sábado, 10 de mayo de 2014

Carmina, una filosofía de vida.

Las comedias por naturaleza son críticas directas de la sociedad del momento camufladas en una carcajada continua. En este sentido, Carmina y amén, la última película de Paco León, cumple con la definición por completo.
 
En Carmina y amén, se habla de la vida misma, de Carmina ante la muerte de su marido.
 
Carmina, esa señora que fuma como un cosaco, que es capaz de hacer frente a la muerte de un familiar (¿repentinamente?¿Causada por alguien?) de la manera más natural posible y haciendo uso de su natural instinto a la supervivencia (mantenedlo en secreto dos días para poder cobrar la paga extraordinaria). Esa mujer, a pesar de su mala versación, es una luchadora, una leona criada en la sabana de la vida dura y una tragedia en sí misma. Es una madre que mira por el futuro de sus hijos, por su marido, por sus vecinas, por todo, en realidad. Carmina es el ejemplo de una filosofía de vida que más de uno debería copiar.
 
Ayer mientras veía la película en el cine tuve sentimientos encontrados: por una parte, tenía ansiedad, una ansiedad de las que aplastan el estómago, debido a que su marido está muerto en su casa, tumbado en el sillón, y no paran de llegar vecinas para contarle algo; por otra parte, reía sin parar y me sentía a gusto, feliz, al ver una tía tan luchadora, con tanta picardía, con esa valentía ante la vida, con su humor serio, con esa habilidad para tranquilizar cualquier alarma, cualquier motivo de desesperación. En definitiva, salí del cine con un maravilloso sabor a vida y con unas ganas tremendas de que salga una tercera parte que me permita ver cómo termina todo.
 
Con los años soy cada vez más consciente del significado del buen humor, que, cuanto más serio es, mejor efecto produce. Me gusta esa broma inesperada del humorista improvisado, ese que cuenta todo con un gesto casi enfadado. Quizás sea porque es sorprendente por inesperado.
 
En cualquier caso, hay películas que son pequeñas obras de arte. Esta es una de ellas, al estilo del teatro de Molière. Los detalles están cuidados, la música es idónea, las perspectivas adecuadas, los diáologos perfectos, naturales, incluso profundos en ocasiones. Los personajes son peculiares y la crítica es aplastante: la crisis, los desahucios y las tragedias que desencadenan, la muerte, el tabaco, la corrupción política, etc. Una película que bien merece ser vista, porque uno sale diferente de ella.

No hay comentarios:

Publicar un comentario