miércoles, 24 de octubre de 2012

Un pájaro con sueños libertarios.

Esa gota que cae de la nube y se escurre por la superficie blanca del huevo será pronto el fin de la sed de un pajarillo, que golpea ahora con insistencia el cascarón. Primero rompe una parte; luego consigue sacar la cabeza y destroza el resto de la que ha sido su casa, su lugar de nacimiento. 


Pasa el tiempo.



La piel negra y rosácea va cubriéndose poco a poco con pequeñas plumas que se agrandan cada vez más. De pequeño y rechoncho pajarillo se convierte con dulzura en un esbelto pájaro fino y elegante. Ya no abre la boca exigiendo la comida que le proporciona su madre. 



Ahora canta. Es ágil y puede volar. 



La comida le espera. El mundo es colosal: un cielo enorme, azul, de fuego rojizo y anaranjado en ocasiones; una yema de huevo candente que se derrite en las comisuras del horizonte.



Quiere volar y abandonar ya el nido. 



Extiende las alas. Nota el aire acariciando las oquedades de las plumas. Agita las alas. Va a volar. Se impulsa con las patas. Parpadea y vislumbra el mundo que le espera. Tendrá mil aventuras.



...Mil aventuras.



Está volando ya; levita como una hoja impulsada por el viento.



Pero choca, PLUF, de repente con algo. Hay barras de metal y cristal entre esos filamentos. 



El ilustre pájaro vuelve a intentar volar mil veces y en cada intento cae la ilusión de una aventura quebrada por el fracaso. No hay comprensión en su cabeza, solo caos. Llora la gota que bebió de pequeño; ahora es salada.



Está preso y no sabe cómo escapar de esa prisión que siempre tuvo delante y no fue capaz de percibir.



Pero algún día logrará encontrar una salida, porque el pájaro está seguro de que el vasto mundo merece la pena esas mil millones de aventuras quebradas antes de ser conocido.

3 comentarios:

  1. A partir de ahora te cambio el nombre por Paser familiaris compeditos, o sea pajarillo encadenado.

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  2. Por mi ventana se asomó un pájaro de fuego.Observó el interior de mi cuarto preguntándose a dónde lo conduciría si traspasaba esa nube de vidrio.Lo miré en silencio invitándolo a entrar.....
    La duda era profunda....qué pasaría si despues del intento no podía regresar a su libertad?
    Como vió que era fuego,reconoció su poder,sintió que podría quemar todo lo que encontrase en su camino,que su libertad jamás sería manipulada,que no la perdería.....
    Su certeza de pájaro revoloteaba conmovido por la curiosidad.Recordó que tenía las alas para vivir que le había regalado Richard Bach,asomándose en un rincón del placard.
    Sus plumas se desdibujaron,traspasaron el cristal y....volvió a recuperarlas en el centro de mi alma.
    Desde entonces,mi pájaro de fuego anida en mi interior y.....

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    1. El fénix está dentro de todos nosotros. Gracias por tu extenso comentario.

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