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Recuerdo repentino

Y de repente llega el recuerdo de un momento repetido y ya lejano en el tiempo. Por ello deseo fortalecer esa imagen y cierro los ojos mientras mi hermano aprieta el gatillo del bote de matamosquitos y fumiga todo el salón. Se funde el recuerdo con el olor del insecticida, los párpados entornados y el tiempo de verano en el cortijo. Es de noche, oscura noche de canto de grillos y repiqueteo de chicharras, noche de aromas a dama de noche y jazmín. Y allí estoy con mi madre y mi hermano tumbados en un colchón en el suelo, frescos por el tacto frío de las sábanas recién colocadas y con la luz del cirio de mi abuela bailando por la pared blanca e inclinada de aquella chimenea que nunca se encendía. Y la voz de mi abuela avisando,"cerrad los ojos, que voy a 'azofatah'" y acto seguido llenaba aquel salón, que solo vive ya en el barrio privado de la memoria, de olor a León Rojo. Recuerdo aquello y me ahoga el peso del tiempo, el lento ahogamiento de aquel insecticida que se cuela por el recuerdo.

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