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En caída

 Y como cualquier edificio que se construye en algún momento se derriba a propósito o el tiempo lo desmembrena poco a poco con ayuda del agua, del viento, del fuego a veces... Así caen todos los edificios de mi vida, los que construyo, los que heredo, los que me prestan, aquellos hechos de paja, de madera, de ladrillo, de hormigón o de metal. Poco importa el material. Todos acaban cayendo. Y si se mantienen en pie, pronto llegará el lobo, vestido de cordero o de feroz lobo, y lo rematará. Y con ellos yo caeré una y otra vez desplomado contra el suelo, desde cualquier altura y moriré en cada caída a diario. ¡Qué importa! De tantas vidas tantas muertes y así hasta que llegue la verdadera muerte.

El placer de la playa

El día tiene una duración flexible aunque parezca rígido por sus siempre 24 horas, pero la memoria o no sé qué hace que la duración del mismo pueda parecernos más extensa o menos. Digo esto porque hay siempre, en esa duración, momentos para encontrar la paz interior, la felicidad del instante, la diversión infantil... Para mí, estar en la playa leyendo un buen libro, mirando el móvil de vez en cuando, darme un chapuzón refrescante y volver a casa para comer es un cúmulo de buenas sensaciones para ya haber tenido un fabuloso día, a pesar de cualquier cosa que pueda acontecer. Viva el disfrute de las pequeñas cosas y la fluctuación de un tiempo que puede alargar también los buenos instantes.

Cita para reflexionar

 "Nuestro fracaso escolar es, básicamente, un fracaso lingüístico. Y lo es incluso en matemáticas." Gregorio Luri Creo completamente lo mismo que el filósofo Gregorio Luri. Me llama especialmente la atención descubrir cada día en las aulas cómo nuestros jóvenes estudiantes saben leer pero no entienden lo que leen ni lo que, por consiguiente, estudian. Lo veo al mostrarles la existencia de palabras que son prácticamente iguales en francés y en español o al preguntarles sobre asuntos variados.  Siempre les cuento la anécdota de mi propia vida estudiantil o cómo un libro marcó el inicio de mi mejora académica; no por el libro en sí mismo, sino porque fue la semilla que luego fue árbol y posteriormente bosque literario, selva reflexiva de comprensión y desarrollo. Aquel día que me vi envuelto en las aventuras de  Huckleberry Finn. Después de eso vendrían otros libros clásicos y actuales, vidas ajenas vividas a través de los libros, de las lecturas breves o infinitas por las t...

Un poco de aire

 Como quien no quiere la cosa, siempre uno encuentra un momento en el día de reposo, de calma, de desconexión de coronavirus dichosos, y aún con una mascarilla asfixiante puede respirar.  El coche rodaba esta mañana por aquella carretera, transitada por camaleones y granos de arena transportados por el viento, siempre recto, directo a un destino, donde maderas de muelles antiguos todavía se mantienen, a pesar de los vendavales, soportando las metrallas de salitre que el mar escupe en esta parte de Almería, y, tras las montañas de blanca sal recién recolectada, pastan los flamencos rosas como en el norte pastan las vacas. Así, hoy he podido fundirme con la naturaleza y volver a recuperar una bocanada de aire fresco, de esos que limpian y purifican todo, y por unas horas la calma ha sido la tónica y no los problemas cotidianos que nos asfixian a diario.  ¡Por muchos días así! 

Como el viento

El tiempo comparte con el viento su vaivén, sus momentos lentos de suave brisa, de potente huracán o de casi inexistencia, como si no existiera, pero ahí está siempre el aire y los años que pasan acumulados por segundos, minutos, horas, días, semanas, meses... Y así como el viento erosiona todo, seca la tierra y arranca de las plantas el agua que conserva, así el tiempo nos arranca la vitalidad, se lleva con él también la inocencia y las personas, unas veces queridas y otras simples máscaras que vuelan a la mínima ráfaga y tras las máscaras huyen corriendo tratando de atraparlas. Así el viento y el tiempo acaban llevándose la piel, la carne, el hueso, el alma y, como pétalos de flor de buganvillas, rápidamente vuelan y desaparecen. Fin.

Un relato que escribí aquí hace casi cinco años

He entrado en el blog porque me apetecía leerme al azar y justo he caído en este enlace  https://elpapirodelaspalabrasliquidas.blogspot.com/2014/09/una-vez-me-ahogue.html Al principio no recordaba haber escrito esto, pero conforme lo iba leyendo se ha activado en mí la pasarela de los recuerdos y me he visto de repente trabajando en un hotel, de noche, con la piel de gallina y la pena de saber que aquel día había ocurrido  una tragedia. Esa tragedia tiene parte de realidad en ese relato que puede parecer fantasioso e incluso extraño. No sé lo que transmite a quien lo lee, pero a mí me supone recordar aquella tragedia que tantas veces tiene lugar en verano en nuestras playas y piscinas. Me supone también sentir la angustia del ahogado, ya sea ahogado en una piscina, en una bañera por tortura, en el mar buscando una vida mejor que a veces nunca llega o simplemente ahogado en los propios pulmones por una enfermedad, por asma, por cáncer...  Lo comparto de nuevo, por si a...