viernes, 17 de abril de 2015

La falta de coherencia y lo revolucionario

Se nota que apenas tengo tiempo libre. Pero me gusta esto de encadenar proyectos y pasar las horas haciendo cosas. No hay peor maldición que la quietud, porque la vida está para el movimiento; ya habrá tiempo infinito para estar parado, no siendo nada, dejando de ser.

Hace ya un tiempo, puede que sea una decena de años, empecé a observar la falta de coherencia que gobierna las vidas de las personas. He podido comprobar que la gente dice una cosa y hace otra. Lo he visto en casos tan extremos como puede ser basar sus vidas en la defensa a ultranza de algo y, en realidad, actuar conforme a lo que tanto defiende y pretende promover. ¿Esto por qué ocurre? He pensado a veces que se deba al hecho de que actuar según el pensamiento equivale la mayoría de las veces a una evolución activa, de un cambio ajeno a lo imperante, y eso, me temo, conlleva un uso de energía que casi nadie está dispuesto a utilizar. ¿Tanto cuesta ser coherente con uno mismo? ¿Es realmente tan complicado actuar como deberíamos actuar? ¿Tan difícil es evidenciar los propios errores y modificarlos para ser cada vez más consecuentes con nosotros mismos? 

Solo planteo preguntas. Las respuestas las puede ir buscando cada uno en sí mismo, ¿no creéis? Es cierto que todos queremos que nos den la patata ya en puré o casi todos. También es verdad que hay muchos que prefieren cocinar la patata a su gusto e incluso descubriendo nuevos métodos de cocción. Todo es posible. Todo. 



El otro día les decía a mis alumnos algo que algunos profesores compañeros lo vieron como algo amenazador. Les dije que a mí me gustan las ovejas negras, en el mejor sentido del término, porque son ellas las que cambian el mundo, las que dan color al rebaño blanco y amansado. Y les dije esto porque les estaba hablando de que hoy en día lo guay no era usar el móvil y las redes sociales, porque eso es lo que hace todo el mundo. Les argüí que lo realmente revolucionario es oponerse al control que ejerce el móvil de nosotros mismos. Les hablé de lo peligroso que es contar todo lo que hace uno en internet, de subir fotos de todo lo que hacemos, de lo que comemos y nos gusta, de los lugares adonde nos dirigimos. ¿Quién sabe si estamos siendo vigilados?¿Y si alguien planea robar en nuestras casas? "Si queréis ser revolucionarios e ir en contra de lo establecido, como corresponde a los adolescentes, dejad de utilizar el móvil todo el tiempo, porque yo mismo estoy en esa lucha, a pesar de lo que me cuesta dejar de utilizarlo al salir de las aulas."

Sé lo que quiero ser y trato de serlo, porque esa es mi lucha contra la falta de coherencia que impera el mundo.