martes, 9 de abril de 2013

Carmen de Lana del Rey y el tiempo.

El que piensa en el tiempo entra en un vórtice aturdidor y sale de él dañado, sin apoyo, cae lastimado, confuso, sin saber dónde está ahora, dónde estaba, ¿Acaso está en algún sitio? 

Cada vez que escucho a Lana del Rey hay un alud de sentimientos, de recuerdos, de confusiones temporales que se apoderan de mí. Entonces me transformo en carro, que la melodía transporta cual caballos y auriga a un mundo pasado. Se despliega un camino de tierra, hace calor, las flores pintan las laderas de los límites del camino y oigo las voces de los alumnos de primero del instituto de Vélez-Málaga. ¿Qué fue de aquello?¿Quién me lo quitó? ¿En qué momento ha pasado el tiempo?¿Un año se escurre con tanta velocidad?¿Tan feroz puede ser su apisonadora? Carmen se repite en la voz de Lana de la radio del coche de hace un año o en tus labios y el humo del cigarrillo sale de tu boca, mientras llueve fuera. ¿Dónde está ese tiempo feliz de la docencia?¿Por qué desaparecieron los alumnos y dejé de ser maestro de algo?

Maestro, ¡Qué palabra tan bonita! Otros profesores se quejaban de ese apelativo y enseguida corregían a los alumnos para que los llamaran "profe". "Soy tu profesor, no tu maestro." ¡Con lo grato que es que te llamen maestro y te vean como alguien del que se puede aprender algo! Ahora mismo extraño esa sensación que se siente al abrir la cancela del instituto con tu llave y que los alumnos se te acerquen y te pregunten si ya has corregido su examen o qué haremos hoy en clase. Echo de menos al bromista de clase que me sacaba carcajadas a cada segundo; no podría haber contenido la risa en ningún momento, porque he nacido para reír, del mismo modo que también estoy hecho para la tristeza, la melancolía, la memoria, la observación del mundo, la enseñanza. Soy hijo de la narración, de las palabras, la música (del mundo, de la vida, de la muerte, del cambio, de la voz humana y la animal, acaso sea la misma una y otra.). Soy Lana del Rey al final de este videoclip que muestro abajo, cuando salta como Heidi en un paisaje en blanco y negro y se pierde en el futuro. ¿Quién no se pierde en el nebuloso futuro? ¿Quién no lo hace en el pasado que parece fugazmente perdido? ¿Dónde se marchó ese mes veleño con la chupipandi? Se fue con la celeridad de la estrella que raya el firmamento de la noche. Y la canción me trae recuerdos. Sigue aportándome felicidad transitoria. Me trae tu presencia, la belleza del paisaje variable, la primavera. 

El tiempo es asesino, como la vida. I'm dying, I'm dying, canta Lana del Rey. La vida mata; la muerte rememora la vida. La memoria daña porque nos recuerda que un día moriremos y no nos daremos cuenta. Puede que suframos, que la sintamos como astillas clavadas en el nacimiento de las uñas o como un ataque al corazón, pero en el momento justo de morir no seremos conscientes de ello, solo se irá el tiempo, que fue, como se va a cada segundo que pasa, a cada recuerdo, a cada espacio que recorre la línea parpadeante que arrastra las letras de la pantalla líquida del ordenador. Y en cambio seguiremos vivos. Seremos materia que siempre será; partículas que nunca desaparecen, por más que se elimine la consciencia que palpita en nosotros, sin ser consciente de cómo ha llegado ahí, a ese lugar en el que se esparce inquieta, dentro de nosotros no se sabe bien dónde. Tiempo que huye, tiempo mortal para el cuerpo, inmortal en el tránsito de la esencia misma del tiempo.

A pesar de todo, ¿no es maravilloso poder decir "aquí estoy vivo, viendo todo lo que veo, notando la cuchilla de los años en mi ser, viviendo la vida, sobreviviendo a las circunstancias, amando a todas esas personas que me aman, ganando partidas, perdiendo otras"? ¿Acaso volverán las aulas, los alumnos y el apelativo de maestro refiriéndose a mí? Fui hace un año eso. Siempre seré maestro de mí mismo. Algo es algo. Y algo es motivo ya de lucha contra la nada.

Carmen, ese mito romántico de la belleza, de la pulsión por la vida, es justo lo que debe guiarnos. Ella reía como una diosa. Riamos en frente del espejo, porque eso tan simple devuelve la alegría a nuestras pupilas. Pensar en el tiempo es inevitable. Salir mal parado de su potencia es imposible. Resucitar de la vorágine es placentero.

Seamos una rosa. Todas las rosas de mi vida resucitan cada día y se abren como en la flor de este videoclip. Que siga escapando el tiempo; siempre su fugacidad me arrastrará hasta ti. Hay un mar de luciérnagas en el oscuro bosque del futuro. Brillan. ¡Ese brillo es la vida!

Gozad de esta hipnótica canción, como disfruto yo. Viajad conmigo al tiempo. Bienvenidos al recuerdo.




2 comentarios:

  1. ...UNA ENTRADA PRECIOSA...ERES GENIAL...

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    1. Muchas gracias, María. Esta entrada salió sola arrastrada por esa canción y la memoria. Tú también eres genial. Me alegra que te haya gustado esta entrada tanto como me gustó a mí cuando la escribí y cada vez que la releo.

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