lunes, 6 de junio de 2011

Un turista desamparado

Realizas la reserva con impaciencia, con las ganas de iniciar ese viaje que tanto anhelas, que desde hace tanto esperas.

Pero algo ocurre.

Vas en el autobus, observador, atento a todo cuanto transita al otro lado de la ventana, del vidrio, del cristal. Miras con detenimiento el paso de los árboles paralizados, el movimiento de la gente, un semáforo que cambia a verde, un perro solitario, un vagabundo con la cabeza gacha delante de una iglesia... La vida.

De repente, oyes cómo los aviones desgarran el sonido.

El autobus se detiene. Bajas. Buscas en un panel electrónico el número de tu avión. Compruebas que todo va bien, como estaba previsto. Has facturado la maleta, que solo pesa 7 kg., porque te gusta ir ligero de equipaje, como bien aconsejaba Machado.

Ligero de equipaje.

La puerta de embarque se abre: tu destino se aproxima, los nervios afloran, la mente despega a otros lugares mucho antes de que lo haga el resto del cuerpo.

La tensión se dispara. Todo empequeñece y lo que antes era un manto verde ahora ha tornado un tapiz de blanca lana.

El avión desciende, recoges tu maleta.

Pero todo no ha salido como estaba previsto: la cartera.

Necesitas comprar el billete del autobus. Te llevas la mano derecha al bolsillo del vaquero y te encuentras con un terrible sorpresa: te han robado.

Robado: sin monedero, sin documentación que te identifique, en un país extranjero, en otra lengua. Desamparado.

Si ya lo decía mi gran amiga Mathilde: "Il vaut mieux porter des photocopies du passeport afin d'éviter d'éventuels problèmes" o, como diríamos en nuestra propia lengua, mejor prevenir que curar; si vamos de viaje llevemos siempre fotocopias de toda nuestra documentación para evitar problemas venideros.

¿Por qué digo esto?

Porque hoy ha venido a la recepción del hotel un huesped belga, que se encontraba en la situación expuesta. Ahora el tiempo apremia y no sabe cómo va a poder regresar a su país, ya que sin documentos personales no puede subirse en el avión. Con un poco de suerte, le podrán enviar una copia desde su embajada...

Con un poco de suerte.

sábado, 4 de junio de 2011

La voz

Se oye el Silencio. No un silencio cualquiera:

El Silencio, esa gran ausencia de sonidos tan terrorífica y temida, prostíbulo de soledades.

Se oye, ¿no lo oyes?

Escúchalo.

Te habla como a mí, con sus susurros sigilosos, con su bravura quebradiza, con esa ansiedad atosigante, como el calor y el frío en un mismo instante.

Escúchalo, siéntelo, porque te aclama, te necesita. Quiere guiar tus pasos por esa fina arena empolvarada del camino; el sendero que pisaste una vez y que ahora la lluvia ha ocultado con sus gotas, lo ha diluido, como la memoria que el mar del tiempo ha absorbido de sus orillas. 

¿Lo ves ahora?

¿Escuchas el silencio?

El Silencio es tu conciencia, la que nunca calla, porque no ha de hacerlo; la que cuando parece reprimida escupe palabras incendiadas. El Silencio de las verdades, el que el ruido de los coches, el bullicio, el gentío parece ocultar bajo su manto.

El Silencio: la Voz de la conciencia imperecedera.

"Silencio, ya vienen..."

viernes, 3 de junio de 2011

Cambiando mi perspectiva

Una nueva lente azul
donde el sol luce
mi futura mirada.

Un trompo

Pirámide volteada
es sombra, vida,
haciendo grandes trompos.

Nervios

En pleno sueño surgen los nervios.

Apenas entran unos rayos de sol por debajo de la puerta, se me acelera el ritmo cardiaco, me despierto a medias, con los ojos todavía cansados, casi atrofiados tras la larga noche de inactividad, y nace en mi interior una bomba de nervios punzantes: exámenes que tal vez no pueda realizar, trabajo en un hotel desconocido casi, recientes secretos inconfesados, dificultosa búsqueda de colegios privados no religiosos... un cúmulo de acciones, sentimientos, reflexiones, que desatan un maremoto gastrointestinal. 

Ese se podría decir que ha sido mi despertar matutino de hoy, a pesar de la brisa y el estado de alegría con que me acosté ayer después de una agradable conversación por chat con Malores.

En pleno sueño se desatan los nervios para atar los intestinos.

Hoy se gradúa mi hermano, ya tiene casi 18 años. ¡Qué rápido se escurre el tiempo por los entresijos de la vida! Si hace apenas unos años era un niño pequeño... Ya es todo un hombre. Por cosas del destino su graduación tendrá lugar en el hotel donde trabajé el pasado otoño, donde iba a ejercer de recepcionista este verano que ya llega, donde he visto los amaneceres más extraordinarios de mi vida. Allí, en ese lugar pasaré esta tarde una de las más bonitas de mi vida: el fin de una etapa de mi hermano. Seguramente, él también esté nervioso con la intensidad necesaria para cerrar una puerta y abrir otra nueva.

En pleno sueño...

jueves, 2 de junio de 2011

Como si me conociesen

Ayer acabé con mucha pena "La Tregua" de Benedetti. La novela es corta y hermosísima. Porque me llegaba profundamente, he intentado postergar el final todo lo que mi voluntad me ha permitido.



Ayer la terminé.

Serían las 12 de la noche, cuando estando yo recostado sobre la cama leí ese punto final y me quedé tan absorto, que lo único que pude hacer fue tratar de dormir; en ese estado de "iluminación" que ciertas novelas provoca. No sabía si estaba aquí o en Montevideo, ni si era de noche o de día. Una bonita sensación.

Después de pensarlo mucho, creo que Benedetti me conoció alguna vez, porque me describía a mí mismo, me hablaba de mí; era yo quien se desplazaba por los pensamientos y las actitudes de sus personajes.

No me conoció ni pensaba en alguien como yo. Era un clásico que como tal llega a los corazones de la gente y hace que estos se identifiquen con determinados párrafos o sentencias. Posee la magia que ilumina las zonas comunes al lector, como la linterna desgarra jirones de la realidad nocturna.

Un maestro.

" Tal vez el secreto resida en que mi cerebro tiene algunas necesidades propias del corazón, y mi corazón tenga algunas exquisiteces propias del cerebro."

miércoles, 1 de junio de 2011

No tener sueños...


Tener sueños. ¿Qué significa tener sueños? Un sueño es una ilusión, un pilar imaginado, sobre el que se proyectan nuevos edificios, plantas, tabiques, techos... Un especie de motor que arranca el movimiento, lo impulsa ante la terrible cuesta de las adversidades; una esperanza.

Una esperanza.

¿Qué sucede cuando la máquina que los produce se ha averiado y el técnico es incapaz de repararla? Simple y llanamente que se vive tirado por una inercia vacía y carente de perspectiva.

No hace mucho me preguntaron en una clase de alemán por mis sueños. No pude dar una respuesta, porque estos se han ido derrumbando lenta pero inexorablemente. No queda ya nada de lo que una vez fue una hermosa flor repleta de pétalos formados con miles de millones de sueños, que el tiempo, los fracasos, los miedos, los vientos del sur, las inseguridades, la desesperanza, han deshojado y transformado en un inmenso sumidero, una nada incontrolada.

¿Cómo reparo la máquina de mis sueños? ¿Dónde se haya el abono necesario para revitalizar la flor ya marchita? ¿Acaso debo esperar que la próxima primavera, con sus suaves temperaturas y delicadas aguas la revivan? ¿O no llegará nunca más esa ansiada primavera?