miércoles, 5 de junio de 2013

Hoy estoy feliz por el príncipe de Asturias

Hoy se ha sabido que el creador de la Mágina literaria ha sido galardonado con el Premio Príncipe de Asturias.

Este gran reconocimiento a Antonio Muñoz Molina lo siento como el premio que recibe un amigo que ama su trabajo y se dedica a él con total profesionalidad y ahínco. No he estado nunca cerca de él. No creo que nunca lo vea en una conferencia o tenga el placer de verlo en persona, mucho menos cruzar palabra o un simple saludo con él. Y a pesar de todo es para mí un amigo, un mentor, un acompañante en la soledad. Me fascina su narrativa, su voz en los libros.


Todo escritor es expresión escrita. Su voz es más mental en la cabeza de otro que en el oído ajeno.

"Volvió a la ciudad para perderse en ella como en una de esas noches de música y bourbon que no parecía que fueran a terminar nunca. Pero ahora el invierno había ensombrecido las calles y las gaviotas volaban sobre los tejados y las estatuas a caballo como buscando refugio contra los temporales del mar. Cada temprano anochecer había un instante en que la ciudad parecía definitivamente ganada por el invierno."  

Con este nuevo premio el escritor regresa a la ciudad del reconocimiento y entre los aplausos infinitos ve los rostros oscuros de la gente que parecen estatuas en movimiento sin rostro, como refugio de sus personajes donde habita el oleaje de la vida, una novela contenida en cada lector. A tiempos le parecerá que aquello es más parafernalia que recompensa, pero estoy convencido de que, cuando acabe la celebración y el festín haya tocado su fin con los restos de comida por las mesas, las manchas de jugo de gamba en las vestiduras y los niveles de glucosa y grasas acrecentados por momentos, nuestro infalible escritor se tumbará en la cama y, aun enraizado a los cercanos recuerdos del evento, pensará en lo afortunado que es y, mirando a su señora, igual de excelente escritora, se sabrá en un pequeño paraíso. Imagino los escritos que se le repetirán en la cabeza nocturna y, a la mañana siguiente, con un cigarrillo en la mano y asomado por las ventanas de la ciudad, observará con agudeza la vida en movimiento y las imágenes se superpondrán desde Nueva York hasta Madrid, desde el Hudson hasta el Retiro y en él nada parecerá distinto, solo un premio más en el currículum del que ya ha recorrido mucha tinta y que aún seguirá ilustrándonos con la mirada atenta que le caracteriza. 

Entretanto, yo seguiré leyendo sus escritos en un instante, sus ensayos, sus artículos y sus inagotables novelas, mientras me pierdo como el invierno en el Trópico narrativo.

Felicidades, maestro. 


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