sábado, 15 de septiembre de 2012

Sobre Identidades asesinas de Maalouf



Nací en Granada, aunque pasé mi formación embrionaria en el vientre de mi madre, que vivía en Mallorca, y pasé allí mis primeros años de vida, hasta que pulmonías interminables y extraños bloqueos respiratorias obligaron a mis padres a alejarme de aquella humedad isleña. 

Tras mi primera comunión pasé a vivir a Roquetas de Mar, dejando atrás años de ceceo y horas de travesuras callejeras, "buscando el peligro" como decía mi madre y con churretes en las mejillas del polvo incrustado de la vida misma. Fui motivo de burla, me encerré por entonces en el piso, guarecido por los libros y el sonido de una flauta desafinada que nunca logré dominar. He tenido miedos, sufrido insultos y risas burlescas, del mismo modo que yo me he reído de otros. 

Otra comunión, la de mi hermano, supuso otro puente hacia la universidad, cuando yo ya no creía en dioses ni supersticiones. He tenido gustos dispares, sueños cambiantes y profesiones volátiles. De padres salobreñeros y abuelos con familias de larga historia común a todos los demás, soy heredero de una guerra civil, de un pueblo conformado por represiones, épocas de esplendor, "invadido" cientos de veces, conocido en la antigüedad por su desarrollo, arrasado por patéticas estrategias arboricidas, acusado de falta de cultura propia o de un idioma completo (¿un acento?), etc.

Mi identidad está conformada, así pues, por un mosaico de historias ocurridas y presentes, por mi propia evolución, por el pasado y las personalidades de mi madre, de mi padre, de mis abuelos, de mis tíos y tías, de mis amistades, de mis enemigos, del andaluz, del español, del gallego, del francés, del inglés, del alemán, del italiano, de las expresiones locales, de una ansiedad de aprendizaje, de una primera época de cristiano que derivó en un ateísmo asentado, amador de mitos griegos, de ideas filosóficas; embelesado por las letras, por los libros, etc.

Mi identidad como la de cuaquier otro es única y jamás coincide con la de otro. Soy un mosaico tan particular como otros millones existentes.

Tras leer el ensayo de Amin Maalouf, Identidades asesinas, he sido consciente de que desde su lectura no seré nunca la misma persona. Y lo que me propongo en esta entrada no es otra cosa que exponer lo que me ha provocado y lo que he aprendido del mismo. Es, sin duda, una experiencia enriquecedora, un ensayo sobre el mundo actual, sobre la tolerancia y sobre la "identidad", sobre las religiones, los problemas actuales derivados de la mundialización o los peligros de una democracia mal llevada, entre otros muchos aspectos.
            

   mi identidad es lo que hace que yo no sea idéntico a ninguna otra persona.


Anteriormente, he realizado "un examen de identidad" mínimo, que todos deberíamos hacer para entender quiénes somos, al modo de Amin Maalouf. Lo curioso es que 

        la identidad no se nos da de una vez por todas, sino que se va construyendo y transformando a lo largo de nuestra existencia.

Cuál es el problema al que debemos hacer frente día a día: la reducción de la identidad a una sola idea; destacar un único elemento y definirse exclusivamente por él. Por norma general, sobre todo en una época como la actual en la que se impone un modelo occidental muy americano, una lengua (el inglés), una religión (la de occidente, el cristianismo), etc., hay que ser conscientes de que las minorías tienden a recalcar sus signos más identificativos, su pasado, su lengua, su cultura, sus ideas, sus creencias; todo para "defenderse" del "enemigo" todopoderoso americano o europeo, del que es mayoría y parece imponer su modelo; para un catalán, sería el mundo castellano, o para un granadino los privilegios de un sevillano, por poner algún ejemplo. 

Ahora bien, en un mundo que ha de tender hacia la universalidad y la pertenencia a lo humano, a una realidad de derechos y libertades, de igualdad y respeto, parece ilógico que se busque destacar lo diferenciador en lugar de sobrepasar
        
               el miedo al cambio.

Amin Maalouf dice al respecto que

              cuando la modernidad lleva la marca del "Otro", no es de extrañar que algunas personas enarbolen los símbolos del arcaísmo para afirmar su diferencia.

Leer lo anterior nos suena a una realidad más que presente; a una verdad que deberíamos ser capaces de cambiar, de hacer que lo "Otro" no sea visto como un ataque y que no sea necesario mirar atrás para delimitar las fronteras de una muralla innecesaria.

En el libro se habla de las religiones, por poner un ejemplo; de cómo el islam, siglos pasados visto como una religión "tolerante", a diferencia de como fue el cristianismo medieval (véase el ejemplo más cercano de la expulsión de los moriscos y de los judíos de la Península ibérica) intolerante. Curiosamente, habla de cómo ha cambiado la situación y las ideas de los europeos han modificado la religión que les es propia.

Es de destacar que 
              
         todas las sociedades humanas han sabido encontrar, en el transcurso de los siglos, las citas sagradas que aparentemente justificaban sus prácticas del momento.

Con esto quiero exponer, como Amin, que no todo es como se pretende.

Hagamos posible el desarrollo humanitario y pongamos a un lado el arcaísmo. El mundo ha de avanzar hacia la libertad y no olvidar que todos venimos de un mismo origen. Todos somos un mismo ser dividido en identidades particulares. Lo importante se resume a la idea de que hay que saber impregnarse del otro para impregnar al otro de lo nuestro.

            

3 comentarios:

  1. Muy interesantes las reflexiones que haces.Creo que todo pasa por un egocéntrismo inherente al ser humano,palpable en nuestra incapacidad para ponernos en el lugar del otro.Hasta que no nos despojemos de ello,seguiremos haciéndonos daño unos a otros.Un saludo

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    1. Muchas gracias por leerme y por tu comentario. Ojalá superemos ese egocentrismo que comentas y que avancemos. Un saludo, estimado anónimo.

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  2. Hola Jose, no se que pasa que tengo problemas para dejarte comentarios en el blog; bueno, como ya te comenté en el facebook la identidad es un concepto en construcción durante toda la vida de un ser humano, eso creo yo. E incluso, a veces, uno puede tener identidades en conflicto que luchan entre ellas, por eso ver la identidad como un elemento fijo e inmutable en el tiempo me parece de gente intelectualmente muy pobre. Me sumo con todo mi ser a tu reflexión final, tenemos mucho mas que nos une que lo que nos diferencia, naveguemos juntos comprendiendo nuestras individuales y aprendiendo de ellas. Ojalá eso fuera posible, pero francamente soy muy pesimista respecto a esto. La mayoría de las personas son egoístas, burdas en sus intereses, cortoplacistas y mezquinas, sólo algunas tienen la grandeza de espíritu como para ver más allá de sus propias vidas y bucear en el torrente del tiempo y ver una visión amplia del devenir humano. Yo siempre tengo la caña presta a la caza de esas escasas personas. Un abrazo.

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