jueves, 19 de enero de 2012

¡Calla ya, Musa del montón!

Te pido, oh Musa, que te alejes,
que relajes esta tensión,
que las cuerdas que tu magia tiene
me liberen de la emoción.
Que la vida se me hace ardiente
y las penas siempre aparecen,
que yo quiero ser libre,
libre de la palma que me sostiene.
Tú, versos siempre me susurras,
a veces los pones sin mi intención
y en el texto tus letras figuran
sin la mano de este artesano insano.
Te ruego, oh Musa imperecedera,
que ya se acaben las penas,
que la vida tiene una vela
de rápida consumición,
consumando con su llama
la existencia de mi alma.
Oye esta mi petición,
que el corazón se aburra
y se duerma en el gran sopor;
Que este servidor no sabe,
no sabe lo que es la práctica,
la práctica del verdadero amor.
Y harto de tanta palabra líquida,
consumará su perdición,
si no llega pronto el hechizo
que mate a su musa la insaciable,
la de la boca de melocotón,
de labios esponjosos 
y ojos cargados de sol.
y ahora me dispongo
a terminar esta función
y que la letra ligera del verso
aplauda con emoción
a su más miserable siervo,
o sea                  YO]

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