jueves, 4 de abril de 2013

Taller de escritura de Bernard Werber


No hay escritor que de una forma u otra no tenga su propio método de escritura. Como este tema me interesa mucho, el otro día estuve navegando por la red y descubrí por azar que uno de mis escritores preferidos había impartido un taller de escritura y lo habían subido a Youtube. Así que en este post voy a resumiros su método y adjuntaré el enlace a dicho vídeo por si alguien estuviera interesado en verlo. Está en francés como es evidente.

En primer lugar, Bernard nos presenta el plan de escritura:

-Ganas de escribir
-La historia
-La estructura
-El suspense
- Los personajes
-El desenlace
-La vida del libro

Qué nos hace perder las ganas de escribir es la primera pregunta que el escritor se plantea.

A lo que explica que es el miedo la principal causa. El miedo de ser juzgado por los demás, de hacer un mal libro, de no ser publicado, de no llegar hasta el final. 

¿Cómo superar estos miedos? Con el plan anteriormente expuesto se intenta lograr.

Normalmente cuando alguien se pone a escribir lo hace porque en realidad quiere hablar de sí mismo sin hacerlo de un modo directo. Así empieza la escritura de uno mismo y desplega poco a poco un abanico de creatividad, al mismo tiempo que descubre de súbito que en su interior hay una voz, un profesor del idioma que renace y nos cuestiona cada frase, cada escrito; que nos intenta detener, que nos pone de los nervios y nos hace dudar.

Cuando escribimos, sin darnos cuenta, estamos expresándonos y liberando una presión interior que nos asfixia. El autor comenta a este respecto que es una manera de ahorrarnos multitud de psicoanalistas. A mi juicio excelente ejemplificación.

En el momento de la escritura debemos tratar de buscar el yo interno que todos tenemos, ese que permanece encerrado y que jamás asoma la cabeza al mundo; por tanto se trata del yo que no es social, sino privado. Es un método necesario para romper el círculo vicioso que nos lleva a dar bienestar al otro, a nuestros padres, a nuestra pareja, a nuestros hijos, a los demás, y comenzar a darnos bienestar a nosotros mismos. Solo por este motivo ya merece la pena escribir un libro, sea cual sea su índole, sin pensar en que sea publicable. Ha de ser, sin duda, honesto con uno mismo. Ese es el primer fin que conlleva la escritura: demostrar lo que hay dentro de nosotros y colmarnos de placer. Nuestro manuscrito deberá, por consiguiente, ser considerado como un ser vivo, nuestro yo interno expuesto a la página. Como ser vivo, amigo nuestro, deberemos situarnos en frente de él y dedicarle cada día el tiempo de una conversación. Escribiremos en él avanzando cada día un poco, siendo capaz de arriesgarnos a escribir una mala novela. Con toda seguridad ese primer libro será nefasto y no apto para la publicación; pero con total certeza seremos nosotros mismos en ese escrito, nuestro reflejo fiel, auténtico. Será la primera lección: a veces hay que renunciar a complacer a los otros.

Para llegar a la historia es precisa la conjunción de dos elementos básicos: el sueño y la observación del mundo. Ser capaz de soñar e imaginar, pero al mismo tiempo de descomponer la realidad. Un escritor debe conocer el mundo, viajar, hablar con los demás, preguntar, interesarse por las personas. Interesarse por los demás es plantearse una pregunta simple en forma, difícil en contenido: ¿Quién es él o ella? Lo que nos llevará a preguntarnos por su pasado, sus sufrimientos, su talento, sus debilidades, su evolución futura. Es en definitiva conocer al otro. De esta manera iremos suministrando nuestro depósito de materia viva, que será importante para la creación de personajes, de la que hablaremos más abajo.

Todo novela, como ser vivo que es, posee un esqueleto, que venimos a llamar estructura. Este esqueleto será la parte más importante de la novela, porque será a partir de su modelaje como se explotará nuestra originalidad. El esqueleto está formado por una cabeza (arranque de la historia), un torso (el desarrollo) y los pies (el desenlace). Este cuerpo puede organizarse de una manera geométrica, siguiendo un método estadounidense. En un primer momento se presenta al "héroe", que se va encontrando con adversidades y que debe hacer frente a un enemigo (persona o ente de otra naturaleza, por ejemplo una hipoteca que es incapaz de pagar). Nuestro héroe es como nosotros. Tiene una bomba interior, una presión que debe eliminar. Para lograrlo, va a tener que sobreponerse a determinadas pruebas. De cada obstáculo saldrá con el descubrimiento de una nueva faceta suya que desconocía, positiva o negativa. Se trata por tanto de una iniciación que evoluciona poco a poco. Las pruebas se irán endureciendo de tal modo que la última prueba sea explosiva. Es lo que se denomina como el "clímax" de la novela. Tras este último escalón el héroe habrá alcanzado la meta o, tal vez, no. Según  Bernard Werber, no hay mejor estructura que la utilizada en "El conde de Montecristo". Imitar esta novela es asegurarse la aceptación general. Ahora bien, yo no sé si imitar es lo que queremos en realidad. El autor de este taller tampoco lo desea. Lo que él propone es la alteración de esa estructura dada, puesto que ello provoca la originalidad de la misma. En cualquier caso, es preferible trazar una estructura previa que dejarse llevar por el personaje y correr el riesgo de perderse, como me ha pasado a mí ya más de una vez. Utilizar esta estructura garantiza la emoción en el lector y elimina la sucesión de frases poéticas sin sentido. Una vez que tenemos el esqueleto (héroe, adversidad, enemigo, iniciación, pruebas, búsqueda, clímax, desenlace) vamos a añadir la carne. Werber empieza por los órganos. Los órganos son esas escenas inesperadas, llenas de artificios, de originalidad, de sorpresa, de efectos. Sorprender es la prioridad que todo escritor tiene con respecto a su lector. Es el llamado suspense. A continuación continúa con los músculos de la estructura, que son los planos que realiza, donde especifica cuándo va a describir, cuándo va a introducir diálogos, etc. Al abrir un libro publicado los músculos perceptibles a primera vista son los capítulos. Estos, Monsieur Werber dice, "deben ser cada uno una novela en sí misma". En otras palabras, cada capítulo debe contener una situación que se inicia, un desarrollo y un pequeño desenlace sorprendente que abre el apetito para el siguiente capítulo. Seguimos hablando del suspense.

El suspense se mantiene de la siguiente manera: frustación- tensión- límite de tomadura de pelo (término de Werber)-recompensa. Hay que evitar usar la intuición del héroe. El escritor siempre debe explicar cómo ha llegado a esa conclusión. Otra aspecto que debemos evitar es dar al lector lo que solicita. Jamás hay que dar lo que pidan. Si esto se hiciera estaríamos derrumbando el edificio del suspense y nos quedaríamos sin el tejado que pone punto y final de manera original.

Tenemos ya la motivación para escribir. Disponemos de ideas obtenidas de la observación y el sueño. Así mismo hemos dispuesto los planos del esqueleto, la carne y el músculo de la historia y le hemos añadido la tensión como se hace necesario. Ahora debemos plantearnos cómo construir un personaje. 

El personaje suele ser una paradoja en sí mismo. Se presenta de una manera y luego es lo contrario de lo que dice. El mundo está lleno de personajes. ¿Acaso no conoces a alguien que dice ser una cosa y se comporta completamente distinto? Es el típico refrán que dice que del dicho al hecho hay un buen trecho. La coherencia en este sentido es pésima. Es lo que se denomina paradoja del personaje. Esta paradoja nos va a permitir transformarlo. Werber lo llama la creación del arco. Al inicio el personaje es de una forma y al final ha cambiado por completo. Así pues la novela sirve de revelador del personaje, quien, gracias a la narración, pasa del dicho al hecho y se encuentra consigo mismo. Otro aspecto importante en la creación de personajes consiste en inventarle un lenguaje propio al personaje, unas características diferenciadoras, un gesto, una manía.

Con esto, casi está el trabajo previo realizado. Pero faltaría pensar en el desenlace. Es imprescindible que, antes de comenzar la escritura, sepamos el final de la novela. El desenlace debe ser una revelación, un momento de placer del lector, un soltar "¡Ah, era eso lo que pasaba!".

Ya tenemos la novela escrita. ¿Ahora qué pasa?

Hemos terminado la novela; pero el libro no termina aquí. Ahora toca darle vida, ir hasta el final. No dejarlo por la mitad nunca. No pedir opinión hasta que se haya puesto el punto final. Después de ello, buscar un lector de referencia. Un lector de referencia es alguien que lee el texto y propone críticas, así como soluciones técnicas. 

Finalmente se envía el libro a editores que publiquen libros semejantes al tuyo. Esto es elemental. En caso contrario no se tomarán la molestia ni de leer la primera página. Hay que cuidar la primera línea, la primera página, el inicio. En ello irá la vida de la novela. De ello dependerá que la editorial decida dedicarle más tiempo y la lean por completo.

Así acaba el método descrito por Bernard Werber en este taller de escritura. Espero que os ayude en algo. A mí me ha aclarado ciertos aspectos. Espero que a vosotros también. 


Atelier d'écriture de Bernard Werber





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