domingo, 27 de abril de 2014

Pompeya

Pompeya es un nombre que me produce sensaciones indescriptibles; es pasado prolongado en presente; es silencio de voces en grito; es naturaleza imparable, indestructible, atroz; es milagro pero no divino, no religioso, ni mucho menos humano, simplemente milagro a secas, de los que conservan algo detenido en el tiempo y nos permiten regresar a ese momento como no es posible en ningún otro lugar.
 
La nueva película de Pompeya es una superproducción, con lo cual priman sobre todas las cosas el heroicismo, el amor, la acción, la aventura, la necesidad de enganchar al telespectador. Y lo consigue. Los efectos son maravillosos. Los personajes llenos de valor, de orgullo. El argumento previsible, pero atrayente. La escenificación portentosa, así como la ambientación. Uno tiene la sensación de estar en Pompeya tal cual era, con su puerto, sus calles repletas de vida, sus grandes villas, sus templos y la expectación de sus habitantes ante los espectáculos de gladiadores. Pompeya es una película que deja buen sabor de boca a todo aquel que ama lo pasado, así como a todo aquel que busca la acción. En esta película, como viene siendo cada vez más común, se pinta a los romanos como seres deleznables, orgullosos, con un cierto aire de superioridad; a los celtas como amantes de los animales y la naturaleza; los gobernadores solo buscan el bien propio, la necesidad, por encima de todo, de quedar presentes en la historia, incluso entregando una hija a cambio de inversiones en su ciudad. 
 
Me pregunto si para un historiador esta película cumplirá su cometido. ¿Es fiel a la historia? Lo dudo, aunque parece que gran parte está apoyada en la descripción de Plinio el Joven, testimonio de la catástrofe. El Vesubio estalla como nos han contado, con una gran virulencia. El mar se retira y regresa en tsunami. Las cenizas se desploman sobre todos. ¿Y los espectáculos de gladiadores eran como los pintan aquí? Lo que sí sé que no aparece en la película es el efecto que produjo el fuerte terremoto del 62 ni hay edificios que estén siendo restaurados. En ese sentido no es histórica.
 
En cualquier caso, me ha gustado. He sentido que estaba allí; el 3D ha ayudado mucho. Tras ver la película, como suele suceder, he tenido ganas de leer más sobre el tema. Me parece todo tan excepcional, tan embriagador.
 
La trama de amor principal parece inspirada en la mujer hallada bajo las cenizas con los gladiadores. ¿Qué hacía ella allí?
 
Cuando uno lee un poco al respecto tiene unas ganas infinitas de visitar la ciudad, los restos que quedan de ella y perderse por sus calles, ver la vida congelada allí. Imaginar cómo era todo, cómo fue el último suspiro de sus habitantes. Saber, al fin y al cabo, que no somos nada y que para un humano lo más importante en la vida o es el amor o es el dinero, como se ve en la mayoría de los cadáveres hallados, unos abrazados a otros o abrazados a sus joyas y fortunas.
 
Pompeya, un nombre que posee tantos matices como la misma existencia.   

2 comentarios:

  1. Yo quiero tenerte de compañero en mi colegio...sabes de todo. Eres genial.

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  2. Jaja. Muchas gracias. Ojalá pudiera. Helmanticae, sé menos de lo que parece.

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