lunes, 25 de julio de 2011

Mi Benji

Hoy hace siete años.

Acababa de terminar el servicio de desayunos en el hotel donde trabajaba. Subí a la habitación y me encontré con dos pares de ojos lagrimosos y un "¿Se lo decimos?". Aquel día fue duro, muy difícil para mí. Cuando te dicen que un perro rabioso ha accedido al campo de tus abuelos y que ha asesinado a tu perro, solo notas la misma rabia que poseía a ese puto asesino salvaje. 

"¿Se lo decimos?" 

Aquella pregunta de mi hermano, todavía me eriza el vello y me acelera el corazón. La rabia ya ha desaparecido; es para lo único que sirve el tiempo, para atenuar las penas.

"El Benji ha muerto."

Que me anunciaran que mi perro había muerto, en aquella época, resultó todo un golpe, un cuchillazo; el mismo mordisco que debió darle el asqueroso ese. Ese que bien habría querido envenenar yo mismo, con mis manos, por todos los perros que ese mismo perranco asesinaría más tarde. 
Pero no lo hice. Dejé que el tiempo lo pusiera en su lugar. Y lo que yo no hice, lo acabó haciendo otro. Ese día supe que el terror de Piedra Blanca había terminado. 

"Han asesinado al Benji."

Al Benji lo habían asesinado. El pobre ya algo gordito apenas pudo correr para zafarse de los colmillos de un perro habituado a matar. Mis abuelos oyeron los quejidos del perro, de mi perro. Salieron rápidamente, pero ya era tarde. Cuando mi abuelo llegó al lugar de los hechos, Benji ya había pasado a otra vida, si la hay.Mi abuelo lo enterró bajo una parra. Mi abuela lloró durante días; ella que siempre había odiado a todos los animales. Yo me encerré en el baño y me dediqué a golpear la pared con la cabeza en un ataque de desesperación; ahogado en un tsunami de imágenes y recuerdos.

Aquel día trabajé por la noche en el servicio de cenas. No lo pasé en absoluto bien.

Hoy hace siete años de ello y no lo olvido. ¿Por qué olvidar al ser que me acompañó tanto en malos momentos? ¿Su mirada, su pelo canela y sus graciosos pies blancos en forma de calcetines? Sus recuerdos son de los mejores que conservo. Y por muy triste que parezca, cuando vivía lo envidié muchas veces; quise ser un perro en muchas ocasiones. Veía en su vida la felicidad absoluta. A lo mejor él quiso ser humano. Nunca se sabe...

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