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Locuras librescas

Mi mesita de noche parece un inicio de construcción de un rascacielos. Se me acumulan las lecturas y los libros alcanzan ya una altura que amenaza con asesinarme mientras duerma plácidamente. O no tengo tiempo o no sé organizarme el tiempo de una manera efectiva. Lo peor de todo es que yo sigo iniciando nuevas lecturas sin terminar las ya empezadas y esto parece ya un nuevo pecado capital: la bibliofagia, una especie de gula atragantada, que no sé detener. Algo negativo de esto es que además ya me cuesta discernir entre historias y tengo un popurrí mental de personajes, hazañas, tramas, ritmos... que no consigo diferenciar. Entonces ocurre que me pongo con uno de esos libros y creo mentalmente expectativas que imposiblemente van a cumplirse, porque las ideas e indicios que me llevaban a tal desenlace no son de ese libro, sino de muchos otros, con lo cual más perdido aún.  Una locura transitoria. Me temo que a este paso voy a desarrollar una locura transitoria, una manía li...

Ideas

No sé. Tengo ganas de escribir, pero no sé sobre qué. Es solo esa sensación de querer escribir, de volcar la voz interior en palabras líquidas. Pero qué os puedo yo contar. Y me cuesta escribir. Uno consigue fluidez para la escritura cuando escribe mucho y parece que las ideas y las palabras van en una misma dirección, todas hacia una misma meta, la punta de los dedos. Al igual ocurre cuando se deja de escribir. Uno olvida, por falta de tiempo, que hay un espacio como este en el que descarga el torrente de palabras y cuando decide regresar ya sus dedos, sus ideas y sus palabras han perdido todo control y parecen salvajes de nuevo. ¿Acaso las palabras no son también entes que un día uno domestica y al día siguiente deja libres para que vuelvan al estado primigenio?  Durante muchos años he soñado con ser escritor, con crear mis mundos o plasmar los que ya estaban creados en mi mente; he lanzado ensoñaciones que pensaba que podrían realizarse, imitando a un personaje que una ...

Momento tierno

Hoy venía en el autobús de vuelta del instituto y ha habido un detalle que me ha gustado mucho. A mi lado estaba sentado un muchacho con algún tipo de deficiencia mental, que al parecer va a Almería y vuelve todos los días él solo. Pues resulta que por esa razón los conductores del autobús ya lo conocen. Si vierais el trato que le dan y el cariño con el que se dirigen a él es digno de admiración. Un conductor le ha regalado una galleta y ha cambiado la sintonía de la radio a otra que le gustaba al muchacho, de nombre Paco. El otro conductor le ha hablado muy bien y le ha regalado un bizcochito de chocolate. Ha sido muy tierno. A veces hay gente que da esperanzas por la humanidad.

Sinsentidos en una papelería

Estar en la papelería y ver una situación un poco surrealista.  Voy a la papelería para comprar unos rotuladores de pizarra y me encuentro con la típica pesada de turno que ha llegado un poco antes que yo. La susodicha señora quiere comprar un cuaderno personalizable o al menos eso es lo que parece. Cuando ve la libreta que tienen en el establecimiento, ella dice que es un poco fea y demasiado grande y que ella la compraría si se la cortan con "el cacharro ese que utilizáis vosotros para hacerme mis libros encuadernados". Quiere que reduzcan las libreta mediante un proceso chapucero. Y todo esto sin dejar ella de hablar y de hacer comentarios desafortunados. El intenso calor entra por el cristal del escaparate y la gente se acumula detrás de mí, porque no terminan nunca la señora. Visto que es imposible arreglarle esa libreta, la dependienta (por un momento he pensado si referirme a ella como la papelera... una persona que trabaja en una papelería, ¿cómo se llama pues?) ...

Troya

"Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves —cumplíase la voluntad de Zeus—desde que se separaron disputando el Atrida, rey de hombres, y el divino Aquiles." Canto I. Ilíada Miles de veces he leído este inicio de la no tan celebrada Ilíada, de Homero (aunque muchos dicen que lo mismo ni él existió). Digo no tan celebrada porque cada vez hay menos gente que conoce esta obra magna. En cambio, a mí me parece tan necesaria, tan llena de sabiduría, de valores, de expedición a las entrañas de la Humanidad, al tuétano de los huesos que vertebran la Historia, en la que prima antes la voz de los vencedores que la de los vencidos, la tergiversación a la realidad (acaso la realidad no exista en verdad y sea más bien una interpretación humana, que como tal es subjetiva y ampliamente volátil y dúctil). Y releo ese comienzo y...

La falta de coherencia y lo revolucionario

Se nota que apenas tengo tiempo libre. Pero me gusta esto de encadenar proyectos y pasar las horas haciendo cosas. No hay peor maldición que la quietud, porque la vida está para el movimiento; ya habrá tiempo infinito para estar parado, no siendo nada, dejando de ser. Hace ya un tiempo, puede que sea una decena de años, empecé a observar la falta de coherencia que gobierna las vidas de las personas. He podido comprobar que la gente dice una cosa y hace otra. Lo he visto en casos tan extremos como puede ser basar sus vidas en la defensa a ultranza de algo y, en realidad, actuar conforme a lo que tanto defiende y pretende promover. ¿Esto por qué ocurre? He pensado a veces que se deba al hecho de que actuar según el pensamiento equivale la mayoría de las veces a una evolución activa, de un cambio ajeno a lo imperante, y eso, me temo, conlleva un uso de energía que casi nadie está dispuesto a utilizar. ¿Tanto cuesta ser coherente con uno mismo? ¿Es realmente tan complicado actuar como...

Lecturas

Estos días que he estado de puente los he pasado prácticamente en casa, casi sin salir, salvo para pasear a mi perrita. Lo primero que he hecho, después de desayunar, ha sido entrar en la red, navegar entre curiosos artículos, noticias asombrosas (para mí hay muchas noticias que son asombrosas y esto es algo que me gusta de mi forma de ser, ese despertar que mantiene la mente despierta y que espero no se me vaya nunca) y he escrito algo en este blog que a veces tengo tan abandonado, cosa que no me gusta tanto, pero qué vamos a hacer.  Después de terminar la densa lectura de Como la sombra que se va , he empezado otra lectura mucho más ligera, tanto que he necesitado adaptarme de nuevo a las lecturas livianas. Me sorprende lo errático de la mente, la plasticidad de esta y comprobar, cada vez que hago este ejercicio, que cuando la cabeza se moldea a los textos complicados esta se pierde en los textos simples y viceversa. No sé si es algo que me ocurre solo a mí, que soy un ser e...