jueves, 3 de julio de 2014

Bagatelas de la sociedad vacía

Está el tiempo tan loco como siempre. Acabo de leer que ayer granizó en Madrid. Anoche hizo mucho frío en Almería, estuvo nublado y sopló mucho viento. Parecía octubre. Yo no sé si esto es por el apocalíptico cambio climático o porque la Tierra siempre ha tenido un clima cambiante. No tengo la menor idea. Lo que sí sé es que me gusta este frío veraniego, esta contradicción que provoca un día otoñal en época estival. Esto da un poco más de juego a la vida, porque rompe la normalidad. Lo normal en Almería a estas alturas del año debería ser un calor aplastante y un bochorno húmedo que asfixia y al mismo tiempo hace sudar. No creo que sea una situación que dure demasiado; aquí el calor se va a imponer enseguida: las puertas del infierno están en esta provincia o, mejor dicho, en casi toda España.

La gente, en lugar de disfrutar para hacer cosas que el calor no permite, lo único que hizo fue quejarse y maldecir el "mal tiempo". Nuestra sociedad tiene un grave problema. Lo veo cada día. Nunca estamos conformes con nada. Deseamos algo que siempre es lo contrario de lo que tenemos. Si hace sol, nos quejamos porque hace demasiado sol. Si llueve, nos quejamos porque llueve demasiado. Todo son quejas. Esta sociedad nuestra está trastornada. Todos tenemos una enfermedad existencial. En vez de quejarnos por cosas que realmente son importantes, vemos malestar en asuntos menores, en bagatelas. ¡Qué más da si hace buen o mal tiempo, si no me han cambiado las toallas de la habitación, si el pan de la panadería de abajo de casa hoy no está tan rico o si no hay una buena peli en la tele! 

Hay cosas más importantes.

Sigo aguardando la verdadera revolución, esa en la que se busque conseguir una vida mejor, realmente mejor. ¿Por qué no luchamos por tener una jornada laboral menor? ¿Por qué no tratamos de conseguir una vida digna? Lo digno no es lo moral. Lo digno es lo que te permite sentirte útil, darle un sentido a la vida, pero al mismo tiempo poseer las herramientas necesarias para que la corta existencia parezca más larga, más fructífera. Lo digno es poder vivir bien y no ser esclavo de la vida. Actualmente somos siervos miserables de la vida, del sistema, del dinero, del malestar. Vivimos en la queja barata. No sabemos disfrutar. 

Palabras, palabras... No va a cambiar nada. A mí me seguirán llegando clientes que se quejan por tonterías, pero que permiten que los ahoguen con impuestos (como yo mismo lo permito también) y que cada día la soga que cierne todos nuestros cuellos esté más estrecha.

Yo, mientras tanto, disfrutaré del fresquito que hace. Qué placer.

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