miércoles, 12 de diciembre de 2012

Vaporoso

¿Alguien me sabe explicar el motivo de que sea tan disperso? ¿Por qué soy incapaz de centrarme en una única cosa y condensar todas mis energías y atenciones en el cometido de una exclusiva acción? Es algo que no entiendo y que solo puedo nominalizar: personalidad vaporosa.

Dentro del género humano, se pueden realizar diversos -por no decir infinitos- cuadros y divisiones esquemáticas, ramificaciones que aclaran y estructuran la diversidad humana en no solo hombres y mujeres, infantes, niños, jóvenes y ancianos, sino también en infinidad de categorías que sería incapaz de incluir en esta entrada que escribo con cierta celeridad y sin perder demasiado tiempo de reflexión. No porque el tema sea interesante hay que dedicarle toda una vida; por ello voy al grano y me dejo de circunspecciones: hay personalidades vaporosas y personalidades  férreas.

¿De dónde extraigo esta terminología? De la nada, de mi cabeza -dicho sea de paso, habitáculo vacuo cerebral-, de la experiencia. 

Las personas vaporosas son aquellas que parecen estar conformadas por humo. Su mente inicia una acción y sin terminarla comienza otra y así sucesivamente hasta que vuelve alguna de esas acciones empezadas para rematarla y, sin embargo, no lo logra, porque tiene tantas acciones puestas en marcha que es incapaz de concentrarse en una solo; son personas que carecen de la disposición necesaria para organizar, estructurar lo que hay que hacer y priorizar.

Las personas férreas son, como es evidente, justo lo contrario de las anteriores. Se trata de un tipo de personas obsesionadas con un tema. Inician una acción y nunca salen de ella, porque conforme avanzan en su desarrollo estas se hacen más y más profundas, cada vez más complejas.

Yo soy una personalidad vaporosa. Antes era más del tipo férreo, aunque nunca a esos extremos. Era alguien capaz de abrir y cerrar acciones, como cualquier persona normal. Ya no.

Humo soy,
aire vaporoso con olor a carne,
fuego fatuo que incendia un árbol
salta a otro y quema el bosque,
llama falsa que no quema en realidad.

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