguna,
puro gas difuminado.

Estimada mía,
lluvia que no viene,
agua que no cae,
líquido dosificado,
¿agua ya o aire?
Ruego tu abrazo,
que dejes de sufrir,
de ser demente senil.
Eres vieja, antigua,
pero no olvides
que tienes un ciclo,
el círculo trifásico,
agua, gas, hielo.

Agua por la mañana,
gas al atardecer,
noche fría, hielo,
ven a nosotros,
que el reino húmedo
colme nuestros campos
y que la verde hierba
crezca en grandes pastos.
Cae fina, ligera, suave,
pero cae y visítanos,
así de huérfana
serás parte de una familia,
la del mundo completo.

Estimada mía,
lucha, trabaja,
que el Alzheimer
no te desgaste,
que recuerdes la rueda,
el giro que te posee,
el tuyo propio,
el líquido intenso de tus poros.

Frágiles

Frágiles somos y frágiles nos quedaremos.

Hoy no ha sonado el despertador, porque no hacía falta que sonara. Me he despertado entonces por inercia a una hora recomendable para el sábado. Aprovechando lo cómodo que se está en la cama, he abierto el libro que reposa junto a esta y he leído durante un buen rato, disfrutando de la candidez que ambas cosas, cama y libro, me ofrecían.

El desayuno ha sido el típico café con leche y galletas rellenas de chocolate. Ya veis que nada que esté fuera de lo normal. Goloso como soy, me gusta empapar la galleta en el café y llevármela a la boca. Esto conlleva el peligro de que a veces se desprenda algún trocito; pero ese riesgo merece la pena. Hasta ahí estaba en plena forma, incluso horas después. Sin embargo el cuerpo es todo un enigma de fragilidad. 

Tras horas corrigiendo cuadernillos, se me ha ido un poco la vista, he notado mareos y vértigos; pero a pesar de todo he seguido corrigiendo hasta que justo antes de ponerme a preparar el almuerzo la situación ha empeorado. Desde entonces tengo ganas de vomitar, mucho malestar, cansancio, debilidad. Y lo peor de todo es que tengo que seguir corrigiendo, preparar mis clases de esta semana, estudiar algún tema de oposiciones, rellenar la solicitud de la convocatoria de las mismas. No puedo, en cambio. Me siento decaído. Soy frágil.

Frágil.
Tan frágil como el orden.
Frágil.
Tan frágil como la naturaleza.
Frágil.
Tan frágil que ya no tengo fuerzas.


La cama me atrae sin compasión. Las mil mantas me atrapan y con fruición me comen. Solo han sobrevivido mis manos que ahora teclean en este teclado y mi cabeza que casi no puede ni reflexionar. Se me cierran los ojos. Se han cerrado...

jueves, 1 de marzo de 2012

¿Hay alguien ahí?

Hoy estoy con las preguntas: ¿Hay alguien ahí?

Esta pregunta me la hago siempre que pincho sobre la pestaña de publicación de mensaje. Escribo, publico y sé que hay por lo menos dos personas que me leen y me siguen con asiduidad, pero del resto no sé nada, porque nunca recibo comentarios. La sensación que tengo a veces es que escribo mensajes guardados posteriormente en botellas de vidrio verde y que cada vez que pulso sobre publicación estoy cerrando la botella y estoy lanzándola a las aceleradas corrientes del Pacífico. La corriente la llevará a puntos diferentes del planeta y nunca sabré si alguien la ha abierto o si ha vagado involuntariamente por las profundidades del océano o simplemente se ha quedado atrapada entre tesoros hundidos o bosques de algas. 

¿Hay alguien ahí? Sé que hay más gente que me lee, porque veo el número de visitantes diarios, pero ¿son fantasmas? ¿Espejismos? ¿Un engaño informático? Ni idea. 

Solo sé que no os veo, que no tenéis voz. Y siendo sincero a veces me gustaría saber si existís. Un saludo a mis lectores virtuales, a Eva, a Helmanticae María, a Bego, a Seb y no sé si habrá alguien más.  

El imperio del móvil

Pequeña conclusión.

Tras salir del instituto he ido al centro a comprar alimentos con los que inflar el estómago de mi nevera y consecuentemente el mío propio. He realizado el mismo recorrido que siempre, pasando por la biblioteca, y por mal que me pueda sonar, casi no he levantado la cabeza de la pantalla del móvil. Mi campo de visión se ha visto reducido a una pantalla de teléfono rodeada de acera blanca y alquitrán de carretera. Y de repente he llegado a la plaza de Lucena. Ha sido en ese momento cuando he levantado la cabeza y he caído en la cuenta de que el móvil es adictivo y problemático, me absorbe. Y eso no es lo peor de todo, la gran tragedia me ha sobrevenido cuando he comprobado que la inmensa mayoría de la gente estaba mirando la pantalla de su móvil particular. 

Así estamos destinados al fracaso. Al fracaso de olvidar de qué color es el cielo, cómo es el mundo que nos rodea y perder la noción de que la red virtual te tiene preso en sus hilos imaginarios, pero tangibles solo con las conexiones neuronales. Y me pregunto si no habrá ya más de uno que haya caído por completo en esta trampa e, incluso, que si hay una organización detrás de todo este entramado virtual. Lo que me hace pensar en el argumento de una deliciosa novela juvenil.

Pequeña pregunta personal:

¿Estamos ante uno de los mayores imperios de la historia y no somos conscientes de ello? 

Respuesta posible:

Solo lo sabe el que controla todo lo que se esconde detrás de esa atrayente pantalla negra.