miércoles, 9 de enero de 2013

De Camus y un lío mental.



 Ayer empecé a leerme, a ratos, los cuadernos de notas de Camus (Carnets)  en francés y me resulta muy interesante todo lo que en ellos fue escribiendo el autor de L'étranger; obra que jamás me atrevería a traducir como el extranjero, porque en español pierde muchos matices y carece de la fuerza de la palabra francesa que implica también lo que es extraño. El protagonista es extraño y extranjero, un ser que, como dice el propio Camus, es "le point zéro", la personalidad de lo que encarna un ser que actúa sin prejuicios, desprovisto de toda hipocresía, así como de las ganas absurdas (término aquí inconexo con la idea que Camus le imprimió) de interpretar el papel de todo individuo en una sociedad: cumplir las normas comportamentales establecidas. Si muera una madre, lo esperado es que el hijo se deshaga en lágrimas en su entierro. Meursault no cumple esa "norma" y se lo toma con indiferencia. Es alguien libre de preadquiridos sociales. ¿Podríamos decir que es libre? Puede ser. Su libertad es, en cambio, nefasta para la sociedad. Si todos fuéramos como él, estaría en peligro la humanidad. Sin empatía no somos nada.
Pero no vengo hoy a hablaros de Camus ni de su vida y obra, sino más bien a contaros un hecho que me sorprende de mí mismo: el francés. Esta mañana, cuando he retomado la lectura del primer cuaderno, al cabo de una hora una confusión ha aparecido en mi cabeza. Ha sido como una explosión repentina que me ha extraído de la lectura. ¿En qué idioma estaba leyendo el libro? Parece una cuestión burda, sin  ningún tipo de interés, y diréis que de rápida solución. Pues he de aclararos que para mí ha supuesto un caos, porque en mi cabeza no había respuesta evidente. De hecho he tenido que cerrar el libro y plantearme muy seriamente no abrirlo hasta que hubiera llegado a una conclusión. Ya sin caos y relajado, he visto que era en francés. ¡Qué chorrada!, diréis. En absoluto. Se ve que he tenido algún tipo de mezcla lingüística. No sabría explicarlo ni si existe nombre para este fenómeno. El pensamiento fluía en francés, como me suele ocurrir de tantos libros que he leído en ese idioma, y las palabras se confundían a veces. Eso me sucede siempre. Creo que ambos idiomas comparten espacio en mi cerebro, amontonados sus compendios lingüísticos y normativos en puro caos. Me pregunto cómo me sigue ocurriendo esto todavía, cuando llevo años sin verme bombardeado por el idioma y algunos meses sin prestarle atención. 

Con esto he de concluir que  es posible interiorizar un idioma extranjero, por muy extraño que parezca. No me considero bilingüe porque a nivel oral he perdido fluidez y riqueza léxica. Sin embargo, a nivel lector el nivel sigue siendo el mismo. El oral vuela y puede desaparecer; el escrito tiene anclas mucho más resistentes. ¿Qué podemos extraer de esto? No lo sabría decir. Lo que sí sé es que no creo que pueda alcanzar otro idioma más a ese punto.

Y volviendo a los apuntes de Camus os recomiendo su lectura. Están llenos de citas de autores comentadas por él, de planteamientos para sus obras, de descripciones de su realidad (la francesa de la época), de reflexiones, etc. No sé si vosotros sois tan cotillas (o curiosos) como yo. Leer correspondencias y cuadernos de notas de grandes autores se me está haciendo realmente satisfactorio, porque sacia mi gula cotilla al mismo tiempo que me aporta un enorme saber. 

A leer se ha dicho.

4 comentarios:

  1. Muy interesante lo que propones, se me ocurre alguna cosa al respecto pero tengo que madurarla antes de pergeñar una teoría. Dejo a mi cerebro que trabaje unos días.

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    1. Vale. Estoy deseando leer tu teoría. Seguro que me aclara algunas cosas.

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  2. Cada vez tenemos más claro que la memoria es un proceso de refuerzo positivo. Es decir que el cerebro almacena cosas de la misma manera en que los pastores hacen un camino, es decir, pasando múltiples veces por el mismo sitio con su rebaño. Y, de la misma manera, si el pastar deja de pasar por allí unos años, el camino se cubre de matojos y casi resulta imperceptible, aunque sigue estando, oculto bajo las matas. De la misma manera cuando un aprende algo, en este caso un idioma, hace un camino que si deja de transitar se va ocultando a la vista. Es obvio además que té lees en francés más que hablas, y por ello el camino oral está mas cubierto de matojos que el escrito, pero ambos siguen ahí, prestos para tu paso en cuanto decides a llevar a tu rebaño por esas lindes.

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    1. Creo que no habría sabido expresarlo mejor. Yo siempre he visto la memoria como la orilla del mar. Allí se ven huellas que el mar con su oleaje va borrando. Las huellas son los recuerdos y todo lo que contiene el cerebro; el mar es el tiempo. Solo puede permanecer un recuerdo si se pisa constantemente para evitar que la ola lo borre. Mi metáfora no explica perfectamente este mecanismo. Tu imagen es precisa a más no poder. Tal vez el camino de mi español y de mi francés son adyacentes y por eso puede explicarse que al pasar as ovejas por el camino del francés algunas ovejas se han paseado por el camino del español y de ahí la confusión. Muchas gracias por esta explicación tan adecuada. Un abrazo y espero que estés algo más relajadillo y con tiempo libre.

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