jueves, 20 de noviembre de 2014

El mar del olvido

Hoy ha fallecido un mito, la duquesa de Alba. A pesar de su edad, no me esperaba tal acontecimiento, quizás porque era una mujer muy fuerte y con unas ganas de vivir dignas de admiración; algo normal si uno posee todo lo que desea, como le ocurría a ella. Tenía todo menos la juventud y en esto entramos en los tópicos literarios de la amada juventud y de la fugacidad del tiempo. Toda su fortuna, todos sus títulos nobiliarios y todas sus tierras no le han servido de nada, porque la muerte llega a todos por muy Grande de España que seas. Porque "allegados son iguales los que viven por sus manos y los ricos..."

Qué poca cosa somos. 

Llego de nuevo a esta conclusión, como tantas otras veces, pero no solo por la muerte que nos acecha en cada esquina, sino también y sobre todo por la exposición de momias que he tenido la suerte de ver en el Parque de las ciencias de Granada. Cuando uno se encuentra enfrente de momias siente escalofríos y un mar de dudas le inunda y revuelve toda la realidad. Cuando uno ve momias ve muertos que han quedado detenidos un poco en el tiempo; digo un poco porque no escapan del todo, pues se ve el deterioro en cada poro acartonado. En esas momias vi decrepitud, piel que parecía de pata de jamón o de tocino ahumado y vi piel que parecía corteza de árbol y arena de desierto. Somos polvo. Tenían razón. ¡Qué terror! En ese momento estaba mirando con detenimiento a seres humanos que una vez tuvieron una historia, tuvieron voz, seres queridos y seres odiados, miedos, tragedias. En ellos había peinados paralizados en el tiempo, poses detenidas. ¿Qué somos? 

Somos nada.

Tengo que reconocer que en mi vida hay dos momentos muy relevantes relacionados con la fractura que produce incomprensión de la realidad: uno fue cuando miré a los ojos a un chimpancé, como ya relaté una vez en un post de este blog, y otro es esa exposición de momias. Desde entonces no soy el mismo por dentro. Me noto desorientado. 

Sin brújula más allá de la certeza de que no somos nada. Tampoco tenemos que serlo, ¿no? 

En cualquier caso, os recomiendo visitar esta exposición de momias del mundo. De la duquesa solo decir que ojalá más de uno tuviera la suerte que ella ha tenido, a pesar de sus tragedias personales.

Otra cuestión que sale a la superficie es ¿de qué sirve tanto esfuerzo, tanto trabajo para lograr algo en la vida? No es más que un simple velo tupido que ha corrido la humanidad para tenernos entretenidos con algo. Llegar a ser alguien, dicen, y lo que realmente quieren decir es que te entretengas jugando al juego de la vida que nos hemos montado los humanos, perdidos con misterios de la vida, reglas absurdas a veces, diversiones varias, rituales, política, dinero, guerra, paz, nacionalismos sin sentido y demás hechos de origen humano. A fin de cuentas nos vamos a morir todos, como suelen decir los enganchados al tabaco cuando le dicen que el tabaco mata. "Total, de algo hay que morirse."

Como profesor, me planteo los motivos de peso que puedo blandir para convencer a mis alumnos de que hay que aprender a trabajar para llegar a ser alguien, para alcanzar unos objetivos que los hagan más felices, y no encuentro nada realmente importante, puesto que al final acabo desembocando en la idea de que el mar del olvido nos va a ahogar a todos en un momento dado, más o menos cercano o lejano. Y, no obstante, sé que debo convencerlos, porque la vida al menos tiene cosas bonitas y hay que vivirlas todas. No hay que ser alguien, eso ya viene dado al nacer y se nos roba al morir por completo cuando ya nadie nos recuerda.

Así pues, vivid, no queda otra.

1 comentario:

  1. Jose, al final la clave es intentar ser felices, todo lo demás son absurdas construcciones en el vacío; el trabajo, la casa, todo no es más que una absurda construcción que el tiempo se encargará de destruir sin compasión. Sólo los pequeños momentos cotidianos de felicidad son al fin y al cabo realmente lo que justifican la vida.

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