viernes, 12 de agosto de 2011

Camino demasiado estrecho

Ay, el camino que cada día se hace más estrecho. Es más estrecho, aunque parezca que no. Me dicen que no es más estrecho, que es el mismo camino, pero yo no lo veo. Miro con insistencia y tengo la impresión de que, lo que antes había sido no ya un camino sino todo un horizonte abierto a la exploración, se está convirtiendo en una diminuta vereda, que circunda un acantilado con un enorme vacío a su lado. Me dicen que no, que no es otro camino, que no se está estrechando nada, pero se estrecha y el agobio me sobreviene con mayor frecuencia y sé que la llamada se hace más intensa: "Ven, ven, déjate precipitarte. No camines más. ¿Para qué?" La voz es algo tenebrosa y posee la tesitura propia de un susurro fantasmal. Y claro, la piel se me eriza al mismo tiempo que una leve energía me atrae hacia ese precipicio, y no puedo hacer oídos sordos y no prestarle atención, porque, en contraposición a la estrechez del camino, la tonalidad de la misma se amplifica. "Ven, ven. Cae". Y yo no quiero caer, pero sé que voy a caer. Y caeré, porque las piernas también comienzan a flaquear, de tanto camino, de tanta mala racha, de tan poco apoyo real. 

2 comentarios:

  1. uuuuuuuuuuu! Una entrada algo negativa. Precipicios hay muchos en la vida, pero están para que aprendamos de ellos, ya sea porque nos caemos ya sea porque los evitamos.

    Un abrazo verde asturiano (desde donde estoy de vacaciones)

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  2. Muchas gracias, Helmanticae Maria. Bonito sitio para veranear. Otro abrazo para ti. :)

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