lunes, 7 de febrero de 2011

Curiosidades

La vida está llena de curiosidades. 

Aprendes a escribir una palabra que jamás habías visto escrita y a los pocos días aparece la palabra en el libro que estés leyendo en ese momento. Descubres un tema excepcional, de lo emocionante que es, y oyes hablar del tema por todas partes. Conoces a alguien que, además, conoce a gente de tu entorno y te emocionas; descubres que el mundo es un pañuelo de tejidos variados. Caminas atento por el campo y crees ver ruinas e historias ocultas por el paso del tiempo: ramas caídas sobre rocas, piedras de formas sorprendentes, montículos de tierra con pequeños intersticios, etc. El mundo es todo un enigma que ofrece una amplia gama de detalles y curiosidades insospechables. Ante estos hechos las preguntas me inundan: ¿Será que al descubrir una pequeña franja nueva de la realidad vemos muchas otras? ¿O tendrá más que ver el hecho de que al cambiar de óptica escudriñas la realidad y sus detalles de manera diferente? ¿Quizás sea que nuestro cerebro sea una excelente máquina del engaño y la ficción?

A mí me ocurría que en los primeros pasos que daba cuando aprendí francés, iba adquiriendo y redescubriendo una realidad y una manera de pensar que me hacía levantarme cada día con unas ganas voraces por aprender cosas nuevas. Leía libros de ciencia ficción francesa y me quedaba perplejo al observar estructuras gramaticales que para mí eran insólitas. Conversaba con gente nueva todos los días y, a la vez que captaba el suave ritmo del francés, mi cerebro se modificaba lentamente hacia una nueva óptica que me ofrecía nuevas perspectivas: una realidad tan conocida como innovadora. Descubrí que cada lengua tiene una intensidad sonora y que o tu oído y tus cuerdas vocales se adapataban a ella o la crispación recorre toda la epidermis; sentirse sordo en Francia es fácil. Todas son curiosidades. Percibir que la gente de otra cultura mantiene una distancia distinta a la que establece tu propia cultura es incluso chocante.

El mundo está repleto de curisodades encantadoras, ¿no lo crees?

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