viernes, 15 de julio de 2016

Destruyendo en lugar de construyendo

¿En qué clase de mundo vivimos?

Anoche un salvaje mataba a casi una centena de personas con un camión por las calles de Niza. Aquellos atentados en París, en Bruxelas... Una vorágine de violencia, de desafección, de destrucción masiva, de ataques traperos... Creo que la realidad se nos escapa de las manos. Estamos poniendo de nuevo el mundo patas arriba, manga por hombre, bocabajo y agitado, desolado. 

¿Qué mundo estamos construyendo?

Ya más que construir estamos destruyendo. Y hablo en plural incluyéndonos a todos, porque todos contribuímos de algún modo a que este mundo sea cada vez peor. No somos terroristas, pero consumimos productos que vienen de explotación, si no humana, sí animal o vegetal. No miramos por nada, salvo por nuestros ombligos y el de la gente de nuestro alrededor. (Sé que generalizo demasiado y que hay muchas personas que tratan de hacer lo mejor por todos, pero aún así todos hacemos cosas sin querer... por pura supervivencia la mayoría de las veces)

Mientras en Niza ayer moría gente salvajemente, muchas otras personas mueren y viven salvajemente en otras partes del planeta. Suena a demagogia, lo sé, pero lo digo de corazón, estoy cansado de que nos duela más la muerte de un europeo que la de otra persona de otro lugar. ¿Cuántas personas no se han dejado la vida intentando escapar de esos terroristas que ahora no cejan en su intento de sembrar terror a base de sangre? Mientras nosotros lloramos, ellos disfrutan. Mientras tratamos de recuperarnos de las heridas de los atentados, ellos gozan y miles de personas naufragan en el viaje de la vida intentando llegar a algún destino, al que sea. Pero esas personas ya las hemos olvidado. Ya nadie habla de los refugiados. Se habla del Brexit, de esa disgregación absurda de un país como el Reino Unido. ¡Cuánta ironía! Llevar en su nombre la palabra "unido" y ahora separarse. No solo disgregarse, sino también cerrar las puertas a los refugiados, a personas víctimas de esos terroristas que nos aniquilan, a esas gentes víctimas de una vida que se les ha vuelto infernal. Los imagino acumulados como rebaños de obejas en algún corral de alambre y entonces recuerdo algo que en mi casa se ha dicho siempre: "Donde caben tres caben cuatro". Dicho que refleja la sabiduría de quien ha pasado por penurias. Pero ya no recordamos, la memoria es frágil y nuestra economía menos débil de que lo era entonces, cuando mis abuelos eran jóvenes y pasaban penurias. Ahora parece diferente, a pesar de la crisis que nos tiene siempre con el "ay" en la boca, con la duda de no saber cómo será el presente, el hoy mismo y el mañana. 

Pero al fin y al cabo, donde caben tres caben cuatro. 

¿Entonces por qué no hemos acogido todos a esos refugiados? ¿Por qué leo comentarios tan primitivos como "tenemos que echar a todos los moros de Europa"? Sentencias tan absurdas, tan difamadoras, tan dañinas, que me hacen temblar de impotencia, de incomprensión, de no saber cómo ni cuándo este mundo empezó a ser de nuevo un campo de minas, un lugar lleno de borregos que hablan para decir estupideces. A los "moros" no hay que echarlos de ninguna parte. ¿Quién nos da permiso para echar a gente de "nuestro" país? ¿Acaso nacer en un lugar te da derecho a disponer de él como si fuera tuyo? La Tierra es de todos, lo quieran algunos o no. Deberíamos ayudarnos entre todos. ¿Cómo? Eso quisiera yo saber. Llorar a las víctimas no es una solución. Poner en las redes sociales "JeSuisNice" o cosas por el estilo no ayudan a nadie. Poner velas por las víctimas es solo un acto de muestra de apoyo, pero puro simbolismo. Tenemos que buscar soluciones. 

Siento tanta pena. Estamos abocados a la destrucción. Yo que lucho a diario por sacar lo mejor de mis alumnos, por inculcarles el poder del diálogo, de la paz, de los gestos por el medioambiente, de evitar cualquier conflicto, de poner soluciones entre todos a los problemas que surgen... Yo que tanto defiendo el querer hacer el bien por encima de todo, no puedo dejar de pensar que todo está perdido, que se acerca una guerra de las grandes de nuevo. Siento que el hambre no se acaba porque no queremos, que muchas enfermedades no se erradican por intereses económicos; creo que seguimos siendo marionetas manejadas por unos pocos. Somos mequetrefes con los que algunos se divierten jugando. El conductor asesino de anoche atropellaba a masas de gente como si jugara al GTA; sacaba vidas de cuerpos a golpe de pedal. 

Es tan fácil morir y tan complicado mantenerse vivo. 

Anoche moría gente. Es una fecha tan importante para Francia. El asesino supo elegir el momento. El 14 de julio los franceses se congregan para ver los fuegos artificiales que se lanzan en todas las ciudades. Todo un espectáculo. El año pasado yo estuve en Burdeos viendo ese festejo. Yo podría ser una de esas víctimas de ayer si el asesino hubiera decidido matar el verano pasado en Burdeos. Y habría matado a mucha más gente. Entiendo que es imposible escapar a un ataque así, si recuerdo cuántos estábamos allí en Burdeos, cómo estábamos, todos juntos mirando al cielo. ¿Ayer miraban al cielo cuando el camión se los llevó por delante? No quiero saber detalles. Es terrorífico. 

Mirad cuántos atentados se han cometido en 2016 según Wikipedia:
 Una barbaridad de atentados, una violencia masificada sin control. ¿Cuándo terminará todo esto?

1 comentario:

  1. A veces la desesperanza casi nos vence a todos, y, sin embargo, yo siempre digo: aún queda un rayo de luz, mientras siga existiendo un niño ingenuo, una persona de bien, no todo estará perdido. Por un solo justo, merece la pena luchar. Y por eso cada mañana me levanto para luchar, como muchos otros, como tú, que no dejamos de soñar con un mundo mejor. Malgre tout, malgre tout...

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