jueves, 17 de abril de 2014

Manipulados

Ya apenas escribo. He ido perdiendo poco a poco las ganas de hacerlo, algo así como dejar de dar prioridad a esto y preferir pasar el tiempo mirando las musarañas, dejar que este se vaya más rápido que nunca, porque de todas formas seguirá marchándose lo quiera o no, porque el tiempo es libre y nadie puede constreñirlo, aprehenderlo.
 
Ya apenas escribo. Prefiero no hacer nada, simplemente. Es lo que pretenden de nosotros. Lo que consiguen.
 
Antes notaba que alguien me leía. Ahora solo noto que nadie lo hace, aunque siempre haya alguien. Siempre hay alguien vigilando, como en el libro que he empezado hace unos días: 1984, de George Orwell. ¿Quién nos observa? ¿quién vigila nuestros pasos? ¿Quién nos manipula y nos hace creer lo contrario de lo que es en realidad? ¿Quién es el maldito pastor y quién su perro? ¿Quién es ese Hermano mayor, ese big brother que no nos quita ojo de encima?
 
Puede que no escriba para no ser transparente, para que el que vigila no sepa de mí más que yo mismo. Quizás sea esa una de las razones por las que ya parece no interesarme en absoluto esto. Inconscientemente empecé a dejar de escribir cuando leí un post de César Mallorquí en su blog, donde comentaba precisamente esto, que aunque no seamos conscientes estamos siendo vigilados y manipulados sin cesar, como la montaña que se moldea con la más ligera brisa o con la suavidad del relente.
 
Pero aquí me veis. Vuelvo tarde o temprano a escribir y me compadezco de mí mismo por hacerlo. Soy Winston Smith escribiendo su diario, aun sabiendo que eso podría usarse en su contra, porque la policía del pensamiento siempre está al acecho.
 
Apenas he leído 40 páginas y puedo decir que lo que leo en sus páginas es actual. Me siento en ese mundo que no es tan diferente del nuestro. Y me recorre una tristeza indescriptible, una sensación extraña de pesadumbre, de incertidumbre ante la vida, de menosprecio (a veces) hacia todo, porque la lógica no consigue modificar el asentado pensamiento de lo absurdo que es todo. Y es que la crisis que no quiere abandonarnos no es otra cosa que la desvelación de lo oculto, los hilos de un grupo de hermanos mayores que juegan con nosotros como jugaban los reyes en la Edad Media con las piezas del ajedrez. Ellos exponen las reglas, siempre en su beneficio, siempre en voz baja, sin que sepamos lo que ocurre en realidad ni cómo son esas reglas; sin posibilidad alguna de cambiarlas, engañados porque queremos seguir engañados o quizás porque aun sabiéndonos engañados no podemos dejar de estarlo. Nos hacen creer que somos libres, libres de pensar como queramos, de hacer de nuestras vidas lo que deseemos, porque tenemos posibilidades que antes nunca se tuvieron; libres para dedicar la vida a lo que consideremos más oportuno; libres de amar a quien queramos, de odiar a quien prefiramos, de marcar los pasos a seguir, de mover nuestra propia ficha por el tablero de la vida, como si las casillas ni existieran. Pero no. No somos libres. Ni siquiera al escribir esto estoy siendo libre. Solo soy la consecuencia de una lenta manipulación oculta. Solo digo lo que se espera que diga. Me muestro como una oveja, ya ni siquiera negra, mas roja si es preciso. En cambio sigo siendo una oveja. Poco importa el color. Las ovejas van todas donde guía el pastor a través de sus perros. Nos creemos distintos y somos productos del sistema.
 
Tal vez yo ya no escriba tanto porque estoy programado para dejar de hacerlo.
 

2 comentarios:

  1. Yo siempre vigilo, siempre estoy atento. Pero no como el gran hermano, sino como aquello que me hace más granadino y andaluz que nada: mi lealtad a mis amigos, mi absoluta convicción de que hay que cuidar a quienes se estima. Yo que soy misántropo por naturaleza y convicción, que odio el cotilleo en todas sus facetas y escalas, siempre dejo un hueco en mi cerebro y en mi tiempo para llenarlo con las vidas de mis seres queridos, aquellos que más me importan. Así, es que con tu permiso, te vigilo y te sigo y te leo. Porque escribir también es contar la vida, es pasar los hechos cotidianos por el tamiz de nuestra consciencia y nuestro recuerdo, porque nos ayuda a interpretar el mundo que nos rodea. Me es irrelevante si me vigilan o no. No tengo nada que esconder, tengo mi consciencia tranquila y se que tú también. Así es que escribe para que te conozcamos y te leamos. Besos.

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  2. Pero....qué cosas dices.....que no te dejamos que dejes de escribir...que no te hagas el remolón y escribe todos los días....ahora no, ahora no puedes dejarnos....
    Te mando energy para esos momentos bajos.

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