Ayer lloré. No fue un llanto largo ni intenso. Cayeron dos lágrimas por mis mejillas y, después, me quedé pensativo unos minutos. Hay rutinas que difícilmente podría abandonar; leer libros, periódicos, revistas, es una de esas costumbres diarias, tan cotidiana como desgastada por el uso e igual de necesaria para mi subsistencia. ¿Qué lecturas? De todo tipo, pero unas de las que más placer me producen provienen de los blogs de Antonio Muñoz Molina y César Mallorquí. Precisamente ayer leí la última entrada de este último y lloré como ya he dicho al principio. En esa entrada, el célebre autor de literatura hace un pequeño homenaje a uno de sus mejores amigos de la infancia, fallecido hace medio año y cuya noticia recibió hace apenas un mes y medio. El relato es intenso como pocos. No es de extrañar. César posee una narrativa clara y directa, pero de un potencial impresionante, a lo que si añadimos que la emoción ya viene dada por el tema, uno no puede esperar acabar sonriendo por la...
Las primeras palabras se plasmaron sobre piedra, quizás, estas de ahora las plasmo sobre las pantallas líquidas de vuestros ordenadores y teléfonos. Bienvenidos/as al espacio donde mis palabras tienen lugar.