domingo, 22 de septiembre de 2013

Sin escribir escribiendo

Estoy perdido de la red, pero pronto estaré de vuelta por aquí. Estoy acumulando energías y cada vez me noto con más ganas de volver, escribir, contaros mis conclusiones, mis tonterías varias o simplemente comunicarme con los pocos que me leéis. Por lo pronto me apetece escribir un poco ahora, sin guion previo, como a mí me gusta tanto, como la imitación de la naturaleza, dentro de un orden que no sigue orden, de un caos que no es en realidad caos.

Este verano ha sido muy duro en muchos sentidos y agosto, en especial, me ha dejado como dentro de un agujero negro, pero aquí estoy vivo y coleando, como el pez que a pesar de haber sido pescado a veces vuelve al mar y nada como ya lo hacía antes de caer en el anzuelo. Me han pescado este verano los overbookings, los descuadres, las cuentas no ajustadas, las broncas, los papeleos y los clientes estúpidos. Sí, he dicho estúpidos, porque también los hay, aunque por suerte no es la norma general. Para mi sorpresa, no he escrito ni una sola línea ni aquí ni en un cuaderno en todo el mes octavo del año, lo que en buena medida me ha servido para descongestionar la mente de palabras bonitas y de ritmos de musa que ya me aturdían demasiado; en cambio y al mismo tiempo me he dado cuenta de que necesito escribir. Muchas veces mientras iba en el coche de camino al trabajo o de vuelta del mismo narraba historias en silencio, miraba la rutina de la gente con la que me cruzaba, los veía tan normales y pensaba en sus vidas. Todos tenemos historias llenas de tinta, solo nos falta el papel. En alguna ocasión una rima me ha asaltado sin mucho éxito; no le prestaba la menor atención y se evaporaba en las calenturas de mi cerebro, harto del estrés, infectado de inseguridades, hipocondrías y soledades. La mayoría del tiempo no había más que un vacío mental. Atolondrado.

Ahora está acabando el estrés y creo que ha llegado la hora de regresar a este recinto abierto, a esta plaza de toros sin toros, con un cielo circular donde reptan las nubes blancas y rueda el sol y la luna a distinto ritmo. Estoy aquí, pero ahora mismo dejo de escribir, porque aprieta el hambre y el bocadillo de tortilla y tomate me está tentando. No me puedo resistir. ¡Qué grandes beneficios traen pequeñas cosas! Escribir me ilusiona de nuevo. Este bocadillo nunca ha dejado de hacerlo. A comer pues. Mal no me viene, dicho sea de paso. Tengo un largo camino para recuperar el peso que he perdido y la salud que he dejado esparcida por el camino estival. Un saludo a todos. 

Se reabre la sala. Rellenemos las hojas que se caen ya de los árboles y que empiezan a acumularse en la puerta de esta estancia. ¿Os gusta la idea? Buen otoño a todos.

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