lunes, 28 de mayo de 2012

Baja producción

Me acabo de dar cuenta de que he bajado la producción de entradas este mes. Parece que la crisis también afecta a mi blog. No me apetece escribir nada, estoy vacío, descolocado, desorientado, perdido, angustiado, desganado, afligido, et caetera.

domingo, 20 de mayo de 2012

Triste realidad

Sube la prima de riesgo en mi cerebro,
cantan los pájaros o eso quiero.

Cae la bolsa con precipitación,
no es lluvia refrescante, sino dolor.

Recortan de la tela pública, la de todos,
no para elaborar ilustres vestidos, sino lágrimas.

Así lloran los corazones, se ahogan los pulmones,
¿Es un charco o un océano?
¿Es el fin de lo que era un buen momento?
¿Naufraga el trasatlántico de la tranquilidad?

Tiembla la tierra en Italia, como ya tembló una vez,
se abre el agujero por donde se derrama la osadía,
que ya de nada sirve, solo hay desconsuelo.

¿Hay esperanza?
                                                    Los gobernantes la mataron.

Salió de la urna, recorrió los bosques,
la gente era feliz, dieron la voz de alarma
y una horda de cazadores con supuesto poder
tensaron cuerdas de un arco de oro,
extrajeron las flechas del carcaj
y con puntería asesina hundieron la saeta,
fue entonces un demacrado mal muerto.

¡Por una vez que hubo abandonado la vasija de Pandora!

Sube el riesgo, la prima esa que nos va a dejar muertos,
primero la esperanza, luego nuestros tristes cuerpos.

sábado, 19 de mayo de 2012

Tristeza de gobiernos

Quiero negarme a aceptar
que no hay elección,
que el mundo nació
para que unos pocos hicieran
con las notas de la canción
lo que quisieran.


martes, 8 de mayo de 2012

Automática, incluso loca.

Era mañana soleada, el aire soplaba débil, casi era imperceptible, una caricia suave y algo tibia.

Cuando amanece alegre y todo parece un remanso de paz y tranquilidad has de estar atento, porque debajo de esa falsa imagen se oculta una realidad triste y, en absoluto, utópica; hay familias sin pan, rebaños de vagabundos que se refugian donde pueden, en un cajero, debajo de un banco del parque, bajo la copa de un árbol solitario, tal vez solo protegido por cartones que le ofrecen aislamiento térmico mínimo. 

Ocurre que, además, encima de esa falsa realidad hay cuatro, si no menos, titiriteros que deciden el presente de la miserable masa ciudadana que los ha situado en ese lugar. Observémoslos de cerca. 

Espera un segundo; estoy buscando la lupa que tenía hace un rato por aquí. ¡Ajá! Aquí está. Tiene el cristal algo dañado, pero ello no me impide ver la extraña aura de estos cuatro perros. 

Uno tiene el bigote largo y ladra de una manera "extraña"; no parecen ladridos, parecen pseudoladrigos mezclados con el sonido de una piedra dura, mármol golpeado por duros colmillos, babas, carne humana -puede-. ¡Un momento! Si me coloco el sonotone creo oír que está planeando algo miserable. Dice algo de economía, refuerzo privado, golpe a lo público, ricos, pobres... ¡No entiendo nada!

Mira a este otro, se le ha caído el pelo y tiene zonas blanqueadas por el fraude y en lugar de, donde debería haber, unas fauces límpias, hay restos de sangre, papel, tinta. Es más, si acerco la lupa un poco descubro que no es ni boca ni fauces, sino unas enormes tijeras, muy afiladas. ¿Por qué habrá desarrollado semejante boca? ¿Y ese papel? 

Pero este otro no es muy distinto. Dice algo y al momento actúa contrariando sus propias palabras. "Ahorrar es necesario", dice y acto seguido lo ves gastando ingentes cantidades del frío metal pecuniario en fiestas "laborales". Es curioso observar que al andar diera la impresión de que sus patas se hunden lentamente. 

¿Y ese? ¿Ese quién es? 

Acerco la lupa todo lo que me permite el brazo. No le veo la cara. Es una especie de masa, sin cara. Lleva algo brillante en la cabeza y lo que parece algún elemento religioso. No veo bien cuál. ¿Quién es ese ser? Habla, pero tampoco lo entiendo. Es enigmático. No se mueve, solo habla; dice palabras que no llegan más allá de los tres centímetros de distancia, pues se volatizan. ¡Espera! No se volatizan, se convierten. ¡Qué milagro! De la boca pasan por un lector de metal, cambian a dinero, luego modifican su forma y se convierten en líquido negro con tonos rojizos para plasmarse en un libro brillante. Después vemos que aparecen ideas, un pasado mil veces alterado, contradictorio con algunos de sus cambios. No sé qué ocurre. Me produce pavor este personaje. Mejor no mirarlo más. Creo que hasta me roba el poco aire que respiro.

Entretanto el sol sigue brillando, la brisa cálida acaricia el vello de mis brazos. ¿Es idílico este estado? 

Tiro la lupa. ¿Para qué ver la realidad de cerca si con ello sufro por no poder alterarla? Cuatro perros ladran; son lobos. La luna ha quitado el protagonismo que lucía el sol. 

Es hora de caza. 

Acaso no lo fue todo el rato. 

Los corderos se acomodan. Son una masa, una inmensa nube que se desintegra poco a poco. ¿Hay algo que se pueda hacer?



jueves, 3 de mayo de 2012

Un grupo temible

Prácticas que un docente jamás debería tener la obligación de usar:

-Dar voces.
-Poner partes, amonestaciones y expulsiones.
-Mostrar desesperación.
-Decir a su grupo que es el peor que haya visto.
-Tolerar el desorden.
-Mandar copiar frases de comportamiento.
-Echar al pasillo, etc.

La lista es larga y yo ya he llegado a ella en un único grupo. Me pregunto cómo una clase con una treintena de alumnos de 1º de ESO consigue destruir los muros que guiaban y contenían el caudal habitual de mi tranquilidad docente; cómo consiguen que el caudal se desborde provocando verdaderas mareas. 

Es una pregunta sencilla. 

No consigo adivinar el modo de solventar tal problema. Y si no lo consigo no sé cómo llegaré a salvar los campos ya anegados. He tratado de ser rígido, de mostrarles mi cara más dura, de demostrar autoridad y, sin embargo, lo único que he logrado con ellos ha sido liquidar mi débil voz, quebrar mi capacidad de tranquilidad e, incluso, rozar los límites de los pensamientos que desembocan en frías lagunas repletas de peces muertos y de burbujas depresivas. 

Una simple pregunta, un gran enigma.

Sé, por lo que he oído de otros profesores, que ese grupo es complicado, porque hablan sin parar, se levantan caóticamente y muchos son los profesores que ven en este alumnado el horror que las medidas de Rajoy y Wert van a sembrar en los cursos venideros, donde la ratio de alumnos por clase crece y el número de horas de trabajo de los profesores aumenta, lo que provocará un terrible estado escolar próximo a las entradas del, ya de por sí, averno.  

¿Cómo establecer ese ambiente necesario para el aprendizaje sin que estas fieras profieran sonidos estridentes? ¿Cómo se hechiza una bestia hiperactiva y salvaje? 

¿Siendo uno mismo? ¿Exigiéndose menos rigidez? 

¿Tal vez con la música?

He agotado muchas fuentes. He recorrido desiertos calmando la sed con el propio sudor. Quizás solo deba dejar que fluyan. No lo sé. Lo único que puedo hacer ya es controlar la fiera que me nace del interior y volver a ser quien soy, aunque no me lo permitan. Se acabó tensar las cuerdas vocales,  los tendones y el desánimo. Rescatar al niño que llevo dentro para hacerme con el enemigo.

Entretanto mañana tienen examen...

Y yo sonrío porque al menos tengo trabajo de lo que me gusta y solo es ese grupo el temible; el resto es encanto puro, recompensa al trabajo.

Debo sonreír y dejar que el tiempo me dé la razón.Con afectividad y buen humor, la educación es posible.